Secuelas de un casamiento familiar – I
Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro. Todos los que tenemos familias numerosas nos hemos enamorado de tías y primas en algún momento. Tener cinco tíos y tías acrecienta esa posibilidad y mucho más cuando varias de tus primas tienen edades parejas con la tuya, algunas más grandes y otras más jóvenes. Además, durante la adolescencia estás en plena ebullición de hormonas y ellas otro tanto.
Generalmente, las mujeres suelen despertar al sexo antes que nosotros, y eso genera la posibilidad de que seas “bien utilizado” para calmar sus calenturas y tú descubras las primeras. Los protagonistas de la historia son Dany y Miriam. Ambos tienen 18 años, pero mientras Miriam ya sabe de qué se trata el sexo y cómo serenar sus inquietudes, Dany es un “caído del catre” que todavía suele pasar las tardes en eventos deportivos sin prestar mayor atención a las mujeres, aunque sí tiene en claro para qué sirve lo que lleva colgando entre las piernas.
Miriam aún vive en una ciudad del sur de Argentina, y por aquel entonces compartía casa con sus hermanos (un hermano y una hermana, ambos mayores que ella) y siempre fue la más llamativa físicamente de las mujeres. Dany tiene tres hermanas y es el segundo en la lista. Dos de ellas son casi contemporáneas con Miriam.
En 1978, la hermana mayor de Miriam se casó con quien era su novio desde hacía ya cinco años y la familia se reunió para la ocasión. Los foráneos se alojaron en casa familiar, donde Miriam y sus primas compartieron habitación al igual que Dany y su primo. Por tratarse de la época estival, los jóvenes eran invitados a concurrir a un complejo de verano donde compartían la piscina y buena parte de las tardes.
Los ojos de Dany se iban tras la figura de Miriam, bien marcada y perfectamente adaptada a un diminuto biquini de color rosa pálido. La cola muy ajustada a la prenda inferior y las tetas redondas y puntiagudas apenas sujetadas por un corpiño muy pequeño. Pero no era el único, muchos de los socios del club estaban hipnotizados por la figura de la hembra.
El día del casamiento todo se transformó en un pandemónium. Los dos baños de la casa eran escasos para toda la troupe, por lo que no resultó extraño que se cruzaran varias veces en ropa interior mientras esperaban su turno para ducharse. Miriam no era tonta, se dio cuenta de que Dany se la comía con los ojos y eso le provocaba excitación, por lo que decidió ir a fondo. Ingresó al baño mientras él se duchaba, sin avisar, y lo sorprendió desnudo, con el mástil a media asta, que si bien no era significativo le resultó atractivo.
“Perdón primito, no sabía que estabas aquí, pensé que estaba tu hermana”, dijo Miriam. Dany, rojo como un tomate, solo atinó a tratar de cubrirse, pero no fue lo suficientemente veloz como para que ella pudiese estudiarlo. “Salí Miry, si tus padres o los míos nos ven, tenemos problemas”, respondió él. Ella sonrió y salió lentamente del lugar.
Durante toda la noche lo siguió y trató de estar siempre cerca de él, incluso durante el baile en la fiesta y al ser muy parejos en edad, no extrañaba que estuviesen tan juntos. Dany estaba incómodo, pero Miriam sabía que podía tenerlo a la mano continuamente. Hubo lanzamiento de ligas por parte de los novios y quienes las atrapaban elegían a quién colocarlas o quién las colocasen. Miriam no dudó, tras atrapar una eligió a Dany, se sentó en una silla y subió notoriamente la falda dejándole a la vista sus muslos y el nacimiento de su ropa interior, para que él le colocase la prenda. Ella lo disfrutaba y él lo sufría. El roce de la piel suave de su prima lo excitaba y no sabía cómo disimular la erección que se empezaba a notar en su jean.
Como pudo terminó la labor y rápidamente salió al patio a fumar un cigarro que le calmara. En eso estaba cuando una mano se posó en su hombro y una voz suave le dijo: “¿Te gustó lo que viste? ¿Te hubiera gustado tocar un poco más?”. Era Miriam quien sonreía de manera maliciosa. “Estás loquísima Miry, ¿querés que tu viejo me mate?”, le respondió. “Ya tendremos tiempo, tranquilo”, le dijo mientras se alejaba. La fiesta terminó muy tarde, cuando el sol ya le había ganado la pulseada a la noche.
Los recién casados se fueron de viaje de bodas directamente desde el salón de fiestas y el resto de la familia volvió a la casa familiar. Eran las tres de la tarde cuando se oyó la voz del dueño de casa llamando a la familia. Todos se levantaron y se encontraron con la novedad de que irían a una casa en la playa, a escasos quince kilómetros de la ciudad, a pasar el sábado y el domingo podrían regresar más tranquilos a sus domicilios, ya descansados. La tarde del sábado transcurrió en la playa. Los más jóvenes jugaban al fútbol, al vóley y los mayores disfrutaban de una tarde de pesca.
Al momento de ingresar al agua, Miriam jugaba con todos alternativamente, pero acentuaba sus toqueteos con Dany por sobre los demás. Al atardecer todos volvieron a la casa y mientras las madres y padres se dedicaban a preparar la cena, los jóvenes jugaban con dados a “verdad o consecuencia”, siendo Dany el principal blanco de Miriam.
Después de comer, los adultos mantuvieron una charla y llegaron a un acuerdo: Dany y su hermana menor se quedarían en la villa balnearia con sus tíos y el hermano mayor de ella viajaría con los padres de Dany a su ciudad, para buscar alojamiento para su época de estudiante universitario. La noticia fue recibida con alegría por casi todos y tras unas copas se organizó la ubicación de todos en la casa. Los mayores en habitaciones privadas en la planta superior y los más jóvenes en un espacio amplio en bolsas de dormir en la planta baja.
Los mayores se fueron a descansar y los menores se sentaron en el jardín un rato más, hasta que el sueño los fue venciendo uno a uno. Dany fue el último en ingresar tras consumir un par de cigarros. Entró lentamente y trató de ubicarse, para su desgracia junto a Miriam.
Había pasado una hora apenas cuando Dany despertó sobresaltado. Una mano lo recorría desde el pecho al vientre. Sin hacer mucho movimiento trató de identificar a quién lo acariciaba, pero no necesitaba saber demasiado: era Miriam. Antes de que pudiese decir nada, los labios de ella cubrieron los de él y la lengua de la mujer se escurrió entre los suyos, dándole un beso con todas las letras. Una mano de Miriam se apoderó de la verga que empezaba a despertar y la sacudió rápidamente, pajeándolo, aprovechando que por el calor él solo dormía en shorts. “Mañana cuando estemos solos voy a darte más que esto”, le dijo mientras concluía su labor, haciéndolo explotar y llenar sus manos de semen.
En la oscuridad él pudo notar que ella se frotaba la concha con la otra mano mientras lo masturbaba. Uno de los vecinos amagó a despertarse y ella se retiró rápidamente, dejándolo muy caliente. Dany se durmió profundamente hasta que las primeras luces del domingo lo despertaron. Observó sus ropas y vio la mancha evidente de la leche en ellas, se levantó como pudo y fue al baño a cambiarse para disimular, pero entendió que aquello era solo el principio. Entonces comenzó a ver a Miry con otros ojos: ya no era su prima, era una hembra caliente que quería guerra.
Cuando todos se levantaron desayunaron y fueron a darse un baño al mar. Miry seguía con sus juegos y toques, pero ya recibía respuesta de su parte: si hasta llegó a bajarle la parte inferior del biquini. En los juegos de pasar entre las piernas de otro ya deslizaba sus dedos rozándole la raja y el culo, cosa que ella en principio rechazó, pero sabía que era fruto de sus actos.
Volvieron a la casa, almorzaron todos juntos y a media tarde los viajeros iniciaron el retorno a sus casas. El padre de Miry anunció que él volvería a casa para cumplir un par de tareas y regresaría a la playa el martes. De este modo solo quedarían en la casa la madre de Miriam, la hermana de Dany, Miriam y Dany. La tía de Dany era de dormir siesta y el lunes no sería la excepción. La hermana de Dany se dedicó a leer un libro en la hamaca del patio y el resto de la casa quedó solo para ellos.
Una vez dormida la tía y habiendo asegurado que su hermana estaba abstraída en la lectura, Dany no dudó y fue a la pieza donde Miriam dormía. Se acostó a su lado e introdujo las manos bajo las sábanas, encontrando la piel de Miry solo cubierta con el clásico biquini. Las movió muy lento, acariciando la cola y fue subiéndolas lentamente camino a las tetas de su prima. Ella suspiró al sentir las caricias, se giró apenas para ponerse boca arriba. Él no dudó y masajeó las tetas por sobre el corpiño hasta erguir los pezones. Entonces una de sus manos se dedicó al masaje mientras la otra buscaba la entrepierna de su prima. Tranquilamente hundió un dedo en la raja, subiendo y bajando por la zona.
Ella despertó repentinamente. “¿Qué haces tonto? Mi vieja duerme acá al lado. Sacá las manos de ahí”, le dijo en voz baja mientras forcejeaba para que dejase de acariciarla. “¿No querías que te toque? Ahora aguantátela”, respondió Dany. “Nos va a escuchar mi vieja, pará”, insistió Miry. “Ni loco, ahora te voy a dar lo que querés”, replicó él.
Le agarró la mano y esquivando el elástico de la malla la llevó a la verga que ya estaba a tope. “¿Querés una paja? Te la hago, pero no más que eso”, dijo Miry. “Ahora paja, esta noche voy a metértela, así te calmás guacha”, contestó Dany. Entonces ambos se dedicaron a pajearse mutuamente. Ella se tapaba la boca con la almohada mientras gemía, respondiendo a la paja que él le dedicaba. No solo le frotó la raja, intentó colarle dos dedos dentro para acelerar su orgasmo.
“Pará bestia, más despacio que me duele”, pidió Miry. Pero Dany no hizo caso, aceleró y metió los dedos a fondo para hacerla acabar intensamente, en tanto ella sacudía la verga con violencia hasta que se le llenó la mano de leche. Ambos temblaron y sus cuerpos se tensaron con el orgasmo, para luego quedar rendidos en la cama. Sin hacer mucho ruido fueron uno a uno al baño a limpiarse y volvieron cada cual a su cama.
“¿Tenés forros? No quiero quedar embarazada”, preguntó Miry. “No, ¿dónde consigo?”, respondió Dany. “Yo me encargo, seguro mi hermano tiene en su armario. Si me pongo biquini es que los conseguí, sino no vamos a poder coger. ¿Entendido?”, aclaró ella. Él asintió y se acomodó para dormir un rato, hasta que la tía los despertó para merendar. Ella apareció en la cocina con un short y un brassier, por lo que entendió que no había encontrado los preservativos.
Después de la merienda volvieron a la playa y en un momento ella le dijo que había solo una farmacia en la villa, por lo que sería difícil que le vendieran los preservativos para la noche, pero que quizá en uno de los kioscos sí habría; era la única chance. Como la tía sabía que él fumaba no le sorprendió que quisiera ir al kiosco y le recomendó el más completo de la villa. “Si no te venden me avisas y yo voy a buscarte los cigarros, ¿ok?”, le dijo después de indicarle cómo llegar.
Entró y lo atendió una chica de unos veinte años. Le pidió los cigarrillos pero no se animó a pedirle los preservativos. Mientras la chica buscaba el cambio para devolverle, el hombre mayor que atendía el lugar se desocupó y él aprovechó para pedírselos. El hombre rio de manera cómplice y le extendió una caja, le pidió a la chica el dinero para el vuelto y tras cobrar la segunda compra. “¿Todo bien?”, preguntó la tía. “Sí, conseguí lo que buscaba”, dijo Dany con una sonrisa que Miry comprendió al momento. “No te excedas fumando o tendré problemas con tu tío y tu padre”, dijo la tía mientras ponía en marcha el auto e iniciaba el camino a la casa.
Tras la cena todos se sentaron en el patio a compartir un rato juntos. La tía aprovechó a tomar unas copas de vino que la ayudaran a dormir más profundamente, Dany a fumar un par de cigarros, Miry a completar un juego y la hermana de Dany a avanzar en su libro. Cerca de las dos de la mañana fueron entrando a la casa y ubicándose para dormir: la tía en la cama matrimonial, Miry con su prima en la pieza de planta alta y Dany solo en la planta baja.
Cuando el silencio se adueñó de la casa, Dany esperaba la visita de su prima con los preservativos debajo de la almohada, desnudo dentro de la bolsa de dormir. Ya estaba casi rendido al sueño cuando escuchó como crujía la escalera y alguien bajaba. Los pasos se dirigieron a la heladera y tras abrirse la puerta pudo observar que era su tía quien estaba frente a ella. La luz dejaba ver que llevaba un camisón que se traslucía bastante. Vio que estaba retirando una botella de jugo, se sirvió un vaso y lo bebió allí, de pie junto a la heladera. Dejó el vaso en la encimera y tras cerrar la puerta se aproximó a su lado, lo observó, por un momento se sentó a su lado. Podía sentir la respiración de ella.
“Si no fueras mi sobrino ya estaría metida en la bolsa contigo. Necesito que alguien me haga sentir mujer nuevamente, sé que tu tío ahora está con Rosa, su amante, y eso me da ganas de pagarle con la misma moneda”, dijo para luego suspirar y ponerse de pie, para encaminarse a la escalera. Sintió el crujido nuevamente y los pies de su tía subir a la habitación. La puerta se cerró y el silencio volvió a la casa.
Dany no podía creer lo que había escuchado: su tía había confesado que quería tener sexo y que había pensado en él para vengarse. Era demasiado para un solo día. Miriam no bajaba y su tía le había confesado sin saber que estaba despierto que quería tener sexo con él. ¿Qué debía hacer? ¿Esperar a Miriam o subir y ser instrumento de venganza? Volvió a sentir ruidos en el piso superior, pero cuando imaginaba que Miriam vendría se encendió una luz y escuchó a su tía hablar con su prima. “¿A dónde vas Miriam?”, preguntó y la respuesta no se hizo esperar: “A tomar agua mamá”. La luz no se apagó, Miriam bajó y fingió tomar agua para volver a su cama. “Dormite por favor, ya es muy tarde”, dijo la tía antes de apagar la luz.
Era un hecho, hoy no tendría visita en la bolsa de dormir. Cerró los ojos y haciendo un esfuerzo se durmió. Despertó cuando escuchó a su tía sacar las tazas para el desayuno, aún vestía con ese camisón traslúcido, podía verse un par de bragas típicas de persona adulta y no había brassier. Los pechos bailaban libres ante cada movimiento.
“Buenos días caballero, ¿tiene ganas de desayunar?”, dijo Tita. “Buenos días tía, ¿unos mates puede ser?”, respondió Dany. “Amargos supongo”, contestó ella. “Sí, está genial”. Se levantó de la bolsa de dormir, fue al baño a lavarse cara y dientes y volvió a la cocina. Recién allí le dio un beso como saludo.
“Las chicas recién se fueron a la playa”, informó Tita. “¿Es tan tarde?”, preguntó Dany. “Las once de la mañana. Les dije que apenas te levantaras desayunamos y las alcanzamos”. Estaban solos en la casa, las persianas bajas, tan solo la ventana de la cocina dejaba entrar algo de luz suficiente para que pudiese observarse los pechos algo caídos, con aureolas marrones prominentes y esas bragas algo ajustadas aunque grandes a su gusto.
Se notaba que ella había pasado una mala noche, tenía los ojos enrojecidos e irritados, los cabellos revueltos como si no se hubiese peinado o bien recién se levantase. “¿Pasa algo tía?”, preguntó Dany. “No puedo disimularlo ¿verdad? ¿Recordás a Rosa de la fiesta?”, respondió ella. “La secretaria del tío”, dijo él. “Esa misma. Es la amante”. Dicho esto volvió a romper en llanto. “Es por eso que tu prima se casó y se va de aquí al igual que tu primo”, agregó. “No sé qué decir”, murmuró Dany. “Nada, es algo que debo solucionar sin afectar a Miry”.
“¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?”, ofreció él. Levantó la cabeza y le miró con una sonrisa amarga, se aproximó y le abrazó descargando su llanto. Él devolvió el abrazo y la dejó descargar su amargura. Así estuvieron un buen rato hasta que pareció recuperar su compostura, giró y tomó el termo para verter agua en el mate y extendérselo.
“No lo sé, ¿tan vieja y despreciable estoy?”, preguntó Tita. “No lo creo, quizá debieras arreglarte un poco y verte algo más joven”, sugirió Dany. “¿Solo eso?”. “Si querés reconquistarlo…”. “Gracias sobrino, lo tendré en cuenta. Debo ser más atrevida”. Sonrió. “¿Más atrevida? Si ya estaba mostrándose por completo, quizá cambiar la ropa interior por algo más sugerente”, pensó él.
Se aproximó y le hizo dejar el mate en la mesa, se retiró un poco y dio una vuelta sobre sus talones. “¿Qué me falta?”, preguntó. “Sin ser atrevido, ropa interior más chica”, respondió Dany. Se le dibujó una sonrisa: “¿Tanto se ve?”, dijo mientras se ubicaba de espaldas a la ventana. “Bastante, con una tanga o un hilo dental estaría genial”. Se rio de buena gana, se tomó las nalgas y las levantó un poco. “Se me caen y si usara tanga sería peor”, comentó. “Eso se soluciona con gimnasio, dedicarle un poco de tiempo”, le sugirió.
“Sos un amor Dany”, dijo Tita. Se acercó y le dio un beso muy cerca de los labios y lo descontroló. La agarró de los cachetes del culo y la aproximó para darle un beso en los labios. La sorprendió pero no se negó. “¿Te gusto?”, preguntó ella. Le respondió con otro beso ya más atrevido y dejando que sus manos pasaran del culo a las tetas, a las que manoseó descaradamente. Tiro su rostro hacia atrás y le ofreció su cuello para besarlo y aprovechar el momento para colar las manos dentro del camisón, apretar las tetas y llegar a rozarle la raja.
Se apoyó en la mesa del comedor y entreabrió las piernas permitiéndole que las caricias fuesen más profundas y directamente sobre su zona más íntima. Brotaron gemidos que se colaron en los oídos de su sobrino. Tita puso su mente en blanco, rememorando otras épocas donde se entregaba en cualquier sector de la casa cada vez que las manos de su esposo lo requerían. Se colgó de los hombros de aquel muchacho y se dejó trabajar profundamente hasta sentir que los dedos intrusos eran reemplazados por un ariete duro y curvado que pugnaba por esquivar la suave tela de algodón de sus bragas para instalarse entre los labios vaginales. Recién allí abrió nuevamente sus ojos y vio el rostro enrojecido y ansioso de su sobrino, cargado de deseo por penetrarla.
“Por favor, soy tu tía, no insistas”, dijo Tita. “Ya casi lo tenés adentro, un movimiento más y vamos a gozar juntos”, replicó Dany. La mente de Tita quería resistirse pero su cuerpo pedía completar el momento. La vagina se empapaba de jugos y estaba en su punto máximo de ardor, los vellos de ambos se impregnaban en líquidos y el roce era intenso. Un suave movimiento desplazó la tela húmeda y la penetración fue inmediata.
“Ya te siento adentro, hacelo rápido que las chicas pueden volver en cualquier momento”, urgió Tita. Dany sin esfuerzo la montó en la mesa, ajustó la posición y comenzó a moverse entrando y saliendo de esa concha necesitada de satisfacción. Ella acompañaba los movimientos ayudando a que entrase tan profundo como fuera posible. Los movimientos se aceleraron. Dany no aguantaría mucho pero ella necesitaba más acción por lo que se acomodó trabando las piernas de su sobrino para evitar que saliese de su cueva.
Gemían intensamente, él por disfrutar de una concha con experiencia, ella por sentirse deseada y satisfecha. No fue el mejor de los polvos pero suficiente para que ambos se calmaran y obtuviesen su premio: ella un orgasmo que ya creía olvidado y él la descarga que no pudo darle a su prima. Acabaron casi al unísono, exhaustos, agitados y con el sabor de lo prohibido.
“Gracias hijo, no sabés cuánto lo necesitaba”, dijo Tita. “También yo, ya no podía seguir a puras pajas, quería descargarme en una concha”, respondió Dany. En ese momento como si un rayo los alcanzara reaccionaron. Ella lo hizo salir de su interior y partió raudamente al baño para quitarse los restos del semen que él había dejado en su interior. Él sin entender por qué fue su tía quien recibió la descarga de sus huevos cuando pretendía que su prima fuera la destinataria.
Escuchó como su tía abandonaba el baño y fue él quien ingresó, se limpió rápidamente y mientras se secaba vio las bragas ya lavadas de su tía colgando de un tender y en un cesto cercano permanecía el camisón regado con su leche. Eso le generó una duda: ¿debía volver a intentarlo con su tía o dedicarse a su prima? Escuchó la voz de su tía pidiéndole que se apurase para ir en busca de su prima y hermana. Cuando coincidieron en la puerta de ingreso Tita lo miró y le pidió que nada de lo sucedido saliese de ambos. Se la notaba nerviosa pero algo más amable.
Fueron en busca de las dos jóvenes, se dieron unos baños en el mar y los toqueteos de Miry volvieron al acecho pero no recibieron las mismas respuestas que Dany le había retribuido la tarde anterior. “¿Qué pasa? ¿Ya no querés jugar conmigo?”, preguntó Miry. “No es eso, tu madre nos está mirando y no quiero problemas”, respondió Dany. “Cuando vayan a hacer las compras nos quedamos en casa y te doy algo que te estimule”, propuso ella.
Se despegaron bastante y el resto de la mañana pasó entre miradas de los tres, con la hermana de Dany como una mera invitada. Al volver a la casa Tita no permitió que se quedaran solos y casi los obligó a acompañarlos, entendía que las hormonas en ebullición de ambos jóvenes eran peligrosas y más aún después de lo sucedido en la cocina. Hubo algunos reproches de Miry para con su madre por aquello y hasta pidió irse con su grupo de amigos y amigas a la playa por la tarde. Tita la rezongó un buen rato pero accedió. De ese modo tendría tiempo para hablar con Dany de lo sucedido.
Pero eso es otra historia que prontamente verá la luz.
Espero tus comentarios y más que nada tu opinión.
Saludos, Alejo Sallago.
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