Una empresaria suelta en Europa – I, II
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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Estos relatos surgen de historias reales de una lectora que me comentó sus andanzas por el viejo continente. Obviamente se han cambiado nombres y ciudades para preservar la identidad de la protagonista, tal su pedido.
Gracias Helena por tu confianza.
Una pareja de empresarios exitosos: Helena y Víctor, de 50 y pocos. Él empresario automotriz en Europa, con extensión a Asia. Helena encontró la beta con la confección de lencería femenina de alto nivel. Aprovechó las influencias de su pareja y se incorporó a la alta costura, con modelos prestigiosas y confecciones de excelente calidad.
Ambos tenían sus propias clientelas y pretendían ampliarse en el viejo continente. En cierto modo, eran independientes el uno del otro. Mientras ella viajaba a Alemania, España, Francia concretando nuevos clientes, él lo hacía en el norte de África y Asia.
Obviamente pasaban buena parte del año separados, pero el tiempo que compartían, lo disfrutaban al máximo.
Helena es morena, de cabellos oscuros tipo melena, ojos típicamente negros
Un cuerpo que llama la atención tan solo cruzarla caminando por cualquier ciudad: altura: 172 cm, pecho: 122 cm, cintura: 68 cm, cadera: 124 cm. (de lo que puedo dar fe, por haberla visto).
Como característica principal, Helena es sumamente fogosa y se enciende cuando lleva un tiempo sin actividad sexual. Este era uno de esos momentos, su pareja llevaba más de dos meses en Asia y ella había decidido tomarse unos días de descanso de su actividad laboral. Eligió un poblado de Costa Amalfitana, una cala tranquila donde poder relajarse y darle a su cuerpo un poco de tranquilidad, bronceando su cuerpo apenas cubierto por la parte inferior del biquini. Transcurrida la tarde y después de observar “el ganado”, se dio una ducha y se encaminó a uno de los bares que rodeaban la plaza principal.
En ese lugar comienza la primera de sus andanzas…
Había visto a varios grupos de bañistas diseminados por las distintas calas, y aprovecho a visitar una donde estaba permitido el nudismo. A una buena distancia, pudo observar a varios jóvenes de entre 25 y 30 años, que practicaba el nudismo sin inconvenientes.
Obvio que había “reacciones” en los hombres cuando jugaban en el agua con sus compañeras, es más podría asegurar que alguna pareja había mantenido relaciones discretamente mientras se hallaban en el agua. Eso puso su sangre a calentar y al momento de abandonar la cala rumbo al departamento que había rentado para descansar, se imaginó esa misma noche disfrutando de un cuerpo joven que calmara su ansiedad.
Se duchó, perfumó y eligió las prendas que utilizaría para tratar de conquistar a su presa. Luego de la cena, inició su cacería: averiguó de un bar frecuentado por turistas y lugareños y hacia allí fue.
Dejemos que sea ella quien nos cuente su noche…
“Allí estaba yo; en aquel bar, con mi vestido ajustado de cuero, al
entrar me senté en una mesa, porque en la barra me sentía demasiado
atrayente para las miradas. Esa noche lo había decidido; encontraría a
un chico joven y tendría una noche de sexo salvaje con él. Dentro del
bar había un par de grupos de hombres que no paraban de mirarme,
varias parejas y un chico joven con el que no paraba de cruzar
miradas. A pesar de su evidente deseo no se terminaba de decidir, pero
yo no quería dar el primer paso, así que seguía lanzándole miradas
insinuantes, en ese momento decidí que si el chico se atrevía a acercarse sería con él con quien lo haría.
Al poco rato él levantó su copa mirando hacia mí, haciendo un brindis al aire, entonces yo hice lo mismo y le sonreí guiñando un ojo, eso le animó a acercarse a dónde estaba yo.
“Hola, perdona mi atrevimiento, pero cómo te he visto sola, y yo también estoy solo he pensado que igual no te importa que te acompañe, charlemos un poco, y así no se nos hace tan aburrido”.
Yo le contesté: “me parece genial, porque me sentía un poco agobiada estando sola y con todos los hombres mirándome, ¡gracias!”
Estuvimos un rato hablando y bebiendo. Poco a poco la charla fue girando sobre temas más íntimos y así la cosa se fue calentando.
Había una pequeña pista de baile en un rincón, con luz tenue, donde ponían música lenta, y en la que había un par de parejas bailando, entonces el chico me dijo que si me apetecía bailar, y yo le contesté que me parecía buena idea, así que nos fuimos hacia allá y empezamos a bailar muy juntos.
Estábamos bailando muy pegados y noté la enorme erección que yo le había provocado. Entonces yo le dije: “¿Quieres que vayamos a dar un paseo por la playa?”
Él me dijo que sí, porque allí éramos el centro de atención. Salimos, y fuimos caminando hasta la playa que estaba a menos de 100 metros. Era una noche oscura sin luna, y caminábamos por una calle poco iluminada, así que el chico me cogió de la cintura y me dijo: “Helena eres una mujer preciosa, y me gustaría besarte.”, y yo le contesté: “¡Hazlo!”.
Nos fundimos en un largo y apasionado beso, pero aunque la calle era
tranquila, había gente caminando por ella, así que le cogí de la mano y seguimos andando para la playa.
Al llegar empezamos a caminar hacia el final de ésta, que era la zona más tranquila. Yo me descalcé y nos adentramos en la arena hasta una zona junto a unas rocas en la que estaba oscuro y no había nadie. Después nos sentamos y empezamos a besarnos, mientras el chico me tocaba los pechos y metía su mano entre mis muslos.
Liberó mis pechos por encima del escote y me los empezó a acariciar,
luego empezó a besarlos y chuparlos mientras con una mano me empezó a
acariciar intensamente mi entrepierna.
Yo estaba muy caliente y me dejaba hacer, enseguida él hizo a un lado la delicada tela de mi tanga y empezó a acariciarme el clítoris y a meter sus dedos dentro de mi vagina que despedía jugos de manera abundante. Así estuvo un rato, chupando mis pechos y masturbándome, y no tardé en tener un profundo orgasmo, que estremeció mis entrañas.
Después me incorporé, y miré alrededor por si había alguien, pero no
se veía a nadie cerca, y las voces se escuchaban lejos.
Entonces le hice tumbarse, le desabroché el pantalón y le saqué la polla, la tenía muy dura y grande. Mientras le besaba, empecé a acariciar la polla y
los huevos, para dedicarme a masturbarle lentamente, mientras le seguía besando, su respiración era intensa y gemía.
Sin detenerme, bajé a su polla y empecé a besarla y chupar sus huevos, luego me la metí dentro de la boca y muy despacio empecé a hacerle una mamada con todas las reglas, noté cómo salía la baba pre seminal y la degusté.
El chico estaba muy excitado, y empecé a chupársela, acelerando el ritmo y metiéndola hasta el fondo, el gemía con más intensidad, y me agarro la cabeza guiándome en aquel movimiento frenético.
“¡Así, así, chupa hasta el fondo! ¡Uhmmmmm!”. No pasaron más de tres
minutos cuando sentí que estaba a punto de correrse, entonces apreté
mis labios y empecé a chupar más deprisa, hasta que de pronto soltó
una inmensa y caliente descarga dentro de mi boca, y enseguida apretó
mi cabeza hacia adentro, soltando el resto en mi garganta. Así con su
polla dentro de mi boca estuve más de un minuto, hasta que dijo:
¡Jodeeeer, que maravilla!
Me incorporé, y le dije: “Aún no hemos terminado, ahora vamos a ir a mi
apartamento que está aquí cerca”.
Cuando llegamos al paseo me puse los zapatos de tacón. Dany me dijo
que por qué no nos sentábamos en una terraza a tomar algo, yo sabía
que quería exhibirse conmigo, entonces le dije que me parecía bien,
que me esperase sentado mientras iba al baño a asearme y arreglarme un
poco, pues tenía el vestido lleno de arena.
Pasé al baño, me arreglé, me perfumé y me enjuagué la boca con elixir, pues mi boca aún tenía el sabor del semen.
Cuando salí del baño, directa a la terraza buscando con la mirada
a Dany, y lo vi sentado con otro chico. Conforme me acercaba veía que
el otro chico era tan guapo cómo Dany, y tenía un cuerpo muy morboso.
Él me lo presentó, se llamaba Antonio, y era su mejor amigo. Me
senté y empezamos a charlar muy animados. En un momento Antonio se
levantó a saludar a alguien, y entonces Dany me dijo que si me
apetecía que Antonio nos acompañase a mi apartamento.
La verdad es que me excitó mucho la idea, y le dije que sí.
Cuando Antonio volvió Dany le dijo que si le apetecía venir con
nosotros a tomar algo a mi apartamento, y por supuesto que dijo que
sí. Yo les dije que me adelantaría primero, para hacer unas cosas, ya
que había dejado el apartamento con todo revuelto.
Les di la dirección, y les dije que fueran pasada media hora, y me despedí
dándoles un beso en la boca a los dos.
Mientras caminaba hacia el apartamento la excitación iba en aumento,
aunque reconozco que también estaba nerviosa. Desde hacía bastante
tiempo tenía la fantasía de hacer un trío con dos hombres, y estos dos
eran jóvenes, morbosos y tremendamente atractivos.
Quería llegar sola por discreción, aunque sabía que el edificio era
nuevo y casi no había inquilinos, debía asegurarme de que en la zona
de los áticos seguía sin haber vecinos a los lados, aunque yo tenía
una terraza grande y aislada con vistas al mar, césped artificial y un
yacusi grande, ideal para disfrutar de una noche loca.
Llegué al edificio, y sólo había luz en dos apartamentos del primero y
segundo pisos. Entré en mi ático, me di una ducha, y me puse un
vestido semi-transparente sin nada debajo, puse música y saqué una
botella de champagne y unas copas.
Al mismo tiempo puse luces indirectas, y encendí el yacusi. Me asomé a la terraza y no tardé en verles a los dos caminando Justo, en ese momento recibí un video llamado, era Víctor que desde Beijing quería saber que tal la estaba pasando. Me vio casi desnuda y preguntó por la situación: le comenté que hacía bastante calor y me había levantado de la cama en busca de un trago y tomarlo en la terraza. Sonrió y se lamentó de no haber estado aquí en ese momento, pues tenía muchos deseos de tenerme en sus brazos, Le respondí que también me sentía así, aunque él no imaginaba que mis ganas se calmarían en breve. Nos despedimos apenas segundos antes de que sonara el timbre de acceso al edificio.
Eran Dany y Antonio que ya habían llegado. Les abrí enseguida y cuando salieron del ascensor yo ya tenía la puerta abierta. Al entrar me miraron y ambos me dijeron que estaba increíble, al igual que el apartamento. Mientras se los enseñaba, los dos me manoseaban intensamente y me iban dando besos.
Abrí el champagne y serví unas copas, al tiempo que les decía que se
relajasen y se sintieran cómodos, y que si querían meterse en el
yacusi, o lo que les apeteciese, que lo hicieran.
Puse música sensual y salimos a la terraza con las copas de champagne a bailar. Mientras lo hacíamos nuestros cuerpos se rozaban, la excitación se notaba, entonces les dije que mirasen la vista que había de la playa un
momento.
Se asomaron a la barandilla, y mientras yo me desnudé, después les dije que se volvieran, y me acerqué a ellos bailando muy sensualmente, cuando estaba frente a ellos volqué mi copa de champagne sobre mis pechos, y enseguida empezaron los dos a chupar, mientras me tocaban por todos lados. Yo me puse muy caliente (aunque ya lo estaba) entonces me retiré y me metí dentro del yacusi diciéndoles que ahora tenían que bailar los dos para mí y desnudarse.
Empezaron a bailar y a quitarse la ropa poco a poco. Los dos tenían un
cuerpo increíble, en realidad a Dany no le había visto desnudo, y
Antonio era algo más musculoso, los dos estaban completamente
depilados. Cuando se quedaron sólo con el bóxer les pedí que se dieran
la vuelta y se lo quitaran de espaldas a mí.
Estando ya desnudos completamente les pedí que se acercaran al borde del yacusi de espaldas. Yo me asomé al borde y empecé a acariciarles los glúteos y a lamerles, seguí con mi lengua por sus glúteos y con mis manos les acariciaba los huevos, ellos gemían, entonces empecé a acariciarles la polla, estaban completamente empalmados, la polla de Antonio era enorme. Entonces les dije que se dieran la vuelta, y ante mi cara vi dos hermosas vergas muy duras, empecé a masturbarlas y a chuparlas, así durante un rato, luego le pedí a Dany que se metiese dentro y me follase, y a Antonio que se sentase en el borde. Yo estaba cuatro patas chupándosela a Antonio, y Dany me empezó a lubricar, y viendo que estaba chorreando de excitación, me empezó a follar.
Así en esa posición Dany me follaba bien adentro, y en cada empujón la
polla de Antonio me entraba hasta la garganta, pero no me ahogaba,
porque tengo la garganta bien entrenada. No tardé en correrme, pues
estaba muy caliente, pero seguimos los tres en la misma posición.
Mientras se la chupaba a Antonio, este empezó a acariciarme los
glúteos y a jugar con mi esfínter, eso me calentó más aún, entonces el
empezó a meterme un dedo dentro del culo y después otro, al mismo
tiempo que sentía la polla de Dany bien dentro de mi vagina.
De esa forma Antonio empezó a follarme la boca mientras me dilataba el culo y Dany me follaba fuerte, y no tardé casi nada en volver a correrme, y
mientras tenía mi segundo orgasmo sentí que Antonio iba a
llenarme la boca de leche, yo apreté mis labios y me la metí lo más
adentro que pude, y enseguida soltó su abundante y caliente corrida en
mi garganta, entonces casi me ahogué, pero al mismo tiempo tuve otro
orgasmo.
Después de eso les dije que descansaran y se relajaran en el yacusi.
Yo salí y fui a darme una ducha, luego cogí un gel lubricante con
sabor a fresa y me puse un poco en el culo.
Después salí a la terraza con otras copas de champagne, lo bebimos y empezamos a jugar de nuevo.
Dany salió del yacusi y empezó a besarme por todo el cuerpo, mientras, me puse con el culo sobre la cara de Antonio, que empezó a lamer y a dilatar.
Antonio salió también y se tumbó en el césped de la terraza, aunque ya estaba otra vez empalmado se la chupé un poco más, porque me gustaba mucho hacerlo, luego me monté encima de él y le dije a Dany que me follase el culo.
¡Fue algo increíble! Era la primera vez que experimentaba una doble penetración, algo que deseaba desde hacía mucho tiempo. Al rato Dany se corrió, me puse de pie y me fui para el borde de la terraza mirando al mar, y así en esa posición le dije a Antonio que me follase el culo. Y aunque parezca mentira me corrí al mismo tiempo que Antonio. Nunca había experimentado un orgasmo follándome solo el culo.
Fue una noche increíble, quedé completamente satisfecha y agradecida a mis dos amantes eventuales. Luego de un rato de descanso, ambos se vistieron y se fueron, dejándome sola, necesitada de relejarme en el yacusi antes de irme a descansar en mi amplísima cama.
En la mañana, Cuando me calcé la tanga, sentía alguna pequeña molestia propia de las penetraciones de la noche anterior, decidí utilizar un vestido no tan ajustado para disimularlo, preparé mis maletas y me fui desde la costa, hacia la ciudad de Pisa, donde debía reunirme con algunas modelos y empresarios.
Las dos horas de viaje fueron agradables, entre recuerdos y el deseo quizá de repetir esa noche de locura.
Espero les haya agradado la primer entrega de esta serie. Helena ha prometido un par más de relatos, tan calientes y reales como puedan imaginarse. Háganme llegar sus comentarios para que Helena pueda leerlos y compartirnos más de sus experiencias.
PARTE II
Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Estos relatos surgen de historias reales de una lectora que me comentó sus andanzas por el viejo continente. Obviamente se han cambiado nombres y ciudades para preservar la identidad de la protagonista, tal su pedido.
Gracias Helena por tu confianza.
Como les conté en la entrega anterior Helena y Víctor son un matrimonio de empresarios exitosos, cada uno por su lado, qué difícilmente comparten viajes de trabajo ya que se dedican a rubros muy distintos. Esta recorrida por España no fue una excepción.
Fue a principios del verano pasado. Estaba unos días de vacaciones, me había ido sola, pues necesitaba desconectar. El primer día me fui a una playa pequeña y tranquila a pasar el día bañándome y tomando el sol, sin pensar en nada más. Me situé en un extremo de la playa en un lugar tranquilo donde había poca gente, solo tenía cerca un grupo de chicos y chicas, que estaban tranquilos y sin armar demasiado escándalo.
Me fijé en el grupo, había tres chicas y cuatro chicos, y aunque estaban todos en plan de amigos, se notaba que las tres chicas eran las parejas de otros tres chicos. Al rato me di cuenta de cuál de los chicos era el que no tenía pareja, pues no me quitaba ojo. Como no había mucha gente y además las chicas iban en topless, yo también me quité el sujetador para que no me hiciera marcas el sol.
No sé si les dije, pero soy amante del nudismo. Con mi edad, sé que aún provoco reacciones en maduros y jóvenes y lo disfruto enormemente.
A partir de ese momento el chico no paró de mirarme. Yo estaba tumbada con mis gafas de sol, y le miraba directamente. Al rato me levanté y fui a darme un baño, andando de manera sensual, haciendo que mis pechos se movieran, y me di cuenta que hasta las chicas me miraban, incluso escuché un comentario sobre ellos.
Me metí en el agua y empecé a nadar, y el chico no tardó en meterse también. Se puso cerca de mí a nadar, y hubo un momento en que estaba a unos dos metros de mí, me miró y le dije: “Hace un día estupendo, y el agua está muy buena”. Él me contestó que sí, que era el segundo día que iban a la playa ya que el día anterior habían llegado de vacaciones.
Me contó que habían alquilado un bungalow, que resultaba estar bastante cerca del mío. Yo le dije: “Encantada de conocerte, ¡me voy a tomar el sol! ¡Ya nos iremos viendo!”, y me salí a tumbarme al sol.
Me tumbé y me quedé dormida. No sé cuánto tiempo estuve dormida, pero cuando desperté no quedaba casi nadie en la playa, solo un par de parejas allá a lo lejos.
Después miré hacia donde estaban los chicos y solo vi al que había estado hablando conmigo, pero estaba mucho más cerca, a un par de metros.
Me despabilé un poco y le pregunté que donde estaban sus amigos, me dijo que se habían marchado y que él había preferido quedarse, ya que a aquella hora la playa estaba más tranquila y quería ver la puesta de sol.
Entonces miré y vi que el sol estaba bastante bajo, aunque aún faltaba más de una hora para que se ocultara, y de pronto caí en la cuenta de que había estado más de una hora durmiendo, e inmediatamente sentí que la espalda me ardía.
Se lo comenté al chico y le pedí que me echase agua por la espalda. Sacó una botella y me vació agua por toda la espalda poco a poco, y me dio tanto placer que no pude reprimir un gemido.
Después me senté y él no pudo reprimir mirarme los pechos, yo me hice la despistada y saqué aceite hidratante y le pedí que me diera aceite por toda la espalda y las piernas. Lo hizo con delicadeza y esmero produciéndome mucho placer.
Yo le miraba de reojo y veía su enorme erección. Le pregunté que dónde estaba el mejor lugar para ver la puesta de sol, y él me contestó que pasando las rocas había cerca una cala solitaria desde donde se veía la puesta de sol totalmente de frente. Entonces le dije que me llevase allí, que aún quedaba al menos una hora para que se pusiera el sol.
Nos levantamos, recogimos las cosas y le seguí, a esas alturas ya no me puse el sujetador del biquini, y al caminar mis pechos se movían de forma sensual, y de vez en cuando, Roberto (que es como se llamaba) miraba para atrás, luego llegamos a las rocas, y él me iba ayudando a subir, y se deleitaba mirándome. Yo también miraba de reojo y su erección era evidente.
Al poco rato llegamos a una pequeña cala solitaria con el sol totalmente de frente. Colocamos nuestras cosas y entonces le pregunté si de verdad era una cala solitaria, a lo que él me respondió que nunca había visto a nadie. Así que me quité el tanga diciéndole que me apetecía bañarme desnuda. Me metí en el agua y le dije que se metiera el también. Ya muy animado se quitó el bañador y pude ver su polla erecta, y se metió al agua.
Yo me quedé en la zona donde el agua me llegaba por debajo de los pechos, ya que me encanta que las olas me golpeen. Roberto se acercó a mí, y le dije que me encantaba el lugar donde me había llevado, y que estaba siendo un día de playa muy especial. Entonces él se lanzó y me dijo que estaba encantado con estar con una mujer tan atractiva como yo, que le gustaba mucho, yo le contesté que si no prefería estar con una chica de su edad con el cuerpo más terso, a lo que contestó que yo era mucho más atractiva que ninguna joven, que tenía un cuerpo increíble y que le encantaban mis pechos.
Entonces me acerqué a él poniéndome en puntas de pie. Rozando mis pechos sobre él y le dije que eran suyos. Inmediatamente empezó a tocarlos, a comerlos, y después me agarró el culo.
Empezamos a besarnos y yo empecé a acariciarle la polla que estaba muy dura, después la puse en la entrada de mi coño y poco a poco me la metí dentro. Empezamos a follar con el ritmo de las olas y así tuve dos orgasmos seguidos, y después del segundo orgasmo, él se corrió.
Salimos del agua y nos tumbamos abrazados a ver la puesta del sol. Él me cogió con su brazo por encima de mi hombro. Tenía la cabeza sobre su pecho, le besaba el pecho y empecé a acariciarle la polla, y enseguida se le volvió a poner muy dura.
Empecé a bajar con mi boca, besando sus pechos, su vientre y alrededor de su polla, la cual me daba golpes en la cara, y comencé a chupársela mientras el sol empezaba a ocultarse en el horizonte.
Estaba tan excitado y feliz que no me importó ver la puesta de sol, al contrario, lo que más me apetecía era hacerle una mamada como nunca se la habían hecho, y cuando el sol dejaba sus últimos rayos en el horizonte, Roberto descargó toda su leche en mi boca, mientras yo seguía chupando con placer, y así con su polla dentro de mi boca me quedé dormida.
Las caricias de Roberto sobre mis pechos afiebrados me produjeron un escalofrío que me sacó del dulce sueño, los restos de semen habían caído por la comisura de mis labios y se habían pegoteado en mis mejillas. Tomé saliva de mi boca y traté de limpiarlo pero no era posible, a tientas en la oscuridad llegué al agua y me lavé la cara. Volví a las toallas, tomé mis cosas, me calcé un vestido playero para cubrir mi desnudez y de la mano de Roberto volvimos a la zona de los bungalows. Nos despedimos con un tremendo magreo, nada importó el ardor en mis pechos, lo afiebrado de mi culo y menos aún la arena que había quedado entre los labios de mi cueva.
“¿Te veré más tarde?” preguntó él, “Quizá después de la cena si es que puedo vestirme” le dije mientras cada uno se encaminaba a su alojamiento.
Pedí servicio a cuarto, que fuese una camarera pues necesitaba ayuda femenina. Llegó la joven con la cena y ha pedido mío, esparció crema hidratante y refrescante. Esa noche sería muy difícil que mi piel enrojecida me permitiera descansar cómodamente.
Mi cuerpo hervía y temblaba por la insolación, apenas si pude recostarme sobre sábanas suaves. Me dormí prontamente y desperté la mañana siguiente cuando la misma joven ingresó a realizar el aseo, nuevamente me cubrió de cremas, el aire acondicionado ayudaba a soportar mi estado.
Dos días después, pude volver a la playa cubierta por mi vestido suave, ya no vi a los jóvenes, me quedé con ganas de tener más raciones de Roberto y su miembro.
Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago
