Quiero verte con otro – I, II
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CAPITULO I
Laura dejó la copa de vino sobre la mesa de madera y sonrió al ver el fuego crepitar en la chimenea.
—No pudiste elegir un lugar mejor.
Tomás devolvió la sonrisa mientras contemplaba la cabaña que había reservado semanas atrás. Estaba escondida entre los pinos, lejos de la ciudad, del trabajo y de los teléfonos que parecían gobernar sus vidas.
—Siete años no se cumplen todos los días.
Ella levantó la copa.
—Por nosotros.
Las copas chocaron con un tintineo suave.
Habían llegado esa tarde, deshecho el equipaje y dado un largo paseo por un sendero bordeado de árboles. El aire frío del otoño los había obligado a caminar muy juntos, riendo de cualquier tontería. Parecían una pareja sin conflictos, de esas que los demás miraban con cierta envidia.
Y, en realidad, lo eran.
No existían secretos económicos.
No existían discusiones interminables.
Jamás habían atravesado una crisis que pusiera en riesgo el matrimonio.
Se deseaban.
Se respetaban.
Y seguían disfrutando de la compañía del otro como el primer día.
Laura observó a su marido mientras servía otra copa.
A los treinta y nueve años conservaba esa serenidad que la había conquistado desde que lo conoció. Nunca levantaba la voz. Escuchaba antes de responder. Pensaba demasiado cada decisión.
Era un hombre predecible.
Tal vez por eso notó enseguida que algo no estaba bien.
Tomás evitaba mirarla durante más de unos segundos.
Respondía con sonrisas breves.
Jugaba distraídamente con el tallo de la copa.
Ella apoyó un codo sobre la mesa.
—¿Qué pasa?
Él levantó la vista.
—¿Por qué lo preguntas?
—Porque te conozco.
Intentó restarle importancia.
—Estoy cansado.
Laura soltó una risa suave.
—Después de siete años ya sé cuándo estás cansado… y cuándo tienes algo dando vueltas en la cabeza.
El silencio que siguió confirmó su sospecha.
Tomás bebió un sorbo de vino.
Después otro.
Finalmente suspiró.
—¿Nunca te preguntaste si todavía nos quedan cosas por descubrir del otro?
Laura arqueó una ceja.
—¿Eso es una pregunta o una advertencia?
Él sonrió por primera vez con naturalidad.
—Una pregunta.
Ella tardó unos segundos en responder.
—Creo que siempre quedan cosas por descubrir. Incluso después de toda una vida.
La respuesta pareció aliviarlo.
Se acomodó en el sillón frente al fuego.
—¿Te acuerdas de cuando empezamos a salir?
—Claro.
—Nos pasábamos noches enteras haciéndonos preguntas.
Laura asintió.
Recordó aquellas madrugadas interminables en las que hablaban de sus familias, de sus sueños, de sus miedos, de los lugares que querían conocer y de las locuras que imaginaban hacer juntos.
Nada parecía prohibido.
Con el tiempo habían seguido conversando de todo… o casi de todo.
—¿Y si esta noche hacemos lo mismo? —propuso él.
—¿Como un juego?
—Como cuando éramos novios.
Ella aceptó divertida.
Las reglas fueron simples.
Cada uno debía responder con absoluta sinceridad.
Sin burlas.
Sin reproches.
Sin juzgar al otro.
Comenzaron con preguntas inocentes.
El viaje favorito.
El recuerdo más vergonzoso.
La peor cita antes de conocerse.
La persona más insoportable del trabajo.
Las respuestas provocaban carcajadas que resonaban por toda la cabaña.
Después llegaron las preguntas más íntimas.
—¿Hay algo que todavía quieras hacer conmigo? —preguntó Laura.
Tomás sonrió.
—Muchas cosas.
—No vale escapar.
—¿Y vos?
—También.
Ella sostuvo la mirada unos segundos antes de continuar.
—¿Alguna fantasía pendiente?
La pregunta quedó suspendida entre ambos.
Tomás no respondió enseguida.
Miró el fuego.
Después la ventana.
Luego la copa de vino.
Laura sintió que había tocado una puerta que llevaba mucho tiempo cerrada.
—¿Tan complicada es?
Él dejó escapar una risa nerviosa.
—No sé si complicada… pero sí difícil de decir.
—Prometo no juzgarte.
—Eso decís ahora.
Laura se levantó, rodeó la mesa y se sentó junto a él.
Le tomó una mano.
—Tomás… si hay una persona con la que puedes hablar sin miedo, soy yo.
Él entrelazó los dedos con los de ella.
Había esperado años para escuchar exactamente esas palabras.
—Hay algo que imagino desde hace mucho tiempo.
Laura guardó silencio.
—Nunca te lo conté porque tenía miedo de que pensaras que ya no te deseo.
Ella negó lentamente.
—Jamás pensaría eso.
—O que estoy enfermo.
—Mucho menos.
Tomás respiró hondo.
La tensión en sus hombros era evidente.
—No apareció de un día para otro. Lleva años conmigo.
Laura sintió que el corazón comenzaba a latirle más deprisa.
No sabía qué estaba a punto de escuchar.
Pero intuía que, después de aquella conversación, nada volvería a ser exactamente igual.
Tomás cerró los ojos apenas un instante.
Cuando volvió a abrirlos, encontró la mirada serena de su esposa esperándolo.
Entonces, con la voz más baja que ella le había oído jamás, pronunció las palabras que llevaba siete años guardando.
—Quiero contarte cuál es mi mayor fantasía…
Y por primera vez desde que se conocían, Tomás tuvo miedo de la respuesta.
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CAPITULO II
Tomás permaneció inmóvil.
Las palabras habían salido de su boca, pero las siguientes parecían negarse a hacerlo.
Laura seguía sosteniendo su mano.
No había retirado los dedos.
No había cambiado la expresión de su rostro.
Solo esperaba.
—No tienes que decirlo si no quieres —susurró ella.
Él negó lentamente.
—Justamente porque quiero decírtelo es que me cuesta tanto.
Laura sonrió con dulzura.
—Llevamos siete años juntos. Si sobrevivimos a la remodelación de la cocina y a las vacaciones con mis padres, creo que podemos sobrevivir a una conversación.
Tomás soltó una risa breve.
La tensión disminuyó apenas un instante.
Volvió a mirar el fuego.
—¿Nunca te pasó… que una idea aparece sin que la busques?
—Sí.
—Y aunque intentas olvidarla… siempre vuelve.
Ella asintió.
—¿Hace mucho que te pasa?
Él tardó en responder.
—Varios años.
Laura sintió un pequeño sobresalto.
¿Varios años?
Eso significaba que aquella fantasía había estado presente durante buena parte de su matrimonio.
Y jamás lo había notado.
—¿Tiene que ver conmigo?
—Con vos… completamente.
Ella dejó escapar el aire lentamente.
—Entonces decímelo.
Tomás cerró los ojos un segundo.
—A veces imagino que otro hombre te desea.
Laura frunció apenas el ceño.
No era la respuesta que esperaba.
Él continuó.
—No cualquier hombre.
—¿Qué quieres decir?
—Alguien que te mire como yo te miré cuando nos conocimos.
Laura permaneció en silencio.
—Imagino que él intenta conquistarte… que vos disfrutas sentirte deseada… y que yo estoy ahí.
Ella parpadeó despacio.
—¿Mirando?
Tomás tragó saliva.
—Sí.
La palabra quedó suspendida entre ambos.
Laura apoyó la espalda contra el sofá.
No estaba enfadada.
Tampoco escandalizada.
Simplemente intentaba comprender.
—¿Eso significa que quieres que te sea infiel?
Él respondió casi de inmediato.
—No.
La firmeza de aquella respuesta la sorprendió.
—Entonces explícamelo.
Tomás buscó las palabras con cuidado.
—Si alguna vez ocurriera… tendría que ser porque los dos lo elegimos.
—¿Los dos?
—Nunca a escondidas.
Laura bajó la vista hacia la copa de vino.
El silencio volvió a instalarse.
Después de unos segundos preguntó:
—¿Y qué imaginas exactamente?
Tomás respiró hondo.
—Imagino estar presente.
—¿Sin intervenir?
—Sí.
—¿Solo mirando?
Él asintió.
Laura volvió a quedarse callada.
Era una fantasía que jamás había imaginado.
No porque la considerara inmoral.
Sino porque nunca había pensado que pudiera formar parte del deseo de un hombre enamorado.
—¿Sabes qué es lo más raro? —dijo finalmente.
Tomás levantó la vista.
—Que no siento que quieras alejarte de mí.
—Porque es todo lo contrario.
Él tomó ambas manos de Laura.
—No quiero reemplazarte.
No quiero compartirte porque me falte algo.
No estoy buscando una excusa para ser infiel.
Lo único que imagino es que la mujer que más amo en el mundo viva una experiencia que ambos decidimos.
Y verla feliz.
Laura sostuvo su mirada durante largos segundos.
No encontró mentira alguna.
Solo vulnerabilidad.
Solo miedo.
El miedo de quien acaba de mostrar una parte de sí mismo que llevaba años escondida.
—¿Nunca se lo contaste a nadie?
—Jamás.
—¿Ni a un amigo?
—Ni siquiera a mí mismo en voz alta.
Laura apoyó la cabeza sobre su hombro.
La chimenea seguía iluminando la habitación con destellos anaranjados.
—Gracias por confiar en mí.
Tomás sintió un alivio inmenso.
Pero duró apenas unos segundos.
Porque la siguiente pregunta de Laura lo dejó sin respiración.
—Decime una cosa…
Él volvió a tensarse.
—Si algún día yo aceptara…
Laura hizo una pausa.
Lo miró directamente a los ojos.
Y terminó la frase con una serenidad que él jamás habría esperado.
—… ¿ya imaginaste quién podría ser ese hombre?
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Segunda parte
A mi una noche mi esposa me dejó lo que se dice noqueado con su fantasia. siempre yo habia querido ver cual era su fantasia, pero siempre se me escapaba. hasta esa noche. despues que le hice la pregunta me dijo que no me enojara, pero que ella a parte de mi nunca antes habia culiado con otro hombre. tu eres el unico con quien he estado en la cama me dijo. sabes que una compañera del trabajo me a dicho que ella se tiene un amante, y según ella su esposo sabe de el y lo aprueba sin ningun problema, yo quiero que tu me dejes tener un amante aunque sea para ver que se siente hacerlo con otro hombre, y si tu me cumples eso yo voy a hacer todo lo que tu me pidas, otra cosa que me gustaria probar es hacer el sanwich. contigo y otro hombre y que el que me la meta en el culo sea alguien que busquemos nosotros dos. pero quiero que sea con uno totalmente desconocido. y que el pene se lo tenga de buen tamaño. despues de eso pideme lo que quieres y yo te lo concederé. para no aburrirlos mucho. yo le ayudé a buscarselo en el chatt. pero antes le dije que por nada del mundo se lo contára a nadie, y menos a su amiga del trabajo. pues les cuento que ya tiene mas de un años de estarse viendo con uno que conseguimos, y a veces se viene al a estar con ella. y a veces ella va donde el. para mi no fué nada de facil la primera vez que ella se fue un fin de semana donde el. y yo pensando lo que estaba haciendo con otro hombre, y las primeras veces fueron aqui en mi casa, pero son mas las veces que ella va donde el amigo amante que tiene. ahora ya no me siento mal al saber como la tendran, pero me costó asimilar la situacion. en verdad les digo que no es nada de facil dar ese paso de aceptár que la esposa a quien se ama mucho se tenga amante con el permiso de uno. ahy otras cositas que hemos hecho tambien, como permitirle tirar con otra mujer. pero a mi mas me gusta que sea con su amigo que tiene. atte: su amigo.
Describe como es tu esposa, y si se consiguió uno con la verga más grande que la tuya o más buena?
Ya hicieron el sándwich? Lo más rico es que la dejas que se vaya a qué se la cojan. Y también que el se la meta por el culo y tú no. Eso es super hot.
Deberías subir un relato de alguna experiencia que hayan tenido.
A mi me gusta cuando mi esposa regresa a casa con la concha o el culo o ambos lleno de semen.
Yo la limpio con la lengua mientras ella me cuenta como la llenaron.
Ella coge desde hace cuatro años, una vez por semana con su jefe y ocasionalmente con otros dos compañeros del trabajo de ella.
Yo trabajo en obras y cada tanto viene y se hace coger por el capataz y un par de albañiles.
Ella es muy feliz cogiendo y goza mucho. A mi me gusta que ella sea feliz y goce.
Que afortunado de tener una esposa asi