Septiembre de 2011. El CD lleno de porno

Duración estimada de lectura: 7 minutos

Visitas: 3,172

Se puede decir, que este es el primer capítulo de la serie de relatos con mi mejor amiga, contiene el primer contacto sexual con ella.

(Dedicado con todo mi cariño y respeto al Ojeroso, ex novio de mi mejor amiga. Más adelante sabrán porque).

Corría septiembre de 2011. Ese día le conté a mi mejor amiga, (a quién toda la vida de cariño le he dicho “la flaca”) que al día siguiente tenía que madrugar para ir a trabajar. Ella, con esa sonrisa pícara que siempre me ponía a mil, me pidió un aventón ya que también tenía que presentarse en mi oficina, porque su empresa era proveedora de la nuestra. Obvio le dije que sí.

Ya llevábamos meses con pláticas bien calientes. Nos habíamos confesado todo: gustos, fantasías, que a los dos nos encantaba el porno, etc. Ella sabía que yo tenía una colección de videos XXX descargados de internet, así que me propuso quemar un CD lleno de lo más rico y llevaría su laptop para verlos durante el trayecto. Yo, con la verga ya medio dura solo de pensarlo, acepté sin pensarlo dos veces.

Quedé de pasar por ella a las 10 de la mañana a su oficina. Como siempre, la flaca se tardó. Las 10:30, las 10:45… y yo ahí, esperando, sabiendo que mi junta de las 11 en la oficina se iba a la mierda. Pero no me importó, tenía demasiadas ganas de ver su cara mientras veíamos porno juntos, de escuchar sus comentarios, de ver cómo se mojaba.
Por fin, a las 10:45 salió corriendo con la laptop bajo el brazo, se subió al coche y me soltó:

—Mil disculpas, amiguito… se me hizo súper tardísimo, ¡qué pena!, ¿todavía alcanzas a llegar a tu junta?.
—Ni madres —le contesté riéndome—. No pienso volar en la carretera, mejor nos relajamos y nos vamos tranquilitos.

Ella me miró con esa cara de traviesa, sonriendo me dijo:

—Oye… ¿sí trajiste los videos?.
—Claro que sí, todo el CD está lleno de porno amateur. Ten.
—¡Wow! A ver, deja prendo la compu.

Arrancamos, ella metió el CD y yo tomé la carretera a 80-90 km/h, despacito a propósito, quería que esos treinta minutos fueran eternos. Ella vivía con sus papás y su niña de casi tres años, nunca tenía tiempo ni privacidad para ver porno, y en esa época los celulares apenas servían para eso. Esta media hora iba a ser gloria pura para ella.
Durante todo el camino solo se escuchaban gemidos y lenguaje sucio saliendo de la laptop. Yo no podía ver la pantalla porque iba manejando, pero la veía super entretenida y sonriente. Le pregunté:

—¿Te están gustando, amiguita?
—Siii, amigui… están bien buenos, jaja.
—Disfrútalos flaca. Si quieres al final te llevas el CD y lo escondes en tu casa.
—Oh my God… qué rico se la están cogiendo…
—Cuéntame, ¿qué ves?.
—Es un señor cogiéndose de perrito a una muchacha… no manches, amigui, deberíamos hacer esto más seguido, están bien chingones jajajaja.

No dudo que ya estaba mojada, tenía la cara roja, los ojos brillantes. Cuando llegamos a la entrada de la ciudad, me orillé en el bulevar desierto, apagué el motor y me acerqué a ella. Los dos nos quedamos pegados a la pantalla, comentando cada cogida. Yo ya estaba que ardía. La verga ya la tenía bien dura.
Me armé de valor y le solté:

—Mira… ya me calenté. La traigo bien parada.

Le enseñé el bulto que se marcaba en mi pantalón. Ella soltó una risita nerviosa:

—Oh my God… ya se te paró, jaja.

Sin decir más, le agarré la mano izquierda y me la puse directo sobre la verga. La apreté contra el bulto.

—Siente… mira cómo se me puso.
—Jajaja… sí que te emocionaste, amigui.
—Sóbala… ¿te gusta?, ¿Sientes rico?.

Ella empezó a mover la mano arriba y abajo por encima del pantalón, apretando. Yo ya no aguantaba. Era todo o nada.

—Mira, voltea para todos lados… no hay nadie, no nos ven. Déjame enseñártela.

Me desabroché el cinturón, bajé el cierre y me bajé los pantalones hasta las rodillas. Ahí estaba mi verga, tiesa, palpitando, con la cabeza brillosa de líquido preseminal. La flaca cerró la laptop de un golpe, la puso en el piso, miró a todos lados y, sin decir ni una palabra, envolvió mi verga con su mano derecha y empezó a chaquetearla lento, firme, de arriba abajo, una y otra vez.
Nos quedamos mudos, mirándonos a los ojos durante varios segundo mientras ella me masturbaba. Solo se escuchaba el sonido húmedo de su mano en mi verga.

—Ya vas a llegar bien tarde a tu cita… —susurró sin dejar de pajearme.
—No me importa. Lo más seguro es que ya ni me estén esperando.
—¿De verdad? ¿No quieres que nos vayamos?.
—No… solo un ratito más. Nunca te lo había dicho, pero siempre quise que pasara esto.
—¿Te gusta?.
—Claro que me gusta… lo haces muy bien.

Ya me salía el líquido preseminal a chorros. Ella pasó un dedo por la cabeza de mi verga, lo recogió y me lo untó en el pantalón con una sonrisa perversa.
Me envalentoné del todo:

—Métetela en la boca.
—¿Cómo?.
—Sí, flaca… métetela en la boca. Solo un poquito.

Ella volvió a mirar a todos lados, se agachó, abrió esa boquita linda y se la metió. Caliente, húmeda, profunda. Empezó a chupármela con ganas, moviendo la cabeza, lamiendo la cabeza, bajando hasta donde podía. Yo estaba en el cielo. Después de dos años de amistad, de respetarla, de quererla, de confesarnos todo… por fin tenía a mi mejor amiga mamándome la verga en el coche.
Era una mezcla brutal: placer, morbo, nervios, emoción. No podía creerlo.
De repente vi un coche venir a lo lejos y le dije bajito:

—Ahí viene un coche… voy a agarrar el teléfono como si estuviera hablando. Tú no levantes la cabeza, nadie te va a ver, sigue comiéndotela.

Pero ella se levantó de golpe, asustada:

—¿Teléfono? ¡No! Nada de teléfonos, ya sabes que no me grabes ni me saques fotos, nada de eso (tenía un trauma por esto).
—No, tontita… te decía que iba a poner el teléfono en la oreja para que no sospecharan. No pasa nada.
—Está bien… pero ya es tarde. Mejor vámonos.

Y se acabó el sueño. Me subí los pantalones, prendí el coche y nos fuimos a trabajar. El CD se lo dejó, pero después lo destruyó porque su mamá lo podría descubrir y si lo encontraba la corría de la casa.
Tres meses después, en una fiesta organizada por ella conocí al Ojeroso, su novio en ese entonces. Cuando nos presentaron, el muy cabrón me barrió con la mirada de arriba abajo varias veces. Yo, como buena persona, sin expresar que me cayó mal su actitud hacia mi persona, de forma diplomática y educada le sonreí y le dije:

—Que tal, mucho gusto.

Mientras por dentro le decía en silencio:
“Pobre pendejo… si supieras que hace unos días tenía a tu novia en mi coche, bien caliente, mamándome toda la verga”.

Así que desde ese septiembre del 2011 hasta el día de hoy, en las buenas, en las malas pero siempre de la mano siguen creándose nuevos y calientes capítulos de nuestra súper amistad.

ILY Flaca.

👉 ¿Te gustó este relato? ¡Compártelo! ✨
cocoliso
cocoliso

Hombre soltero en los cuarentas, fan del porno y relatos eróticos, fetichista de las bragas femeninas.

Artículos: 6

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *