Sexo de tres con nuestro amigo

Mi relación matrimonial pasaba por los mejores momentos con optimas entregas entre mi esposo y yo, también fantaseábamoscon un encuentro de tres cada vez que Ramiro venía a casa de visita. Me sentía muy bien, contenida y nos reíamos juntos con mi marido, luego él nos dejaba solos y se iba a dormir.

Generalmente nos visitaba por la noche, más o menos una vez por semana, esa noche estábamos en casa y hacíamos pizzas y empanadas bromeábamos y después nos quedábamos conversando en el living, hasta que se iba. Él siempre salía por la puerta del lavadero hacia la cochera donde dejaba su auto y por un instante, en la oscuridad, nos dábamos un beso en la boca muy suave, pero con lengua, era mi fantasía, ese beso a escondidas. Naturalmente, yo esperaba ansiosa ese momento y me daba cuenta de que él también, por eso no me sorprendió que una noche me acariciara los pechos mientras me besaba. Ramiro era nuestro mejor amigo, de mi esposo y además de mío. Mi marido dejaba que hablaramos a solas por eso nos dejaba yéndose a dormir. Un viernes, luego de la cena y el champagne él y yo nos besamos mucho y me dejé besar los pechos. No sólo eso. En la oscuridad del estrecho lavadero donde nos habíamos recluido, acaricié su verga por vez primera y la mano derecha que lo acariciaba se empapó de su semen, lo que me dejó sexualmente muy excitada, pero también asustada, confusa… Haber tenido ese miembro bien erecto y gordo en mi mano me emocionó y me llenó de fantasías, pero también de deseos. Un mes más tarde, luego de algunas charlas por teléfono y con mi marido durmiendo en el cuarto, se puso a mi espalda en el lavadero a oscuras, me levantó el vestido, bajó mi colalees y así parados como estábamos, sentí entrar dentro mio su hermosa verga, tuvimos un hermoso sexo que ambos algo incómodos por la situación lo disfrutamos, esa noche me convirtió en su amante.

Tuvimos relaciones sexuales durante un año ya disfrutando plenamente no solo aquí, también en su departamento o varias veces en un motel, me entregué a él por atrás, para que yo no me embarazara. Algunas veces fue sublime, en especial cuando lograba excitarme con sus besos en mi ano y penetrarme bien. Otras veces, era todo muy rápido, por el temor a que mi marido nos descubriera. Después de ese año Ramiro se fue a vivir al exterior por trabajo, así que ya casi no volvimos a vernos salvo cuando venía muy esporadicamente. Ahora, de vez en cuando le pido a mi esposo que me haga sexo anal y me acuerdo de nuestro mejor amigo, haciéndome la cola mientras mi marido dormía a pocos metros.

Autor: Fernando

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