Mi Chica en Lencería Sexy Despierta la Dureza de mi Polla
Yolita abrió la puerta del hotel con esa sonrisa pícara que me ponía la polla tiesa al instante. “Ven, mi amor”, susurró, tirando de mi camisa. Hacía meses que no la follaba, y ayer en nuestra cita, el cosquilleo había vuelto como un puto incendio.
La habitación era un nido de lujo: cama king size, luces tenues y champán helado. Ella se giró, luciendo un vestido rojo que marcaba sus tetas grandes y su culo redondo. “Tengo una sorpresa para ti”, dijo, mordiéndose el labio.
Me acerqué, le comí la boca con un beso salvaje, lenguas enredadas y saliva caliente. Mis manos bajaron a su culo, apretándolo fuerte. “Quítate eso, puta mía, quiero verte en esa lencería que te compré”.
Yolita rio, una risa sucia que me endureció más. Se desabrochó el vestido despacio, dejándolo caer. Ahí estaba: el conjunto negro de encaje, transparencias que dejaban ver sus pezones duros y su coño depilado brillando de jugos.
“Mamacita, estás para follarte toda la noche”, gruñí, acercándome. Le arranqué el sujetador con un tirón, liberando esas tetas perfectas. Chupé un pezón, mordiéndolo suave mientras ella gemía: “Sí, cabrón, chúpame más”.
Sus manos bajaron a mi pantalón, desabrochándolo con prisa. Mi polla saltó libre, gruesa y venosa, goteando precum. “Mira lo que me haces, Yolita. Esta verga es toda tuya esta noche”.
Ella se arrodilló, mirándome con ojos de zorra en celo. Abrió la boca y se la tragó hasta la garganta, mamando como una experta. “¡Qué rica polla tienes!”, babeó, lamiendo las bolas mientras yo le follaba la cara.
La levanté de un tirón y la tiré en la cama, boca arriba. Le abrí las piernas, oliendo su coño húmedo a través del tanga. “Voy a comerte ese chochito hasta que grites”, prometí, rasgando la tela.
Mi lengua atacó su clítoris hinchado, chupándolo fuerte mientras metía dos dedos en su agujero empapado. Yolita se retorcía, clavándome las uñas: “¡Sí, métemelos más hondo, uff! Me corro ya”.
La hice explotar en mi boca, chorros de squirt mojando las sábanas. “Ahora te follo como una perra”, dije, poniéndome de rodillas. Le quité el resto de la lencería, dejando su cuerpo desnudo y temblando.
Me coloqué entre sus muslos, la punta de mi polla rozando su entrada resbaladiza. “Pídemelo, puta. Di que quieres mi rabo dentro”. Ella jadeó: “Fóllame, méteme esa polla gorda hasta el fondo”.
Empujé de un golpe, llenándola hasta las bolas. Su coño apretaba como un guante caliente, ordeñándome. Empecé a bombear, fuerte y profundo, haciendo que sus tetas rebotaran como locas.
“¡Más duro, cabrón! Rompe mi coño”, gritaba ella, arañándome la espalda. La volteé a cuatro patas, admirando su culo alzado. Le di una nalgada que sonó como un latigazo, dejando marca roja.
Le escupí en el ojete y metí un dedo, mientras mi polla la taladraba por delante. “Pronto te follo el culo también, zorra”. Yolita empujaba hacia atrás, follándose ella misma en mi verga.
Cambié de posición: ella encima, cabalgándome como una amazona salvaje. Sus caderas giraban, su coño tragándose cada centímetro. Le pellizcaba los pezones, tirando hasta que chillaba de placer.
“Quiero tu leche dentro, lléname”, suplicó, acelerando. Yo la agarré del pelo, follándola desde abajo con furia animal. El sudor nos cubría, el olor a sexo llenaba la habitación.
La puse contra la pared, levantándola en brazos. Sus piernas alrededor de mi cintura, mi polla entrando y saliendo como un pistón. “¡Me vengo otra vez!”, aulló, apretándome tan fuerte que casi me corro.
No aguanté más. “Toma mi corrida, puta mía”. Le clavé hasta el fondo y exploté, chorros calientes inundando su útero. Ella temblaba, ordeñándome hasta la última gota.
Nos derrumbamos en la cama, jadeando. Pero mi polla seguía dura. “Esto no termina aquí”, murmuré, besándola. Yolita sonrió: “Fóllame el culo ahora, amor. Quiero sentirte en todos lados”.
Parte 2: El Culo Virgen de Yolita
Después de llenarle el coño de leche caliente, mi polla seguía dura como un palo duro. Yolita se lamió los labios, aún jadeando: “Ahora fóllame el culo. Quiero sentir esa verga gruesa rompiéndome el ojete”.
La unté con lubricante, abriéndole el ojete con dedos. Entré despacio, su culo virgen apretándome como un vicio. “¡Vaya, qué estrecho!”, gemí, empezando a bombear.
La puse a cuatro patas, su culo redondo alzado como una ofrenda. Le escupí en el agujero apretado, untándolo con mi saliva y el lubricante que saqué del cajón. Metí un dedo despacio, sintiendo cómo su esfínter virgen me chupaba, caliente y estrecho.
“¡Putita, qué culito tan rico!”, gruñí, agregando un segundo dedo para abrirla. Ella gemía como una puta en celo, empujando hacia atrás: “Más, métemelos hondo, prepárame para tu polla gorda”. La vi retorcerse, su coño goteando restos de mi corrida mientras su culo se relajaba. Saqué los dedos y puse la punta de mi rabo venoso contra su entrada, presionando suave. “Relájate, zorra, te voy a follar el culo hasta que pidas clemencia”.
Empujé de golpe, rompiendo su resistencia. Su ojete me tragó centímetro a centímetro, apretándome como un puño ardiente. “¡Aaaah, me duele rico! Fóllame más duro”, chilló Yolita, clavándome las uñas en las sábanas. Empecé a bombear, lento al principio, admirando cómo su culo se tragaba mi polla hasta las bolas. Le di nalgadas fuertes, dejando su piel roja y marcada, mientras ella se masturbaba el clítoris hinchado.
Aceleré el ritmo, taladrándola como un animal. El sonido de carne contra carne llenaba la habitación, mezclado con sus gritos: “¡Sí, destrózame el culo, lléname de leche caliente!”. La agarré del pelo, tirando su cabeza hacia atrás para follarla más profundo. Su cuerpo temblaba, el sudor chorreando por sus tetas rebotantes. Sentí sus paredes contrayéndose, ordeñándome la verga.
No aguanté más. “¡Toma mi corrida en el culo, puta mía!”, rugí, clavándome hasta el fondo. Exploté en chorros espesos, inundando su interior mientras ella se corría a gritos, squirtando por las piernas. Me quedé dentro, pulsando, hasta que saqué mi polla cubierta de porra y baba. Yolita se derrumbó, sonriendo: “Vuelve cuando quieras romperlo otra vez”.
Parte 3: La Boca Experta de Yolita
Después de romperle el culo, nos derrumbamos sudorosos, pero mi polla no bajaba de dureza, brillando con restos de porra y sus jugos. Yolita se lamió los labios hinchados, mirándome con ojos de puta hambrienta: “Ahora quiero practicar, amor. Enséñame a mamar esa verga gorda como una profesional”. La senté en el borde de la cama, de rodillas, y le guié la cabeza: “Abre esa boca de zorra y trágatela hasta las bolas”.
Empezó tímida, lamiendo la punta como un helado, saboreando mi precum salado. “Así, puta, chupa el glande y usa la lengua en la vena”, le ordené, agarrándole el pelo. Rápido aprendió: succionó fuerte, metiéndosela hasta la garganta, babeando ríos de saliva que le chorreaban por las tetas. “¡Puta, qué buena alumna! Mámame las bolas ahora”.
Yolita obedeció como una esclava del sexo, metiéndose mis huevos peludos en la boca uno a uno, lamiéndolos con gemidos guturales. Volvió a la polla, deepthroating como una experta porno, su nariz tocando mi pubis mientras se ahogaba en placer. “¡Sí, cabrona, escupe en ella y fóllate la cara!”, gruñí, bombeando su garganta como un coño apretado.
La puse a practicar trucos sucios: lamer el culo mientras me pajeaba, mamar con hielo del champán para un frío ardiente, y tragar hasta provocarme arcadas deliciosas. “Mira cómo me pones, zorra, tu boca es un puto coño mágico”, jadeé, viendo sus labios rojos estirados al límite. Ella aceleró, manoseándose el clítoris mientras me ordeñaba.
Exploté rugiendo: “¡Trágate toda mi leche, experta!”. Chorros espesos le llenaron la garganta, ella bebiendo cada gota sin derramar, lamiendo limpia mi polla palpitante. Tosió sonriendo, orgullosa: “Ahora soy tu mamadora oficial. ¿Cuándo repetimos lección?”.
Parte 4: Yolita, Tu Ama Dominante
Después de tragarse mi leche, Yolita se levantó con una mirada feroz, sus tetas sudadas brillando bajo la luz. “Ahora te toca a ti, esclavo. De rodillas y lame mi coño como el perro que eres”, ordenó, empujándome al suelo. Su voz era puro mando, y mi polla se endureció al instante ante esa zorra dominante que acababa de despertar.
Me arrastró por el pelo hasta la cama, atándome las manos con su tanga rota. “No te muevas, puto, o te azoto hasta que llores”. Sacó un cinturón del cajón y me dio en el culo, nalgadas que ardían como fuego. “¡Gracias, ama! Castígame más”, supliqué, mi verga goteando precum en el suelo mientras ella reía cruel.
Se sentó en mi cara, ahogándome con su coño empapado y su culo aún lubricado de mi corrida. “Lame, lame todo, lengua profunda en mi ojete sucio”, exigió, moliéndome la nariz contra su clítoris. Yo obedecía como un sumiso patético, chupando sus jugos salados mientras ella se corría gritando: “¡Bebe mi squirt, cerdo!”.
Montó mi polla dura sin piedad, cabalgándome como si fuera su juguete. “No te corras hasta que yo diga, esclavo. Si lo haces, te castigo con los huevos”. Sus uñas me arañaban el pecho, pellizcándome los pezones hasta sangrar placer. Yo gemía bajo su dominio, al borde del abismo.
“Ahora sí, lléname, puto mío”, rugió al fin, apretándome con su coño como un torno. Exploté dentro de ella, chorros incontrolables mientras me azotaba la cara. Desatada, se levantó triunfante: “Eres mío para siempre. La próxima vez, traes esposas”.
Parte 5: Mañanero de Polla Dura y Culo Lleno de Leche
Al amanecer, después de una noche follándonos sin parar, Yolita se despertó con mi polla semi-dura rozándole el muslo. “Buenos días, cabrón. Hora de tu mañanero”, ronroneó, bajando las sábanas. Se metió entre mis piernas, abriendo la boca para tragarse mi verga flácida. “Mira cómo te la levanto”, chupó fuerte, lengua girando en el glande hasta que mi rabo se puso tieso como una roca, venoso y listo para guerra.
“Ahora fóllame el coño, amor, estoy chorreando”, suplicó, montándome al revés. Su culo rebotaba mientras su chocho empapado me ordeñaba, apretando cada centímetro. La embestí desde abajo, nalgueándola: “¡Toma verga matutina, zorra!”. Gemía como loca, squirtando en mis bolas mientras sus tetas se meneaban salvajes. La volteé boca arriba, taladrándola profundo hasta que gritó su orgasmo, clavándome las uñas.
Pero el final era el premio gordo. “Culo ahora, lléname el ojete de leche caliente”, jadeó, poniéndose a cuatro patas con el esfínter abierto y lubricado de la noche. Escupí en su agujero, metiendo la punta gruesa. “¡Que rico, qué anal maravilloso!”, gruñí, empujando hasta las bolas en ese culo experto que me chupaba como un vicio.
Bombé furioso, carne chocando, su coño goteando mientras se metía dedos. “¡Más duro, rómpeme, descarga todo dentro!”, aulló. No aguanté: exploté en chorros espesos, inundando su culo de porra caliente que rebosaba por sus muslos. Saqué mi polla palpitante, viéndola gotear creampie anal perfecto.
Agotados, nos abrazamos riendo, cuerpos pegajosos de sudor y sexo. “Esta culiada no termina, mi follador vergon”, susurró Yolita. Sabíamos que volveríamos por más folladas locas. Pero eso sera otra historia.
¿Te gustó este relato? descubre más relatos eróticos gratis en nuestra página principal.

Vaya esa Yolita resulto todo una putita. Hasta disfruto por el culo. Que suerte man!!
Además le gusta mandar en la cama. Ufff que rica mujer, me gustaría tener una putita como ella