Se la mamé bien rico a mi jefe

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Me mandaron a otra ciudad para acudir a la inauguración de una nueva sucursal de la empresa de llantas, donde viví la agradable experiencia de mamársela a mi jefe.

Iré directo al grano para no aburrirlos. Tras los protocolos de rigor de la inauguración, Alberto que es el gerente regional, me invitó a irnos a otro lugar para tomarnos unos tequilas.

Tras varias horas de convivir me invitó a seguirla en su casa, aprovechando que su esposa andaba fuera de la ciudad. Cuando llegamos, Mariana, de unos 40 años de edad, que es la señora que les ayuda en los quehaceres del hogar ya nos había preparado cena y varias botanas, además de toallas porque mi jefe le había indicado que nos meteríamos al jacuzzi.

Sin ningún pudor Alberto se desnudó y se metió al agua, al tiempo que me invitó a hacer lo mismo, pero me contuve porque enfrente tenía a Mariana, que -después supe- también le gustaba participar en las fiestas, con la anuencia de la señora de la casa que le daba una buena gratificación, aunque ella lo hacía por disfrutar.

Finalmente ingresé al jacuzzi y mi jefe aprovechó el momento para agarrarme la verga y metersela a la boca, eso me prendió, lo dejé que me hiciera una rica mamada hasta que me hizo terminar, mientras que Mariana disfrutaba de la vista, se le veía caliente, porque los pezones se le marcaban en el uniforme porque no llevaba ropa interior.

Una vez que me vine le dije que me tocaba tragarme su hermosa verga, que, aunque es corta está bien gruesa y lo comprobé cuando me penetró de perrito. Me dejó toda su leche dentro de mi culito, además de haberme tragado otras dos raciones, porque amanecimos cogiendo en su recámara y despertamos cuando Mariana nos habló para desayunar.

Comencé a buscar mi ropa porque habíamos amanecido desnudos, con el cuerpo y las nalgas pegajosas de leche. Mi cara estaba tiesa, era la leche seca de Alberto que se había venido varias veces en mi boca y me restregaba su verga en la cara. Fue algo maravillosos, algo que tenía tiempo deseaba hacer y no había encontrado a la persona indicada, sobre todo discreta, porque no se los he dicho, pero soy un hombre casado, con familia e hijos.

Nos acomodamos en una mesa que está en el jardín, donde daba una agradable sombra. Platicábamos de lo bien que nos la pasamos desde que llegamos a su casa, sobre todo lo que disfrutamos ambos durante el sexo, me dijo que con su esposa son un matrimonio muy liberal, que le informó que estaríamos juntos y que esperaba que tuviéramos buen sexo, ella había estado completamente de acuerdo, con el compromiso que le platicara todo y que le gustaría participar a su regreso.

Mariana nos sirvió el desayuno, iba bastante ligera de ropa, unas pegatinas tapaban sus pezones que se miraban erectos y un micro hilo dental que apenas le tapaba la rayita de la vagina, porque lo tenía totalmente dentro y depilada.

Eso nos excito, más a mí, pero no podíamos tocarla hasta la noche que regresara la esposa de mi jefe. Mariana únicamente nos calentó aún más porque nos pidió que nos paráramos y nos hizo una buena mamada a los dos, para posteriormente retirarse a sus quehaceres y a preparar las botanas que se iban a servir en la noche, además de dejar todo listo en una recámara que adornó con pétalos de rosas rojas y blancas.

Nosotros comenzamos la fiesta, comenzamos a besarnos y a entrelazar nuestras lenguas y nos recostamos a la orilla de la alberca para hacer el 69 y darnos placer al mismo tiempo, Alberto me daba una rica mamada de verga al tiempo que comenzó a dilatarme el ano, primero su lengua, luego un dedo, luego dos y finalmente tres dedos me hacían gemir de placer, ya no aguanté más y terminé por venirme en su cara. No se molestó, por el contrario, me dio las gracias por darle mi néctar que tragó totalmente y me limpió la verga hasta dejármela bien limpia.

Me puso de cuatro patas y me dio una cogida bien rica que sentía estar en las nubes, empotrado en su hermosa verga. Sentía algo indescriptible, algo que me había perdido durante muchos años por no querer dar el paso, por temor a que soy un hombre casado, pero que hoy me doy cuenta que tengo derecho a experimentar y a disfrutar de otros placeres.

Mariana nos observaba bastante caliente, porque se quitó las pegatinas de los pezones y se los jalaba, además de tocarse la vagina y el clítoris, hasta que la escuchamos gemir, se había venido y por lo que me di cuenta, ya le hacía falta, porque desde la noche anterior nos había visto coger y ella no es de madera.

Este fue un viaje inolvidable de trabajo y de placer que espero se repita cuando volvamos a coincidir con mi jefe, que será bastante pronto porque su esposa también quedó maravillada de este encuentro donde también participó Mariana, que es una máquina de hacer sexo, nos hizo venir varias veces a los tres y eso se los contaré en los próximos días, porque en estos momentos voy volando de regreso a mí ciudad.

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