Mis vecinas madre e hija

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Me llamo Hernán, tengo 21 años, soy blanco, mido 1,78, tengo ojos claros y cabello castaño. Vivo en un edificio de 14 pisos en Venezuela. Tengo una vecina de 22 años llamada Sofía, una chica blanca, rubia, con unas tetas pequeñas pero provocables y un culo pequeño pero paradito.

Un día que me la encuentro, tenía una camisita blanca y unos jeans azules que le hacían resaltar el culo. Como a eso de las 8 de la noche esperando el ascensor, llegó; entramos y marqué los pisos. Sofía iba para el piso 5 y yo para el 11. Cuando nos bajamos, me pide que la ayude con algo y acudo a la emergencia. Cuando entramos cerró la puerta y fue a buscar lo que quería que arreglara: tenía un problema en la computadora, el cual arreglé con un poco de dificultad pero lo hice.

Cuando terminé, todavía estaba sentado en la silla; me dijo que si había forma de pagar la ayuda y le dije que no importaba, que otro día me preparara algo de comer o algo, cualquier cosa. Cuando dije esto le vi todo el cuerpo de reojo; di en el blanco. Se me puso de rodillas y empezó a tocarme la verga mientras me miraba a los ojos. Me sacó el cinturón, desabotonó pantalón y me bajó el cierre; se hacía un bulto, se notaba una gran erección a través del interior. Lo retiró; se notaba mi verga erecta, más o menos de 18 cm. Empezó a pajearme lentamente. Yo le agarraba la cabeza en señal de que la chupara, la cual acató. «Sí, chúpamela, me encanta tu boca», gemí. Se la metió en la boca y empezó a mamarla con rapidez; lo hacía divinamente, con unos lenguetazos comunes. Me chupaba las bolas y mientras lo hacía me pajeaba; ponía esa cara de perversa que tanto nos gusta a los hombres. Me corrí en su boca; se la tragó toda y la limpió.

Me paré delante de ella, le di un beso en la boca y comencé a besarle el cuello. Le quité la camisa; se notaba a través del sostén los pezones erectos. Se lo saqué y comencé a chuparlos. Fui besando el abdomen hasta que llegué a su coño; le desabotoné el jean, le bajé el cierre y quedó a relucir su coño mojado a través del hilo que tenía. Se lo saqué y la puse sobre el sofá con las piernas abiertas de par en par. La comencé a masturbar con dos dedos; lo hacía rápido y Sofía gemía suavemente. Luego usé mi lengua; sentía los jugos vaginales salir y jadeaba cada vez más. Acabó pero yo seguía y seguía gimiendo. Me di cuenta que ya estaba lista; me retiré y me puse de pie. Acerqué mi polla ya endurecida y la pasaba por el coño mojado. Le di un beso en la boca y me dijo al oído: «Fóllame con todo, métemela ya». Me puso esto más caliente y se lo metí con fuerza. Pegó un grito fuerte pero más que todo de excitación. Comencé a cogérsela con todo y sin pensar en nada más. Gritaba con una voz alta pero a mí no me importaba; me pedía más y más, que me la follara y que no parara. Yo no quería detenerme; se movía con rapidez. En eso se lo saqué por un instante y la puse en cuatro patas. Comencé a pasarla la polla por el ano. «Sí, métemela por el culo, lo quiero», gimió ella. Me dijo que era virgen por el culo, que nunca había follado por ahí. Se lo metí lentamente y gemía cada vez más duro de placer. «Más profundo, rómpeme el culo», suplicó. Empecé a follarla duramente con rapidez; jadeaba y jadeaba como una loca. Estaba desvirgando un culo divino y estábamos disfrutando.

Mientras le daba por el ano, llegó la mamá de Sofía, se llama Mary, una mujer rubia de 42 años, con unas tetas más o menos grandes y un culo espectacular. He querido penetrar ese culo de hace tiempo. Tenía puesto un pantalón de oficina negro con una chaqueta negra y una blusa blanca. Nos detuvimos por un instante pero ella nos dijo que siguiéramos, que no había problema. «Sí, fóllenme también, únanse», dijo excitada mientras se desnudaba. Primero se quitó la chaqueta y la camisa; tenía la ropa interior blanca. Se quitó el sostén, luego se sacó el pantalón y el hilo; tenía un coño grande, gigante, con unos labios enormes y hermosos. Se fue directo a la vagina de Sofía y comenzó a usar la lengua; lo hacía con rapidez, tanto así que su hija jadeaba más e hizo que tuviera otro orgasmo. En eso yo le acabé en el culo.

Me acosté y Mary me empezó a pajear; se metió mi polla en la boca y mamaba mejor que la hija. Como lo hacía… Sofía le chupaba el coño a Mary que no tardó mucho en ponerse caliente, ya que su hija sabía mover bien la lengua. La verga volvía a su erección normal; cuando se dio cuenta que ya estaba al tope montó su vagina en mi sexo. Como saltaba, mi polla entraba y salía de su coño. Sofía se puso en mi cara; le daba lengua a su vagina y a su ano. Me estaba follando a madre e hija. Mary jadeaba pero no tanto; se apoyaba en mi pecho y como se movía yo tenía mis manos en la cintura de la hija, las cambiaba para el culo, le tocaba las tetas a la madre. Estaba como en un sueño pero no era así. Sofía gemía pero lo hacía con menos fuerza.

En eso Mary se retiró, se dio media vuelta y puso su culo en mi polla. Yo acostado con las piernas abiertas y con aquel culo entre mis piernas saltando y no paraba; esta vez sí gemía con fuerza. No se apoyaba en nada y se tocaba los pezones. Sofía se vino al rato pero yo seguía chupándole el coño. No me importó; acabé en el culo que estaba sobre mi sexo y ella también se vino enseguida. Siguió moviéndose con más velocidad poniendo mi polla a mil. Miró a su hija y le dijo: «Tu turno, disfruta.»

Intercambiaron puestos. Sofía comenzó a rozar su coño en mi verga; me puso más cachondo y me dijo: «Esto es por venganza.» Metió mi polla en su vagina y se movía lentamente mientras gemía; fue aumentando la velocidad poco a poco. Mientras tenía a Mary en mi cara y me chupaba ese coño que tanto deseaba; me turnaba a la hora de manosearlas. Ambas jadeaban como locas. Sofía ponía sus manos en mi pecho y brincaba con rapidez; me pedía que no acabara. Puse mis manos en su cintura y la ayudaba en el sube y baja; le tocaba los senos y sentía sus pezones erectos. Me quedé así por un buen rato. Mary pegó un grito como síntoma de que había acabado; estaba mojada y sentía sus jugos en mi boca. Sofía acabó al mismo tiempo que yo; acabé en su concha, fueron como 15 segundos echando leche. Ella siguió brincando con fuerza hasta que mi polla estaba lista otra vez. Pedía que se retirara y lo hizo. Acosté a Mary y le abrí las piernas de par en par; le metí mi polla de golpe por el coño. Me la cogía como un loco; estaba desenfrenado. Jadeaba y decía que no parara. Sofía se masturbaba como loca: «Dáselo con todo.» Me retiré y la puse en cuatro; me la follé con más fuerza. «Sí, métemela en seco, rómpeme», gimió Mary. Tenía un culo divino delante de mí; gemía y gemía. Acabé al rato y ella lo hizo también. Caí rendido entre las dos; le di un beso a cada una en la boca. Se pusieron delante de mí y me chuparon la polla entre las dos: una me mamaba las bolas y la otra el pene. Acabé en la cara de ambas. Nos limpiamos, me vestí y me fui para mi casa. Me despedí con un fuerte beso a cada una.

Autor: Anónimo

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