EN EL TREN
Visitas: 52,826
Mi experiencia sexual actual es variada, pero siempre recuerdo una que me calentó hasta las lágrimas, por lo insólita y cómo sucedió. Ocurrió un día de verano hace 2 años, viajando en tren hacia el trabajo. Soy licenciada en física, pero entonces trabajaba de recepcionista en una empresa importante, donde la puntualidad era clave.
Esa mañana fue complicada: había tenido acción con mi marido casi toda la noche, dormí de más. Al despertar y ver el reloj, me vestí rápido con el uniforme para no perder tiempo en el vestidor. Ni desayuné, me calcé las medias y salí corriendo. Acomodé las ligas en la calle, hacia la estación a dos cuadras. Mi desesperación creció al ver el andén abarrotado y demora en el servicio. Taxis ocupados. Finalmente llegó un tren repleto. Llevaba 20 minutos de retraso; sumados a 90 minutos de viaje, sería difícil recuperarlo. Hora pico agravaba todo.
No todos subieron; yo fui privilegiada, como siempre las chicas, por la galantería masculina en mañanas. Nuestras faldas cortas y telas ligeras acentúan curvas, ellos rodean buscando contacto erótico. Mi uniforme de verano ayudó: pollera azul símil seda muy corta con tajo atrás, blusa blanca y saco azul. Al subir, manos rozaron mis piernas; estaba acostumbrada, lo usaba para coquetear y ganar lugar. Muchas veces disfrutaba la fricción de vergas duras contra mí. En 14 años de viajes en tren, acumulé experiencias gratificantes que aplacaron mi apetito sexual pre-matrimonio (debuté a los 24). Esos contactos sensibilizaron mi cuerpo; percibo vibraciones y olores que me erotizan.
Proseguí avanzando con seducción para un lugar seguro; ese día no estaba para flirteos. Empujones me llevaron al fuelle entre vagones. Detuve ahí: puerta cerrada, un chico apoyado con paquetes encajonándolo. Morocho, uniforme universitario, altura mía, cara aniñada pero 19 años. Un empujón me arrojó contra él, de espaldas, encajonada. Me acomodé mientras arrancaba el tren.
En la siguiente estación, turba nos embistió. Mi cuerpo aplastó al chico. Pedí disculpas sin verlo bien, grité que aplastaban a un chico. Alguien bromeó: “¡Aplástame a mí, mamá!”, risas. Avergonzada quedé muda. Presión creció; abracé carpeta y cartera contra abdomen para separarme del hombre delante.
No retrocedí, pese a empujones atrás. Al arrancar, estabilización: de puntas de pies, pollera levantada rozando mi cola contra él. Sentí sus manos en mi cadera; supuse protección mutua. Pronto un bulto presionó mi cola. Me culpé por posición provocativa; mi minifalda corta facilitaba contacto. Callé para no avergonzarlo. Su bulto creció, acomodándose perfecto.
El vaivén del fuelle precipitó todo. Mareada, sus manos acariciaron mis piernas bajo falda, ligas arriba. Bulto a punto de explotar contra mí. Transpiré, excitándome. Miré alrededor inútil; sensaciones trastornaban mi voluntad. No impidió abrir mis piernas con pies/suyas, bajar bombacha, desnudar miembro y ubicarlo entre muslos, abrazado por labios vulvares. Instinto suyo despertó. Demasiado tarde para amedrentarlo. Sentí respiración entrecortada, calor, latidos. A su merced; posición facilitaba entrega. Levanté carpeta tapando cara para ocultar placer.
Faltaban 3 estaciones; tren frenó minutos eternos. Miembro rozó vello entrepierna, buscando incrustarse. Colgado de mi cadera, obligaba. Intenté enderezarme inútil; fuerzas agotadas. Último esfuerzo igualó fuerzas, pero desestabilicé: arqueada, vulnerable, piernas temblando. Sacudones lentos facilitaron estocadas parciales vaginales. Una zafó a colita, penetrándome intenso. Ahogué grito dolor-placer con lágrimas, mordí labios. Golpeé codo; sacó. Decidí facilitar: abrí piernas, flexioné rodillas, arqueé cintura. Su pija alcanzó cómodo. Percibí dimensión, embestidas alocadas como muñeca.
Sin experiencia, pero máquina. Primeros orgasmos: apreté carpeta, mordí labios ahogando gemidos. Ruido tren ocultó. Se alojaba profundo, chocando bolas. Respiración agitada hombros, lengua cuello. Solté cartera, aferré carpeta. Acabé varias veces, transpiración fogosa. Él acabó 4 veces dentro, recuperando rápido. Liberó manos: pubis, clítoris radiante mientras penetraba. Movimientos instintivos. Latidos pija interior, fluidos piernas. 70-80 minutos placer hasta terminal.
Faltando estación, dejé explorar: manos pechos, desprendió botones blusa, aferró tetas desnudas (sin corpiño verano), dolor-placer. Erizadas, golpeé cola contra verga a clímax. Negó soltarme. Mano suya: toqué verga dura, saqué vagina. Buenas proporciones.
Tren frenó: desprendí fuerza, pisé tacos. Subió bombacha, alisó pollera; prendí blusa, tomé cartera. Enternecida, volteé: avergonzado, transpirado, pantalón manchado jugos. Típico universitario 19 años. Corrí con ojos llorosos; inexplicable emoción. Volteé: feliz.
Llegué tarde empresa, pero experiencia reveló: “Chicos jóvenes me atraen”. Segunda con joven me marcó. Esa noche agoté marido. Comprendo satisfacción en macho fuerte o calidez inexperta juvenil, encendiendo instintos hembra.
Autor: lu
