Mi primera noche de sumisión y entrega

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Es blanco pero tostado y de ojos verdes, de 50 años quizás, como yo, se ve duro, bajo, pelo corto y tieso y todos lo tratan con respeto. De verdad siempre me gustó, sus manos son toscas pero cuidadas.

Esa noche en la casa de la playa, después de jugar a las cartas con otros amigos, salimos a la terraza a tomar un trago. Nos dimos unos besitos y entramos a su dormitorio por la cocina para que los siete que jugaban no nos llamaran. Se sentó en el borde de la cama, me puso de pie frente a él y comenzó a desabrocharme la blusa, a sacarme el brassier.

Yo inmóvil sentía sus manos acariciarme la espalda y su lengua y sus dientes en mis pezones me daban escalofríos de lo rico que los sentía. Me hizo atrás, me desabrochó el pantalón y me dejó frente a él, sola con mis pantaletas, pensé si estarían húmedas pues no tenía protección. 😎

Luego me tomó de la cintura me recostó en la cama, y encendió una velas y apagó las luces y se sentó a mi lado acariciándome, yo estaba algo mareada por los dos whiskys pero después de 24 años de mal matrimonio y separada y sola hace medio año ya, me encantaba como me recorría esa mano áspera y subía hasta mi entrepierna.

  • Estas mojándote, putina, me dijo y me pareció una ordiniarés que me llamase así.
  • Zarina, le dije molesta.
  • Putina, me dijo. Y siguió acariciándome sin hacerme mayor caso, luego me dio vuelta poniéndome boca abajo y metió su mano entre mis piernas, me sacó las pantaletas y quedé desnuda en la cama, y ya a punto, lista, entregada.
  • Él se dio cuenta de ello. Acomodó una almohada bajo de mis caderas que levantaron mi trasero. Y yo ya estaba a cien, levantaba mis glúteos para que los tomara y el paseaba su dedo por mi hoyito, luego bajaba su mano a mi rajita que estaba muy muy mojada.
  • ¿Sigo? Me susurró con sus dedos pellizcándome el clítoris.
  • Siiii, por favor le pedí entre suspiros.
  • Viste que eres putita… Mi putina, me dijo. Reconócelo. Dilo… Mientras me magreaba el sexo.
  • Putina, le dije en silencio, siguiendo con mis cuerpo su mano para que no se despegara de él.
  • Más fuerte, que no te escucho amor. Me gustó que dijera amor.
  • Soy tu putina, le dije y sonreí contra la sábana donde hundía mi cara.

Y siguió. Yo movía mis caderas buscando el contacto de mis labios mojados con sus dedos. Estaba muy muy excitada ya, como nunca creí que yo señora profesora, señora directora, pudiera estarlo solo quería que se sacara su ropa y entrara en mí. 😍

Te mueves mucho putina, me dijo, y me dio media vuelta poniéndome boca arriba, acostada en la cama y ató mis manos, mis muñecas a cada esquina de la cabecera. Luego separó mis piernas y las amarró desde sobre las rodillas a los bordes de la cama impidiendo que las juntara. Dejándome abierta a él, mojada palpitante e hinchada, cualquier roce me aceleraba, me hacía jadear.

Luego me vendó los ojos

La ceguera hizo que escuchara afuera las voces de los demás que continuaban jugando a las cartas y olí las velas que alumbraban la habitación. Su mano continuó jugando con mi cuerpo, lo rozaba, lo pellizcaba, buscaba mi boca o colaba sus dedos entre mi cola, los enredaba en mi pelo, así por un largo rato que me hacía padecer.

Porque no me monta de una vez me preguntaba impaciente, porque no me lo mete de una vez. Luego su mano comenzó a bajar por mi estómago, lenta  y se acercó a mi clítoris, pensé que si me lo tocaba no iba a poder reprimir el orgasmo. Estaba lista. Me tenía lista.

En el momento que lo hacía que sentía como comenzaba a abrirme esos labios y acercarse y suspiraba para explotar, para irme, entregarme, perderme, en ese preciso momento, sentí quemarse mi pezón que una aguja lo atravesaba y no pude evitar un grito de dolor, parecía que un cuchillo lo atravesara. 😎

Fue como un haggg y me retorcí pero las correas de las manos y piernas me inmovilizaban, era un dolor de agujas que entraban por mi piel y se confundió el dolor las ansias que despertaba nuevamente su mano que se acercaba a mi entrepierna una vez más.

En el momento que abría mis labios buscando mi vulva y yo levantaba hasta donde podía mi cadera buscando el roce para llegar, para tener ese orgasmo, y comenzaba nuevamente a jadear la cera caliente volvió a clavarme como miles de agujas en mi otro pezón. Esta vez solo emití un grito ahogado, un quejido que se confundía con un gemido de placer. 😁

Yo acezaba, y la transpiración me pegaba el cabello a la frente. Su mano en mi pierna devolvía mi excitación, jadeaba de caliente que estaba, creo que si sopla mi clítoris me hace eyacular como un jovencito.

  • Tienes calor putina, me dijo más que me preguntó.

Luego sentí sus pasos que se alejaban, el ruido de una botella verter liquido en un vaso y luego sus pasos hacia mi  mientras con una mano en mi nuca enderezaba mi cabeza con la otra me daba de beber el tercer whisky que me tomé casi de un solo trago.

Sus pasos se alejaron y una brisa baño mi piel desnuda sobre la cama con mis caderas allí levantadas. Sentí que se sentó a mi lado y su mano buscó nuevamente mi entrepierna, estaba mojadísima, hundió dos de sus dedos en mi sexo y yo curvé mi estómago, luego los deslizó hasta mi ano que sintió que sus dedos mojados ahora penetraban en él. 😎

Yo levanté las caderas facilitando su clavada por atrás y un escalofrío me recorrió… Había dejado de sentir el murmullo en la otra pieza… La brisa era de la puerta entrejunta. Quedé helada. Las lágrimas me brotaron sin control: maldito, pensé, mil veces maldito, maricón, este, huevón, bestia había dejado la puerta entrejunta y ahora seguro miraban, veían como metía sus dedos en mi hoyito y jadeaba y me retorcía toda caliente sobre la cama.

Estaba paralizada. Iba a llorar. Lloraba ya en verdad

Pero sentí como me abría y penetraban sus dedos ahora en mi vagina y los sacaba y me los volvía a encajar. Quizás son ideas mías pensé y dejé que mi cintura se alzara buscando esa penetración. “Acá somos todos adultos” me había dicho en la terraza, y me lo repetí, pero no podía pensar. 😜

Seguro se han asomado a la puerta, sino porque el silencio, pero mi clítoris hinchado y duro como un pequeño volcán que quiere reventar no me dejaba pensar más allá y en el momento que sentía que desde mi estómago me bajaba un dulce escalofrío que se transformaba en un río de fuego en mi bajo estómago me quemó entre las piernas provocándome un ahogado grito de dolor, miles de agujas que me taladran la pelvis.

Tiritaba de dolor, resoplaba, sentía mis sudor reunirse con mis lágrimas y gotear juntas desde mi sien hacia el colchón en que me tenía. Jadeaba solo por la boca, jadeaba, de placer y sufrimiento, de vergüenza de exhibirme allí y de la mayor calentura de mi vida. Presentía sus miradas cómplices, de burla, sus sonrisitas de “mírala, tan puestecita”, o “tan digna que se creía”, “ella que se las da de señora” pero mi sexo y esa mano podía más que yo. 😂

Pensé que por suerte me había depilado porque mis caderas buscaban de nuevo el contacto, sudaba entre mis pechos, en el cuello, las axilas mojadas, la boca estaba seca de jadear como una perra y nuevamente sus dedos entre mis piernas.

Mis pezones sufrían con la cera aun tibia y la cera sobre mi coxis se endurecía. Nuevamente me llevaba hacia el suspiro del éxtasis y la cera hirviendo lo anulaba justo en el último momento, cuatro, cinco, ocho veces, perdí el sentido del tiempo, mareada, ida en esa cama, la vista en blanco, no tenía voluntad, estaba abandonada a lo que el dispusiera. 24 años de sexo de 5 minutos con luz apagada el sábado, de seis meses de abstinencia me tenían así. Allí. 😊

  • Si me dices que eres mi putina te hago terminar, me dijo al oído, él, que ahora sabía porque los demás lo respetaban y le decían “viento frío”.
  • Soy tu putina, me escuché murmurar
  • Más fuerte me dijo, que no escucho y se río.
  • Soy tu putina, le dije ahora en un tono normal
  • No te escucho mi amor, me volvió a decir.
  • Soy tu putina, le dije ya fuerte y entregada
  • No eres mi putina, eres una putina… ¡dilo!
  • Soy una putina, una putina, eso soy, una putina lo dije mientras me caían las lágrimas de vergüenza, y el sudor de la calentura por mis sienes-
  • No te llamas zarina, te llamas putina… Dilo
  • No me llamo zarina, me llamo putina le dije entre asesando, entre sollozos
  • Y que quiere esta putina? … .
  • Que me hagas terminar…
  • Por favor…

Por favor, hazme terminar

Y sentí que algo fresco, una mano helada y delicada me tocaba donde antes me ardía como el infierno y había hecho que casi me desmayara, esos delicados dedos rodearon mi botoncito suavemente y este obedeció sumiso, lo acarició y sentí como desde sobre mis rodillas atadas y desde mi estómago un dulce escalofrío comenzaba a transformarse en delicioso calambre que se concentraba en mi volcán.

Eché la cabeza atrás y se me enterraron los cordones que me sujetaban las muñecas, levanté en una contorsión mi cintura y mi cuerpo dio un largo estertor, tiritaba, me iba, exhalaba, me iba en ese calor que escapaba por entre mis piernas, exhalaba en un grito ahogado mi placer, y entre ese dulce morir presentí que era observada y ello hizo que esta dulce muerte fuera más intensa aun. 😜

Mareada junto a un gemido ronco dejé de saber de mí por unos instantes, quizás unos minutos. Dejé caer la cabeza doblada al lado, ida, abandonada entre sudor, lágrimas y el flujo de mi vagina que esa mano tosca y mojada me restregó por la cara cuando volvía en mí.

Estaba echa un bulto, un fardo sobre la cama y sentí que la puerta se cerraba mientras él me desataba. Me dio vuelta y me puso en cuatro en el borde de la cama, de espaldas a él, yo apenas me sostenía, mi cuerpo aun tiritaba, me sujetó las caderas y sentí que me penetraba por atrás. Sentí el dolor de mi carne partiéndose, rasgándose. “me duele, me duele mucho” le supliqué en un murmullo.

Sentí que metía sus dedos en mi vagina y me los restregaba en mi ano y comenzaba nuevamente a perforarme. Me sujetaba las caderas levantándolas para que llegaran a la altura de su entrepierna y para que no me cayera. El dolor era imposible de soportar sentía que me había rasgaba por atrás. 😁

Sentí que se salía, metía la mano en su bolsillo porque solo se había bajado sus pantalones y me ponía una crema, “te va adormecer el culito” mi putina me dijo y fue cierto, luego puso su mano en mi clítoris que aun palpitaba provocándome otro suave orgasmo y me dijo si aún quería más…

  • Lo que tú quieras, le susurré, totalmente entregada a sus deseos.
  • ¿Quién eres? Me preguntó seguro sonriéndose mientras sentía como disfrutaba el empalarme así, arrodillada de espaldas a él, abierta entera a su disposición, total.
  • La putina, le dije, asumiéndolo, la putina.
  • Bien, me dijo, voy a terminar dentro tuyo me dijo, acá atrás. Y sentí como me llenaba mis riñones de su generoso semen.

Se salió de mí, se subió los pantalones

Puso la camisa dentro de ellos y se recostó en la cama y me dijo: “párate allí” señalando a unos pasos de la cama. “vas a ponerte de espaldas a mí y de frente al ropero, con las piernas abiertas, agachándote un poco, y apoyas las manos en él para que no te vallas para delante, quiero ver como chorreas”. 😎

Lo hice obediente, mareada, tiritando, con las piernas que apenas me sostenían. Él se paró y me tapó los ojos nuevamente y un escalofrío me hizo presentir lo que vendría. Desnuda allí, apoyada semi-recostada contra el ropero, como una niña que ha hecho mal la tarea, sentí como su semen comenzaba a escurrirse desde mi colita y mis líquidos bajaban bordeando mis piernas.

  • Voy a buscar un trago me dijo, y no te muevas. Putina.

Sentí que salía y el aire frío baño la pieza nuevamente… Y los pasos se acercaron, varios, los presentía, me rodeaban, sentía sus sonrisas, sentía sus miradas, su desprecio. Yo me atrevía apenas a respirar… Creo que el pañuelo que me cubría la vista debe haberse mojado igual, no lo sé.

Pero sí sé que me miraban, miraban como chorreaba un líquido viscoso desde mi ano y desde mi vagina hasta manchar el piso, miraban las huellas rojas aún de la cera en mi piel, mis piernas separadas con las marcas aun de las correas que las habían mantenido abiertas, la huella de la transpiración bajo mis brazos, mi pelo pegoteado por la transpiración y las lágrimas. 😍

Comenzaba a darme frío y escuchaba el chocar de los hielos en los vasos de whisky.

Sentí que me quedaba sola de nuevo y los dedos de viento frío enredarse en mi cabello y tomada así me llevaba a la cama donde me recostaba. Tomó un largo trago de whisky que pasó de su boca a la mía y me ayudó a sentirme mejor. Me quitó la cera que extrañamente casi no me dolió al retirármela.

  • ¿Tu marido te había regalado un orgasmo como el de hoy?, me preguntó
  • No, le reconocí. Pero tampoco una vergüenza como la de hoy, que van a decir después, que van a ….  Y no pude seguir porque los sollozos no me dejaban.
  • Pero si no pasó nada, me dijo, cínico. Y aunque pasara. Acá somos todos adultos. No van a decir nada, porque el que dice algo se va de la mina y en su vida vuelve a encontrar un trabajo como el que tiene, para eso soy jefe y con buenos contactos. Y de las mujeres que había tampoco. Aunque nadie les va a creer si dijeran algo.
  • Y no me gusta que me digas putina, le dije bajito…
  • Noooo, si te gusta, porque eres una putina, te gusta que te miren, te gusta que te controlen, te gusta que el otro sea responsable, te gusta servir, complacer. Tienes 25 años perdidos, tenis que recuperarlos luego putina, y yo te voy a hacer gozar como no te imaginas se puede gozar, putina. Porque eres una putina putita, ¿verdad? Y se rio
  • Me quedé en silencio, me tenía, me controlaba, era más fuerte que mí.
  • Si una putita, eso soy,  una putita, le dije casi en un murmullo.
  • Ahora te vas a masturbar de pie acá delante mío, y cuando termines, me lo mamas y te tomas todo.

Lo hice obedientemente, luego me dormí en su cama

Al otro día, la vergüenza no me dejaba abrir los ojos pero sin preguntarme me sacó y me bajó a la playa junto a los demás. Las miradas a mis espaldas eran socarronas y las sonrisas de ellas de superioridad, de desprecio. Pero ninguno dijo nada, almorzamos y volvimos a la ciudad al atardecer. 😁

Me fue a dejar uno de los chicos que había estado la noche anterior jugando a las cartas. Uno de los que me había visto, “en eso”. Cuando se despedía me sorprendió preguntándome si me podía llamar cuando volviera a bajar de la mina, que le gustaría invitarme a comer, que había un restaurante recién abierto, de moda.

Los hombres sí que son una sorpresa.

By: Zarina 😂

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AlfredoTT
AlfredoTT
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