Por amor a mi

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Capítulo 1: infancia, adolescencia y cómo empecé a desearla.
Soy hijo único, nací producto casi de un milagro. Fui el eterno deseo de mi madre quien rogó incesantemente tenerme, producto de eso se casó con mi padre a los meses de conocerlo debido a la urgencia que tenía de concebir, tenía 38 años y sentía que era “ahora o nunca” sin embargo la espera duró 3 años más. Finalmente me tuvo a sus 41 años con todas las complicaciones que eso pudo generar, pero fui la luz de sus ojos.

Mi madre se llama Laura; no es el prototipo de una mujer “cogible” ni hipersexualizada como Leo en la mayoría de relatos, es una mujer normal y real, de 1.54 cm blanca pero no tanto, pelo castaño que casi siempre lo ha usado a la altura de sus hombros, ojos cafés claro unas mejillas regordetas y tiernas con pequitas que también tiene en abundancia en el inicio de su espalda, labios gruesos rosados y suaves, nunca tuvo un cuerpo que grite sexo. Fue algo llenita, con tetas de tamaño regular y piernas ni muy gruesas ni muy delgadas. Sin embargo para mí era la mujer más maravillosa, en el transcurso del relato iré describiendo en detalle más zonas de su cuerpo.

El matrimonio de mis padres nunca fue bueno, pero mi madre, abnegada como es, jamás consideró la idea de separarse a pesar de las constantes infidelidades y agresiones verbales de mi padre. Crecí creyendo todo el tiempo que mi deber era de alguna manera salvar a mi madre de aquel infierno afectivo que vivía en su matrimonio y por supuesto crecí con rencor a mi padre por maltratar a la luz de mi vida. Quizás el hecho que mi madre me haya tenido con tanto deseo y con tanto riesgo hicieron que desde que salí de su vientre compartamos una conexión muy particular.

En mi infancia nuestro afecto era particular, desde quizás los 4 o 5 años dormíamos la siesta muy cerca del otro, tan cerca que nuestras pestañas se tocaban la una a la otra y eso me daba cosquillas mientras ambos hacíamos leves gemidos que no tenían nada que ver con lo sexual o eso creo (a estas alturas ya dudo de todo) luego comencé a crecer y nuestros juegos eran más particulares, recuerdo que ya tenía 5 años y un día ella regresó del trabajo, salte exclamando con gran alegría “mamá” y fui directo a sus brazos sacando de su blusa la algo desabotonada su seno y llevándomelo a la boca para chuparlo, ella dio un respingo y tiernamente me dijo que ya estaba muy grande para hacer eso que ahora si “le dolía” yo le dije que lo hacía porque recordaba que ella me daba leche así de pequeño. Mi madre sonrió y me dijo:
— ¿lo recuerdas? En serio? Que memoria, pero ahora ya estás grande y ahí ya no hay nada que te pueda alimentar, tienes tu leche en un vaso.
Yo haciendo un puchero en broma le dije que así era aburrido y reímos. Era aún un niño y puedo jugar que aquel acto no lo hice con ningún deseo sexual al menos consciente hasta ese momento. Luego los juegos avanzaron….

Tenía 7 años, mi madre estaba de vacaciones y comenzamos a tener la costumbre de que al tomar la siesta ella se recueste boca abajo y yo encima de ella, cepillaba su cabello con su cepillo favorito, uno Grueso de cerdas largas mientras ella se quedaba dormida. Mi curiosidad comenzaba a florecer y en medio de esas cepilladas su camisón se levantaba hasta su cintura y dejaba ver sus nalgas y como su calzón (normal, de los recatados sin llegar a ser esos calzones de abuela) se metían entre sus blancas nalgas, algo flácidas (que por algún motivo me excitaba mas que fueran así) haciendo que se pongan más redondas, cuando yo veía que ella se iba durmiendo paraba de cepillarla y muchas veces comenzaba a tocar suavemente con mis manos sus muslos, pantorrillas y llegaba a posar mis pequeñas manos en sus nalgas acariciandolas suavemente, abriéndolas suavemente hasta dejarlas separadas de par en par, más de una vez me surgía la curiosidad de ver más allá de la tela de su calzón; pero me era complicado porque, sin poner tampoco alguna mayor resistencia o gesto de molestia deja cerraba completamente las piernas y ponía todas sus fuerzas en dejarlas así, otras veces mis “pasadas de curioso” consistían en jalar más hacia arriba su calzón para que se lo tragara más sus nalgas al punto de hacerlo tanga.

En todas estas ocasiones (salvo cuando cerraba totalmente sus piernas para que no se asomara nada más allá de la tela de su calzón) Ella se dejaba hacer; de hecho, amaba ver como la piel se le ponía de gallina sobretodo entre sus muslos y sus nalgas que me encantaban, también el hecho que cerrara con tanta fuerza sus piernas hacía que sus nalgas se contraigan y debido a lo tragado que terminaba su calzón las arrugas y pequeñas estrías de sus nalgas tan contraídas me resultaban aún más hermosas. Este inocente juego se convirtió en algo diario y recuerdo que fue en medio de ese juego, sin ninguna intención sexual de mi parte, que comencé a tener mis primeras erecciones hasta ese momento inocentes.

Si quisiera creer que desde niño ella se me insinuó podría decir que el único atisbo fue a mis 8 años. Ella me levantaba todos los días a las 5:30 de la mañana para alistarme e ir a la escuela, nunca he sido alguien de madrugar, siempre me ha costado levantarme temprano o estar despierto así que un día, cansada de sus inútiles intentos por despertarme (realmente yo me hacía el dormido con la esperanza que se rindiera y no me mandara a la escuela) me bajó el pantalón de mi pijama dejando libre mi erecto pene, ella guardó silencio un segundo lanzo una pequeña risita y me dijo:
— mi hijito ya hasta el soldado está firme, ahora solo falta que te levantes tú.

Lo tomó con su mano y lo jaló de arriba hacia abajo dos veces, yo reí rompiendo mi intento de parecer dormido y ella me mandó a bañarme y cambiarme. Recuerdo que ese día le conté a un amiguito de la escuela aquel suceso como algo gracioso, él me miró extraño; no entendí por qué…ahora lo entiendo jaja.

Estos juegos inocentes con mi madre (las cepilladas, la cambiada de ropa, el que toque mi pene de vez en cuando al levantarme, el rozar nuestras pestañas) duraron con mucho amor, normalidad e inocencia hasta mis 12 años edad en la que ya no volví a verla como mi madre sino como mi amor, mi deseo, mi mujer.

Había comenzado mi adolescencia y mi despertar sexual, nunca fui el chico ni más atractivo ni más extrovertido, era muy delgado, tímido y bastante ingenuo… un completo nerd. Está de más decir que producto de esto no era del agrado de ninguna niña de mi curso, me encontraban extraño e incluso desagradable. Comenzaba a darme cuenta como ellas desarrollaban, me fijaba mucho en sus piernas, sus nalgas y disimuladamente (a veces no tanto) intentaba ver por dentro de su falda. El rechazo que sentía hacia ellas me provocaba una gran frustración. Comencé a jugar juegos eroticos, leer libros de sexo, descubrir en mis ratos libres en alguna biblioteca cercana como era la vulva de una mujer en la zona de literatura erotica (hasta que un guarda me pescara) toda esta información de autoeducación sexual la asociaba con el cuerpo de mi madre lo cual hacía que escarbara en mis recuerdos de la Infancia trayéndome muchos flashes vividos con ella que ahora cobraban otro sentido para mi. Ahora cada juego “inocente” que hubo entre ella y yo en mi infancia me empezó a parecer muy sexual, comencé a recordar detalles que empecé a anhelar que volviesen a pasar para “aprovecharlos de mejor manera” como bañarnos juntos, me esforzaba por recordar de mi infancia los momentos en los que ella y yo compartimos la ducha juntos totalmente desnudos, me esforzaba por recordar cómo eran y se sentían sus tetas en mi boca la última vez que con inocencia me las metí sin lograr ya succionar nada o si alguna vez estuve tan cerca de su vagina para ver completamente cada detalle de ella. Todo esto sin ningún éxito, ahora, cada vez que volvía del colegio y ella de su trabajo ponía especial atención a cuando ella se iba a su habitación y se cambiaba, buscaba la forma de verla desnuda todas las veces de espaldas o divisaba sus tetas, llegaba convenientemente a su cama para acostarme “a ver la televisión” mientras ella salía de la ducha y se vestía así podía ver en detalle sus tetas medianas, blancas con pequitas hermosas, unas areolas marrón claro y unos pezones redondos, respingones por el frío (o eso pensaba) y rosados… veían en detalle como al secarse y escurrir el agua de su cabello las gotas rodaban por su cuello, pasaban por sus tetas bajaban a su abdomen algo abultado (sin llegar a ser gorda) con su respectiva cicatriz de la cesárea (de la cual yo soy responsable) hasta llegar a alojarse en lo que sí en algún momento vi a diario sin ningún tipo de morbo ahora se convirtió en mi obsesión…. Su vagina, en especial su zona púbica ya que mi mamá, mi Laurita jamás se depilaba… su pelambrera de vellos oscuros eran para mi un sueño, un deseo y una obsesión… todo eso sucedía mientras mi pene comenzaba a latir totalmente erecto y supuraba líquido pre seminal, mi mente estaba perdida en el recorrido de las gotas de agua por su cuerpo, luego se daba la espalda y ahora era el turno de las gotas de recorrer su nuca hasta su espalda y perderse entre tus ligeramente caídas y excitantemente flácidas nalgas blancas que aún se le ponían erizadas. Luego la voz más en alto de mi madre me sacaban del trance.

— Ya comiste? Vamos q comer que se te va a enfriar la comida por favor” yo solo atinaba a decir “si mami, voy a mi cuarto a lavarme las manos
Me encerraba en el baño, me bajaba el pantalón y no sabía qué hacer con lo que me provocaba esta imagen de mi madre en mi cabeza, abría la ducha, dejaba que chorros de agua fría caigan sobre mi pene y aún erecto salía a almorzar. Ya en la noche las imágenes de mi madre en mi cabeza eran más fuertes, cercanas, excitantes, intentaba escabullirme en su habitación para verla pero el hecho que Dormía con mi papá me impedía acercarme lo suficiente así que volvía a mi habitación, comencé a aprender a masturbarme aunque la primera vez que eyacule fue de una manera muy particular.

Fue un sábado por la noche. Mis padres ya dormían y como de costumbre estaba con los juegos inocentes con mi madre, con diferencia que ahora ya no permitía que juegue tanto con sus nalgas cuando cepillaba su cabello… lo único que decía era “bebito, me pesas” realmente era porque ahora sí sentía mi erección en su espalda y como iba bajando hasta sus nalgas para luego ubicarme lo suficientemente cómodo para amasar sus nalgas como Si fuera un tierno gatito y tratar de divisar el tesoro peludito que tenía en medio de sus piernas que ahora las cerraba con aún más fuerza.

Esa noche esa imagen, el olor de su cabello recién lavado; la sensación de su cuerpo aún húmedo por la ducha que se daba antes de la siesta; su piel erizada la imagen de su vagina llena de pelos muy bien organizados que tapaban como barrera aquel hermoso misterio que deseaba develar era demasiado fuerte. Me aferré a una almohada muy grande y recordé como una vez a los 7 años al ver una película con una escena sexual quise emularla con inocencia con una almohada, me desnude me puse encima de ella y empecé a emular el movimiento que vi en aquella película, mi abuela me descubrió y me dijo que nunca más haga eso porque es de cochinos. Al aferrarme a esa almohada muerto del calor por todos los flashazos de mi madre todo cobró sentido, tomé una tijera le hice una abertura a la almohada al final de la misma en posición vertical e introduje mi pene en ella haciendo un mete y saca que por supuesto me ardía por el algodón dentro de ella pero empezó a excitarme aún más, cerraba los ojos y susurraba:
— mamita, mamá; mami, me encantas, te amo, quiero estar así siempre contigo

imaginaba que ese ardor en mi pene debido a la fricción emulaba a la perfección lo que debía sentirse meterme entre la mata de vellos de la vagina de mi madre hasta que acabe… por primera vez semen salió disparado inundando la almohada que en ese momento no era un objeto sino la representación más fiel (a mi alcance) de mi amada madre. Desde ahí comenzó mi deseo obsesivo con ella.

Pasaron los meses y constantemente buscaba repetir mis ya no inocentes juegos con ella (al menos por mi lado) pero mi inexperiencia combinado con que me estaba volviendo cada vez más fuerte (aunque seguía viéndome muy delgado) hacía que mi madre se empiece a sentir cada vez más incómoda en continuar con nuestras rutinas de la Siesta al menos.

Quizás fue agosto o septiembre, ya había descubierto el porno, constantemente buscaba mujeres maduras con la vagina velluda en internet para masturbarme con desenfreno (por qué la almohada comenzaba a hacerme daño) exploraba con mi pene, metía el dedo en mis nalgas sin penetrarme el culo solo porque me recordaba al olor que percibí en mi madre una vez que estaba muy sudada, se acostó así para nuestra siesta y pude apegar lo suficiente mi nariz a sus nalgas para percibir ese olor para algunos desagradables pero tratándose de mi madre complemente embriagante para mi. Eran las 11 del día más o menos, me tocaba por todos lados, llevaba mis dedos a mi culo y luego los metía en mi nariz mientras me jalaba mi pene con furia solo para evocar aquel olor del culo de mi mamá. El deseo ya incontrolable por mi madre y la frustración por ser tan rechazado por las jovencitas de mi edad me hizo llegar a una Epifanía: Nadie nunca en la vida me va a amar tanto como mi madre, para ella soy guapo, soy inteligente, ella ha visto mi pene, lo a acariciado, me ha dicho lo atractivo que he estado, es la mujer con la que más contacto físico he tenido, que he besado y que no rechaza mis besos ni mis abrazos, sumado a que era una mujer que sabía lo que era el rechazo; el maltrato psicológico y verbal (por parte de mi padre) sabía lo que era sentirse invisible para alguien y siempre lo había sentido porque vivía contándome cómo fue siempre una niña tímida, delgada y con una muy baja autoestima así como yo lo era, nos complementábamos, era la mujer que me amaba y yo a ella así que lo lógico era que ella jamás me rechazaría, que si me acercara lo suficiente a ella ella me correspondería y conseguiría darle un beso, que quizás el erizarse de su piel cada vez que tocaba sus nalgas en esas siestas era porque me deseaba igual que yo a ella y que nació, al igual que yo, como algo tierno e inocente pero al crecer ya me empezó a ver como yo la veo a ella pero como siempre ella y mi padre me inculcaron: “el hombre propone y la mujer dispone” así que era mi deber dar el primer paso y lo debía de dar yo ahora, en ese momento era lo lógico, estábamos hechos el uno para el otro y no había nada que me indicara lo contrario, así que me levanté de la cama, guardé como pude mi erecto y húmedo pene por la cantidad de veces que ya había acabado en mi pequeño boxer color piel embarrado de semen y así sudado, con semen ya seco del rezago que no alcancé a limpiar de mi abdomen con el Boxer y mis manos aún oliendo a mi culo avance a toda velocidad hacia la cocina donde mi madre continuaba haciendo el almuerzo al verla de espaldas, con su camisón regular por encima de las rodillas, sudada por el calor de la cocina y su pelo recogido en una pequeña rosca mi corazón se aceleró aún más; avance de un golpe hasta ella y violentamente apegue mi pene erecto dentro de mi boxer a sus nalgas, la abracé con una mano por la cintura mientras que con la otra separé su pelo para besar su cuello con toda la lujuria del mundo, ella dio un respingo, por un segundo creí que lo lograría tal como lo planee, que en sentir mi pene entre sus nalgas mezclado con mis besos en su nuca y el olor tan reconocible a nuestras zonas íntimas sudadas haría que cediera a lo natural e inevitable, se giraría y besaría con pasión sus labios por primera vez para luego subirla en el mesón levantar su camisón, retirar sus calzones y por fin tener a la altura de mi nariz su anhelada vagina…. Lastimosamente nada sucedió como lo pensé.

— ¿Dios!!! Daniel! ¡Carajo! ¿Qué haces? Grito mi madre -hueles horrible, que asco, en qué estás pensando? Anda báñate y regresa que ya está el almuerzo; qué asco…
Yo solo me encogí de hombros y traté de ocultar la horrorosa vergüenza y dolor que me causaba su rechazo y dije casi gimiendo de una manera muy infantil.
— solo quería darte un besito
— anda báñate y deja de estarte andando por esas partes que te pasa, puerco, hueles espantoso.

Me fui derrotado a mi cuarto, abrí la ducha y comencé a llorar desconsoladamente, mi madre, el amor de mi vida me había visto con el mismo desagrado que las niñas de mi colegio ¿en verdad era un monstruo? ¿Tan desagradable era? Quizás fue mi primer evento depresivo de mi vida, mi madre no volvió a tocar el tema conmigo y durante toda esa semana anduve como si el alma hubiese escapado de mi cuerpo hasta que un día lo analice mejor… no somos como los animales que reconocen el olor del otro cuando está en celo y empiezan a coger, esto es mucho más emocional, de seducir y no se iba a quedar así, debía lograrlo con ella.

Capítulo 2: manos a la obra
Los años pasaron y nada mejoró, mis intentos nunca cesaron pero continuaba con mis constantes y muy dolorosos rechazos con las chicas de mi edad y con mi madre. Deje pasar varios meses para volver a intentarlo con mamá, esta vez sabía que no tenía que ser desde el
Deseo físico sino de la seducción, cada que podía le hacía tiernos cumplidos como “que linda que estás” comencé a ser su confidente cada vez que se peleaba con mi padre, ella me contaba con lujo de detalle y llorando todos los improperios que él le profería y yo más de una vez me metí en medio de una discusión de ellos para defenderla cuando ella le reclamaba una infidelidad y él le gritaba profiriendo los peores insultos, aun así ella nunca quiso divorciarse de él. Fueron a consejería matrimonial varias veces, un imbécil de terapeuta le recomendó a ella recuperar la actividad sexual con él sin embargo para ella era casi un abuso por las que lo intentó y redoblaba esfuerzos por parecer sexy al menos verbalmente. Una vez al salir del matrimonio de un familiar se refirió a un primo suyo muy gordo con mi padre diciendo “viste que ha adelgazado desde que está con su nueva novia? Debe ser porque le está dando mucho SEXO” intento tanto ser sucia pero me resultó tan tierna, a mi padre esto le pareció hasta ridículo y se le burló a mí me encantó y hubiese deseado que me lo dijera a mí para besarla. Cuando podía intentaba retomar el juego de mi infancia en nuestras siestas pero ahora cada vez que intentaba pegarme a ella y sentía mi erección (porque solo estaba en boxer) ella me apartaba con mucha delicadeza y con ternura me decía “mi hijito, soy la mamá” yo fruncía el seño, me apartaba y disimulaba que no sabía de lo que estaba hablando, otras veces, me hacía el cariñoso y saltaba encima de ella mientras estaba acostada a besarle el cuello, la frente; la mejilla cerca de la comisura de sus labios y decirle que la quería mucho; mientras ella me apretaba aprovechaba y dirigía mi rostro a sus axilas que también eran mi nuevo fetiche, eran tan suaves, olían delicioso siempre y de vez en cuando se asomaba alguno que otro delgado vellito que a veces por un segundo trataba de atrapar con mi boca y lamer su axila pero nunca lograba culminar mi misión debido a que mi erección se asomaba rápida y violentamente haciendo que ella me aparte con disgusto y brusquedad. Muchas otras veces debido a las peleas de mis padres o porque me hacía el enfermo, ella iba a dormir conmigo y yo haciéndome el dormido apegaba mi erecto pene en sus caderas o la abrazaba para posar mis manos en sus tetas hasta que ella emitía un sonido en desagrado y otras esperaba a que ella estuviera profundamente dormida y debido al calor separaba sus piernas para que entrara algo de aire a su hermosa mente velluda vagina así que yo trataba de escabullirme lo más cerca posible de aquel misterioso tesoro para lograr percibir en algo su olor y deslizaba mis dedos con cuidado en medio de sus piernas sin tocarla para no despertarla con la esperanza de lograr llegar hasta aquel lugar que era mis obsesión pero cuando mi dedo se encontraba con uno de sus largos vellos que se asomaban con imprudencia por su calzón ya sea a los costados o incluso traspasando la tela debido a la vejez de su prenda y lo alargados y erizados que estaban terminaban funcionado como una alarma automática donde ella cerraba con violencia sus piernas cada vez con más desagrado lo cual solo por ese momento hacía que los odiara y deseara que no existieran, únicamente por ese instante.
A los 15 me rendí, mi madre cada vez estaba más físicamente distante de mí aunque seguía siendo muy cariñosa verbalmente y en atenciones pero cada vez que intentaba algo le rechazaba con mayor molestia y eso estaba afectando más de lo debido a mi salud emocional. Decidí conformarme con desearla y desquitarme en secreto, conformarme con lograr al
Menos ver por una sola vez como era su vagina; si estaba totalmente cerrada o sus labios vaginales sobresalían, como era su clítoris? Mi apuesta era que debido a la falta de uso todo estaba tan bien en su lugar y sus labios mayores eran gordos y perfectos, que su clitoris era pequeño redondo y cubierto muy bien por sus labios y por supuesto por su barrera de vello que me obsesionaban, empecé a ver videos de incesto madree hijo en internet, cada vez me masturbaba más, cuando mis padres salían iba al bote de ropa sucia y tomaba los calzones más sucios y usados de mi madre los amarraba en mi nariz como máscara lo más apretado posible de manera que cada vez que intenté respirar por la nariz se metiera la zona donde iba su vagina en mis fosas nasales haciendo que ese delicioso olor se quedaba impregnado dentro de mi nariz y me acompañara hasta a veces el siguiente día. A mi madre le habían retirado el útero cuando tenía 5 años así que ya no menstruaba por ende el olor que despedían sus calzones usados eran 100% de flujos de su vagina.
Cada que podía intentaba ver entre sus piernas cuando las tenía abiertas mientras estaba acostada o durmiendo o viendo la
Tele pero se daba cuenta enseguida y las cerraba procurando cubrirse lo más posible y poniendo cara de enojo apenas y alcanzaba a divisar sus vellos saliendo abundantemente a los costados de su calzón como si ellos también estuviesen de acuerdo conmigo que esa maldita prenda cubría un tesoro que debía y merecía recibir aire directamente andar libre sin ser escondido y sobre todas las cosas ser visto por mis ojos porque su vagina era arte y arte yo el que mejor sabía apreciarla. Otras veces (en las navidades) aprovechaba a ayudarla a guardar los adornos o bajarlos en una bodega que tenía arriba de mi habitación sosteniéndole la escalera mientras gozaba de la vista aérea pero cuando quería ver más allá de sus calzones volvía a darse cuenta y se tapaba. No sabía si yo era demasiado obvio o ella sentía mi deseo sexual tan fuerte que se cohibía enseguida porque sabía (o al menos así lo consideraba ella) que era algo “prohibido y malo” y así seguí hasta mis 18 años.
Capítulo 3: el punto de inflexión.
Mi madre estaba atravesando sus últimos 50’s (tenía 59) y aunque resulte difícil de creer no lucía como tal, realmente su cuerpo, su rostro y su vitalidad no iban más allá de una mujer de 45 años ella siempre fue muy come años y siempre aparento ser al menos 10 años menor de lo que era así que para mí estaba en la flor de su atractivo físico.
Mi relación con ella había sido cada vez más distante debido a mi constante intento por al menos verla desnuda (que ya hace años no dejaba que la vieran ni siquiera cuando salía de bañarse) el pudor entre ella y yo ya era total, evitaba a toda costa verme desnudo por más que intentaba que se diera aquello “por accidente” y nuestros juegos de siesta habían quedado hace años atrás como una anécdota y la gasolina para mis fantasías mientras me masturbaba oliendo sus calzones que cada vez me gustaban más. Comencé no solo a fantasear con su vagina pero ahora con su ano; moría por saber qué tan cerrado era que tan arrugado o apretado, quería incluso saber si caberia al menos mi meñique en él porque estaba seguro que jamás había sido usado ni ella jamás había tenido el deseo que se lo estrenaran.
La relación con mi padre estaba totalmente rota (como si alguna vez hubiese estado bien) eran (dicho por ella) “compañeros de vida” por ende era lógico que hace muchos años ella no había sido tocada por ningún hombre y quizás nunca había sido tocada sintiendo ella placer. En la iglesia mi madre conoció a una amiga millonaria, ella hizo que se empoderara le regaló ropa de marca moderna nada sensual o que enseñara de más un día llegó de la peluquería radiante, se había pintado el pelo a un tono casi pelirrojo se la veía aún más joven de lo que siempre se la veía, la ropa nueva ceñida que hacía resaltar su figura elevaban sus nalgas y marcaban sus caderas, yo me puse a mil.
— mami que hermosa estás!!! Solté con gran asombro y felicidad que disimulaban bien mis ganas de poseerla.
— Gracias hijo no sabes lo feliz que he sido, Ariana ha sido una bendición tan grande me llevo a un spa, nunca me habían dado masajes o cortado el pelo, amo este cambio de look y la ropa incluso….
se detuvo pensando dos veces si continuar el relato llevada por la emoción o si sería demasiado imprudente lo que estaba a punto de decirme.
— ¿incluso? insistí…
— Bueno hicieron algo que nunca había hecho quizás desde hace más de 20 años…
— qué cosa mami? Dime por favor. Dije con desesperación.
— me rasuraron allá abajo… dijo poniéndose roja como tomate y bajando la cabeza lo cual me excitó aún más…
mis ojos casi se salen de órbita podría jurar que incluso empecé a salivar moría por pedirle, rogarle, incluso exigirle que se levantara el vestido que tenía puesto se bajara los calzones y me enseñara mi tesoro preciado, por un lado tenía algo de tristeza porque adoraba su vagina velluda pero por otro lado era mi oportunidad de oro para por fin apreciar el pedazo de arte que tanto había estado en mi mente todos estos años y en su máximo esplendor, cada detalle cada milímetro sin obstáculos. Lamentablemente para la mala racha y rechazos de años que había tenido decidí solo soltar un:
— aaahhh si? Y cómo te sientes?
— Diferente, dijo casi susurrando.
— pero fresca, me hacía demasiado calor abajo ya y me dijeron que era hasta antihigiénico seguir así.
mi mente voló nuevamente al exquisito olor de su vagina que percibía en sus calzones todos estos años y que de seguro si clavaba mi nariz dentro de ella sería incluso mejor. Era mentira lo de anti higiénico mi madre siempre había olido delicioso.
— Pero bueno, continuó. Basta de detalles, a comer
y ahí quedó nuevamente el asunto. Los meses siguientes intentaba toda costa tener al menos una mirada a mi tesoro antes de que volviera a crecer aquella barrera de pelos guardiana de la razón de mis pajas. Ella también se protegía de ser vista mucho más que antes hasta que pasados unos 3 meses surgió algo inesperado.
Yo regresaba de la universidad. Y mi madre llegó a casa completamente fastidiada del trabajo. Apenas llegó a la cocina se sacó la falda de su uniforme y quedó delante mío solo en sus calzones negros, desgastados que hacían que salieran disparados sus, nuevamente, ya crecidos en su totalidad vellos vaginales. Se paró frente a mí muy abierta de piernas y mientras resoplaba y soltaba un par de lágrimas me dijo:
— Perdóname que me veas así pero no puedo más, nunca más me vuelvo a dejar depilar allá abajo”
— ¿Qué pasó?. Le dije entre asustado, excitado e intentando mirarla a los ojos sin que mis ojos se desvíen a su área vaginal que nunca antes había estado tan abierta dentro de esos calzones y menos así de cerca y delante mío.
— Al parecer mientras me hicieron eso toparon una verruguita que tenía entre mi popó y adelante, me ardía un poco pero me dijeron que era normal porque no me había rasurado en años, pero con el pasar de los meses y que volvió a crecerme todo ya no solo me ardía sino que empezó a salirme pus de ahí y un muy mal olor desde hace días; hoy me levanté con un poco de fiebre y mucho dolor ahí intenté verme pero por los vellos no podía y me salía mucho líquido amarillo así que fui a la ginecóloga y se me había infectado, me curaron y me pusieron una inyección dolorosisima
Yo estaba absorto con su relato, imaginaba todo lo que me narraba y en vez de asustarme o darme asco empecé a ponerme más duro que nunca. Mi madre se fue girando lentamente con dificultad y las piernas aún muy abiertas
— De paso me pusieron mal la inyección y me dejaron una bola en la nalga. Suspiro.
— a ver, por esta vez te voy a permitir que toques dame tu mano
Yo extendí la mano como resorte y ella la dirigió a su nalga derecha mi pene ya no podía ser aguantado por el boxer que cargaba puesto y comenzaba a asomarse un poco de mi prepucio fuera de él, después de tantos años volvía a tocar la nalga de mi madre así sea por examinarla, efectivamente sentí una bola en su glúteo pero para mí fue lo de menos, apreté con mi mano su nalga tratando de abarcarla desde la base y levantarla de manera que quizás mi dedo índice tuviera suerte y se encontrara con algún pequeño contacto de mi tesoro deseado ahora bastante comprometido.
—Auch! Se quejó, despacio ¿no ves que me duele demasiado?”
— Perdón. Dije casi jadeando
— En fin, no me puedo ni sentar, no quiero almorzar me voy a bañar y ponerme una pomada que me dieron y acostarme por favor encárgate de todo, tu papá llega bien noche (como de costumbre)”
Mi madre abandonó la cocina caminando como vaquera mientras se quejaba despacio yo libere mi pene de mi boxer porque me dolía de lo aproximado que lo tenía, lave los platos lo más rápido posible para correr a mi cuarto a pajearme con el deseo que hace tiempo no lo hacía, la vagina de mi madre había estado más cerca que nunca de mí y su relato me había dejado más excitado que nunca. Corrí con mis boxers bajados los suficiente para que mi pene y mis bolas estuvieran totalmente libres, avance por el pasillo de mi casa que conducía a mi cuarto teniendo que pasar por el de mis padres con la gran sorpresa que debido a la molestia mi madre no había cerrado ni la puerta de su cuarto ni la de su baño, estaba Parada desnuda en su habitación con la puerta del baño abierta de par en par para reflejarse en el espejo que estaba incrustado en dicha puerta con una pierna levantada y apoyada encima de un banco y su mano izquierda separando completamente su maravillosa y perfecta vagina con dos de sus dedos y la otra untada de una crema tratando de llegar a su perineo y curar su herida. El reflejo del espejo me permitía ver todo, el interior enrojecido interior de su vagina su agujero perfecto pequeño apretado también irritado y que esta vez por fin estaba desprotegido por sus guardianes velludos incluso podía divisar levente su diminuto anito.
Mi pene dio un respingo empezó a latir y no pude evitar agarrarlo como nunca y comenzar a pajearme viendo aquel maravilloso momento que había deseado por tantos años; el único estorbo era que estaba lo suficientemente lejos y ella en una posición que me Impedía ver un primerísimo plano de esa escultura deliciosamente perfecta pensé que si me acercaba más se daría cuenta así que me conformé con ese momento comencé a masturbarme con tanto deseo, tanto que se escapó un “que rico mamá” lo suficientemente audible para sus oídos, ella giró su vista hacia la puerta manteniendo su postura y me vio a mi totalmente empalmado brotando abundante líquido seminal de mi pene mientras no podía dejar de masturbarme con un deseo sobrenatural.
Mi madre pegó un grito de horror
— DANIEL DIOS MÍO QUE ESTÁS HACIENDO!!!!
Lo suficiente para hacer que el semen que tenía ya en la punta de mi pene listo para salir disparado como nunca antes se me regresara y yo, aún empalmado y con toda mi verga arropada con mi mano saliera corriendo a mi habitación y me encerrara.
Fueron no más de diez minutos que estuve encerrado en mi habitación a solas pero para mi fueron años, quizás hasta una década…. la culpa me carcomía, la ansiedad me hacía pensar en los peores escenarios posibles, yo siendo expulsado de mi casa, mi padre moliendome a golpes y lo que más dolor me causaba imaginar, mi madre no volviendo a hablarme el resto de su vida, a mi, su único hijo. Entre en una crisis indescriptible, ahogue mis sollozos en la almohada que años atrás me quito la “virginidad” imaginando que era mi madre de pronto la puerta se abrió, di un salto de susto mi madre entro a mi habitación, tenía aún el pelo húmedo y un camisón viejo mucho más abierto abajo que los demás quizás para tener fresca su zona afectada yo trate de secar mis lágrimas y continue en posición fetal sin poder ver a mi madre, mi madre suspiró aún en el umbral de la puerta, dio un paso adelante y cerró la misma…
— Daniel… dijo en un suspiro entre lastimero, preocupado y aun amoroso conmigo…
— ¿que acabas de hacer?” un silencio tenso invadió mi habitación y antes que yo abriera la boca ella continuó…
— Quiero comprenderte antes de sacar cualquier conclusión de lo que acaba de pasar… creo que ya no podemos hacernos de la vista gorda pero esto… esto es… es algo serio… Daniel yo soy tu mamá mi hijito… y esto…
— ¡Ya lo sé!. Con mi voz totalmente quebrada…
—Creeme que lo se mamá y siempre lo he tenido presente, tu eres mi madre y yo soy tu hijo… pero…

— ¿pero?, dijo mi madre como si estuviese esperando algo más que la hiciera entender que todo esto es un terrible y hasta gracioso malentendido.
— ¡Pero TE AMO! Solté con un completo desahogo mientras temblaba y mis lágrimas caían a montones.

— yo también te amo hijo, eres todo para mi, lo más deseado, luche tanto por tenerte y…

— Pero yo te amo no solo como mi madre, te amo como mujer, estoy enamorado de ti, siempre lo he estado, solo que de pequeño creí que era una admiración inocente y ahora… o bueno desde mis 12 años… ahora…

Mi madre se puso roja como nunca antes pero no era del enojo, estaba totalmente seguro de aquello trato de cortar el tema

— Daniel, por favor…” pero ya no había vuelta atrás era ahora o nunca, me incorporé, la tomé del rostro y le dije con toda la firmeza del mundo.

— Mirame tu me diste a luz y me conoces mejor que nadie, dime si estoy mintiendo cuando te digo que te amo no solo como tu hijo… mamá soy desagradable para todo el mundo

Mi madre agito la cabeza intentando decir que no lo soy pero yo, enajenado por mi arranque de sinceridad y desahogo no la deje hablar.

— si lo soy, para todas las chicas de mi edad lo he sido desde el colegio, mi vida de adolescente fue un infierno porque nadie me comprendía, nunca he tenido una novia porque nadie me ve con amor… excepto tu… creeme que no me ha importado no ser llamativo para las chicas de mi edad porque siempre me di cuenta que eras tu, y se que muy en el fondo no me ves solo como tu hijo porque para toda madre su hijo es guapo o bueno, etc… sino que en serio me ves, en serio siempre me haz notado y me ves como un principe asi como yo, muy a diferencia de mi padre te veo como una princesa… te veo como la mujer mas hermosa de la faz de la tierra y nada se compara contigo, se que cada vez que nos acostabamos tan cerca que nuestras pestañas se juntaban sentias lo mismo, que yo siempre seria el amor de tu vida y se, que en principio crees que es lo que toda madre siente, que es el amor “normal” o convencional que una madre siente por su hijo… pero ¿y si no es asi? porque yo te noto mamá, se la musica que amas, noto cuando te sonrojas, lo tierna que eres las veces que haz intentado ser sexy, he contado cada una de las pecas de tus mejillas y tus hombros, y es obvio que conforme ese amor por ti ha ido creciendo a la par que ambos hemos ido creciendo… mi cuerpo ha deseado más que solo un idilio de amor, porque mamá… si para mil y un mujeres soy invisible… no me importará porque se que solo para ti no lo soy, no cambio nada de ti, no quiero que seas ni sensual, ni te arregles, no quiero nada, ni que te depiles y te hagas daño por tratar de ser vista porque yo te he visto siempre desde que tengo uso de razón, a ti y solo a ti… Ahora dime si después de todo esto que te he dicho estoy mintiendo o estoy equivocado de que te amo?”

Mi madre temblaba, lágrimas comenzaron a salir de su rostro a montones, de pronto lo único que hizo fue tomar mis manos que aún seguían en su rostro, las bajo lentamente hasta posarla en sus piernas… se fue acercando lentamente a mi hasta que nuevamente estábamos apunto de estar pestaña con pestaña, con la excepción que ambos comenzamos a estirar nuestros labios para encontrarnos con el otro (o eso yo creí)… de pronto un estruendo nos sacó de ese trance… la puerta, mi padre entró encolerizado por algo que le sucedió en su trabajo, mi madre dio un salto. “Tu padre” susurró con terror… se levantó dándome la espalda y abrió la puerta rápidamente para recibirlo, cuando estuvo a punto de dejarme solo me dijo “necesito que por ahora dejemos este tema, te pido comprensión y paciencia así como la he tenido yo contigo, cuando sea el momento indicado te lo haré saber y retomaremos este tema ¿está bien?” yo asentí ansiosamente y también intrigado… “solo quiero que sepas que todo estará bien hijo ¿si?” sonrió tranquila y yo asentí… luego salió de la habitación, este fue el día en que todo cambio para mi.

Capítulo 4: Está bien.

Había pasado semana y media desde aquel día los días se me habían hecho eternos había un ambiente de tensión insoportable en mi casa, al menos para mi, ya que mi madre actuaba con total naturalidad como si nada hubiese ocurrido, como si no le hubiese confesado mi deseo y amor por ella. Lejos de tranquilizarme eso resultaba una cuchillada a mi ya mermada autoestima… ¿Qué tan poco le habrá interesado? ¿Realmente soy tan irrelevante y desagradable? vertí todo mi corazón en mi madre, en la mujer que me dio la vida y aun así está como si nada. La espera me carcomía pero no quería insistir… de paso esos días mi padre había pedido vacaciones y estuvo inusualmente muy presente en casa y, eso sí, mi madre muy inusualmente fuera de ella.
Trataba de convencerme de la idea que esa era la razón por la que mi madre no mostraba mayor señal de aquella tarde… volvía a mi el recuerdo de haber estado a punto de besarla, lo sentí, de no ser por mi padre hubiese sucedido, sentí que ambos lo deseamos por primera vez… ¿o nuevamente fue solo mi percepción?

Había perdido el sueño y el apetito por esos días hasta que llego una tarde de martes, regresaba de el curso pre universitario, nuevamente cabizbajo y con un laberinto de pensamientos pesimistas en mi cabeza, mi padre había partido a una “reunión de negocios” muy temprano por la mañana y no iba a regresar hasta ya casi el anochecer. Había realizado mi rutina de siempre, llegar, ducharme e ir a la cocina a almorzar cuando mi madre apareció con ropa casual, se acercó a mi, me dio un tierno beso en la frente, un abrazo y me miró directamente a los ojos.

-”Hoy no hay almuerzo-” me dijo con ternura y algo de nerviosismo -” arreglate, yo hare lo mismo y nos vemos en 15 minutos afuera, vamos a almorzar a un restaurante-”

Yo abrí los ojos de la ilusión, no sabía qué decir, tenía miedo de abrir mi boca y decepcionarme nuevamente. “- ¿y bien? no te quedes ahí quieto mi hijito que el tiempo apremia-” me dijo ligeramente burlona… “- y…. ¿como así?” balbucee tímidamente. “-Hay un tema pendiente que conversar, no lo he olvidado, de he hecho nunca he tenido nada tan presente y quiero agradecerte por haber sido tan prudente y paciente conmigo así que creo que el mejor lugar para dialogar será en algún espacio bonito con una comida muy rica… y tranquilo bebito, como te dije… todo estará bien.” El alma me volvio al cuerpo, mis ojos se abrieron del gozo que me provoco escuchar eso, sobretodo que habia tenido presente aquel día como yo lo tuve, sonreí y muy emocionado le dije que estaria incluso antes de tiempo, ella sonrio timidamente y tambien se retiro a arreglare. Nunca me arregle tan rapido como en ese momento, la mente me daba vueltas pensando en que iba a resultar aquel almuerzo, me perfume y me asee muy bien en caso que la suerte me sonriera y todo terminara como tanto lo habia fantaseado durante años. Bajé rapidamente al parqueadero donde estaba nuestro carro y al cabo de unos minutos salio mi madre… radiantemente hermosa con un vestido floreado sin gota de maquillaje, la cara bien lavada pero fresca, aquel vestido debaja ver las pequitas de sus hombros, no habia nada totalmente especial en su vestimenta pero por alguna razón en ese momento la vi mas hermosa que nunca. “- Vamos que ya tengo hambre-” me dijo sonriendo, subimos al carro y fuimos en el trayecto conversando de trivialidades como dos amigos.

Al llegar al restaurante ordenamos pasta, hablamos distendidamente sobre cosas sin mucha importancia mientras nos servían comenzamos a bromear y reirnos de trivialidades como si no hubiese ocurrido nada los días anteriores, en un momento mi madre comenzó a jugar con sus pies rozando mis tobillos por debajo de la mesa, la miré a los ojos y ella se sonrojó, bajó la mirada y detuvo el sobajeo, luego hubo un momento de silencio mientras comíamos donde yo comenzaba a volver a estar ansioso. Finalmente mi madre, agacho la mirada y tímidamente me dijo:

— “Daniel… lo que pasó hace unos días…. fue totalmente inapropiado en muchos sentidos”

—“lo se mamá y…”

—“déjame terminar” continuó diciendo. “Pero en muchos otros agradezco mucho que haya sucedido”

Mi corazón comenzó a latir por mil… mi madre suspiro muy hondo para aliviar la sangre que se había subido a su rostro por la vergüenza y nervios… continuó con su relato sin poder levantar su mirada.
—“Quiero primero que nada pedirte perdón por muchas cosas que quizás yo fallé como madre, sobre todo por haberte puesto en medio de los problemas con tu papá. Lo que te contaré espero solo hablarlo una vez en mi vida contigo y te pido por favor que no me interrumpas porque para mi es muy difícil abrirme en este aspecto, más aún contigo y más aun con lo que sucedió.”

asentí con la cabeza y ella continuó.

—“Como sabrás las cosas con tu padre nunca han estado bien, muchas veces me he cuestionado si fue un error casarme con él pero no podria ser asi porque si no no hubieras nacido tu y tu, Daniel, eres la luz de mis ojos, eres lo que tanto espere toda mi vida.”

Contuve las lágrimas de escuchar aquello y las ganas de besar sus labios que era donde estaba toda mi atención mientras hablaba. Mi madre continuó: “mi vida no ha sido sencilla y con mucho pesar se que no ha sido muy feliz o me he permitido disfrutar muchas cosas. Digo todo esto porque entiendo cuando me dices que tu adolescencia no ha sido la mejor, o cuando me dices que te sientes rechazado porque yo tambien me he sentido así toda mi vida”

Quise interrumpir para decirle que no como yo he sentido el rechazo pero ella, quebrandose su voz soltó: “tu papá no fue el primero en mi vida, el primero con el que me acosté me refiero… pero tampoco fue la mejor experiencia mi primera vez… tenía 32 años Daniel, lo hice porque me sentía sola, fea, rechazada, sentía que iba a pasar toda mi vida y me iba a morir sin que nadie me toque y debía sacarlo de mi sistema, asi que lo hice con el primero que supe que me deseaba… o eso creí, pero fue algo espantoso, traumante, me hizo mucho daño, sangre y cuando el acabo se levanto sin decirme nada, se vistio y nunca mas volvimos a hablar… me senti sucia, usada y por mucho tiempo jure que nunca más volvería a intentarlo… cuando conoci a tu papá estaba en un momento muy dificil de mi vida porque tu abuelo estaba agonizado y yo moria por darle el gusto de entregarme en el altar asi que apresuramos todo para casarnos… el unico momento donde tu padre y yo tuvimos relaciones fue las veces que intentamos tenerte, tu padre nunca fue romantico conmigo, me sentia como simplemente un deposito un objeto, nunca una palabra cariñosa, hacia que me pusiera boca abajo para evitar verme el rostro… Daniel llevo ya años sin haber tenido intimidad con el… la última vez que lo intentamos fue cuando tenias 13 porque un terapeuta me insinuo que tu padre me era infiel por que no lo tenia “atendido” sexualmente y fue lo mas humillante, me pidio cosas perversas que me hizo sentirme como una prostituta.”

La curiosidad me invadio y le pregunte que le habia pedido, ella se sonrojo al borde de que parecia que le daria una ataque de ansiedad y aun sin poder verme a los ojos me dijo que por favor no se lo preguntara, que quizas en algun momento pueda tener la valentia de decirmelo. Mi mente voló imagine todas las cosas mas pervertidas que le hubiese pedido mi padre pero me quede con algo que tambien deseaba… su anito… y que bueno entonces que no se lo habia dado.

“Entiendo todo lo que sientes” continuó mi madre “me ha costado dias analizarlo pero cada palabra hermosa que me dijiste entre lagrimas aquella tarde ha rezonado en mi cabeza dia y noche y no he podido quitármelo de la mente… Hijo… nunca nadie se me habia declarado asi, es más nunca nadie me había dicho que me amaba, no al menos como un hombre ama a una mujer y por eso te lo agradezco…. pero lastimosamente saliste de mi mi amor, soy tu mamá y esto que sientes quizás es una confusión de muchas cosas de tu edad.

“ No lo es” le dije interrumpiendola con firmeza. “he considerado toda posibilidad mamá, creeme, he tratado de no verte como una mujer y cada vez fracasó en el intento, lo quieras aceptar o no en serio te amo y dudo mucho que haya alguna vez alguien que te ame como yo… se que también lo sientes, se que sabes que es verdad y que la conexión que tenemos es especial y va mucho mas alla de ser madre e hijo… quizás desde que estaba dentro de ti, quizas… sabia que eras el amor de mi vida y que siempre voy a pertenecer ahi… dentro de ti…” mi madre comenzó a soltar lagrimas, tomo mi mano, levanto su mirada y me dijo mirándome con sus ojos maravillosos.

— Lo sé…y sé que todo lo que dices es cierto, tienes toda la razón, cada palabra, cada pensamiento que has tenido, lo se pero entiendeme que es muy dificil para mi, estos días han sido un infierno en mi mente porque si, eres todo lo que hubiese deseado, me tratas como siempre idealice que un hombre me tratara y he tenido enterrado en mi mente el verte de otra forma porque era imposible pero estos días… “

— te amo. Interrumpi y busqué su boca.
— Y yo a ti. Dijo mi madre pero apartando la suya.

En ese momento aunque mi sueño estaba siendo realidad y estaba siendo correspondido por el amor de mi vida ambos realizamos que seguiamos en un lugar público e intentamos moderarse. Mi madre suspiro, se acomodó un poco el vestido y continuó.

— He conversado con varios psicólogos Daniel y todos me han dicho que lo tuyo es debido al rechazo de mujeres de tu edad y que se te quitara el dia que puedas por fin estar con una mujer y estoy de acuerdo”

Mi corazón comenzaba a romperse, ella lo noto en como se transfiguró mi rostro pero enseguida continuó parando así mi sufrimiento.

— Hasta cierto punto yo también soy virgen Daniel, y quiero que mi primera vez sea la mas especial así como la tuya…. quiero hacerle el amor a alguien que ame y que el me ame tanto de vuelta como para que también me haga el amor de la misma forma… y se… que ese alguien eres tú… hijo…

Lo había dicho, no era un sueño, mi madre había aceptado que estemos juntos, dios, no sabia que hacer era impensado un imposible, un hermoso sueño imposible, no pude contener las lágrimas y solo balbucee.

— haré todo lo que quieras mamá, te juro que seras la mujer mas feliz, me entregare a ti, por si ya no lo estoy, sere devoto a ti, jamás habrá nadie más hasta el dia que nos muramos, quiero que seas mi primera y mi unica mamá”

“No tanto asi hijo… Aceptar esto me ha costado demasiado, siento que una parte de mi ha sido desgarrada pero quiero verlo como que estoy haciendo paso para que una parte más hermosa me complete y ese eres tú, solo quiero decirte que en la eventualidad que suceda será solo una vez, una… tu seguiras con tu vida y en algun momento encontraras a una mujer que te ame y con quien formes una familia maravillosa.
— Esa eres tu mamá

— No, Daniel y necesito que me jures que así será, que avanzaras con tu vida por favor.

No contesté ni sí ni no solo hice una mueca y ella continuó.

— El tiempo de hacerlo, lo decidiré yo… tengo que hacerme a la idea hijo, esto va en contra de todo y debo estar preparada porque esto será el momento más especial de nuestras vidas así que solo te pido dame tiempo para prepararme ¿si? que mi mente y mi cuerpo estén totalmente listos, no te puedo decir cuánto tiempo será pero solo te asegurare que lo lograre, lo lograremos.

Ambos teníamos la cara cubierta por nuestras lágrimas, en mi eran de alegría y mucha emoción, mi madre había aceptado estar conmigo, ser mi primera mujer y yo quería que fuera la única para siempre. Ella, con lágrimas de alivio y a la vez nervios y quizás miedo. Queria besarla, moria por hacerlo, pero sabía que no sería el lugar adecuado ni el momento, solo tome sus manos y las sostuve lo más fuerte y amoroso que pude, la mire a los ojos sonreír y solo le dije.

— Te amo mamá, te amo mas que a nada en este mundo.

Ella sosteniendo con todas sus fuerzas la mirada para que no le ganase la vergüenza o el pudor me respondió.

— Y yo a ti hijo, solo por favor, paciencia, es lo único que te ruego.
— Esperaré por ti toda la vida si es necesario.
— No será tanto. Me dijo entre risas nerviosas.

Nos retiramos del restaurante ambos nerviosos como jóvenes enamorados. No tocamos el tema en el camino a casa y continuamos hablando de otras trivialidades: política, la universidad, chismes, etc… Al llegar a casa mi madre me miró, tomó mis manos y me dijo.

—Pronto. Dándome un beso en la mejilla seguido de un abrazo, busqué su boca pero ella puso nuevamente su mejilla. — Pronto mi hijito, pronto. Volvió a decir, yo asenti con la cabeza y entramos.

Las siguientes semanas fueron desesperantes para mi, cada día que pasaba hacía que piense que aquella conversación había perdido vigencia volví a sentir que estaba tan cerca pero tan lejos y que no se volvería a dar, pero no encontraba un momento adecuado para recordarle que seguía esperándola, ni siquiera me atrevía a volver a espiarla a ver si la podía ver desnuda.

Pero mi paciencia tuvo su recompensa. Fue una tarde de febrero… ya había pasado navidad, año nuevo, el calor de enero, estaba por despedir mis 18 años y escuche tener una gran discusión a mis padres. Unos tíos de mi mamá habían dejado para la familia una casa en la playa en herencia. En ella vivían una pareja amiga de la familia y le habían propuesto a mi madre que vayamos allá a pasar una semana al menos, yo me podía permitir faltar unos días a clases pero mi madre no quería eso en un principio, le pregunto a mi papá si la podía acompañar pero el dijo que solo podría ir ida por venida y comenzó la discusión, porque claro, mi madre no es tonta y sabe que mi padre aprovecharia para irse con sus amantes. Mi padre se fue de la casa no sin antes llamarla celopata y enferma, mi madre entró a mi cuarto aun con lagrimas en los ojos.

— Dani, perdón nuevamente si tuviste que escuchar.
— Perdón por no defenderte mamá.
— No, es mejor así y lo sabes, sino es peor. Gloria me ha invitado a pasar una semana en la casa de la playa y de verdad necesito ir, pero no quiero ir sola… no quería pedirte a ti para que no faltes a clases pero…
— Tu sabes que si mamá, sabes que si iré contigo…
— Gracias mi amor… de verdad gracias.

Mi madre me abrazó pero está vez sentí algo distinto, levantó su mirada, me vio a los ojos y me dijo.

— Dani, está semana será, allá quiero que sea nuestra primera vez, estoy decidida y espero estar lista.

Nuevamente salieron lágrimas de mis ojos, abracé a mi madre y le dije cuánto la amaba, intenté buscar su boca pero ella puso su frente.

— Todo se dará cuando lleguemos se que así será. Lo dijo más para convencerse a ella misma que para decirmelo a mi. Se que era algo totalmente fuera de la norma para ella, un pecado, una aberración pero aun así, en contra de todo lo que decía su mente mi madre, por amor a mi, estaba cediendo y eso me hacía sentir especial.

Nos abrazamos y bajamos a la cena. Está de más decir que esa semana pasó demasiado lenta para mi hasta que por fin llegó el lunes.

Capítulo 5 Es ahora.

Me había costado dormir la noche anterior, realmente los días anteriores, el corazón me latía a mil, hoy era el día en que mis sueños y mis fantasías se iban a hacer realidad. Me levanté tan pronto escuche que mi padre se despedía de mala gana de mi madre para ir al trabajo. Mi mamá estaba en la cocina terminando de lavar platos con un short de jeans y una blusa de tiras que dejaban ver sus hermosas pecas en la espalda. Me acerque por atrás de ella, la tome de la cintura y le di un beso en la mejilla, mi madre dio un respingo del susto “¡Dios!” exclamó luego al darse cuenta que era yo sonrió.

— Buenos días mami. Le dije con una sonrisa de oreja a oreja y un brillo en los ojos.
— Buenos días Dani. Me dijo con una tierna sonrisa que intentaba ocultar, sin exito, sus nervios.
— Arreglate rápido que en media hora saldremos ya al terminal ¿tienes lista tu maleta?

Yo exclame que sí feliz de la vida, volví a darle otro beso en la mejilla, ella sonrió está vez con mucha mas complacencia aun agachando la mirada y sonrojándose, La tome de las manos y suavemente tome su barbilla haciendo que levantara su rostro de manera que pueda mirarla a los ojos.
— Nunca antes había estado tan feliz de tener vacaciones contigo mami… quiero que para los dos sea el recuerdo más feliz.
Mi mamá aguó sus ojos y con una sonrisa me dijo:
— Lo será estoy segura, ahora ve a arreglarte, yo también debo de ir, hay algo más que debo hacer.

Enseguida adivine de que se trataba, me lavé los dientes y me vesti para salir lo más rapido que pude de manera que me adelante a ella y entre a su baño a esperarla. Ella entro al rato y nuevamente saltó del susto al verme sentado en el inodoro.

— ¡Jesús! Hijito ¿que haces aqui?
— Creo que se que quieres hacer…
— ¿que cosa?
— No se como decirtelo mamá pero quiero que sepas que para mi eres hermosa y perfecta, no necesitas arreglarte nada ni… quitarte nada…
Enseguida fije mi mirada en la rasuradora que estaba en el lavabo esperando a mi madre. Mi mamá se sonrojo.
— ¿que dices?
— La última vez que lo hiciste te hiciste mucho daño mamá y no es necesario. Yo enserio te amo tal cual como eres en serio me atrae tu cuerpo tal cual como es y perdóname pero es lo que he intentado ver toda mi vida y ojalá pudiera recordar en detalle de cuando podía verlo de pequeño.
— Dani, silencio por favor no sigas, me da mucha…
— Lo sé… pero no quiero que hagas nada que no quieras hacer, el hecho que nunca te rasures significa que te sientes comoda asi y dejame decirte que para mi es perfecta y sinceramente algo que me… excita mucho…
— Hijo… por favor mi hijito sabes que aún estoy pasando por el proceso de…
— Te voy a esperar todo lo que necesites mamá, solo por favor, no lo hagas… déjate tal cual como estas.
Mi mamá agacho la cabeza y se encogió de la vergüenza, yo me acerque a ella, la tomé en mis brazos rodeándola y pegue mi frente con la suya.
— Por favor, quédate tal cual como eres y deja que te haga sentir que como realmente eres… perfecta.
Mi mamá se apartó tiernamente.
— Está bien hijo.
— Deja la rasuradora aquí mamá no la vas a necesitar.
— Me voy a poner traje de baño así que si debo…
— Está bien pero solo un poquito y solo para eso.
Mi mamá asintió en un gesto algo sumiso que me puso a mil, le di un beso en la mejilla y le dije que la esperaba ya para salir, a lo que fui saliendo del baño ella volvió a llamarme.
— Dani…
Me giré enseguida y ella de golpe soltó.
— ¿Qué te gusta de mi cuerpo?
Mis ojos se iluminaron, corrí hacia ella no para decírselo sino para mostrárselo, ella se apartó y me insistió que solo se lo dijera… “por ahora” esa última palabra me hizo sonreír y excitar aún más. Comencé a enumerar con mucho amor cada rincón que amaba de ella… sus ojos, sus mejillas, sus pecas, su abdomen, la cicatriz de su cesárea, sus piernas, pensé que me pediría que me detenga pero entre mas intimo me volvía comenzó a prestar mas atención, continúa diciendole que amaba cuando se le ponía la piel de gallina en sus nalgas y que me daba mucho cuenta de eso cuando era pequeño, le dije que amaba el olor de sus axilas y su olor en general y por último que he soñado mucho con los vellos de su… fue ahí cuando me detuvo, sonrió, me abrazó y me dijo que nos fuéramos y que estaba feliz de que este viaje sea solo de los dos, que pondría todo se su parte para que sea muy especial.

Durante el camino en el bus que tomamos fuimos “dormidos” realmente ella si durmió, yo aproveche el hacerme el dormido para reclinarme en su pecho. A pesar de estar con ropa de ir a la playa mi madre no es de enseñar mucho así que sus senos estaban perfectamente cubiertos en ese camisón aun así entre movimientos disimulados fui acercando mi boca a uno de ellos por encima de su camisón. Mi respiración comenzaba a acelerarse lo suficiente como para delatar que realmente no estaba dormido, mi corazón se aceleraba y de eso mi madre era muy consciente debido a que su respiración tambien comenzó a acelerarse, de pronto, casi por instinto volvi a realizar, a medias algo muy natural en un hijo con su madre, estiré mis labios y le di un beso justo en la zona de su camisón que marcaba su pezón ya erecto. Mi madre dio un respingo y sobo mi cabeza aun siguiendo el juego de pensar que estaba dormido, yo levante la cabeza y le dije suavemente.

— Te amo mami.
— Yo tambien hijio. Respondió casi que con un suspiro.

Quise abrir mi boca para está vez no solo darle un beso en su seno sino chuparlo un poco, como cuando era pequeño, pero ella sobo mi cabeza tiernamente.

— Bebito, por ahora no es prudente mas cariños…
— Si solo nos ven pensarán que somos novios…

Mi madre se sonrojó y esbozo una sonrisa nerviosa, enseguida sus mejillas maravillosas se pusieron rojas y volvió a lanzar otro suspiro, acarició mi cabeza, yo me acomodé mejor y fui poniendo una mano sobre sus piernas y comencé a sobar sus muslos justo donde comenzaba la piel y terminaba su short (que era muy largo para lo que deseaba), mi madre comenzó a respirar más agitada y mi erección comenzó a ser muy visible en mi pantaloneta, mi madre se dio cuenta y se acomodó de manera que yo saliera de encima de ella.

— Ya casi vamos a llegar hijito. Ya casi…
Era su manera muy disimulada y amorosa de pedirme que aguardara más, lo entendí y así lo hice, si ya espere lo más podría esperar lo menos.

Finalmente llegamos al terminal, Gloria nos esperaba en el, no la había visto desde que era pequeño ella también se sorprendió de verme y me hizo algunos cumplidos sobre mi fisico la verdad no le di ninguna importancia, preguntó por mi padre tambien y mi mamá contestó con tristeza pero resignación que no había podido venir y se había quedado “trabajando”. Todos sabíamos que eso no era así, Gloria solo sonrió y dijo que mejor antes. Llegamos a la casa y nos indico donde nos quedariamos, era una habitación grande con dos camas — ¿Para que? pensé pero luego recordé que nadie sabía y nadie debía saber lo que planeábamos hacer mi mamá y yo.

Al llegar a la casa Gloria nos enseño la habitación donde estaríamos, era amplia de dos camas, algo que no me gustaba del todo ya que mi objetivo era dormir con mi madre el mayor tiempo posible, no queria soltarla ni un segundo, apenas ella nos dejo solos, cerre la puerta con llave y corri a abrazar por atras a mi madre quien estaba ligeramente inclinada desempacando, al sentir mi pene erecto empujando en su espalda ella dio un ligero respingo, suspiro y se alejo un poco.

— Esto me trae recuerdos…
— ¿agradables? pregunte caprichosamente
— Aun no lo se, pero cuando tenias doce fuiste a abrazarme asi a la cocina solo en ropa interior, tu mano olia muy fuerte…
Yo me puse colorado de la vergüenza quise inmediatamente pedirle perdon pero ella continuó.
— Quizás esa fue la primera vez que me di cuenta de como me veías, me costo pensarlo pero ahora lejos de verlo como algo desagradable lo veo como un lindo recuerdo, hasta cierto punto me senti muy hermosa y alagada.
— Lo eres, mami, eres muy hermosa.
Mi mamá se volteo me abrazó y reclino su cabeza en mi pecho, luego suspiro y se aparto.
— Tenemos toda una semana pero hay que ser prudentes bebito, no quiero que Gloria…
— No te preocupes mami lo se, cumplire mi palabra de esperarte todo lo que sea necesario, quizas esa es la muestra mas grande de cuanto te amo.
Mi mamà me abrazo con mas fuerza, levanto su mirada y acerco sus labios lentamente a los mios.
— Quiero que nuestro primer beso tambien sea muy especial.
— Lo serà… ¿quieres ahora?
— Tengo las ganas, si, pero… una vez que suceda no quiero interrupciones…
— que suceda todo por su propio peso…
— Si… te amo hijo gracias por entenderme.
Bese su frente. Ella sonrio se separo de mi y me dio la espalda. Mirandome de reojo me dijo.
— No quiero desaprovechar mi un momento mas, vamos a la playa, yo ya estoy casi lista.
Y mientras decia eso se quito la blusa que ocultaba su traje de baño de una pieza y se quedò con el y el short.
Yo no podìa mas con al excitaciòn, pero entendi que la espera valdrìa la pena asi que me di la vuelta y fui a ponerme mi pantaloneta.

Al llegar a la playa fuimos cogidos de la mano conversando como dos enamorados, llegamos a una zona bastante alejada en la que hay formaciones rocosas que crean pequeñas piscinas naturales, mi mamà no sabe nadar asi que era mejor para su deleite y para el mio aun mas ya que, como lo mencione, no había nadie cerca.

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amor.por.mami
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Un comentario

  1. Tanta historia y al final ni cuenta como follaste a tu madre. Si lo llego a saber no lo leo. Una hora leyendo para desilusión.

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