MI SOBRINA DE 18. CORDOBA VER. MEXICO

Tengo 24 años y una sobrina de 19 años, una adulta que siempre se viste muy sexy con blusas ajustadas y faldas cortas. Su abuela, con quien vive, le permite todo porque ya es mayor de edad.

Un día fuimos mi esposa y mis sobrinos a nadar. Ella también fue, pero ese día llovía y éramos los únicos en la alberca. Todos nos juntamos en un círculo dentro del agua. Me tocó junto a ella y, debajo del agua, le toqué sus tetas firmes. Sentí su pezón durito, tan rico, y ella me miró sonriendo, susurrando “sí, tío, sigue”.

Pasaron los días y jugamos a las escondidas. La seguía por todos lados, intentando esconderme con ella hasta que lo logré. Le dije “no hagas ruido, nos van a encontrar” mientras me pegaba por detrás, frotando mi verga dura contra sus nalgas perfectas. Ella gimió bajito “me encanta, tío, no pares”, hasta que nos encontraron.

Los encuentros siguieron así: juegos, miradas de deseo mutuo. Ella sabía que la quería coger y respondía con ojos hambrientos.

Estaba en la banda musical de la universidad y nos enteramos que le gustaba su maestro. Le mandaba fotos sexys. Su mamá, abuela y mi esposa la regañaron por andar con un hombre casado, le quitaron el teléfono y la castigaron.

Tras el castigo, mi esposa me dijo “habla con ella, explícale que está mal”. Le dije “dile que venga a la casa”.

El día llegó. Mi esposa fue a comprar ropa para la fiesta de diciembre, donde todos nos juntamos. Yo estaba de descanso y escuché la puerta. Era mi sobrina con su faldita cortita típica. “Dice mi tía que querías hablar conmigo”, dijo. “Pasa”, respondí.

Le dije “mira, no te voy a regañar porque sé lo que es estar enamorado. Imagino que lo estás de tu maestro, pero busca uno de tu edad”. Ella contestó “lo sé, pero no hice nada malo. ¿Quieres ver las fotos que le mandé?”. “¡Claro!”, dije de inmediato.

Se subió la falda, mostró su calzón y posó mordiéndose el labio de varias maneras sexys. Mi verga se puso dura como fierro. Le dije “mira lo que le provocaste a tu maestro. Está mal dejar a un hombre así, le duelen los huevos”. Ella miró mi bulto y dijo “tío, ¿puedo verla en vivo y a todo color?”. “Sí, pero bájame el pantalón y sácamela”, respondí.

Se acercó, me la tocó por fuera y murmuró “así de dura está, qué rico”. No aguanté y le pregunté “¿sabes mamar verga?”. “Sí, a mi maestro varias veces se la mamé. ¿Quieres probar qué tan buena soy?”. La sacó y empezó a mamármela, pero sus dientitos raspaban. Le enseñé cómo hacerlo bien, y pronto mamaba perfecto.

Después de un rato, le toqué su coñito. “Sí, tío, tócame, estoy virgen ahí pero consiento todo”, dijo. Estaba empapada, escurriendo el calzón. Le metí dos dedos y se retorcía gimiendo “ay, tío, qué rico”. La acosté boca abajo y le di una mamada de coño tremenda, lamiéndole hasta el culo. Se vino fuerte, sus jugos en mi cara. “Mi amor, ¿lista para venirte otra vez?”, pregunté. “Sí, tío, hazme lo que quieras, consiento todo”.

Estaba caliente, pero pensé con claridad. Sabía que era virgen, así que se la metí despacio. Estaba tan lubricada que entró bien. La embestí suave hasta que gritó “duro, tío, cógeme duro”. La cogí rápido y profundo. Sentía mis huevos mojados por sus jugos, sus gritos. Le tapé la boca por los vecinos.

Estaba ardiendo, así que me mojé un dedo y se lo metí en su culito cerradito. Lo metía y sacaba despacio. Ella sabe bailar y le dije “muévete como bailas”. “Así?”, dijo, metiéndosela de un golpe y bailándome en la verga. Yo gritaba de placer.

Le pregunté cuándo fue su última regla. “Hace unos días”, dijo. “Entonces te llenaré la cosita de leche”. “Sí, tío, lo que quieras. Consiento”. “Muévete más rápido… ahhh, no pares”. Vi sus piernas contraerse en calambres. “Me vengo, me vengo”, grité y la llené de semen adentro con cuatro chorros potentes. Ella se vino a chorros en mi verga.

“Ahora tú arriba”, dije. Se subió y murmuró “tío, siento algo adentro”. “Es mi leche, mi amor, no pares, ya sale solita”. Se quedó encima con mi verga palpitando y flácida, semen escurriendo. “¿Qué tal estuvo, amor?”, pregunté. Con esa cara excitante respondió “me encantó lo que le hiciste a mi culito, tío. Quiero por ahí también”.

Yo ya no podía más, me vacié por completo. “Mañana, mi amor, mañana…”.

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