Mi novio me convencio
Duración estimada de lectura: 24 minutos
Visitas: 22,534
ADVERTENCIA: CONTENIDO FICTICIO SOLO PARA MAYORES DE 18 AÑOS.
Hola a todos, me llamo Stefany, tengo 24 años, mido 1.71 m. Soy nalgona, piernuda, con abdomen plano y tetas del tamaño de una naranja.
Mi mayor atributo, como pueden ver, son mis nalgotas. Estoy de novia con Eduardo, de 28 años. Es un tipo normal, de 1.72 m, blanco, flaco; tiene su encanto, es un muy buen hombre. Nos hicimos novios cuando tenía 18 años y hace un año nos mudamos juntos. Tenemos una relación de lo más normal del mundo; nos llevábamos de maravilla. En el sexo yo estaba satisfecha y él, por supuesto, también, pues yo soy una mujer que le encanta ser complaciente. Soy sumisa en el sexo y, aunque Eduardo no es del tipo dominante, lo intenta porque sabe que me gusta. Literalmente, él puede pedirme una mamada y yo se la daré solo para verlo satisfecho; eso me gusta. Bueno, el asunto es que una noche estábamos hablando y no sé cómo llegamos al tema de las fantasías. Él me dice:
Edu: Yo tengo una, pero me da algo de vergüenza, jajaja.
Yo: Ay, amor, por Dios, jaja, dime.
Edu: Bueno, no digo que quiero que lo hagas, perooo… yo siempre fantaseo que tú estás con otro hombre.
Yo: Jajaja, ¿quéé? ¿Quieres que otros hombres me cojan?
Edu: No, no, otros no. Uno solo. Es una fantasía que tengo desde hace años: la idea de que tengas un macho que te mande y que tú lo obedezcas en todo me calienta demasiado, no sé por qué, jaja.
Yo: Qué locura, jaja. No sabía que tenías esa idea.
Edu: Que sea una locura es lo que lo hace más caliente, bueno, a mi parecer, jaja.
Yo: Pero, ¿quieres que lo haga?
Edu: No, no. Era una fantasía que tenía nada más.
Yo: Tú sabes que puedes ser honesto conmigo. Si quieres que lo haga, yo lo hago. Me gusta complacerte.
Edu: ¿En serio lo harías?
Yo: Sí, pero tienes que estar totalmente seguro, pues otro hombre me hará suya.
Edu: Ya yo estoy superseguro. Jamás pensé que aceptarías. Tengo años fantaseando con eso.
Yo: Bueno, lo haré entonces, pero explícame más esa idea.
Edu: Bueno, yo con lo que fantaseo en sí es conseguir a un tipo que no le importe que tengas novio y que vivas conmigo, que no le importe venirte a coger estando yo o no, que te mande y tú lo obedezcas en todooo, esté yo presente o no.
Yo: Entiendo más o menos lo que quieres decir, pero conseguir a alguien así será superdifícil, jaja.
Edu: Pero no imposible.
Yo: ¿Y cómo lo conseguiremos?
Edu: Por Twitter. Ahí te puedo crear una cuenta y hay muchos perfiles para seguir que hacen este tipo de cosas.
Yo: Pero míralo, pues, jajaja. ¡Ya tú tenías planeado todo!
Edu: Jajajaja, no es eso, sino que fantaseo tanto que a veces investigaba para mayor morbo, jaja.
Yo: Jajajaja, ay, Dios. Bueno, hazlo.
Eduardo estaba todo emocionado. Me creó un perfil en Twitter, subió algunas fotos mías algo sexys y puso en la descripción de mi perfil esto:
“Hola, nenes, soy Stefany, tengo 24 años. Tengo novio, pero busco un corneador. Mi novio es un cornudo consciente”.
Y luego se ponía a ver perfiles de los posibles tipos para que yo escogiera a quién seguir. En total seguimos unos 200 perfiles. Pasaron los días; yo hablaba con los que me escribían. Yo necesitaba estar segura de escoger al correcto y sentir por lo menos algo de atracción. Hablé con muchos hombres esas semanas, intercambié mi número con 10. Yo dije para mí misma que de esos 10 tendría que salir el elegido. Así que hablamos varias semanas más. Casi todos me pedían fotos y ellos me mandaban fotos; eso me servía para verles las vergas. Ya habían pasado dos meses y creo que ya tenía al elegido. Se llamaba Jairo, vivía al otro lado de la ciudad, tenía 34 años. Era un moreno más oscuro que claro, musculoso; según él medía 1.88 m y tenía una vergota enorme. Bueno, por fotos se ve enorme. Según él, me dice que le mide 21 cm y 5 de ancho. Para mí eso era una monstruosidad. La de mi novio medía 13 cm, y la de mis ex eran más o menos del mismo tamaño que la de mi novio. Jairo era muy lanzado; no le importaba mi novio y me decía que sería su perrita, que apenas él me cogiera no volvería a querer estar con mi novio, que yo era un mujeron para ese cornudito. Todo eso me causaba gracia, pero también cierta excitación. Jairo, luego de mucho hablar, prácticamente se invitó solo a mi casa, diciéndome que vendría al día siguiente en la tarde. Yo le pasé la dirección y estaba entre nerviosa y excitada. No quise decirle a mi novio que Jairo vendría, pues no quería que se arrepintiera. Así que él se fue a trabajar como todos los días, a las 8 a. m., y no vuelve hasta las 6 p. m. Por orden de Jairo me puse esto.
Me encantaba que me diera órdenes; mi yo sumisa se sentía feliz. Yo almorcé y luego me quedé en la sala esperando. A eso de la 1:30 p. m. me dice que ya va llegando. Yo salgo y veo una camioneta; se estaciona y se baja un tremendo tipo enorme. Yo me considero una mujer alta, pero al frente de ese tipo me sentía superpequeña. Entramos a la casa; él me jala y me da un tremendo beso. Yo estaba en shock, pero me dejé llevar. Me agarró duro una nalga y luego me dice que le sirviera agua. Me volteo para ir a la cocina y me da una buena nalgada; dios, me mordí los labios. Fue por su agua y se la di. Él se sentó en el sofá y me hizo sentarme encima de su pierna. Me tenía agarrada de la cintura; hablamos un poco. Me decía que estaba más buena en persona, que dónde estaba el cornudo. Luego nos comenzamos a besar; dios, me terminé sentando encima de él de frente. Él me subió el vestido y me agarraba las nalgas duro, me daba cada tanto una nalgada. Yo podía sentir ese trozo enorme bien duro; estaba mojadísima. Luego me levanta y me dice: “Vamos a su cuarto”. Pero primero me quita el vestido, quedando solo con el hilo diminuto puesto. Empiezo a caminar mientras Jairo me da una que otra nalgadota. Al llegar al cuarto, yo antes que llegara Jairo puse mi teléfono en modo avión y lo puse a grabar en una esquina, escondido. Yo sabía que Jairo me quería coger en mi cama, pues ya me lo había dicho repetidas veces. Por eso puse a grabar para que mi novio lo viera después. Esto era lo que él quería y tenía que dar lo mejor para verlo plenamente feliz. Jairo me voltea y me comienza a besar, me abre los cachetes de las nalgas, me nalguea. Luego él se quitó la camisa y dios mío, qué pectorales y abdomen tan marcados. Luego hizo que me arrodillara.
Jairo: ¿Preparada para esto, perra?
Yo: Sí, papi.
Jairo sonrió y se sacó del pantalón un trozote de verga enorme y me lo puso en la cara. Dios, olía a macho, calentito; se me hizo agua la boca. Se lo agarré con ambas manos y comencé a pajearlo, luego lo lamía de arriba abajo, le chupaba las enormes bolas; eran grandísimas y se veían bien cargadas. Dios, todo esto me tenía tan excitada. Ya se la comencé a chupetear; me trataba de meter todo en la boca, pero era imposible, no me cabía ni la mitad. Jairo además me tenía bien agarrada del cabello mientras me cogía por la boca, me cacheteaba con su vergota. Luego de dejar su vergota bien babosa, me jaló del pelo para levantarme y me tiró en la cama. Me puso boca arriba, me abrió las piernas y comenzó a devorar mi vagina; dios, tremenda lengua tenía ese tipo. Me comía entera; además, con sus manos agarraba mis tetas y pellizcaba mis pezones y los jalaba. Dios, tuve un tremendo orgasmo en 5 minutos. Luego se montó encima de mí y puso su enorme vergota en la entrada de mi vagina y la fue empujando. Mi pobre vagina se abría al máximo para darle paso a ese trozote de verga. Dios, yo apretaba los dientes y le clavaba las uñas a Jairo en la espalda; me estaba partiendo en dos y apenas lo estaba metiendo. Era increíble. Ya pude sentir sus enormes bolas; ya la tenía toda adentro y Jairo empezó a meter y sacar su vergota mientras me besaba. Yo lo abracé con mis piernas; ya Jairo en ese punto me daba con todo. Dios, me estaba matando del gusto. Yo gemía como una perra en celo y eso sonaba delicioso: ¡plaf, plaf, plaf, plaf, plaf, plaf, plaf, plaf, plaf! Esas enormes bolas golpeando mi culo me volvían loca. Luego me puso en cuatro, me puso una mano en la nuca y me nalgueaba mientras me metía toda esa enorme vergota.
Jairo: Ahora eres mía, me perteneces.
Yo: ¡Siiii, papi! ¡Soy toda tuya! ¡Dame más!
Jairo: Dile al cornudito que eres mía, que eres mi perra.
Yo: Se lo diré, le diré que soy tu putita.
Jairo: ¿Te gusta más mi vergota o la suya? Responde, perra.
Yo: ¡La tuya, papi! ¡La tuya es enorme! ¡Dámela toda, siiiii! ¡Qué ricooo!
Jairo se reía y me daba con todo. Me cogió una hora más y luego eyaculó dentro de mi vagina; litros, pero litros de semen espeso y caliente. Dios, se me salía por los lados aun teniendo la vergota de Jairo adentro y él seguía soltando y soltando leche. Dios, cuando la sacó salió un chorro de semen liberado de mi vagina. Luego Jairo me puso a mamársela y se la limpié todita. Quedé agotada.
Jairo: Bueno, perrita, me tengo que ir. Luego vengo a darte más verga. Ven a abrirme.
Yo: Ay, Dios, sí, voy.
Me paré para ponerme algo, pero…
Jairo: No, no. Sal así, desnuda. Vamos, ábreme.
Yo lo obedecí y salí desnuda a abrirle. En eso pasaron dos vecinas superchismosas y me vieron indignadas. Jairo me dio un beso, se montó en su camioneta y se fue. Yo me metí rápido, ya que estaba chorreando semen. Me fui a dar una ducha, paré el video y me acosté un rato. No podía creer que me había cogido otro tipo, ¡y vaya cogida me dio! ¿Qué dirá mi novio cuando vea el video? ¿Se excitará? Todo me tenía muy excitada. Me quedé dormida un rato y luego, a la media hora, llega mi novio. Se fue a dar una ducha y luego nos sentamos en el sofá y le digo:
Yo: Amor, te tengo una sorpresa.
Edu: ¿Sí? ¿Y eso? (Dijo extrañado).
Yo: ¿Sabes de Jairo, no?
Edu: ¡Sí, claro! (Dijo emocionado). ¿Lo vas a ver?
Yo: Puede ser. ¿Quieres que lo vea?
Edu: ¡Pues clarooo, amor!
Yo: ¿Y si te digo que ya lo vi, qué dirías?
Edu: ¿Quéee? ¿Ya lo conociste? ¿En serio? (Dijo aún más emocionado, jaja).
Yo: Vino hoy en la tarde.
Edu: ¡Cuéntame todo! Dios, ya se me puso duro, jajaja.
Yo: No te voy a contar…
Edu: ¿Quéee? ¿Por qué? (Dijo notablemente triste).
Yo: No te voy a contar porque podrás verlo por ti mismo. Toma (le di mi teléfono).
A Eduardo pareciera que le hubieran visto a los mismísimos ángeles; se le iluminó la cara de felicidad. Pero eso no fue todo: me arrodillé mientras Eduardo le daba play, ponía el audio al máximo. Yo le saqué la verga; a comparación de la de Jairo, esta era diminuta, pero era la verga de mi amado y me encantaba. Empecé a mamársela; podía meterme toda su verguita en la boca y pasarle la lengua a sus bolas. A veces me las metía en la boca también. Todo esto mientras Eduardo me veía en mi teléfono como Jairo me destrozaba a vergazos. No tardó en venirse; me lo tragué todo, pero seguía duro, así que seguí mamando un rato hasta que se vino de nuevo y ahí terminó el video.
Yo: ¿Te gustó mi regalo? ¿O estás molesto?
Edu: Dios, amor, es el mejor puto día de mi vida (dijo cerrando los ojos, sonriendo y satisfecho por mi mamada).
Yo: Jajaja, sí que eres rarito, amor.
Edu: Lo sé, pero me encanta. Y por lo que vi, a ti también, gozosa, jaja.
Yo: Bueno, tenía que disfrutarlo. ¿Esa era tu idea, no?
Edu: Pues sí. ¿Lo vas a repetir?
Yo: ¿Quieres que lo repita?
Edu: ¡Mil veces, si puedes, jaja!
Yo: Bueno, mil veces lo haré, mi amor.
Eduardo estaba feliz y yo estaba supersatisfecha. Creo que jamás me había sentido así de satisfecha. Jairo llegó a venir dos veces más en un lapso de dos semanas. Obviamente logré grabarle esos encuentros para mi novio. Una noche estábamos en la sala viendo una serie y en eso me llaman por teléfono: era Jairo. Yo atiendo y me dice: “Estoy afuera, ábreme”. Yo cuelgo, le digo a mi novio que Jairo estaba afuera y este se emocionó.
Salgo a abrirle. Ese día cargaba una pijama corta. Él me besa en la entrada y entramos a la casa.
Jairo: Hola, ¿qué tal? Tú debes ser Eduardo, ¿no? Soy Jairo.
Edu: Qué tal, sí, soy Eduardo.
Jairo: Vengo a quedarme de improvisto, espero no haya problema.
Edu: No, tranquilo.
Jairo: Perfecto. ¿Qué ven?
Eduardo le explicó de qué trataba la serie y Jairo se sentó al lado de mi novio. Me miró y se dio unas palmaditas en la pierna, indicándome que me sentara en sus piernas. Miré a Eduardo y, sin pensarlo, caminé a donde Jairo y me senté en su pierna. Este me rodeó con su brazote y me agarró del muslo. Eduardo miraba de reojo mientras mirábamos la serie. Jairo me acariciaba las piernas. Luego, de un rato, Jairo dice que va a dormir, que está un poco cansado. Se despide de Eduardo y me dice que lo lleve a su habitación. En mi casa hay dos habitaciones nada más: la principal y la de visitas. Lo llevo a la de visitas y me jala hacia adentro, cierra la puerta y me dijo agarrándome del cuello:
Jairo: ¿Y tú por qué no entras? Cuando yo venga, tú entras a mi cuarto y no te vas hasta que yo te lo diga, ¿entendido?
Yo: (Mordiéndome los labios). Sí, papi, entendí.
Jairo: Así me gusta. Desnúdate.
Yo lo obedecí y él se desnudó. Se sentó en la cama y abrió las piernas. Yo entendí y me puse en cuatro en el suelo y fui gateando hasta donde estaba. Me puse entre sus piernas y me metí ese tremendo vergón en la boca. Le hacía una buena mamada mientras él me agarraba del cabello y me azotaba las nalgas con sus manotas. Dios, qué rico se sentía, y que mi novio estuviera escuchando me excitaba más. Se lo mamé 10 minutos; luego me tiró en la cama boca abajo, se montó encima de mí y me la metió lentamente hasta las bolas. Dios, qué delicia. Empezó a metérmela durísimo mientras yo gemía duro como perra en celo. Luego me puso en cuatro y me embestía con todo mientras metía un dedo en mi culo, luego dos, hasta tres dedos. Dios, qué rico se sentía. Luego me puso boca arriba, puso mis piernas en sus hombros y me daba riquísimo. Eso sonaba: ¡plaf, plaf, plaf, plaf, plaf, plaf, plaf! Tuve unos orgasmos increíbles. Luego de una hora él se vino dentro de mí; litros de semen, me llenó completamente. Los dos caímos agotados y nos quedamos dormidos. Luego, en la noche, yo me despierto por una sensación extraña y cuando me despierto bien era Jairo que me puso boca abajo y me estaba penetrando. Dios, me excité rápido y comencé a gemir bien rico. Luego me puso en cuatro y comenzó a darme con todo; me nalgueaba, me jalaba el cabello. Yo pedía más a gritos; no me importaba nada. Luego me puso a cabalgar; me nalgueaba, me agarraba las tetas duro, me besaba, me decía que le pertenecía, que era suya. Yo le decía que sí a todo. Me reventó a vergazos hasta venirse dentro de mí de nuevo. Dios, estaba superllena de semen. Jairo luego se vistió y salió, dejándome tirada en la cama agitada con las piernas abiertas, chorreando semen. Al poco tiempo entró Eduardo y, al verme, se desnudó, se montó encima de mí y me penetró. Sinceramente no sentí nada, solo sentía el peso de su cuerpo y cómo gemía agitado, y se vino a los 5 minutos. Su verga quedó totalmente cubierta del semen de Jairo. Yo se la mamé y se la dejé bien limpia. Luego me fui a duchar. Luego hablamos de lo rico que fue. A mí me encantó todo: el poder que tenía Jairo, su autoridad, que me dominara y que mi novio lo permitiera. Dios, sin duda eso era lo que necesitaba. Mi novio se fue a trabajar luego. Y en la noche yo estaba haciendo la cena y suena la bocina de una camioneta. Y yo sabía que ese era Jairo. Salgo a abrirle; me da un beso y entramos.
Jairo: ¿Qué hay, bro?
Edu: Hola, ¿compra todo bien y tú?
Jairo: Bien, bien. Hey, mete estas cervezas en el refri.
Yo: Sí, papi.
Jairo agarró el control de la TV y le quitó la serie que estaba viendo mi novio y puso fútbol. Mi novio no es muy fan de ver fútbol, pero no dijo nada. Yo, al ver la autoridad de Jairo, me excité. Jairo vino a la cocina.
Jairo: ¿Qué me preparas, mamasita?
Yo: Pues unos panes, papi.
Jairo: Ah, okey. Por cierto, vete a cambiar. Sabes cómo me gusta que andes.
Me metió una buena nalgada. Yo dejé lo que estaba haciendo, me fui al cuarto y me desnudé. Me pongo un microhilo así con las tetas al aire. Salgo a terminar de preparar los panes. Luego voy a donde están Jairo y Edu, les doy sus platos y en eso Jairo dice:
Jairo: Hey.
Me dice eso y abre las piernas. Ya yo sé lo que significa, así que sin pensarlo mucho me arrodillé ante él, le bajé el short con el bóxer y salió una tremenda vergota dura y venuda. Miré a mi novio, que miraba atónito, y le sonreí. Me la metí en la boca y se la empecé a mamar, haciendo el mayor ruido posible. Yo estaba haciendo lo mío y escucho:
Jairo: Hey, tú, tráeme una cerveza.
Edu: S-sí, voy.
Jajajaja. Jairo tenía de sirviente a mi novio mientras yo le estaba dando una mamada. Dios, qué excitada estaba. Jairo toma su cerveza; ya terminó de comer y, con los brazos abiertos, miraba la tele mientras se la mamaba y me dice:
Jairo: ¿Qué tal, putica? ¿Te gusta mi verga?
Yo: ¡Síii! ¡Ahsh, ajsj, me encanta!
Jairo: ¿Más que la de tu novio?
Yo: Ufff, ¡mucho más! ¡Ahsh, ahsh!
Jairo: Así me gusta, perrita. Oye, tú, tráeme otra cerveza.
Edu: Voy.
Jajajaja, dios mío, qué patético. No decía nada, solo obedecía, pero eso me excitaba más.
Edu: Toma.
Jairo: Oye, perrita, ¿a quién le perteneces?
Yo: ¡A ti, papasito, a tiii! ¡Ahsg, hags!
Jairo: ¿Y tu novio qué? Jajajaja.
Yo: ¡Que se joda! ¡Hags, hags! ¡No tiene una vergota así de rica! ¡Aghsa, aggd!
Jairo: Jajajaja, ¿escuchaste?
Edu: S-sí.
Jairo: Esta zorra me pertenece, ¿entendido?
Edu: Sí.
Jairo: ¿Sí qué? (Me agarró del cabello y me metía toda su vergota en la boca).
Edu: Sí, ella te pertenece.
Jairo: Así me gusta, maricón. Tráeme otra cerveza.
Edu: Voy.
Jairo: Se dice “sí, señor”.
Edu: Sí, señor.
Jairo me puso en cuatro en el suelo y me penetró.
Edu: Tome, señor.
Jairo agarró su cerveza, tomó un trago y le dio dio a Eduardo que se quedó parado a su lado mientras Jairo me daba durísimo y mis nalgas rebotaban con la pelvis de ese macho: ¡plaf, plaf, plaf, plaf, plaf, plaf, plaf!
Jairo: Oye, zorra, ¿estas nalgas son mías, entendido?
Yo: ¡Ahhhh, síi, papi, siii!
Jairo: Maricón, tienes prohibido tocar a mi perra sin mi permiso, ¿entendido?
Edu: S-sí, señor.
Jairo: ¿Qué vas a hacer si quieres cogerte a mi perra?
Edu: Pedirle permiso, señor.
Jairo: Así me gusta.
Jairo me siguió dando bien rico mientras frotaba su dedo en mi ano para luego meter sus dedos. Era la primera vez que alguien hacía eso, ya que no me gustaba, pero a Jairo lo dejé hacer lo que quisiera. Tenía tres dedos de él en mi culo mientras me penetraba. Luego la sacó, escupió en mi culo y puso su cabezón en mi ano y empezó a meterla. Dios, yo gritaba, pero aguantaba. Podía sentir cada centímetro como se abría paso y me reventaba el culo con esa vergota.
Jairo: ¿Te duele, putica?
Yo: ¡Síiii, ahhhh!
Jairo: ¿Te la saco?
Yo: ¡Nooo, papi, sigue!
Jairo: Jajaja, así me gusta.
Me dio una nalgada y me clavó más de la mitad de su verga de golpe. Dios, eché un tremendo grito que hasta los vecinos lo escucharían. Cuando ya estaba acostumbrada a su vergota en mi culo, empezó a meter y sacar para subir la velocidad y ya darme con todo. Jairo tomaba cerveza que le daba mi novio mientras este veía cómo Jairo me reventaba el culo que él siempre quiso penetrar. Me cogió media hora hasta que no aguantó y se vino dentro de mi culo. Dios, sentir esa leche calientita en mi culo y esa vergota palpitar en mi culo hizo que me diera un gran orgasmo. Luego Jairo, desnudo, se levantó y me cargó. Caminamos al cuarto principal; entramos, cierra la puerta y eso indica que Eduardo tendrá que dormir en el cuarto de visitas. Jairo me cogió dos veces más hasta quedarnos dormidos. A la mañana me volvió a coger antes de irse y me llenó el culo de leche. Al rato entró Eduardo y me vio desnuda, chorreando semen por mis orificios. Se estaba desnudando, supongo que para cogerme, y se me ocurrió decirle:
Yo: ¿Le pediste permiso a Jairo?
Edu: ¿Es en serio?
Yo: Tú me pediste que lo obedeciera en todo, y sin su permiso no me vas a coger.
Edu: Vamos, amor, no se va a enterar.
Yo: No. Le tienes que pedir permiso a Jairo.
Edu: ¿En serio tengo que pedirle permiso a otro tipo para cogerme a mi novia?
Yo: Sí.
Edu: Bueno.
Agarra su teléfono, le marca a Jairo.
Edu: Hola, Jairo. Disculpa la molestia. Quería saber si puedo… bueno, ya sabes, cogerme a Stefany…
Jairo: Jajajajaja, así me gusta, que pidas permiso.
Edu: ¿Puedo?
Jairo: ¿Tienes muchas ganas?
Edu: S-sí.
Jairo: Mmmm, no. No tienes permiso. Bye.
Yo: Ya lo escuchaste, amor. No puede.
Edu: Dios, amor.
Yo: Pajéate viendo a tu novia bien cogida y chorreando leche.
Eduardo empezó a pajearse hasta eyacular en mi cuerpo y se acostó a mi lado.
Yo: Amor, ¿sabes que te amo, no?
Edu: Lo sé, mi amor, y yo te amo a ti.
Yo: Ya sabes que si quieres paramos esto. Solo lo hago por ti.
Edu: No, amor. Y por fa, no vuelvas a mencionar esto de parar. Métete a full en tu papel de sumisa, que a mí me encanta.
Yo: Está bien. Y la verdad es que a mí también, jaja.
Edu: Ya vi. Te abrieron bien abierto ese culo, jajajaja.
Yo: Demasiado, jajaja. Y tú rogándome por años y este en un día me abrió el culo, jajajaja.
Edu: Síii, qué afortunado.
Yo: Yo te dejaría metérmelo en el culo, pero no tienes permiso, jajaja.
Edu: Síii, qué locura, jajaja.
Reímos un rato. Yo dormí otro rato, pues no había dormido casi nada. En la noche llega Jairo; parecía que ya iba a ser costumbre que viniera a diario. El tipo me cogía y me ponía a mamar cuando le diera la gana, me nalgueaba, usaba mis orificios a gusto. Mi novio era su sirviente; lo obedecía. Un día, luego de cogerme toda la noche, no se fue a trabajar. Se quedó todo el día, al igual que mi novio y yo. En las tardes, a eso de las 3 p. m., me tomaba mi pastilla anticonceptiva todos los días y Jairo no sabía que yo me cuidaba. Cuando me preguntó:
Jairo: ¿Qué era esa pastilla?
Yo: Mi pastilla anticonceptiva, papi.
Jairo: Dámelas.
Yo se las di.
Jairo: No vas a tomarte más esto, ¿entendido?
Yo: Está bien.
Jairo: Y tú, maricón, tienes vetado cogerte a mi zorra.
Aunque la verdad Edu solo me había cogido una sola vez, jaja.
Jairo: Te voy a preñar, perrita. ¿Quieres que te preñe?
Yo: Sí, papi.
Jairo: ¿Y tú, maricón? ¿Quieres que preñe a tu novia?
Edu: S-sí, señor.
Jairo: Pero tú los vas a criar, mariquita. Yo no quiero saber nada de bebés. Te la voy a preñar las veces que me dé la gana.
Edu: Está bien.
Cuando escuché eso, mi vagina se calentó y humedeció. Ver cómo mi novio aceptaba que otro tipo me iba a embarazar las veces que quisiera me calentó de tal manera que no puedo explicar.
Jairo: Bueno, decidido. Vamos al cuarto. Tú, maricón, te quedas parado para que veas cómo preño a tu novia.
Fuimos los tres al cuarto y Eduardo se quedó parado al lado de la cama, viendo cómo Jairo me reventaba a vergazos hasta eyacular en mi vagina. Siempre que me cogía, Eduardo tenía que estar presente. Así por un mes y medio, que luego de hacerme unos exámenes me enteré que estaba embarazada. Y obviamente era de Jairo, pues no tenía sexo con Eduardo; solo se pajeaba mientras me cogían. A los 9 meses di luz a una niña preciosa. Han pasado 5 años; tengo 4 hijos de Jairo, pero tienen el apellido de mi novio. Jairo vive con nosotros; yo duermo con él y Eduardo duerme en otro cuarto. Rara vez tenemos sexo, ya que Jairo casi nunca le da permiso; solo como 2 veces al año y con condón, ya que Jairo planea seguir preñándome. Eduardo es el que cría a nuestros hijos y los mantiene. Jairo no da ni un dólar, pero ese fue el poder que Eduardo y yo quisimos darle.

Muy buen relato me masturbe leyéndolo, me hicieron recordar mí época de los 35 a los 50 años cuando cogía a la mujer de mi amigo Freddy y durante esos 15años se la embarace 4 veces y nunca le di permiso de cogerla porque nos fuimos a vivir los tres