Primera vez con un Trans

Hola.

En cierta ocasión, muy temprano en la mañana, viajaba de una ciudad a otra con el fin de acudir a una reunión importante para la empresa en la que laboraba. En ese entonces, yo tenía 40 años.

Eran aproximadamente las siete de la mañana y se me antojó tomar un café. Hice escala en un parador de la carretera, me senté y pedí mi anhelado café. En una mesa aparte, una chica joven, delgada, morena, no muy alta, guapa, sin ser una belleza. Vestía una blusa negra, pantalón de mezclilla y tenis. A su lado tenía una mochila y supuse que ella estaba en espera de un  autobús para trasladarse a su destino.

En un momento dado ella se levantó y pude apreciar que tenía un cuerpo bonito que se marcaba en el pantalón ajustado que traía. Caminó hacia la parada del autobús a esperar su arribo.

Pagué mi cuenta y me acerqué a ella para preguntarle hacia donde iba y que sí iba hacia dónde yo viajaba, le podría dar el “aventón”. Ella me miró con desconfianza y yo me alejé prudentemente. No quería meterme en problemas.

Subí a mi vehículo y al pasar cerca de ella, le insistí, y, pienso que al ver el tipo de vehículo que yo manejaba, lo pensó mejor. Me dijo que iba a una ciudad que a mí me quedaba de paso. Se subió y empezamos nuestro viaje.

En el camino fui haciéndole plática para que se le quitara totalmente la desconfianza. Le dije que yo era vendedor industrial y que representaba una firma importante de la capital.

Ya más tranquila, me contó que era bailarina exótica y que era la primera vez que salía de su pueblo para cumplir un contrato en una ciudad grande. Qué estaba nerviosa, que su contrato era para el sábado e iba con dos días de anticipación para conseguir alojamiento y familiarizarse con la ciudad.

Me sentía atraído por ella y se me ocurrió invitarla a quedarse conmigo esa noche -en la ciudad en donde tenía mi compromiso- después de pensarlo un rato, ella aceptó. En el camino, paramos de nuevo para desayunar y continuamos el viaje hasta mi destino. Yo tenía reservación en un hotel de mi confianza, ahí llegaba siempre y era conocido. Llegamos al hotel, me registré y como el tiempo apremiaba, no subí a la habitación. Le dije que iba a llamarle más tarde para ir a comer, que estuviera pendiente. Ya era más o menos las seis de la tarde cuando me desocupe, le marqué y le dije que pasaba por ella.

Grande fue mi sorpresa al ver a una hermosa chica con un vestido ajustado, con zapatillas que la hacía ver más alta y bien maquillada: una belleza.

Cuando entramos al restaurante, hombres y mujeres, algunos discretos otros más atrevidos voltearon a mirar a esa hermosa dama. Obviamente, yo me sentía orgulloso.

La comida casi se había vuelto cena. Comimos y bebimos algo, no mucho, había que conducir hacia el hotel. Llegamos al hotel cuando ya estaba oscuro. Abrí la puerta entramos y cuando la puerta se cerró, la atraje hacia mi y la besé apasionadamente. Estaba muy excitado. Abrazados y besándonos, caímos en la cama. Acaricié sus senos por encima del vestido. Le baje el ziper, le desabroché el bra y me pegué cómo becerro a uno de sus pechos. En mi euforia no noté que sus pezones eran muy chatos. ¡Qué iba yo a estar pensando en esos momentos!.

Eufórico, terminé de quitarle el vestido y el bra. Cuando le quité la panti, puff, una enorme verga saltó como resorte. ¿Dónde la tenía? No lo sé. Me quedé pasmado, sorprendido porque no era lo que yo esperaba. La erección se me esfumó y le reclamé porque me había mentido. Él o ella, con justa razón me dijo que no me había mentido, que no me había dicho la verdad es otra cosa. Aturdido aún, no atinaba que hacer. Seguía viéndola hermosa pero en lugar de vagina tenía un enorme pene.

Me pidió disculpas por el malentendido. En su defensa me dijo que yo le había atraído y que esperaba tener algo conmigo.

Me levanté, ella seguía acostada, totalmente desnuda, ya sin erección. Fui al mini bar y saque dos cervezas. Podría estar molesto pero nunca descortés. Después de pensarlo bien me dije que ya estábamos ahí y que deberíamos aprovechar la ocasión.

Sin decirle nada, me acosté a su lado y ella interpretó que había que seguir adelante. Me empezó a acariciar la verga hasta que se volvió a poner firme. Ella se acomodó para chuparme el pito y lo hacía como una experta. Cada vez que creía que yo me iba avenir, me apretaba el tronco del pene para parar el orgasmo. Se subió encima de mi, me montó y se metió mi tranca en su culito. Así estuvo un tiempo hasta que empezó a cabalgar con más furia. Su verga rebotaba en mi pubis. No aguanté más y tuve un fuerte orgasmo. Él o ella, se quedó un rato ensartada hasta que mi miembro ya flácido se salió solo de su agujero.

Fue una buena cogida. Pero venía lo mejor. Seguimos bebiendo cervezas hasta que nos emborrachamos. Ya borrachos y calientes, tomó la iniciativa. Me besó todo el cuerpo, me pidió que me contesta y me pusiera de a perrito. Sabía lo que venía y estaba preparado para recibir la gran estocada. Con un dedo me acariciaba la entrada de mi ano, después lo metió ligeramente. Se sentía rico. Ya quería que me cogiera. Sin embargo, ella me beso el culito y empezó a meterme la lengua hasta donde podía. Yo gemía de placer. Era la primera vez que me daban el beso negro. Obviamente mi ano se relajó completamente. Cuando el se dispuso a penetrarme, ya mi culito pedía a gritos su verga. Entró con facilidad hasta el fondo. Con el ano trataba de apretar ese rico invasor. No sé cuánto tiempo tardo el o ella en venirse. No quería que me la sacará porque se sentía muy bien tener la verga enterrada.

Cuando por fin nos des-abotonamos, (como si fuéramos perros), caímos rendidos y nos dormimos.

A la mañana siguiente, antes de bajar a desayunar. Nos volvimos a coger alternadamente. Después del desayuno, me dio mi despedida con otra cogida formidable.

Nos despedimos y nunca más supe de ella. Ojalá que le haya ido bonito.

 

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Madurogay
Madurogay
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2 comentarios

  1. Que rico, me dieron ganas de que me pase lo mismo, uffff me excita demasiado, también me mamaron el culo y casi me lo meten un día.

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