Debut y despedida con mi mejor amiga
Comparto este relato que recibí de un lector. Se cambian los nombres de las personas involucradas.
Hoy parece un día normal. Le dije a mi pareja que saldría con mi mejor amiga para despedirla puesto que en poco tiempo se mudará a Portugal con su esposo. Las relación con mi amiga, Mariana, durante unos 10 años, siempre ha sido sólo eso, una amistad. En los últimos años y cada quien con su respectiva pareja, nos hemos distanciado un poco, con alguna salida ocasional para ponernos al día. No somos de hablar por mensajes, así que lo que sabemos uno del otro es por esas salidas que ocurren una o dos veces al año. La semana pasada recibí el mensaje de Mariana diciendo que por fin tomaron la decisión ella y su esposo de ir a vivir a Portugal para que él pueda hacer una maestría. Ella quiso que nos viéramos para despedirnos, a lo que con gusto accedí.
Fui a recogerla de su casa y fuimos a un café. La noche transcurrió con normalidad. Recordamos experiencias del pasado y ella me contó todos sus planes para cuando se mudara con su esposo. Posteriormente, volvimos a su casa. Su pareja no estaba en casa puesto que estaba en su pueblo consiguiendo unos papeles necesarios para la mudanza. Mariana me invitó a pasar. Nunca antes había estado a solas con ella en esa casa. Continuamos hablando un rato en la sala. Se hacía tarde, y le dije que serían mejor que me fuera porque mi novia me esperaba en casa.
“Está bien…”, dijo Mariana, “…pero antes ayúdame a elegir un atuendo para una despedida que tendré mañana en el trabajo”.
Me pareció un poco extraño, ya que con mi visión de hombre no pensaba que pudiera ser de mucha ayuda, pero decidí ayudar.
Fuimos a su cuarto y Mariana se quitó el suéter que traía puesto. Ella es una mujer delgada, algo bajita. Es rubia y de piel blanca. Tiene un trasero pequeño y tetas medianas, las cuales se veían muy bien con la blusa ajustada que traía esa noche. No puse evitar fijarme en ese detalle. Siempre he reconocido que Mariana es muy guapa. Pero en esta ocasión, en la intimidad de su habitacion, las cosas eran algo diferentes. Mariana me mostró dos atuendos. Un conjunto de pantalón con una blusa blanca, muy formal; y un vestido rojo que a primera vista parecía tener un buen escote. Me preguntó cuál creía que se veía mejor.
“Ambos se ven bien, pero deberías probártelos para juzgar mejor”. –
“Okay, voltéate para cambiarme y te los enseño”.
Yo le di la espalda mientras Mariana comenzaba a desvestirse. Después de un rato me di cuenta que desde donde estaba parado podía ver a Mariana reflejada en la televisión apagada de su cuarto. Cuando pude notarlo, ella estaba subiéndose el pantalón, por lo que alcancé a ver la ropa interior negra que traía.
“Listo, ¿qué te parece?” dijo ella. Volteé a verla e inmediátamente pude ver que se podía ver su brassier a través de la blusa blanca. Eso me excitó. Me sentía extraño. ¿Cómo podía pensar eso de mi mejor amiga, teniendo pareja?
“Se ve muy bien, muy formal. A ver cómo se te ve el vestido”
Me volteé una vez más y Mariana comenzó a cambiarse. Ésta vez pude ver con lujo de detalle, en el reflejo, como se desabrochaba los botones de la blusa, y como se quitaba el pantalón. Comencé a tener una erección, y a sentirme culpable por verla sin su permiso. Se puso el vestido hasta la cintura y se detuvo.
“¿Me ayudas a subir el cierre del vestido?” dijo ella.
Volteé a verla. No se molestó en cubrirse el pecho, por lo que la vi en brassier. Yo dudé en mis movimientos.
“No te preocupes. Ya se que me viste en el reflejo de la televisión. No te hagas.”
Solté una risa nerviosa. No pude evitar ver sus tetas blancas, únicamente cubiertas por su ropa interior. La ayudé a terminar de ponerse el vestido. Mariana comenzó a dar vueltas, para mostrarme cómo se veía. Como pensé, el escote lucía espectacular. Además sus piernas se veían muy lindas, sin necesidad de mostrar demasiado de ellas.
“Te ves perfecta. Definitivamente deberías usar ese mañana.” Le dije.
“¿Estás seguro? No sé si debería usarlo sin brassier. ¿Crees que sea demasiado?”
Mi mente comenzó a dar mil vueltas. Hablar a tal nivel de confianza con Mariana después de tantos años de amistad me hacía cuestionarme lo que sentía por ella. Finalmente le dije:
“Podrías intentarlo. Es algo atrevido, pero creo que se puede ver bien.”
Mariana, con una ligera sonrisa, se quitó el brassier por debajo del vestido y lo arrojó a la cama. Podía ver el relieve de sus pezones a través de la tela delgada. La erección volvió. Ella se acercó mirándome a los ojos:
“¿Te gusta como se ve?”
Yo no podía creerlo. Me armé de valor y tomé a Mariana por la cintura, recorriendo su espalda con la mano y haciendo énfasis en su ausencia de sostén. Sólo podía pensar en desvestirla.
“Te ves espectacular. Aunque creo que te verías mucho mejor sin ese vestido”.
Mariana tomó mi respuesta como una invitación. Como si tuviera toda la noche esperando hacerlo. Se bajó los tirantes del vestido, dejándolo resbalar abajo por todo su cuerpo. Sus pechos quedaron al aire. La primera vez que los veo. Unos preciosos pezones rosados. Eran exactamente como más de una vez imaginé. Acaricié sus tetas provocando que Mariana cerrara los ojos en señal de placer. Comencé a besar su cuello mientras me desabrochaba el pantalón. Ella me frotaba el pene por arriba de la ropa interior. No pudo esperar más y me sacó la verga completamente. Estaba durísima ya desde hace rato. Mariana comenzó a hacerme una mamada que nunca imaginé que podría suceder. La vista de mi mejor amiga casi desnuda y sosteniendo mi miembro con tanta pasión me hizo tensar las piernas. Después de unos minutos tomé a mariana y la llevé a su cama. Masticaba sus pezones mientras con la mano acariciaba su vulva cubierta por la ropa interior. Ella gemía en silencio. Le quité el calzón lentamente y froté su clítoris con suavidad. Mariana acercó su boca a mi oído. Podía escuchar su respiración agitada y el pulso acelerado.
“¿Qué estás esperando?” me dijo en voz baja.
“¿Estás segura?”
Mariana me comenzó a besar tan apasionadamente que parecía que fuéramos íntimos de toda la vida. Sus besos fueron interrumpidos cuando la penetré por primera vez. Un gemido agudo rompió el silencio de la habitación. Ambos estábamos comprometidos con la situación. Continuamos sin pensar en nadie más que nosotros. Mariana apoyó sus manos en mi pecho y se montó sobre mí. Ella brincaba haciendo sus tetas rebotar. La escena era violenta, pero hermosa. Cada embestida que daba hacía que Mariana vibrara intensamente. Sus pezones estaban durísimos y sensibles. Jadéabamos sin control. Todo el juego planeado de esa noche culinaría en este acto. El orgasmo de Mariana llegó sin aviso. Sentía como su vagina se contraía fuertemente alrededor de mí. Saqué mi verga provocando un último suspiro de Mariana. La volteé y derramé mi semen sobre su pecho cuando aún ella seguía temblando de placer. Concluímos con un tierno beso. Pensando en que probablemente sería el último.
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