Si el auto hablara solo diría sexo!!

Muchas veces leyendo estos relatos uno se pregunta cuanto de verdad o de inventiva hay en ellos, pero bueno quienes somos asiduos lectores de los mismos creo que mucho no nos interesa, por lo que tratare que el presente relato sea lo mas creíble posible y no caeré en la remanida fórmula de decir que es cien por ciento real, me basta a mi saber que es así, el resto lo dejo a su libre albedrío.

Me llamo Gabriel, mi edad?, comenzando la década de los 40, estoy casado hace 18 años, y por las características de mi trabajo debo cambiar de ciudades muy asiduamente o sea permanentemente en movimiento (esto último, a la postre, quizá vean que tiene su incidencia, ya que al cambiar de lugar se tiene un espectro mas amplio de búsqueda sin que a uno lo conozcan).

Siempre me he preguntado porque se castiga socialmente al hombre que estando casado mantiene una/s relación/es y casi nada se dice de la mujer que consiente mantener una relación amorosa con un hombre casado (y a sabiendas), a éste se lo cataloga como “infiel”, y la mujer que apelativo le cabría?.

Digo todo esto porque mi mayor debilidad son las mujeres y agradezco que haya mujeres que tienen nada o casi nada de escrúpulos y solo se permitan disfrutar y gozar del sexo, y no estoy haciendo un juicio de valor sobre las mismas, muy por el contrario, reitero mi satisfacción por quienes toman ese tema hasta como su filosofía de vida.

Circunscribiendo el tema, a mi debilidad por las mujeres debo añadir que me encanta el sexo (y a quien no?, me pregunto)no hago distinción de edad, religión, clase social o color de piel, todas son para mi bellas, y dignas de prodigarles la mayor dedicación, placer y gozo; bien para no sobreabundar mas en detalles, quiero decirles que mi forma de abordaje para con las mismas es mediante la utilización del auto, salir de “cacería” de mujeres mediante la utilización de este medio es fantástico, la adrenalina sube de una manera inimaginable y recomiendo para aquellos que son casados nada de vidrios polarizados, es el primer signo de sospecha por parte de su mujer, además no permiten ver bien, ni que la “presa” pueda ver quién es su “cazador”.

Un mediodía regresando de mi trabajo, ya pasada la una de la tarde, veo a una joven de no mas de 20 años (a la postre 17 años), en la parada del colectivo, como era verano estaba con un top y un capri negro, su cabello era color negro, largo y ondulado, paso lentamente frente a ella y la saludo, no me responde el saludo pero me mira, sigo, doy la vuelta a la cuadra y cuando estoy nuevamente frente a ella, detengo la marcha del vehiculo y le pregunto si no quería almorzar conmigo por la hora en que nos encontrábamos, obteniendo como toda respuesta un gesto asintiendo con la cabeza e inmediatamente se dirige al auto y se sube.

En esa época me encontraba solo en casa, ya que mi esposa estaba de vacaciones, y hacia allí me dirigí, dos cuadras antes le dije donde vivía y que la esperaba allí (para evitar habladurías de los vecinos), cuando toca la puerta la hago ingresar y sin mediar palabra nos fundimos en una beso en el cual nuestras lenguas comenzaron a entrelazarse de una manera alocada y desenfrenada, mientras nuestras manos recorrían la anatomía del otro, sin dejar lugar por tratar de reconocer.

En esa época vivía en una casa de dos pisos, y así como estábamos comenzamos a subir las escaleras para llegar al dormitorio, una vez allí comenzamos a desvestirnos mutuamente, la excitación que ambos poseíamos iba en aumento a cada momento, le saqué en primer término su top dejando al descubierto unos pechos no muy grandes pero duros y paraditos propios de la edad, coronados por unos pezones marroncitos y duritos, la deposite sobre la cama, desabroche su pantaloncito y comencé a arrastrarlo hacia abajo, lo que iba descubriendo me iba maravillando ya que sus piernas estaban perfectamente torneadas, sin un bello y no debo dejar pasar por alto la tanguita color negra que poseía que apenas cubría su extremadamente pequeño, cuidado y suave bello púbico, dejando entrever sus labios vaginales, que al solo tacto que realice por sobre la tela se podía percibir la calentura que la estaba invadiendo.

A todo esto, ella no había perdido tiempo mientras yo realizaba todos esos movimientos, había comenzado a tocarse sus pechos y apretaba de una manera bastante salvaje sus pezones; cuando solo la hube dejado con su tanguita, se incorporó y sin delicadezas me sacó mi camisa, mi pantalón, dejándome solo con mi calzoncillo, el cual no podía disimular la protuberancia que asomaba desafiante.

Yo me encontraba parado frente a la cama y ella de rodillas en la misma, de pronto se abalanzo hacia delante y comienzo a mordisquearme mi pija por sobre la tela, recorriéndola a lo largo de la misma (20×8, como dato anecdótico), luego sin mas preámbulos bajó el calzoncillo dejando frente a sí mi pija, la cual comenzó una chupar ávidamente, pasaba su lengua por el glande y tomándome mis nalgas con sus manos se la metió cuanto pudo en su boca, sacó la lengua para tratar de pasarla por mis bolas, cuando ya no pudo mas se la sacó chorreando saliva por doquier por el esfuerzo que había realizado, ahí agarré mi pija y se la pase por toda su cara, cuello y sus pechos, deteniéndome en cada pezón.

Luego, la hice girar y la acostar boca abajo, le saque la diminuta tanguita que aun tenía puesta y le abrí las piernas para pasarle un dedo por su conchita, la cual estaba excesivamente lubricada por sus flujos vaginales, producto de la calentura que la invadía, del dedo cambie a la lengua, la tomé por debajo de su vientre y le levanté un poquito la cola para poder “trabajar” mejor, a todo esto su gemidos ya eran bien audibles y comenzaba a menear su cola como signo visible que lo que allí acontecía era de su grado y que ya estaba mas que entregada, sus manos no dejaban de restregarse sus pechos.

En esa misma posición, pero trayéndola mas al borde la cama, le levanto mas aun su culo y sin mediar aviso alguno, la penetré profundamente, sin preámbulos, su grito de placer fue coronado con un “SI, COJEME”, agarrándola de sus caderas comenzamos un movimiento de vaivén, sin solución de continuidad, para luego sacarla por completo pasarle la cabeza de mi pija por sus labios vaginales y su clítoris y nuevamente metérsela hasta el fondo, hasta sentir que mis bolas chocaban contra su conchita depilada; sin sacársele, le cerré las piernas, me acomodé a horcajadas sobre ella y tomándole cada cachete de su hermoso culo, los cuales tiraba hacia fuera, seguí penetrándola una y otra vez.

Como la excitación que poseía era mayúscula y no quería terminar aun, salgo de la posición en que me encontraba, me acuesto boca arriba y tomándola por su cabeza la guío hasta mi pija, para que le prodigue con su boca y lengua una atención de relajamiento, la cual ávidamente realiza, solo con la boca y lengua nada más, ello produce un inmenso placer a la vez que relaja y atenúa las ganas de terminar (acabar), no quería que eso terminara ya que estaba como en las nubes, pero mi partener también necesitaba seguir gozando, por lo aferré mi pija con mi mano y la hice sentar sobre mi, que tirara los brazos hacia atrás y de esa manera se fue introduciendo centímetro a centímetro mi pija en su concha, cada centímetro que era devorado literalmente por esa caverna cálida y húmeda era un gemido de placer que liberaba.

Para cuando todo hubo estado dentro y mis bolas sentían las redondeces de su culo, muy lentamente comenzamos unos movimientos de rotación impulsados por mis manos que se encontraban en su culo, ello producía en ella una sensación indescriptible de gozo ya que su clítoris rozaba contra mi piel, sin prisa pero sin pausa comenzamos a movernos mas salvajemente, como percibía que estaba llegando al clímax aceleré aun mas mis movimientos para de esta manera lograr que explotara en un orgasmo que fue como una descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo, ella fue abandonando la posición en que se encontraba para recostarse sobre mí, cuando fue recuperando el aliento, se quitó de donde se hallaba y se dirigió a mi pija ya que aun no había acabado, esta vez si dejé que utilizara sus manos y con un movimiento acompasado de manos, boca y lengua no tarde demasiado en inundar su boca de mi leche (debo decir que soy bastante prolífico, de ahí lo de inundar).

Para concluir debo decir que se llama Carmen y que desde esa tarde hemos tenido todo tipo de encuentros, los que serán motivos de otros relatos, fundamentalmente lo hecho en el auto, porque luego llegó mi esposa.

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