Mi suegro sonambulo

Hola, me llamo Yenifer y actualmente tengo 24 años. Lo que les voy a relatar sucedió cuando tenía 18 años.

Suelen decirme que estoy muy desarrollada para mi edad, lo que me ha causado varios problemas a lo largo de mi adolescencia, ya que los hombres pueden ser muy sádicos al ver a una chica con cuerpo de adulta. Ja ja, por lo menos yo soy algo tranquila; solo he tenido relaciones con un solo hombre, que fue mi exnovio. Actualmente estoy de novia con Eduardo, que tiene 20 años. Él es alto, de 1,80 m; yo mido 1,61 m. Eduardo es flaco, de pelo negro, muy simpático y guapo, divertido y tranquilo como yo. No hemos tenido relaciones todavía, a pesar de que ya llevamos 8 meses juntos. Lo máximo que le he hecho es una mamada. Él está loco por tener sexo, pero yo quiero esperar al momento indicado. Hace unos días, me invitó a su casa a cenar y quedarme; ya me había quedado en su casa dos veces. Mis padres no pusieron problemas porque saben que soy tranquila y no haría una locura, así que me dejaron ir sin inconvenientes.

El día llegó y cenamos con mi suegro, que tiene 48 años. Mi suegra había fallecido hacía unos años. Luego de la cena, miramos una película y hablamos un rato. Cuando era hora de acostarse, mi novio me llevó a mi habitación. Nos besamos y él se fue a su habitación. Respeta mi decisión de no tener relaciones hasta que esté lista, por lo que nunca se mete de noche en mi habitación. Yo dormía en la habitación de invitados, que quedaba abajo, mientras mi suegro y mi novio estaban en sus habitaciones arriba. Me acosté a dormir así, pero en vez de sostén usé una camiseta cortada por la mitad que apenas me cubría los senos.

A eso de las 12 o 1 de la mañana, sentí movimientos en la cama y me desperté pensando: “¿Cómo se atreve Eduardo a meterse en mi cama?”. Pero cuando me fijé, era mi suegro, que se había acostado a mi lado dándome la espalda. Quedé en shock, pero recordé que Eduardo me había dicho que él era sonámbulo. Aunque en las dos últimas veces no lo había visto, me advirtió que no lo despertara de golpe porque podría matarlo; lo mejor era dejarlo tranquilo. Estaba nerviosa, acostada con mi suegro. Le di la espalda y, después de un rato, sentí que se movía la cama. Pensé que ya se iba, pero no podía estar más equivocada. Se movió para abrazarme de cucharita. Dios, luego llevó su mano a mi seno y me lo apretó. Casi me da algo; sentí escalofríos y casi grité, pero me contuve para no hacerle daño.

Después de que mi suegro tuviera mi seno en su mano un rato, me susurró al oído: “María, qué rica estás, ¿apoco quieres verga otra vez?”. María era el nombre de mi difunta suegra; estaba soñando con ella. Pobre, debe extrañarla muchísimo, pensé. Pero luego sentí cómo me clavaba su verga supererecta entre mis nalgas, frotándola mientras me agarraba y apretaba un seno, susurrándome cosas como: “Tus nalgas son las mejores, María”, “Eres la mujer perfecta”, “Te voy a coger, mi Mariita”. Dios mío, no sabía qué hacer. Lo próximo que sentí fue que se separaba un poco y volvía con su verga piel con piel; se había quitado la ropa interior. Me puso boca arriba, se subió encima, sacó mis tetas al aire y comenzó a chuparlas mientras frotaba su verga contra mi vagina, que estaba cubierta solo por el hilo que llevaba.

Pensaba en qué hacer; si no encontraba una solución rápido, mi suegro me iba a coger. Mientras él chupaba y mordía mis pezones, mi mente se nublaba: me estaba empezando a excitar. Decidí que, si iba a pasar, lo disfrutaría como fantasía. Le susurré bajito: “Sí, amor, dame todo lo que quiero”. Él sonrió en la oscuridad y siguió, levantándome los pies. Me quitó el hilo; con mi vagina indefensa, solo tocaba esperar. Me separó las piernas, puso su verga en la entrada y la fue metiendo lentamente. Podía sentir cada centímetro invadiendo mi vagina hasta que su pelvis chocó con la mía; ya la tenía toda adentro. No lo podía creer; sentía que me partía en dos. Tenía que ser enorme, ya que por la oscuridad no se la vi. Pensar que mi suegro ya me tenía empalada, y en 8 meses solo le había mamado la verga a su hijo… ¡No lo podía creer!

Susurró: “Te tenía muchas ganas, Mariita; te voy a dar verga hasta que me dejes vacío”. Empezó el mete y saca lento pero constante, subiendo poco a poco la velocidad. Yo gemía bajito para no hacer ruido. Ya me daba bien duro mientras chupaba mis pezones; estaba extasiada del placer. Me levantó las piernas poniéndolas en mi pecho —mis piernas pegadas a mis tetas— y metió su verga de nuevo, dándome duro. Me decía cosas como: “Eres una putita”, “Eres la puta de la urbanización, ¿verdad, putita?”. Quedé confundida, pero entré en el juego: “Responde, puta”, dijo, y yo gemí: “Sí, amor”. “¿Te cogen todos los vecinos, puta?”, y dije: “Sí, todos, todos me dan verga”. Qué juegos más raros tendrían mis suegros, pero fue algo excitante hablar así mientras me tenía su verga enorme clavada.

Luego me puso en cuatro y siguió cogiéndome duro; me nalgueaba, me insultaba. Seguimos el juego de que era puta y todos sus amigos y vecinos me cogían. Hasta que no aguantó más: me tiró boca arriba. Ahí pude ver ese monstruo de verga; era enorme, casi el doble que la de su hijo. La puso entre mis tetas; yo las agarré y la apreté para que se masturbase con ellas hasta que eyaculó bastante, llenándome las tetas y la cara de leche. Me tragué algunas gotas. Para mi sorpresa, no se le bajó la erección. Estaba acostado a mi lado, así que me bajé y me metí su verga en la boca. Se la chupé unos 15 minutos. La verdad, no sabía qué me pasaba —yo no soy así—, pero me dejé llevar. La saboreé por todos lados, cada centímetro; le chupaba las bolas enormes mientras lo masturbaba. Él decía: “Uff, Mariita, sin duda tus mamadas son las mejores”. Eso me halagó un poco.

Luego me monté encima y comencé a cabalgarlo a todo dar mientras él me agarraba de la cintura y me nalgueaba. Ya gemía como puta, disfrutando esa verga enorme. Después de cabalgarlo, me levantó, se levantó también, me cargó y me metió la verga así, cargándome. Nos dimos nuestro primer beso; se sintió extraño al principio, pero lo disfruté. Jugábamos con nuestras lenguas mientras su verga entraba y salía de mi vagina chorrante. Luego me arrodillé y se la mamé hasta que se vino en mi cara y boca. Cayó en la cama y se durmió. Yo también me acosté pensando en lo que había pasado, y me dormí. Los dos desnudos. Pero a las dos horas, a eso de las 4 de la mañana, sentí algo raro: era mi suegro metiéndome su verga de nuevo. Me cogió dos veces más hasta las 5:40, y nos quedamos dormidos.

A eso de las 8:30 me desperté y mi suegro no estaba. Me imaginé su cara al ver que estaba en mi habitación y verme desnuda boca arriba, con la cara llena de leche y mis tetas y abdomen con chorros por todos lados. Ja ja. Me levanté y me fui a duchar. Luego me puse un short y una camiseta, y salí. Mi suegro estaba haciendo el desayuno. Al verme, se puso nervioso. Yo lo saludé como si nada y, para romper el hielo —sabiendo que me vio desnuda llena de leche, así que obviamente habíamos tenido sexo—, le dije: “Suegro, disculpe mi sinceridad; ya le he agarrado confianza, así que se lo diré como me salga. Ja ja. Disculpe por el ruido de ayer; es que Eduardo se metió en mi habitación. Estaba muy oscuro, le dije que se fuera, pero no me hizo caso. Ni siquiera hablamos, pero tuvimos sexo casi toda la noche y gemí un poquito. Ja ja. Pero tranquilo, usamos protección” (mentira, ja ja, y él obviamente sabía que era mentira).

Pensativo, dijo: “Ja ja, tranquila, yerna; no escuché nada. De hecho, me alegro que tengas confianza conmigo para hablar de eso”. Le dije: “Sí, es que después de lo de anoche y la gran velada que tuvimos, le agarré la confianza que me faltaba” (doble sentido). Él, nervioso, dijo: “Sí, fue una buena cena la de ayer”. Me puse a ver tele hasta que se despertara Eduardo. Luego me fui a mi casa.

Pasó un mes y me volví a quedar en la casa de Eduardo; esa vez no pasó nada. La segunda vez llegó dos semanas después y tampoco sucedió nada. A los dos meses —o sea, a los 3 meses y medio de haber tenido sexo con mi suegro—, fui a su casa a quedarme. Ya tenía casi 1 año de noviazgo con Eduardo, pero aún no pasábamos de las mamadas. Ese día fui temprano, a las 2 de la tarde del sábado. Mi suegro me recibió, ya que Eduardo aún no llegaba. Le escribí por WhatsApp porque se suponía que él estaría en casa. Me dijo: “Disculpa, nena; mi jefe me llamó y tuve que venir. Salgo a las 5; te compro algo rico”. Le dije a mi suegro que Eduardo llegaba a las 5. Me fui a cambiar para ponerme ropa de casa y estar cómoda: un short de pijama que me quedaba algo corto —solo me tapaba las nalgas nada más— y una blusa pegada sin sostén.

Me fui a hablar con mi suegro; él se quedó impresionado mirándome. Yo me hice la distraída. Hablamos bastante; no dejaba de verme cada vez que me levantaba o cruzaba las piernas y se movían mis tetas. Pasó el rato y llegó Eduardo; me dio un beso y se fue a duchar. Luego vimos una película en la sala, cenamos y otra película. Nos acostamos a dormir.

Al rato, como a la hora, sentí que abrían la puerta y se acostaba a mi lado. Pensé que estaba sonámbulo de nuevo, pero luego me di cuenta de que no: esta vez fue directo a ponerse de cucharita, agarrarme las tetas y clavarme su verga entre las nalgas. Respiraba algo nervioso. Ja ja. Dije para mí: “Ay no, otra vez mi suegro sonámbulo. ¿Será que otra vez pensará que soy su esposa?”. Él no tardó en susurrarme nervioso: “María”. Pensé: “Ay no, otra vez me va a coger. Bueno, voy a tener que complacerlo en todo para que termine rápido”. Así que rápido me bajé y le quité el bóxer. Me metí su vergota en la boca y comencé a darle una buena mamada. Él suspiraba y gemía. Se lo mamé todo; me lo metía lo más que podía, ya que era enorme. Le chupaba las bolas, me golpeaba con ella en la cara, en la lengua.

Luego me monté encima y me la metí de golpe, cabalgándolo lo más rápido posible, clavándole las uñas en el pecho mientras gemía. Aproveché que estaba despierto para hacerle confesiones: “Uff, qué verga tan rica tiene, suegro; suertuda de su esposa”, “Ni siquiera he cogido con su hijo y aquí estoy cabalgándolo dormido. Ja ja, qué puta soy”, “Es que si su hijo no tuviera verga chica, sería la puta de ambos. Ja ja”. Eso como que lo molestó, porque me tiró boca abajo, abrió mis piernas y empezó a darme verga bien violento mientras me agarraba del cabello. Yo gemía como puta en celo. Me puso en cuatro y siguió dándome verga. No puso aguantar más: me volteó y se la mamé hasta que se vino en mi cara y boca; algunas gotas cayeron en mis tetas.

La seguía teniendo dura, así que me puse boca arriba, abrí las piernas y él me penetró. Me cogió bien rico por unas horas. Luego lo cabalgé dándole la espalda; nos levantamos y me cogió contra la pared. Me cargó dándome verga y nos besábamos como locos. Me arrodillé; él se sentó en la cama. Puse su verga entre mis tetas y la pajeé a la vez que lamía la punta hasta que no aguantó más y se vino en mis tetas. Nos acostamos y nos dormimos. A lo largo de la noche me cogió tres veces más; yo estaba toda llena de leche.

A eso de las 7 me levanté; mi suegro seguía dormido a mi lado. Me duché, me puse un short y una blusa sin sostén, y me fui a hacer el desayuno. Escuché un ruido y vi a mi suegro venir; se veía algo preocupado o nervioso. Lo saludé normal y le dije: “Suegro, disculpe de nuevo lo de anoche; otra vez Eduardo se metió en mi cuarto, pero no se preocupe, usamos protección. Espero no lo haber despertado”. Confundido, dijo: “No te preocupes, no escuché nada”. Se quedó pensando si yo estaba loca o fingía. Ja ja. Agarró agua, se la tomó y fue a dejar el vaso en el fregadero. Yo estaba limpiando lo que había ensuciado, así que me sorprendí cuando se acercó por detrás y me pegó su verga semirrecta. Me dijo: “Disculpa”. Yo volteé la cara y dije: “Tranquilo, no es algo que no haya sentido ya”, y sonreí, volviendo a lo mío.

Luego me confesó que, después de oír eso, se le aclararon todas las dudas: yo sabía muy bien lo que hacíamos y me gustaba. Ja ja. Después de eso, me metió una buena nalgada. Me sorprendí, pero no dije nada. Él se echó a reír y se fue a la sala.

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