Mi estilista y mi putita personal de 45 años algo bien

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EXPERIENCIAS DE VIDA

Hola, ¿qué tal? Mi nombre es Eryck, tengo 25 años, soy un joven de tez clara, mido 1.70 cm, cabello castaño claro y de ojos color verde claro. Peso en promedio 58 kg, soy de complexión delgada. Pues les cuento una anécdota que me pasó una vez que estaba consiguiendo un trabajo.

Pues era un viernes por la mañana, y me alisté para ir a llevar mis solicitudes de trabajo a diferentes empresas. Me levanté muy temprano, y me di un buen baño. Eran las 7 de la mañana, y me alisté. Escogí mi ropa para ese día: escogí un saco color gris claro con cuello mao, un pantalón de gabardina de vestir color caqui, y zapatos de lona color gris. Una camisa de vestir color azul claro. Debajo de la camisa me gustaba usar playeras delgadas, pues eran una tradición, ya sea para vestir de traje como para vestir casual. Pues así me gustaba vestir a mí.

Después de escoger mi atuendo del día, me metí a la regadera y me bañé. Terminé de bañarme, y me apliqué crema en todo mi cuerpo: manos, pies y nalgas. Pues es algo que se siente bien, aparte de estar fresco, tienes un aroma a limpio y fresco agradable. Pues terminé de aplicarme la crema, me puse loción para después de afeitarse, y perfume Blue de Lacoste. Me lavé los dientes, y salí al cuarto. Mi ropa estaba en mi cama, y empecé con los boxers, y después seguí con los calcetines y el pantalón. Era un pantalón de vestir flojo con pretinas; se veía muy bien. Me puse la playera y la camisa, y después me puse el saco. Y de mi mesa escogí un reloj que combinara con mi vestuario.

Ya listo, bajé a la cocina a prepararme un ligero desayuno de pan tostado y yogurt. Me disponía a salir; eran ya las 8:40. Y en el espejo de la entrada de mi casa me vi que ya me faltaba un corte de cabello, pues a mí me gusta traer el cabello corto. Me lo cortaba cada quince días, y se había pasado por una semana. Y la verdad no me sentía a gusto andar así, con el cabello un poco largo. No se veía mal, pero no sé, ya estaba acostumbrado a traer el cabello corto. Mañas que uno trae.

Y pues antes de salir revisé en mi portafolio las direcciones a donde iba a ir a dejar mis solicitudes, y vi una que estaba cerca de la casa, y decidí ir a esa primero. Saqué mi moto de la cochera; tenía una moto Honda CBR 1000, y la prendí para que se calentara, mientras yo ponía la dirección en el GPS de mi cel, para ver una vía más segura y rápida de llegar. Lo programé, y lo puse en el soporte de celular de la moto. Me puse el casco, me subí a la moto, y arranqué para mi destino.

Y habiendo avanzado un buen tramo, en una esquina vi una estética, y lo mejor: no se veían clientes. Y no lo pensé dos veces, y me dirigí a la estética a cortarme el cabello. Estacioné mi moto, y me acerqué a la puerta de entrada, y toqué el timbre. Yo dije: «Mmm, ¿por qué hay que tocar, si es un lugar público?». Y no vi a nadie adentro, y pensé: «A lo mejor salió y no tarda». Así que dije: «Voy a esperar, para ver si no se tarda».

Y de pronto apareció un joven adentro de la estética, y abrió la puerta. Y me dijo: «Buenos días, disculpa, es que como estaba solo, tuve que entrar al baño y cerré la puerta, pero pasa, por favor». Y le dije: «Gracias». Y me pasé. Me quité el casco, y lo puse sobre una mesa junto a un sillón. Y el joven me dijo: «¿En qué puedo servirte?». Y le dije: «Mira, ando entregando solicitudes de trabajo, y no quiero verme con el pelo largo. Quiero ver si me lo puedes recortar un poco, para estar presentable, ¿cómo ves?». Y el joven me dijo: «Claro, pásale y siéntate en el sillón».

Era un sillón de barbería, ya sabes, esos que se regulan la altura y la inclinación. Junto al sillón estaba un lavamanos, bueno, un lavacabezas, donde te lavaban el cabello para cualquier tratamiento. Y me dijo el joven: «Por favor, por aquí». Y me dijo: «¿Cómo te llamas?». Y le dije: «Me llamo Eryck». Y él me dijo: «Mucho gusto, Eryck, yo me llamo Josué». Le dije: «Mucho gusto, Josué». Y me dijo: «Por favor, te puedes quitar el saco y la camisa, para que no se llenen de cabellos». Y me quité el saco y la camisa, y los puse en un perchero que estaba cerca. Y me senté en el sillón. Y fue a traer una bata de corte de cabello, y me la puso.

Y me dijo: «¿Cómo quieres tu corte?». Josué era un joven como de unos 35 años. Era güero, cabello de corte moderno, ojos cafés. Era alto, de unos 1.90 de complexión robusta, atlética, espaldas anchas. Se veía que hacía ejercicio, pues los brazos se le veían muy tonificados. Pues traía una playera tipo polo. Las piernas también se le veían muy marcadas, y se veía como un fisicoculturista. No daba para nada la imagen de… ya saben, los chicos de estéticas son muy afeminados. Para qué hacerse weyes, muy gays. Yo no tengo nada en contra de los gays, yo respeto a la gente, y cada quien será. Como decía mi abue: «Haz de tu culo un papalote y ponlo en el aire». Pues cada quien será.

Y pues me dijo Josué: «Está bien, ¿con qué número de peineta te cortan?». Y le dije: «Con la del número 3 los lados, y arriba con la peineta del 4, por favor». Y Josué abrió un cajón y sacó la máquina de corte de pelo y las peinetas. Preparó la máquina, y agarró su peine y un atomizador de agua. Y le pregunté que por qué estaba tan solo, siendo viernes, día de que las damas se arreglan para cualquier evento. Y Josué me dijo: «Pues mira, yo acabo de llegar de un curso de estilismo en otra ciudad. Mi estética estuvo cerrada toda la semana. Hoy abrí, pues para ver qué caía, en lo que les comunicaba a mis clientas que ya estaba aquí. Aparte, la verdad quería descansar, pero no pude estar en paz, y dije: ‘Pues vamos a abrir, a ver qué cae’. Y mira, tú eres el primero, Eryck». Y le dije: «Pues fue suerte para ambos. Si no veo tu local, y lo mejor que estabas vacío, me decidí a parar y cortarme el cabello. Qué bueno, Josué». Y me dijo: «No, pues sí, qué bueno para los dos».

Y empezó a cortarme el cabello. Tenía una música de fondo en su local, se oía bien, no muy alta, pero sí daba un ambiente. Estaba escuchando un cover de Juan Gabriel en versión rock. Yo no lo había oído, y se oía bien. Yo estaba con las manos en los descansabrazos, y la capa me cubría todo. Y Josué, al estar cortándome el lado derecho, se acercó mucho al descansabrazos, y me repegó su pene en mi mano. Y yo me quedé de a 4. Mi cabeza empezó a correr a mil por hora, y no le di importancia, pero no se quitó de allí. Y cada que se movía, eran unas talladas que me daba de su pene en mi mano. Yo no quise hacer panchos, y ni moví las manos, ni le dije nada. Y seguía cortándome el cabello, y platicándome cómo había estado su curso de estilismo. Y así continuamos.

Déjenme hacer un paréntesis. Ya, jejeje, no, no se crean. Les comento: yo trabajé tiempo atrás en una agencia de acompañantes. Para los que no fueron al CONALEP, en la agencia me vendían para darles placer a las damas y señoritas, y a hombres que buscaban que los penetraran. Por lo regular eran los gays los que pedían ese servicio. Y sí, también me rentaban para que hombres me penetraran, pues ellos decían que querían sentir qué se sentía cogerse a un hombre, pero les entraba la curiosidad, y me preguntaban qué se sentía les quedaba la duda y luego me contrataban otra vez pero para que los penetraran y se quitaran de la duda. Yo les decía: «Pues duele cuando entra el pene, pues uno no está acostumbrado, pero por lo menos yo disfruto que me penetren, porque siento cómo me resbala todo el pene en mi culito, y me provoca un orgasmo muy rico, que hasta termino por mi culito y por mi pene. Es una sensación muy rica». Por lo menos así era mi trabajo de acompañante.

El día que fui a pedir trabajo en la agencia, me preguntaron muchas cosas, pero también me encueraron, me midieron el dedo y tambien la verga, me tomaron fotos desnudo, y me vieron tener sexo con una de las chicas que trabajaban allí. Y siií, también me cogí a un hombre, para ver cómo me desempeñaba. Y sí, también a mí me metieron la verga, que para ver qué tan apretadito estaba mi culito. Y creo que a ese examen le llaman «la prueba de fuego». Y si la pasas, te dan el trabajo. Esa vez sí, sí me dolió mi culito, y mucho, pero la persona que me penetró sabía cómo tratarme suavemente, y con gel, para que resbalara más fácilmente.

Y allí aprendí a tratar con todo tipo de gentes. Desde señoras que no rompían ni un vaso, se transformaban en sadomasoquistas, para sentir que tenían el control de alguien. Y era que te amarraran y te latiguearan, te ponían collar como perro, y te paseaban desnudo por la casa, pegándote con su látigo, y haciendo lo que ellas querían. Terminabas cogiendo como ellas querían, y por donde quisieran. A veces te tocaba que se ponían un arnés con un pene grande, y ya sabrás: te empinaban, y te decían: «Para que sientas qué se siente que te la metan por el culo», y te cogían las señoras. Y como les digo, era porque en sus vidas eran unas castas y puras… mmm, puras putas eran, eso. Pues como eran esposas de gente importante y adinerada de la ciudad, esas eran sus escapadas que se daban. Incluso tenían sus casas chicas, donde hacíamos de todo. Y a veces llevaban a sus amigas, para que vieran cómo se las cogían, y las amigas también entraban al trío. Tres o cuatro mujeres a la vez me pagaban bien. Gané mucho dinero, pues aparte de pagar la tarifa, me daban unas muy buenas propinas. Ganaba bien.

Pero me salí. No es que no me gustara ese trabajo: te pagan porque te las cojas, hombre, mujer o gay. Y bueno, de vez en cuando te tocaba recibir verga en tu culito, y a veces estaban algo enormes, esas vergas grandes y gruesas, que te dejaban el culito muy adolorido. Y pues ni modo, querías trabajar, así que te chingas. No me arrepiento. Como les digo, aprendí a conocer a todo tipo de gente. Lo más rico eran las jovencitas de universidad, pues se gastaban las colegiaturas pagando mis servicios. Y se juntaban varias chicas, y entre todas pagaban por sentir el sexo en grupo. Que también eran niñas de dinero. Y fueron días muy felices. Pero decidí hacer mi vida con alguien, y como dicen, a meter cabeza… perdón, a sentar cabeza, jejeje. Y sí, ¿por qué no? Yo soy muy caliente, y no puedo pasar ninguna oportunidad de meter la que hace gente. Sí, señor. Bueno, esa fue una etapa de mi vida de joven, en la aventura de mi vida en ese trabajo.

Y pues bueno, Josué seguía platicándome de su viaje, pero no dejaba de tallarme su pene en mi mano. Y el sentir esa cosa en mi mano, se sentía que estaba enorme, y como que ya se estaba poniendo muy duro. Pues en una que se retiró, le vi el bulto, pues él traía un pantalón algo ajustado, y se veía algo enorme ese asunto. Y cuando terminó el lado derecho, siguió con el lado izquierdo, y continuó con los arrimones de su animal en mi mano izquierda. Yo pensé: «Número uno, o no se da cuenta, o se hace wey. Porque él sí está sintiendo que me está restregando el pene en mi mano». Mmm. Y pensé: «Algo quiere, y no es dinero. Ajá, claro que wey». Pensé: «Este tipo o quiere tener acción en su culito, o quiere metérmela a mí». Yo dije: «La primera opción», pues cara de gay no tengo. Y me vi en el espejo, y dije: «No, no tengo cara de gay, pero sí disfruto de una buena metida de verga en mi culito, cómo no». Pero para hacerse wey, yo le gano. Pues ni me inmuté, ni dije nada, y lo dejé que siguiera con sus repegones de verga en mi mano. Y seguimos en la plática.

Cuando terminó, la verdad yo ya tenía la verga parada, pues el perro es bravo y todavía le patean la reja; quién no responde a esas talladas de pene. Y pues me dijo: «¿Cómo lo ves, Eryck? ¿Te gustó el corte?». Y le dije: «Claro, está de lujo, quedó como me gusta». Y me dijo: «Está bien, qué bueno que te gustó». Y le dije: «Josué, ¿me puedes prestar el baño?». Y Josué me vio el pene que lo traía parado, y me dijo: «Claro, allí está». Y me metí al baño, me acomodé mi pene hacia arriba, para que no se notara tanto el animalito. Y le dije: «Shhh, no te encabrones, ya». Y salí al salón.

Y Josué me dijo: «Eryck, deja te lavo tu cabello, para quitarte los cabellos que te corté». Y le dije: «Está bien». Y me senté en el sillón de barbero, y Josué lo inclinó casi acostado, a la altura del lavadero de cabello. Me puso mi cabeza dentro del lavadero, y me sorprendió lo que hizo: me puso una toalla en mi pecho, y Josué se subió arriba de mi pene. Y así, lavándome la cabeza, él se estaba tallando en mi pene, de arriba a abajo. Mientras me terminaba, me dijo: «No hay problema si estoy aquí sobre de ti, Eryck». Yo le dije: «No, Josué, está bien». Y me dijo: «Mmm, ¿estás excitado? ¿Qué te excitó, Eryck?». Yo le dije: «Pues me excitastes tú, cuando me estabas cortando el pelo, y sentí tu pene que se estaba parando. Pero pensé que no tenía que estar pensando, pero ya ves que al pene no le puedes decir ‘mi amor’, porque se para y le vale verga todo». Y me dijo: «Mmm, sí, así es». Y me dijo: «¿Te gusta cómo te estoy tallando el pene?». Y le dije: «La verdad, tengo rato que no mato al oso a puñaladas». Y Josué rio: «Jejeje, ¿cómo crees? ¿A poco sí?». Le dije: «En serio». Le dije: «Es más, yo trabajé en una agencia de acompañantes, escort». Y me dijo: «¿En serio? ¿Y qué tal te fue?». Le dije: «Bien, gané bastante plata, pero ahora quiero una vida más tranquila, por eso es que estoy pidiendo trabajo, ¿cómo ves?». Y Josué dijo: «Mmm, pues qué bien».

Y me dijo: «Eryck, ¿y no quieres tomarte algo, para que platiquemos un rato? ¿Cómo ves? Ándale, di que sí». Y le dije: «Claro». Es más, mañana llevo las solicitudes. Y le dije: «¿Qué tienes para beber?». Y me dijo: «Lo que quieras». Ustedes saben que el alcohol y los pelos de una puchita jalan más que una yunta de weyes. Y como yo soy muy bueno para el alcohol, le dije: «Pues qué te parece un tequilagüer». Y me dijo: «Claro». Josué me dijo: «Oye, Eryck, ¿cómo ves si metes la moto a la cochera, para que no estés con el pendiente?». Y le dije: «Ya estás, Josué, deja la meto». Y Josué dijo: «Sssíiiii». Y yo lo volteé a ver, y le dije: «Jeje, la moto». Y Josué me dijo: «Mmm, claro que panzabas». Y le dije: «Deja voy».

Y salí, y Josué abrió la cochera. Era de portón eléctrico, y desde adentro abrió la cochera. En la cochera había un carro nuevo, o por lo menos así se veía, pues todo estaba impecable. Pues metí mi moto, y Josué cerró desde adentro del salón. Y volví a entrar, y Josué ya tenía listas las bebidas. Había preparado unos charros negros muy ricos. Me dio mi vaso, y brindamos por nuestra nueva amistad.

Y Josué me dijo: «Espérame, Eryck, deja cerrar el local, para que estemos más a gusto, ¿sí?». Y le dije: «Sale, ve». Y Josué bajó las cortinas de acero que cubrían los ventanales de la estética, y quedó un poco oscuro, pues ya no entraba la luz del exterior. Entró Josué, y prendió algunas luces. Y me dijo: «Mira, Eryck, deja te seco el cabello». Y me sentó en el sillón otra vez. Agarró su secadora, y me empezó a secar el cabello, pero se sentó otra vez en mis piernas, y siguió tallándome el pene de arriba para abajo. Terminó de secarme el cabello, y dejó la secadora. Me pasó mi bebida, y brindamos otra vez.

Se bajó de mí, y se sentó a un lado de mí. Y me agarró el pene, y me dijo: «Eryck, ¿estás excitado?». Y me lo acarició todo. Y me dijo: «Eryck, ¿puedo?», y me señaló mi pene. Y le dije: «Claro». Y dejó su vaso, y me desabrochó el cinturón y el pantalón. Metió su mano bajo del boxer, y me agarró mi pene. Y me dijo: «Eryck, qué grande está, y bien mojadito». Me dijo: «Deja verlo completo». Se levantó, y me quitó los zapatos, y me quitó el pantalón y los boxers. Y cuando me vio mi pene, dijo: «Mira nada más, qué ricura».

Pues siempre traía mis partes bien rasuradas. No sé ustedes, pero así se veía más grande. Bueno, el mío me mide 18.5 cm de largo, y aunque no tenía la circuncisión, yo siempre tenía mi pene con el prepucio recorrido hacia abajo, o sea, que se veía muy hermosa. No porque sea mi verga, pero se veía muy hermosa. Y Josué la agarró, y me la empezó a acariciar muy suavemente. En una que recorría su mano en mi pene, apretó su mano cuando la tenía abajo de mi pene, y así la recorrió para arriba apretando, y me salió una gran gota de líquido, que te sale cuando estás bien excitado. Y Josué dijo: «Mm, qué rico». Se inclinó, y metió mi pene en su boca. Yo me quedé con los ojos abiertos como platos, al ver cómo se metía mi pene hasta adentro de su boca. Se la metió hasta su garganta, y la sacó. Y me dijo: «Eryck, qué rica verga tienes, y qué rico te sabe. Mmm». Y se volvió a meter mi pene en su boca, y me dio una riquísima mamada de pene. Y con una mano me estaba agarrando mis huevitos, y con un dedo me lo pasaba por mi culito. Yo sentía muy rico. Y luego lo tomé de su cabeza, y le empujé mi verga hasta adentro de su boca, y me vine adentro de su boca, a chorros. Me vacié, y solo dejé salir el aire: «Aaaa, qué rico». Se la sacó de su boca, y escupió mis espermas en un bote que tenía cerca. Y me dijo: «Eryck, qué rica verga tienes». Me pasó otra vez mi vaso, y brindamos. Y estuvimos platicando un rato, y tomando, y oyendo música.

Y me dijo: «Eryck, ¿sabes qué?». Yo le dije: «¿Qué pasó, Josué?». Y me dijo: «Sabes que desde hace mucho tiempo tengo una fantasía muy loca». Y le dije: «A ver, dime». Y me dijo: «Vas a pensar que estoy loco». Y le dije: «Josué, todos tenemos un toque de locura, es de nuestra naturaleza». Y me dijo: «Pues te cuento: quiero hacer mi película de sexo». Y yo me quedé: «¿Cómo?». Y me dijo: «Sí, quiero hacer un video de mí teniendo sexo con alguien». Y yo me quedé: «¿A ver cómo?». Y me dijo: «Sí, que alguien me penetre, y luego yo le penetre. ¿Cómo ves? Una escena de placer mutuo, de nosotros dos, ¿cómo ves?». Y le dije: «Pero, Josué, se ocupa una cámara para que filme las escenas. Y bueno, alguien que la maneje, y que pueda filmar todo, y de diferentes ángulos. Así sería más hermosa la peli». Y me dijo: «Eryck, tengo la cámara». Era una handycam. Y le dije: «Pero, ¿y quién nos va a filmar?». Y dijo: «Entonces, ¿sí quieres ayudarme con mi película?». Y le dije: «Sí, claro, se me hace una idea genial hacer nuestra propia peli porno». Le dije: «Ya estamos aquí, y pues a darle». Fíjate que nunca se me había ocurrido algo así. Yo solo les tomaba fotos a las clientas que me cogía, pero nunca se me cruzó esa idea. Pues también mi trabajo era muy discreto, y por eso solo en mis recuerdos quedaron esas imágenes. Y le dije: «Oye, ¿y quién nos filmará?». Y Josué me dijo: «Deja le marco a una amiga. Ella me conoce muy bien, y le he platicado de mi idea loca. Ha sido mi compañera en mis aventuras». Y yo le dije: «Pues llámale, a ver qué dice». Sale.

Y Josué le marcó a su amiga, y yo seguí tomando. Y mientras Josué platicaba con su amiga, yo me servía otra cuba. Nada más oí que le decía: «Sí, Elsa, ven, ya encontré con quién hacer mi video. ¿Cómo ves? Ahorita está aquí conmigo, y tiene una verga muy hermosa». Y oí que le dijo: «Sí, te espero. ¿En cuánto tiempo?». Y dijo: «Está bien, te espero. Elsa, no te tardes». Y colgó. Y me dijo: «Ya está, Eryck, ya tenemos camarógrafo». Y le dije: «Qué bien». Y brindamos otra vez: «Salud». Y me dijo que llegaba en 20 minutos. Le dije: «Está bien». Le dije: «Oye, Josué, pero ¿cómo le vamos a hacer para que no…? Bueno, yo no quiero que salga mi cara, y vean quién soy. Quiero que seamos anónimos, y darle un poco de misterio al trama, ¿cómo ves?». Y Josué me dijo: «No te preocupes, yo tenía planeado eso también». Y de un cajón sacó unas máscaras de las que usan en año nuevo, y me dio una, y él se puso otra.

Yo estaba desnudo de la cintura para abajo, sentado en el sillón de barbero, con mi pene parado, y me lo empecé a jugar, como si me lo fuera a masturbar. Y Josué me dijo: «Espera, Eryck, deja traer la cámara». Y le dije: «Está bien». Y subió a su cuarto, pues la estética estaba construida a un costado de su casa. Y bajó de prisa, y me dijo: «Mira, esta con la batería completa». Y dijo: «Deja ver cómo se ve». Y me tomó un video a mí, así desnudo. Me dijo: «¿Qué estás haciendo, Eryck?». Me vio que me estaba masturbando, y me dijo: «Sigue, pero no te vengas todavía. Se ve hermosa tu verga. A ver, párate y camina». Y así lo hice, y él me filmaba. Luego dijo: «Mira, mientras llega Elsa, le voy a poner aquí». Y la puso en una mesa, enfocada hacia la dirección del sillón, y la puso a grabar. Yo no sabía. Y se me acercó Josué, y me dijo: «A ver, Eryck, acuéstate en el sillón». Y yo me subí. Y Josué se quitó los pantalones y su boxer.

Y me dijo: «Espérame, deja me hago un lavado anal, para que estemos bien». Y se fue al baño. Él allí tenía una regadera de mano, que le había quitado la regadera, y le puso una especie de tubo con la punta redonda, y 16 orificios, 4 en cada lado, por donde salía el agua hacia los lados. Eso te lo introducías en el culito, y abrías un poco el agua, y te entraba el agua a tu culito. Y te sacabas el tubo, y vas y haces del baño, y te salía todo el agua. En pocas palabras, te lavabas tu culito, y no quedaba nada adentro. Y regresó, y me dijo: «Ya está». Fue a un tocador, y del cajón sacó una botella de gel. Y me dijo: «Ahora sí, Eryck».

Yo seguía tomando mi tequila. Me puso gel en mi pene, y se puso gel en su culito. Y se subió al sillón, con las piernas abiertas al lado de mi cintura, y me quedó su pene cerca de mi cara. Estaba enorme, y lo traía bien parado. Se veía bien duro, y estaba bien grueso. De verle su pene, me quedé con la boca abierta, literal. Y Josué me lo puso en mi boca, y me dijo: «¿Cómo ves mi pene?». Yo, con el pene en mi boca, solo moví la cabeza asentando. Me lo sacó, y le dije: «Josué, pero qué grande está tu verga». Le dije: «Hay, wey». Y me la volvió a meter en mi boca, y me dijo: «Qué bueno que te gustó mi verga, Eryck». Yo no dejaba de pensar, mientras le mamaba su gran verga: solo me entraba la mitad en mi boca, por más que quería meterla más, no entraba. Qué grande estaba. Eso era una verga de unos 24 cm, y gruesa como el interior del rollo de papel de baño, un poco menos grueza, pero estaba aquello que daba miedo.

Me sacó su verga de mi boca, y me dijo: «Eryck, no te cabe toda en la boca. Espero que por tu culito sí te entre toda, ¿no crees?». Y le dije asombrado penzando este me la quiere meter: «Espero que sí», le dije, con mucho temor, pues era muy grande. Pero sí, sí se antojaba probar que te la metieran en el culo. Se agachó un poco, y se acomodó mi pene en su ano. Se dio unas talladas a su ano, y se la apuntó en su culito. Y se empezó a sentar sobre mi pene, y empezó a entrarle. Primero le brincó la cabecita de mi pene en su ano, y Josué dijo: «Huy, duele un poco, hace tiempo que no me penetran. Nadie, Eryck, estás bien cabezón». Y le dije: «Mira, el burro, con toda la extensión de la palabra burro, hablando de orejas, Josué, tienes un enorme pene». Y así se fue sentando poco a poco. Sentí cómo le resbalaba cada centímetro en su culito, mi verga adentro de su culito, hasta que quedó totalmente sentado en mi verga. Se veía muy rico, sentado en mi verga, y su verga estaba bien parada. Parecía que lo había traspasado, jeje. Ya quisiera tener la mitad de esa verga, jeje. Dio unos pequeños giros, para acomodarse mi pene adentro de su culito, y sentí cómo se acomodaba mi verga dentro de él. Y Josué me dijo: «Eryck, qué rica verga tienes». Y se recargó sobre mí, y empezó a subir y bajar su culito sobre mi pene.

Estaba muy concentrado en sentir mi verga, cuando tocaron el timbre varias veces. Josué dijo: «Justo ahora, nooo». Y sonó su celular. Lo tomó, allí montado en mi pene, y contestó. Y le dijo: «Sí, Elsa, mira, pásate, que estoy bien ensartado en una rica verga. Mira, hay una llave en la maceta que está al lado de la puerta, por favor tómala y entra, por favor, es que tengo un pene adentro de mi culito». Y Elsa dijo: «¿Quéee?». «Ahorita voy». Colgó, y entró de volada. De momento entró Elsa, y dijo: «Josué, pero ¿qué estás haciendo?». Y le dijo:pues tu que putas crees «¿Qué te dije? Estoy calentando motores». Se acercó Elsa, y Josué le dijo: «Mira, Elsa, él es Eryck, un amigo que acabo de conocer hoy». Y Elsa dijo: «Pero lo acabas de conocer, y ¿ya te está metiendo la verga?». Josué le dijo: «Mira, ya tenía rato que nadie me penetraba, así que no aguanté más. Y mira, tengo una hermosa verga dentro de mí». Y Elsa me dio la mano, y me dijo: «Mucho gusto, Eryck». Y no quitaba la vista de mí. Y se fue hacia mis piernas, y se agachó un poco, para ver cómo se metía y salía mi pene del culito de Josué. Y Josué le dijo: «Ándale, Elsa, tú eres la camarógrafa, agarra la cámara y filma todo, ¿sí?». Y Elsa agarró la cámara, y se puso a filmarnos, cómo penetraba a Josué. Y nos filmaba todos los ángulos: filmaba desde mis pies, y veía con zoom cómo se le resbalaba mi pene poco a poco hasta adentro y afuera de su culito. Y luego nos filmaba a nosotros, y preguntaba: «Eryck, ¿cómo estás? ¿Qué sientes?». Y le dije: «Mmm, está rico y apretadito este culito». Y Josué le decía: «Sí, esta verga está bien rica, quiero que eche los mecos adentro». Y Elsa le dijo: «¿Le pusiste condón?». Y Josué le dijo: «Nooo, los quiero sentir dentro de mi culo, bien ricos los quiero». Y no terminó de decir eso, cuando lo tomé de su cintura, y le metí la verga hasta el fondo, y allí le eché mis mecos. Y Josué dijo: «Hay, me está llenando de mecos mi culito, qué rico». Y dio un apretón de su ano, y sentí que me exprimía hasta el último chorro de mecos, y solté un gemido al sentir el apretón de mi verga: «Aaa, qué rico». Y Josué se agarró su pene, y cuando se lo tocó, eyaculó sobre mi pecho. Esa enorme verga gruesa, que palpitaba de manera incesante, eyaculando los chorros de mecos sobre mí. Le agarré su pene, para sentir el enorme tamaño que tenía. Y Elsa le preguntó: «¿Cómo estuvo tu cogida, Josué?». Y él respondió: «Estuvo como para chuparle los huevos. Mmm, muy rica, me vine muy rico». «¿Y tú, Eryck, cómo estuvo?». Y le dije: «De fábula, sentí bien rico tu culito». Y entre mí pensé: «Mira nada más, tan grandote,y mamado, pito, y le gusta la verga». Pues cada quien. Para qué hago pendejo, si también yo disfruto cuando me meten la verga en mi culito. Sí, sí disfruto sentir cómo resbala poco a poco dentro de mi culito. Sí, señor. No hay que ser hipócritas. No sé ustedes, si ya probaron de la penetración de una verga en sus culitos. Mmm, pues no saben qué rico se siente. Y no soy gay, pero a mí me gusta mucho, pero mucho, coger a las damitas, y chuparles sus puchitas, porque no hay sabor igual en la tierra que el sabor de una panochita. Mmm, muy ricas. Eso es lo que me gusta a mí. Pero sí, también hay que disfrutar de todos los placeres de la vida.

Entonces se empezó a levantar Josué, y sacarse mi verga de adentro de su culito, hasta que terminó de sacarla. Y quedó otra vez con su verga cerca de mi cara, y se la agarré, y le di unas ricas mamadas, y le probé sus espermas. Y Elsa me dijo: «Eryck, ¿qué haces?». Me saqué la verga de la boca, y le dije: «Pues probando esta rica y enorme verga». Elsa se acercó, y me dijo: «¿A poco te gusta la verga?». Y le dije: «Mira, claro que me gusta, si no, no estuviera aquí, ¿no crees?». Y me lamió los espermas de Josué, y se los tragó. Dijo: «Mmm, qué rico te saben tus espermas, Josué». Yo me quedé todo pendejo. Bueno, así estoy, jejeje, no se crean. Pero sí me quedé sorprendido al ver esa acción. Y salta conejo, salta, saltó mi curiosidad. Y le dije: «Elsa, ¿Josué ya te la metió?». Y Elsa dejó la cámara, y me dijo: «Nooo, y yo siempre he querido que me meta esa enorme verga gruesa, que me gusta tanto me tiene bien mojada. Cada que la veo me mojo a chorros, como si mi panochita gritara: ‘Quierooo esa verga’. Pero Josué no me la ha metido todavía, y lo entiendo, yo solo soy su mejor amiga, y está bien. Algún día podré disfrutar de esa gran verga, algún día será, Eryck». Y Elsa me limpió con unas toallitas húmedas. Me limpió mi pecho, y me limpió el pene, y con un poco de agua y una toalla me lo limpió. Y me acarició mi pene, y me dijo: «Eryck, tú también tienes una verga hermosa y grande, está muy linda, así rasuradita». Me la acarició, y me dijo: «Eryck, ¿puedo?», señalándome el pene. Y le dije: «Claro, esta… estamos aquí para disfrutar del sexo». Y Elsa se paró, y fue al cajón para ponerse una máscara. Me volteó a ver, y me dijo: «Es que dejé grabando la cámara, y no quiero salir, que me vean». Y se puso la máscara. «Imagina que se entere mi esposo». Y le dije: «Elsa, ¿estás casada?». Y me dijo: «Sí, pero ese pito chico no me satisface. Yo soy muy caliente, y desde que Josué me dijo lo que íbamos a hacer, me empecé a chorrear, si vieras». Y yo, de burla, le dije: «Pues a ver». Y Elsa se levantó su falda, y se bajó sus panties, y me dijo: «Siente, Eryck, cómo estoy». Y Josué le dijo: «Elsa, pero ¿qué haces?». Y le dijo: «No inventes, y no seas una monjita puritana, si te acaban de meter tan rica verga, por favor, Josué». Y me tomó de mi mano, y me la puso en su panochita. Y sí, estaba bien mojadita. Y me dijo: «Elsa, méteme los dedos, para que veas». Y no te dicen dos veces. Elsa alzó una pierna sobre el sillón, y vi esa rica panochita peludita. Mmm, a mí como me gustan, así, al natural, bien peluditas. Y le metí un par de dedos, y qué creen, pues sí estaba que gorgoreaba de juguito vaginal riquísimo. Y Josué dijo: «Deja voy al baño». Y le dijimos: «Está bien, ve, Josué».

Le dije: «A ver, Elsa, déjame ver». Y me levanté del sillón, y la tomé de su cintura, y le quité su falda y sus panties. La dejé con sus zapatillas. Tenía un lindo cuerpo. Era una dama de 45 años, con unas piernas delgadas pero firmes, y unas nalguitas redonditas y duritas, pues le gustaba ir diario al gym. Y Elsa se quitó su blusa, y le dije: «Permíteme». Y la abracé, y con mi mano derecha le desabroché su sostén. Y Elsa me dijo: «Pero, Eryck, ¿cómo es posible? Si hasta yo no puedo a la primera». Y le dije: «Es práctica». Me separé, y se cayó su sostén, dejando ver un par de tetas medianas pero duritas. Me sorprendió, pues una mujer a su edad, y con esa firmeza de pechos, era algo hermoso. Y se las besé y chupé. Elsa solo gimió, y dijo: «Eryck, qué rico». Mmm. Y le dije: «Elsa, qué hermosas tetas tienes. Bueno, estás hermosa toda. Tienes un cuerpo muy rico. Mira nada más, de verte ya se me paró la verga». Y Elsa dijo: «¿Y qué hacemos?». Le dije: «Súbete al sillón». Y se subió. Le dije: «Elsa, ¿puedo?», y le señalé su panochita. Y Elsa contestó: «Por favor, Eryck, atáscate, ahorita que hay panochita aquí». Y yo le abrí sus lindas piernas, sus piernas colgaron por los lados del sillón, dejando ver su rica panochita peludita. Mmm, se veía muy rico, y le escurría líquido vaginal de su puchita. Se la agarré, y le metí mis dos dedos, y le saqué más líquido. Y probé de mis dedos, y le dije: «Elsa, qué rica puchita tienes, y qué rico sabe». Mmm, me lamí los dedos. «Mmm, qué rico, Elsa, sabes como una muchacha de 20 años. Elsa, tienes un rico sabor de puchita». Y Elsa me tomó de mi mano para acercarme, y me tomó de mi cabeza, y súbitamente me acercó a su puchita. Y me dijo: «Eryck, mámamela, chúpamela toda, ándale». Y me pegó mi cara en su panochita. En cuanto toqué su panochita con mis labios, se arqueó, haciendo su cintura para arriba, y suspiró: «Quéeee rico, Eryck». Yo le empecé a mamarle sus juguitos, bien rico. Cada que le daba una lengüeteada, Elsa se retorcía como si estuvieran dándole choques eléctricos. Se arqueaba hacia arriba, y no me soltaba; me tenía pegado a su panochita rica. Y Josué ya estaba sentado en un sillón, viéndonos, y dijo: «Mmm, parecen animales en celo». Y Elsa dijo: «Josué, ¿desde qué rato estás allí?». Y Josué dijo: «Desde que le mamaste la verga a Eryck, y te encueró, y te subió al sillón. No me he perdido de nada, y los estoy filmando todo. Mira, me estoy masturbando a tu salud». Y Elsa dijo: «Siiii, así, Eryck, así, mámamela rico. Mmm, qué rico». Y Josué no aguantó más, y gritó de placer. Y Eryc…. Elsa me gritó: «Me vengo, me vengo, aaaaaa». Y se vino en mi boca. Sentí sus chorros en mi boca, le lamí toda su panochita, y Elsa se arqueó hacia arriba, y se quedó así, empujando mi cara hacia su panochita: «Aaaa, Eryck, aaaaa, así, así». Y Josué se levantó, y se acercó a nosotros, y le dijo a Elsa: «Elsa, Elsa», y se vino encima de Elsa, le aventó los chorros de espermas en sus pechos. Y Elsa le dijo: «No, Josué, dámelos en mi boca». Y le agarró el pene, y se lo metió a la boca, y se chupó los espermas que le escurrían en el pene a Josué. Y yo sentí sus espasmos de éxtasis, pues había terminado en mi boca. Y dijo: «Eryck, eres fabuloso con tu lengua. Ni el pito chico me hace terminar así. Aaaa, qué rica mamada me diste, Eryck». Me soltó la cabeza, y solo exhaló aire: «Uuufff, qué rico estuvo eso». Y Josué le dijo: «Elsa, no te conocía que eras tan jariosa». Y Elsa le dijo: «Y no se me ha quitado desde que estaba en la prepa. Siempre fui muy jariosa. Y hasta que me des de esa verga en mi panochita y en mi culito. Mmm, ya me la estoy saboreando».

Entonces Josué dijo: «¿Qué les parece si nos servimos unas bebidas, para celebrar este encuentro tan rico?». Y todos dijimos: «Sssíii». Y Josué sirvió 6 shots de tequila en sus caballitos, y nos dio dos a cada uno. Me senté en un sillón para tres personas. Y Josué se acercó a Elsa, y le puso una mano debajo de sus piernas, como si la fuera a cargar. Pero Josué solo metió la mano para agarrarle su panochita, y tocar qué tan mojada estaba. Y le dijo: «Elsa, estás bien mojada. Mmm, qué rico. Ya hasta se me está parando la verga». Y Elsa le dijo: «Siiii, que se te pare, y yo ya la bajo a sentones, siiii, Josué». Y Josué le pasó la otra mano por su espalda, y la cargó, y la puso arriba de mí, sin soltarla. Y yo agarré mi pene, y se lo acomodé en su panochita. Y Josué me dijo: «Ya, Eryck». Y le dije: «Sí».como si nos leyéramos la mente Y la fue bajando poco a poco sobre mi verga. Y Elsa solo gritó: «Quéeee, me están haciendo, quéee rico, me la están metiendo. Mmm, qué rico». Y Josué terminó de sentarla sobre mí. Y Elsa subió los pies al sillón, quedando de espaldas hacia mí, como si estuviera en cuclillas sobre mi verga. Yo la tomé de la cintura, y le empecé a meter y sacar mi verga, en movimientos de arriba a abajo. Y Elsa no se movía, yo era el que estaba haciendo todo. Se la metía y se la sacaba despacio, para disfrutar cada resbalada de mi verga dentro de esa panochita. Y le dije: «Elsa, pues confirmo, estás como niña de 20 años, tienes tu panochita bien cerradita». Y Elsa me dijo: «Gracias, tú sí sabes apreciar el esfuerzo que hago al ir diario al gym. En serio, sí estoy apretadita». Claro, Elsa me aprietas mi verga bien rico, y siento que me estoy por venir. Y le dije: «¿Te la saco, Elsa?». Y Elsa me dijo: «Nooo, ¿cómo crees? Déjamelos adentro. Yo también quiero sentir esos mecos dentro de mi puchita. Quiero sentirte, que me avientas los chorros de mecos dentro de mi pucha. Los quiero, los quiero adentro, Eryck. Échamelos, échamelos». Y se arqueó hacia atrás, y se vino bien rico. Y yo también le empujé la verga hasta adentro, la abracé, y Elsa se volteó hacia mí, y me dio un beso en la boca, y me dijo: «Gracias, Erick, coges bien rico». Y allí le aventé los chorros de mecos. Y Elsa gritó: «Asssíii, asssíii, qué rico se sienten tus mecos dentro de mí. Mmm, qué rico, y qué calientes están. Mmm, no la saques, hasta que los saques todos. Mmm, qué ricos mecos». Mmm. Y me volvió a besar.

Y Josué le dijo: «Elsa». Y Elsa le dijo: «Tú querías que viniera, pues te aguantas y te callas». «Sí, Josué». Y Josué dijo: «Está bien, disfruta de esta rica verga que acabamos de conocer». Mmm. Y Josué se puso frente a ella, y la agarró de sus piernas, que estaban flexionadas, y la cargó, y le dijo: «Elsa, cruza tus pies en mi cintura». Y le cruzó los pies, y Elsa se colgó de su cuello. Y Josué se recargó en el sillón con ambas manos, y me dijo: «Eryck, ayúdame, por favor». Y Elsa dijo: «Pero, ¿qué intentas hacer, Josué?». Y Josué le dijo: «¿No querías probar de mi verga? Pues te la voy a meter, ¿o no quieres?». Y Elsa dijo: «Siiii, siiii, sí quiero esa verga». Josué tenía la verga bien parada. Yo se la agarré, y de solo agarrársela se me hizo agua la cola. La verdad, al sentir esa enorme verga gruesa en mis manos, se veía muy enorme y rica. Y se la acomodé en la mera puchita de Elsa. Y le di un piquetito en su lindo culito apretadito. Y Elsa solo me miró con los ojos como platos, y me dijo: «Eryck, ¿quieres probarme por mi culito?». Y le dije: «Siiii, Elsa, quiero de ese culito. Creo que va a estar como tu panochita, bien cerradito». Y Elsa me dijo: «Pues sí, mi marido casi nunca me coge por mi culito. Lo tengo que poner bien borracho para que me la meta por mi culito, pero se la baja muy rápido, y no me deja terminar, solo me deja con las ganas». Y le dije: «Pues ahí te va la verga que deseabas».

Y Elsa se agarró de Josué, y Josué empezó a columpiarla para adelante y para atrás, como si Elsa estuviera en un columpio. Josué la mecía para adelante y para atrás, y cada que se recorrían para atrás, se metía toda la verga de Josué. Y Elsa solo pujaba: «Qué rica verga, Josué, métemela toda». Y Josué le empujaba la verga hasta adentro. Y así se estuvieron columpiando. Yo estaba grabando con la cámara, desde abajo de los pies de Josué se veía cómo se le metía esa enorme verga gruesa en la panocha de Elsa. Y Josué le dijo: «Elsa, pues sí tienes una panochita muy rica». Y Elsa le dijo: «Hay, cabrón, siento que no me cabe toda esa verga, la siento que me llena toda mi vagina, bien rico. Mmm, Josué, qué rica verga tienes». Hasta que se me hizo: «¿Te acuerdas cuando te pusiste bien borracho, y te trajimos mis amigos y yo hasta aquí, y te subimos a tu cuarto, y se fueron mis amigos? Yo te quité los pantalones, y fue cuando te vi esa enorme verga, te la chupé, y se te paró. No podía creerlo, qué grande la tenías, y te hice terminar en mi boca. Desde entonces quería que me la metieras, y por fin la estoy sintiendo». Y Elsa pujó un par de veces más, y le dijo: «Josué, me vengo». Yo dejé la cámara en la mesa, y le tomé las piernas a Elsa, así como estaba colgando. Le puse gel a Josué en su ano, y le metí la verga. Y Josué dijo: «Así, Eryck, qué rico se siente estar cogiendo, y que te penetren. Mmm, qué rico, Eryck». Yo jalé los pies de Elsa, y Elsa quedó bien ensartada en la verga de Josué. Y yo, al jalar los pies de Elsa, pues hacía fuerza para adentro, y le metía toda la verga a Josué hasta adentro. Y Josué dijo: «Así, Eryck, qué rico». Y se vino dentro de Elsa. Y Elsa gritó: «Qué rica verga». Mmm. Y también se vino. No podía moverse, pues yo la sostenía jalando hacia Josué. Y yo también terminé en el culito de Josué. Aaa, qué rico. Solté los pies de Elsa, y Josué le sacó la verga poco a poco. Y Elsa dijo: «Nooo, nooo, la saques, métemela». Elsa ya estaba recargada en el sillón, y Josué agarró sus pies, y se los levantó hasta sus hombros de Josué, y le acomodó la verga en su panochito, y se la metió hasta adentro. Y Elsa se retorció, pujando y gritando: «Qué rica verga, qué rica verga». Y Josué se la metió toda. Y Elsa dijo: «Mira, Eryck, sí me cabe esa gran verga». Y Josué se la dejaba hasta adentro. Y Josué le dijo: «Elsa, de saber que estabas así de rica, te hubiera metido la verga desde cuándo». Y Elsa le dijo: «Pinche cabrón, pensabas que estaba bien guanga por ser mayor de edad, qué cabrón eres, Josué. Pues para que veas, ya sentiste. Y Eryck también ya me sintió. ¿Verdad, Eryck, que estoy bien rica?». Y le dije: «Sí, Elsa, estás bien rica». Y así como estaba Elsa, yo estaba otra vez filmando desde atrás de Josué, abajo de sus piernas, viendo cómo se resbalaba esa enorme verga dentro de esa panochita peludita y rica. Yo me acercaba, y le lamía los testículos a Josué, y le lamía la panochita a Elsa, bueno, por los lados de la verga de Josué, que seguía metiéndole toda la verga hasta adentro. Y Elsa solo lo agarraba de sus nalgas, y lo empujaba más adentro de su panochita. Y yo me bajaba más, y le lamía el culito a Elsa. Y me gritaba: «Eryck, ¿qué haces?». Y le decía: «Pues probando lo que me voy a comer». Tenía el culito ya bien mojado de mecos que escurrían de su panochita. Y yo lamiéndole, Elsa solo gritaba: «Ssiiii, asiiii, quiero más verga». Le dije a Josué: «Sácale la verga, sí, Josué». Y le di un beso en su gran espalda, y Josué también se arqueó, y me dijo: «Eryck, qué rico beso». Y le di otro. Lo tomé de su cintura, y lo jalé para que le sacara la verga a Elsa. Y se la sacó. Y Elsa me dijo: «Nooo, ¿por qué me la sacan? Yo quiero más verga». Y le dije a Josué: «Ponte, siéntate en el sillón». Y Josué se sentó. Le dije a Elsa: «Ahora súbete a tu verga». Y Elsa se subió, y se metió toda la verga de Josué en su panochita. Yo me incliné, y le lamí su culito a Elsa, y gritó: «Nnnooo, ¿qué vas a hacer?». Y le dije: «Usted cállese y coma verga. Querías verga, pues toma». Le lamí más veces su culito, y ya estaba bien mojadito. Me paré, le acomodé la punta de mi verga en su ano, y Elsa dijo: «Eryck, quéee, sí, métemela». Y yo le dije: «Pues, ¿no que no?». Y Elsa dijo: «Sí, métemela por el culo, siiii, la quiero sentir, quiero sentirme llena de verga y mecos, qué rico, ssiii». Y se la empujé poquito, y Elsa solo dijo: «Uy». Y se la volví a empujar, y se le metió la cabecita de mi verga. Y Elsa solo exhaló el aire, y aflojó el culo. Bien rico sentí cómo se abría un poco, y se la empujé otro poco, y se le fue resbalando toda la verga hasta dentro de su culito. Le dije: «Elsa, pero si que este culito está igual que tu panochita, bien justos. Mmm, qué rico culito tienes, Elsa». Y se volteó, y me dio otro beso, chupándome los labios, para probar sus líquidos de su culito. Y así me estuvo dando besos, y pujando cada que le metía la verga hasta el fondo en su culito. Y me dijo: «Eryck, qué rico me cojes». Y así, en pequeños movimientos, empujando y sacando, los tres, en un grito de placer, nos vinimos los tres. Josué y yo le aventamos los chorros de mecos en su panochita y en su culito. Elsa solo gritó: «Aaaaassssiiii, qué ricas vergas tengo adentro. Mmm, los amo, los amo». Mmm.

Yo le saqué la verga de su culito poco a poco, hasta que salió toda mi verga de ese culo, y le escurrieron los mecos de su culo. Se los agarré, y le dije: «Elsa, qué rico culo tienes, me gustó mucho». Y Josué le sacó su enorme verga de su panocha, y Elsa dio varios espasmos, y se levantó de la verga de Josué. La agarré, y la senté en el sillón. Le abrí los pies, y le di una mamada de panocha. Y Elsa me dijo: «No, Eryck, no sigas». Y me hice para atrás, y Elsa se orinó, con un rico chorro de pipí, mientras que a Elsa le daban espasmos de placer. Acabó de orinarse, y me dijo: «Pero, Eryck, ¿qué me hiciste? Nunca había sentido eso, de hacerme pis». Yo me incliné, y le seguí mamando su puchita, que estaba escurriendo de mecos. Y le decía: «Elsa, qué rica panochita tienes». Y Elsa se arqueó, y me dijo: «Eryck, otra vez». Y me quité, le puse mi mano en su puchita, y le metí un dedo en su panochita peludita, y se orinó en mi mano. Aventó chorros de pipí y de flujo por su panochita. Algo rico, mmm, algo bien. Y le limpié con mi lengua y con una toalla su puchita.

Y Josué ya estaba sentado en el sillón, y me dijo: «Eryck, sí que eres un experto en el arte del sexo». Y le dije: «2 años de trabajo de acompañante escort, aprendes mucho». Josué todavía tenía esa enorme verga parada. Se la agarré, y se la mamé, y le chupé todos los jugos de panocha que traía. Se la limpié, y le dije: «Josué, pero qué enorme y rica verga tienes». Se la besé, y le dije: «Yo también quiero sentirla entrando en mi culito. Siiii, Josué, ¿me la metes? Siiii, sí quiero sentirla, a ver si me entra, la quiero sentir toda, siiii, Josué, ¿me la metes? La quiero sentir, te deseo, Josué, deseo tu verga, ya no aguanto, ándale, dámela, siiii, Josué». Y me dijo: «Sí, te la meto. Tengo ganas de meterte mi verga, yo también te deseo, Eryck. Quiero probar ese culito que tienes, pero nos vamos a mi cuarto, para estar más cómodos».

Y me senté al lado de Elsa. Elsa estaba en medio de los dos. Agarré un shot, y nos lo tomamos de un solo trago. Elsa me dio un beso en la boca, y Josué le dijo: «Elsa, pareces niña de prepa, pinche calenturienta». Y Elsa le dijo: «Pues aunque no lo crean, ustedes me han hecho sentir una joven otra vez. Me siento como cuando estaba en prepa, que era bien caliente, y me cogía a cuanto cabrón podía, hasta que me casé. No sé cómo o por qué me casé con pito chico, si no me llena la panocha, y no se diga ni el culo, me lo llena. Pero ya tengo mis rellenos de culo y panocha. Mmm, algo bien». Nos agarró de la verga a mí y a Josué, y se agachó, y nos dio una mamada a mí y a Josué en la verga. Mmm. Se levantó, y dijo: «Por estas dos vergas: salud». Y agarramos el otro shot, y nos lo tomamos. Ya andábamos algo entonados, no andábamos pedos, andábamos bien, pues estábamos disfrutando de una riquísima cogida entre tres. Y así estábamos bien a gusto, platicando.

Y Josué se paró a servir otros shots, y Elsa se agachó, y me empezó a mamar la verga. Y me decía: «Eryck, qué rica verga tienes». Y le dije: «Elsa, cuando quieras verga, nos llamamos, y nos ponemos de acuerdo para volver a coger así de rico como hoy». Josué y… dijo: «¿En serio, Eryck, podemos repetir esta rica cogida otra vez?». Y yo les dije: «Por mi cuenta, me parece bien, yo estoy más que dispuesto, ustedes». Y Elsa dijo: «Por mí, encantada». Y Josué dijo: «Pues aquí está su putero. Mi casa de ahora en adelante será nuestro nidito de putitas, ¿qué les parece?». Y todos dijimos: «Siiii». Y tomamos otro shot, y brindamos juntos, y hasta el fondo. Y yo les dije: «Como los tres mosqueteros: una puta para todos, y todos para una», jejeje. Y dijimos otra vez: «Salud».

Y nos subimos al cuarto de Josué. Tenía un cuarto muy grande, su cama era como estilo de Cleopatra, tenía 4 postes de madera en cada esquina, y un marco cuadrado arriba. Tenía en las cuatro esquinas colgando desde arriba una tela que se amarraba en cada poste. Se veía bien elegante. Y pues les dije: «Dejen subir la cámara, que todavía no termina nuestra película pornográfica bien rica». Y bajé al salón por la cámara, el tequila y los caballitos. Subí, y les serví sus shots a cada uno, y brindamos por nuestra nueva amistad: «Salud». Y me dijo Josué: «Si quieres, Eryck, te puedes lavar tu culito, para que te quepa toda esta verga. En el baño hay todo lo necesario». Y le dije: «Sale, Josué, deja me lavo este culito, para que te lo cojas». Elsa me dijo: «Te acompaño, quiero hacer pis». Y le dije: «Vamos». Y Josué se quedó en la cama, cambiándole la pila a la cámara.

Elsa se sentó en el baño e hizo pipí, y se salió. Me dijo: «Acá te espero, Eryck». Y me dio otro beso en la boca. Y como estaba abierta la puerta, Josué nos vio, y nos dijo: «Ora, tortolitos, esos besos dénmelos aquí en la verga», jajaja. Y le dije: «Claro, te la voy a chupar hasta que termines en mi boca, para tragarme esos ricos mecos. Mmm, qué rico». Y agarré la manguera, y me la metí en mi culito. Abrí la llave un poco, y sentí cómo me entraba el agua en mi culito. Cerré la llave, y me senté en la taza del baño, y se me salió toda el agua. Y quedó mi culito limpio. Esta misma acción hacía cuando trabajaba como acompañante escort, para estar limpio por si alguien quería penetrar mi culito, pues siempre lo traía limpio. Me sequé mi culito, y salí.

Elsa agarró la cámara, y dijo: «Escena donde le meten la verga a Eryck, escena 10, acción». Yo fui con Elsa, y la agarré, la empiné, y le di una mamada en su culito. Y le dije: «Es para darme valor». La paré, y de frente le lamí su puchita. Josué le quitó la cámara, y dijo: «Acuéstala en la cama y mámale su puchita». Y así le hice. La acosté en la cama, y le abrí sus piernitas. Me incliné sobre su panochita, y quedé como en doggy style, empinado a la orilla de la cama, mi culito quedó levantado y rico. Yo le estaba mamando su panochita a Elsa, ella pujaba de placer. Y Josué puso la cámara en una mesa lateral, se veía a Josué atrás de mí, mamándome mi culito. Yo me veía empinado, con la cabeza en medio de los pies de Elsa. Y Josué me empezó a mamar mi culito bien rico, me hizo mi pene para atrás, y poder darme unas mamadas, también me lo chupó, y me chupó mis huevitos. Yo seguí mamándole su panocha a Elsa. Elsa gritaba: «Quiero verga». Y pues yo también pensaba lo mismo: «Quiero verga». Pero me daba miedo esa verga que me iban a meter. Estaba de miedo, pero no me importaba, yo estaba disfrutando de una panochita mequeada. Elsa se vino a chorros en mi boca, y me tragué sus líquidos, sabían bien rico. Y Elsa me dijo: «Eryck, me vengo». Y le metí la lengua en su vagina, y se la moví bien rico. Y Elsa se arqueó, y gritó: «Me vengo, me vengo otra vez». Y sentí los chorros de flujo en mi boca. Y se quedó sin aliento. Y yo solo sentía la lengua de Josué en mi culito.

Elsa se quitó de bajo de mí, y agarró la cámara, y empezó a filmar. Josué me puso acostado boca arriba en la cama, y con las piernas colgando, me las levantó hasta sus hombros, y mi culito quedó a la altura de su enorme verga. Me dio las últimas mamadas en mi culito, y se puso gel en su enorme verga. Yo cerré los ojos, y aflojé todo mi cuerpo. Elsa se puso arriba de mi cara, y yo seguí mamándole su panochita rica. Entonces Josué puso su verga en medio de mis pies, y me la pasó a un lado de mi verga. Él se inclinó para chuparme la verga, y así estábamos en un rico 69: yo le mamaba su puchita a Elsa, y Elsa me mamaba la verga, muy rico. Y Josué puso su verga en medio de mis nalguitas, y me la sobó un rato. Yo estaba tranquilo. Y Josué me puso la punta de su enorme verga gruesa en mi ano, y así me la empezó a empujar. Y al primer arrimón sentí que me iba a romper mi culito en dos. Me dolió un poco. Y luego me la empujó otra vez, y sentí otra vez el pinche dolor. Pero yo quería sentir esa verga entrando en mi culito. Y a la tercera vez que la empujó, como dicen, la tercera es la metida, jeje. Y entró la cabeza gruesa de esa verga, brincó mi ano, y sentí un chingo de dolor. Le agarré la cabeza a Elsa, y le metí mi verga hasta adentro, y se la saqué. Y Elsa se paró de mí, y me dijo: «Eryck, ¿te duele el culo?». Y le dije: «Ssiiii, un chingo, pero ya entró la punta de su verga, ahora solo falta que me la meta toda, para ver si me la voy a comer toda, la quiero toda». Elsa me dio un gran beso en la boca, y me dijo: «Aguántese, cabrón, a mí también me dolió el culo cuando me metiste la verga en el culo, así que aguanta, amorcito». Y me dio un beso, y se volvió a subir a mi cara, para seguir mamándole su panochita. Y Josué empezó a empujarme su verga poco a poco. Sentía cómo resbalaba por mi ano esa enorme verga. Se me hizo enorme. Josué no la metió toda, a la mitad la sacaba y la empujaba lentamente. Sentía cómo resbalaba por mi culito bien rico. Me dolía un chingo, pero ya tenía la mitad de esa enorme verga dentro de mi culito. Mmm. Solo pujaba de dolor cuando la metía y sacaba. Así la empezó a empujar más y más, hasta meterla toda, pero toda. Me le metió toda. Y Elsa, que estaba cerca de mi verga, se sacó mi verga de su boca, y me dijo: «Eryck, me vengo de ver nomás que ya te entró toda esa verga. Mmm, qué rico». Y se vino a chorros en mi boca. Yo sentí un espasmo, y sentí que por mi culito me venía, al sentir esa verga hasta adentro de mi culo. Algo rico. Pues de verla lo grande que es, pensé: «No me va a entrar». Y mira, la tenía hasta adentro de mi culo, bien rico. Mmm. Josué empezó a moverla dentro de mi culo, y sentí cómo se acomodó dentro de mi culito, tocando la parte que hace que tenga un orgasmo anal. Algo que ese tamaño de verga alcanzó. Me hizo terminar por mi culo, y le aventé los mecos a Elsa en su garganta. Y le dije: «Elsa, trágatelos». Y sentí que movió la cabeza afirmando que se los iba a tragar. Y se los dejé todos en su garganta. Elsa dio dos tragos, y se los pasó. Se sacó mi verga de su boca, y me dijo: «Eryck, qué rico mecos saben, rico». Mmm. Y siguió mamándome la verga. Y Josué seguía metiendo y sacando su linda verga, hasta que me agarró de mis piernas, empujó su verga hasta adentro, pero la empujó hasta adentro, y sentí cómo eyaculaba dentro de mi culo. Cada chorro que me echó se sentía que me llenaba de mecos todo mi culo. Sentí bien calientes sus mecos, y me dio un espasmo muy fuerte, que apreté mi culo. Y Josué me abrazó más fuerte, y me dijo: «Eryck, qué rico aprietas». Mmm. Y me dio un beso en mis piernas. Mmm. Me aventó todos sus mecos dentro de mi culo, y empezó a sacarme la verga de mi culo, hasta que salió toda. Y mi culo quedó abierto y escurriendo mecos, pero muchos me escurrieron en las piernas. Y Josué me dio un beso en mis nalguitas, y me dijo: «Eryck, qué rico culo tienes, y aprietas muy rico». Y me dio otro beso en mis nalguitas.

Yo solo estiré los pies. Veía a Josué, y no podía creerlo, lo que veía: veía su verga enorme, y la tenía bien parada, y le palpitaba muy fuerte. Y me dijo: «Eryck, ¿puedo?». Y le dije: «Adelante, soy tu puta, haz de mí lo que quieras con mi culo». Me agarró, y me empinó, y me volvió a meter la verga en mi culito, que estaba abierto, pero ahora entró más fácil. Me dolía mucho, pero al sentir cómo resbalaba dentro de mi culo esa verga grande y gorda, me la empujó hasta dentro. Y me dijo: «Eryck, aprieta el culo». Y yo apreté mi culo, y Josué dijo: «No mames, se siente bien rico». Y me bombeó la verga más veces dentro de mi culo, y se vino otra vez dentro de mi culo. Me volvió a llenar de mecos todo mi culo. Mmm. Yo también terminé. Y Elsa se acercó, y se puso debajo de mí, y me dijo: «Eryck, échamelos en mi boca, me los quiero tragar otra vez». Y me mamó la verga otra vez, y se los aventé en su boca, y de un trago se los pasó. Me lamió la verga, y se la sacó de su boca. Y Josué también terminó, y me dieron varios espasmos, y le apreté la verga varias veces. Y Josué, cada vez que sentía mis apretones, aventaba chorros de mecos. Parecía manguera. Y me dijo: «Eryck, tengo ganas de orinar». Y le dije: «Pues, a ver, orínate dentro de mí, quiero sentir qué se siente». Y Josué dijo: «¿En serio? Yo también quiero sentir qué se siente. No creo poder, está muy apretada mi verga». Y yo aflojé mi culo, y Josué empezó a orinar dentro de mi culo. Sentí su orina súper caliente, y sentí como cuando te haces un lavado anal, pero se sentía diferente, pues el lavado anal te avienta el chorro por los lados, y la verga de Josué me los estaba aventando derecho, y se sentía diferente, y muy rico. Josué empezó a sacarme su verga, y sentí cómo resbalaba muy rico. Y antes de sacarla, la empujó otra vez hasta adentro, y yo grité: «Haaaay, qué rico». Me dolió, pero sentí muy rico cómo resbaló toda. Y después me la sacó, ahora sí, toda. Y se la vi, la tenía bien parada, parecía una barra de acero, brillaba y palpitaba. Me levanté, y apreté mi culo, y fui al baño. Me senté, y se me salió todo el líquido de orines y mecos de Josué. Y me toqué mi culo, y sentí que me podía meter dos dedos en mi culito. Me limpié, y salí al cuarto.

Elsa se estaba vistiendo, y le dije: «Espera, Elsa». Y me dijo: «¿A poco quieres metérmela otra vez?». Le dije: «De querer, quiero, pero veo que ya te vas». Y me dijo: «Si quieres, nos echamos un rapidin». Y le dije: «No, a mí me gusta disfrutar del sexo lentamente, para disfrutarlo bien». Le dije: «Deja la falda, ven al baño». Y la tomé de la mano, y la llevé al baño. Y le dije: «Para que no tengas broncas, te voy a hacer un lavado vaginal y anal, para que no escurras mecos cuando estés con pito chico, ¿va?». Y me dijo: «Eryck, qué tierno eres». Me dijo: «¿Qué hago?». Y le dije: «Empínate». Y se empinó. Le di una mamada en su culo y su panochita. Y me dijo: «¿Me vas a lavar con la lengua?». Y le dije: «No mames, Elsa, ya estoy dando las últimas mamadas. Es que tienes una panochita muy rica, y me gusta mucho tu sabor». Y me dijo: «Pero si estoy bien mequeada». Y le dije: «No me importa, es tu panochita, y eres tú, es lo que importa». Y le dije: «Te voy a meter esta manguerita en tu panochita, y te pondré un poco de agua, y te agachas para que se te salga, ¿sale?». Y dijo: «Va». Le metí el tubo en su panochita, y le eché agua en su panochita. Se agachó, y se le salió el líquido. Le dije: «Empínate otra vez». Y le metí el tubo en su culito, y le eché agua, y le saqué el tubo. Se agachó, y se le salió el agua. Y me dijo: «¿Por qué me tratas como una niña?». Le dije: «Elsa, eres, desde ahora, nuestra chiquilla putita joven. A mí no me importa cuántos años tienes, me importa cómo eres con nosotros. Tú crees que yo, al verle la verga a Josué, iba a dejar que me la metiera y lo dejé, pues yo quería disfrutar de este día con ustedes. Y fíjate, nos conocimos apenas hoy, y mira qué rico hemos cogido, y vamos a coger de ahora en adelante. Yo quiero acostumbrarme a la verga de Josué, para que no me duela tanto el culo, y a ti quiero metértela bien rico por tu panochita y por tu rico culito apretadito. Así que tenemos trabajo por hacer». Y Elsa se levantó, me abrazó, y me dio un beso, agarrándome la verga. Y me dijo: «Eryck, me gustó cómo me trataste, y sí, también cómo me cogiste. Fue una riquísima cogida de un extraño». Le dije: «Bueno, ya no tan extraño, ya nos conocemos de todo a todo, ¿no crees?». Y me dio otro beso, y me dijo: «Me gustas cómo eres, y cómo me cuidas, gracias». Y le dije: «Para eso somos los amigos».

Salimos, y Josué ya estaba dormido en la cama. Elsa salió, se terminó de vestir. La acompañé a afuera, subió a su carro, le di un beso en su boca, y le dije: «Luego nos vemos, chiquilla, ¿sale?». Y se fue. Yo me metí a la casa de Josué, y subí al cuarto, y dije: «¿Qué diablos hago?». Y me recosté a su lado. Josué estaba boca arriba, y yo me acerqué a su lado, me acosté de lado, echando mis nalguitas hacia Josué. Y Josué, al sentirme, me dijo: «¿Te vas a quedar?». Y le dije: «Sí, me quedo, durmamos un rato, ¿sale?». «Sale», me dijo. Y se volteó, y me abrazó. Nos tapamos con la cobija. Yo levanté mi pierna, y le agarré su enorme verga, y le dije: «Aquí te la cuido, para que no ande de putita metiéndose en otros culitos, ¿sale?». Me la puse en medio de mis pies, y bajé mi pie. Y Josué, al sentir eso, me la empujó, y me abrazó, y se quedó dormido.

Yo me quedé, que no podía dormir, de solo pensar en esa verga que me acababan de meter. Me penetraron con una enorme verga dos veces, y apretaba mi culito, y me dolía, pero pensaba en lo que había hecho. Josué en orinarse dentro de mi culo fue algo que no había sentido nunca. Sí había sentido que se orinaran arriba de mí, pero una mujer. Pero que orinaran dentro de mi culo, jamás. Pero fue una experiencia muy rica, y sí, sí lo volveré a hacer. Y no podía dormir. Y me separé de Josué, lo volteé boca arriba. Josué estaba bastante tomado, y su enorme verga estaba medio dormida. Y dije: «Solo me falta tragarme sus mecos. Ya me penetró, me la mamó, me aventó los mecos dentro de mi culo, y se orinó dentro de mí, pero no he probado sus espermas». Abrí sus piernas, y me senté entre sus piernas, y le agarré su enorme verga, y se le empecé a mamar, desde sus huevitos hasta la punta de esa rica verga. Y cada vez que se la chupaba, se le paraba más y más, hasta que se le paró completamente. Era ver algo enorme y caliente. Por más que me la quise meter toda en la boca, me llegaba hasta la garganta, y solo entraba la mitad de esa verga. Y jugaba con mi garganta, dejaba su verga en mi garganta. Pues yo sé que así es como se vienen más rápido los hombres. No porque yo sea experto en mamadas, sino porque las chicas, cuando quieren que te vengas, se las meten hasta adentro, y te la juegan con su garganta, y así es como te hacen venirte en su garganta. Por dos razones: una, hacerte venir más rápido, y otra, tragarse tus espermas, pues se los avientas en su garganta, y no los pueden regresar, jeje. Algo rico. Así que yo seguí mamándole la verga a Josué, y se le paró completamente, y sí se vino en mi boca. Me aventó los chorros de mecos en mi boca. Yo se los recibí todos en mi boca, y cuando terminó de echármelos, saqué su verga de mi boca, y me tragué sus mecos de dos tragos. No sé cómo explicarles qué sabor tienen. No saben feo, pero tampoco bien, pues tu cerebro analiza y te dice: «No, wey, eso no se traga». Pero haces, pues qué te vale tres hectáreas de verga, y qué no haces caso, y no piensas en lo que estás haciendo, y solo te los tragas. Y ya. Se la chupé toda, y me paré. Me serví un shot de tequila, para que se me pasaran los mecos de Josué. Y así me volví a la cama, y me quedé pensando, y la cabeza me daba vueltas y vueltas. Y dije: «¿Y si me la meto otra vez? Ya me la metió dos veces, me dolió, pero sentí muy rico esa verga resbalando hasta dentro de mi culo». Mmm. Y vi que no se le bajaba la verga a Josué, y agarré el gel, y le puse en su rica verga. Me puse en mi culito, y me paré arriba de Josué, y me senté en su verga. Primero se la tallé con mis nalguitas, y luego, así empinado, se la agarré, y me la coloqué en mi ano, y empecé a sentarme en su gran verga. Y me dolió otra vez, pero con el gel resbaló poco a poco, y pasó la punta, y sientes cómo brinca tu ano esa enorme cabeza de verga. Mi culito estaba totalmente lubricado, y empecé poco a poco a sentarme, y me fue resbalando poco a poco esa rica verga, toda, hasta quedar completamente sentado en ella. E hice unos pequeños giros, para que se acomodara adentro de mi culo. Y al hacer eso, sentí cómo la punta de su verga me tocó el lugar que hace que me venga por mi culito, y tuve espasmos cada que me tocaba allí. Y como reacción, hacía que apretara mi culito. Y Josué, al sentir los apretones, su verga se despertó, y me vio sentado en su verga. Y me dijo: «Eryck, ¿qué haces?». Y le dije: «No hagas preguntas pendejas, Josué, pues ¿qué crees que estoy haciendo? ¿Jugando al tete-teto? Pues sí, yo me empino y tú me la metes. Pues quería probarla yo solo, a ver si me la podía meter tu verga, y mira, ya me la metí». Y me agarró de la cintura, y me dijo: «Me despertaron los apretones de verga que me diste. Me acordé y desperté. Pensé que era un sueño, pero cuando te vi sentado en mi verga, dije: ‘Nooo, lo puedo creer'». Y le dije: «Pues créelo, me la metí yo solo». Y seguí haciendo los pequeños círculos, para sentir otra vez los espasmos. Y sí, los volví a sentir. Y le apreté otra vez la verga a Josué con mi culo. Y Josué dijo: «No manches, qué rico se siente cuando me aprietas la verga. Aaa». Y me la metió toda hasta adentro, y se vino a chorros dentro de mi culo. Sentí tan rico que me echara sus mecos dentro de mi culito, que me dieron varios espasmos. Y entre espasmos y apretones de culo, Josué me dijo: «Ya, ya, no me la aprietes, que me voy a orinar otra vez». Y me senté bien sentado en su verga, y aflojé todo mi culo. Y le dije: «Pues orínate dentro de mí otra vez, ándale». Y cuando me escuchó que le rogaba, me tomó de mi cintura, y se orinó dentro de mi culo otra vez. Algo muy rico. Yo remoliné otra vez mi culo al sentir los chorros de orines dentro de mi culo, y sentí más espasmos. Y sentí cómo me aventó otro chorro de orines dentro de mi culo. Y no terminaba una cosa y una llevaba a la otra: yo le apretaba su verga, y él me aventaba chorros de orina. Y me dijo: «Ya, nooo, se siente tan rico los apretones de verga que me das, que ya no aguanto, Eryck, ya». Y me quedé quieto, y saqué su verga de mi culo poco a poco, hasta que brincó su gruesa cabeza de verga mi ano. Y luego luego apreté mi culo, y me fui al baño. Me senté en la taza, y se me salió todo el líquido que traía dentro. Me limpié, y tomé una toalla, la mojé, y fui a limpiar a Josué, que se estaba quedando dormido otra vez. Y me dijo: «Eryck, qué rico culo tienes, me encanta cuando me aprietas la verga, se siente muy rico, y me dan ganas de orinar. Discúlpame». Y le dije: «¿Qué dices? Pues si me gusta que te orines dentro de mi culo. Nadie lo había hecho, y la verdad se siente riquísimo, como un lavado anal, pero calientito. Y sí siento rico, porque el lavado anal el agua sale por los lados del tubo, y los orines te los disparan en línea recta, y se siente súper cuando el chorro te toca ese lugar que te hace venirte por tu culito. Así que no te agüites, me gustó sentir esta enorme verga, y que me orinaras y llenaras de mecos mi culo y mi boca». Y me dijo: «Pero no te la he metido en la boca». Y le dije: «Antes de sentarme en esa rica verga, te la mamé, y te viniste en mi boca, y me los tragué todos». Y se quedó sorprendido, y me dijo: «Eryck, sí que eres muy caliente». Y le dije: «Sí, y no me aguanto. Y así, con gente como tú, que no te gusta, que sea así, que disfrutemos del sexo rico. Es más rico disfrutar así, ¿no crees? Ok, vamos a dormir, ¿sale? Mañana platicamos, ¿ok, Eryck? Hasta mañana». Me abrazó de cucharita, levanté otra vez mi pie, y le dije: «Ponme esa rica verga en medio de mis piernas, la quiero sentir allí toda la noche, porque mañana la voy a poner dentro de mi culo otra vez». Mmm. Me la acomodó en medio de mis piernas, y me abrazó, y nos tapamos con la colcha. Y así nos quedamos bien dormidos.

Y así empezó una hermosa amistad de las tres mosqueteras: una para todas, y todas para todas, jejeje. Y así nos quedamos bien dormidos.

Y temprano en la mañana apareció Elsa, y dijo: «Buenos días, putitas, ¿cómo están?». Se acercó a Josué, y le dio un beso en el cachete, y le dijo: «¿Cómo estás, amor?». Y Josué despertó, y le dijo: «Bien, putita, ¿y tú cómo estás?». Elsa dijo: «Pues como nueva, y con ganas de coger». Se dio la vuelta para conmigo, y me dio un beso en la boca, y me dijo: «Amorcito, ¿cómo estás?». Desperté, la vi, y me dio otro beso: «Hola, dormiloncito, ¿cómo estás?». Le dije: «Bien, putita, ¿y tú?». Me dijo lo mismo que le dijo a Josué: «Como nueva, y con muchas ganas de coger. ¿Y tú, amor?». Yo le dije: «Un poco adolorido de mi culito, pero feliz de verte». Y le dije: «A ver, cómo vienes». Me senté en la cama, y le dije: «Elsa, estás radiante, qué hermosa te ves». Me dijo: «¿Te parece?». Y le dije: «Pero claro que sí, te ves radiante y muy juvenil». Estaba vestida, traía unos mallones blancos algo transparentes, que dejaban ver sus ricas tanguitas que traía, unos tenis tipo skato de lona, una blusita corta que dejaba ver su ombliguito y parte de sus tetas, que asomaban un poco. La blusa era sin mangas, tipo polo, y traía una dona en su cabello agarrándola, traía una cola de caballo que hacía verse muy pero muy juvenil y sexi. Le dije: «Elsa, me sorprendes, no te conocía así». Y me dijo: «Pues qué esperabas, no soy una vieja amargada. Hoy me siento muy joven y nueva. No me duele nada. Bueno, sí un poco mi culito. Pinche Eryck, me dejaste el culo adolorido, pero aun así te amo, putita hermosa». Le dije: «Y yo también te amo, Elsa». Y me dio otro beso en la boca. Y Josué se levantó, y dijo: «Dejen, entro al baño, sí». Y se fue.

Elsa se sentó a mi lado, y me agarró mi pene, y me dijo: «¿Puedo?». Y le dije: «Ya no me pidas permiso, todo mi cuerpo es tuyo y de Josué, así que me pueden hacer lo que quieran». «Sí, amor». Y se inclinó sobre mí, y me dio una rica mamada mañanera, hasta sacarme los mecos en su boca, y se los tragó. Y me dijo: «Qué rica mamada mañanera, Eryck». Y le dije: «Elsa, en serio, ¿eres tú?». Y me dijo: «¿Por qué?». Le dije: «Es que estás más bella hoy». Y me dijo: «Es cuando te dan verga rica por todos lados, y en cantidad, te rejuvenece. Así me siento, y gracias a ustedes dos, par de vergas grandes, mis adorables putitas». Y Josué desde el baño dijo: «Ya, tortolitos, después se cogen». Y Josué me preguntó desde el baño: «Oye, Eryck, ¿y sabes manejar auto?». Y le contesté: «Claro, yo tenía uno, pero lo vendí, y me compré mi moto». Elsa me preguntó: «¿Es tuya la moto que está en la cochera?». Y le dije: «Sí, ¿por?». Y me dijo: «Hay, qué rico, desde cuándo he querido subirme en una moto tan grande. Ya hasta me chirrié. Luego me das una vuelta, sí, sí, Eryck». Le dije: «Claro, cuando quieras». Y salió Josué, y dijo: «¿Qué les parece si vamos a curárnosla al menudo?». Y dijimos: «Siiii, vamos». Elsa saltó como chiquilla. Y Josué le dijo: «Oye, sí es cierto, Elsa, pareces chiquilla de universidad, y te ves muy bien y hermosa, pareces una niña caguengue», jejeje. «Dejen, me visto». Y Elsa me dijo: «Eryck, ¿y tu ropa?». Le dije: «Se quedó en la estética». Y me dijo: «¿Quieres que te la traiga?». Y le dije: «¿Quieres, por favor?». Y Elsa bajó a la estética. Y Josué me dijo: «Cabrón, la traes bien enculada». Yo le dije: «Pues Elsa también me gusta mucho, como es, es muy tierna y dulce». Y Josué me dijo: «Pero está casada». Le dije: «Mira, no soy celoso, y si da y comparte, a mí me toca la mayor parte», jeje.

Llegó Elsa, y me dio mi ropa. Me metí al baño, y me enjuagué el cuerpo en la regadera, y salí. Y Josué me dio loción, y le dije: «Josué, ¿no tienes crema para las manos?». Y me dijo: «Sí». Abrió una gaveta de su clóset, y sacó un bote de crema. Y me empecé a poner en mis piernas y en mis manos. Elsa se acercó, y me puso en mi espalda, me abrazó, y me dio un beso, y me dijo: «Qué hermoso estás, papito». Yo le dije: «Papito el de Josué», jejeje. Y Elsa también se rio: «Me encanta tu sentido del humor, Eryck». Y terminamos de vestirnos.

Nos bajamos a la cochera, y Josué me dijo: «Eryck, toma», y me aventó las llaves del carro. Les abrí la puerta a ambos, y Josué dijo: «Yo me voy atrás. Elsa, tú vete adelante con tu putito, amorcito». Y Elsa dijo: «Sale». Se emocionó mucho. Le abrí la puerta, se subió, y le di una nalgadita. Le dije: «Putita rica. Mmm, me encantas, putita». Elsa me dijo: «Tú también, putita hermosa. Mmm». Me subí al carro, y abrí la cochera, y saqué el carro. Y nos fuimos a un restaurán que vendían rico menudo. Era un lugar muy concurrido, había mucha gente. Y entramos, y pedimos una mesa para tres. Y al pasar, todos se le quedaban viendo a Elsa, pues estaba muy provocativa con sus mallones transparentes. Todos la voltearon a ver, los esposos no podían quitarle la vista de encima. Y Josué, con su complexión, y yo también, estábamos atrás de Elsa. Parecíamos guardaespaldas. Se sentó Josué, y yo le saqué la silla para que se sentara Elsa, como si fuera importante, y sí, era importante para mí. Me senté enfrente de ella. Y la verdad, Elsa estaba radiante, se veía como chiquilla. Y ella más se reía fuerte, para llamar la atención. Y yo le decía: «Elsa, por favor, de por sí ya tienes la mirada de todos los señores». Elsa me dijo: «Pues para que me vean, y se les pare la verga». Pues sí, vi cómo me veían. Viejos cochinos, me imagino las chaquetas mentales que se hicieron. Y te apuesto que van a llegar a sus casas y se van a querer coger a sus esposas pensando en mí. Mmm, qué rico. Sabía lo que hacía, era bien cabrona, y eso me encantaba más de ella. Y comimos, y tomamos unas micheladas que preparaban allí, bien ricas. Terminamos, y Josué sacó su cartera. Le dije: «No, Josué, yo invito». Y Josué dijo: «Nooo, ¿cómo crees?». Elsa dijo: «Yo no me traje mi bolsa». La volteamos a ver, y le dijimos: «Tú cállate, putita». Y todos voltearon, pensando que estábamos peleando, jeje. Le dije: «Josué, ¿cómo crees? Tú pusiste tu casa para coger, y el vino». «No, déjame invitarles este desayuno, sí». Y Josué dijo: «Está bien». Fue una comedia muy chistosa, porque los tres participamos. Y salimos riendo. Y Elsa caminaba moviendo exageradamente su lindo culito, y paseando sus pechos ricos. Y nos dijo: «Para que lleguen a coger a sus viejas pensando en mí», jajajaja. Le dije: «Elsa, eres una putita bien putita», jejeje. «Me encantas». Y cuando nadie nos veía, le di un gran beso. Elsa se quedó sorprendida, y me dijo: «Eryck, pero estamos en la calle». Yo le dije: «Mira, si lo sabe Dios, que todo México se entere, que me fascinas, chiquilla putita hermosa». Le di una nalgada, le abrí la puerta, y se subió toda sonrojada. Le abrí la puerta a Josué, y se subió. Me subí, y Elsa me dijo: «Pero…». Y yo, con mi mano, le tapé su boca, y le dije: «Shhh». Y nos fuimos a la estética.

Llegamos, y Josué dijo: «No sé ustedes, pero yo estoy bien cansado, y bien jalado y cogido, así que no sé ustedes, hagan lo que quieran, yo voy a dormir». Se subió a su cuarto, y se durmió. Elsa y yo nos quedamos, y le dije: «Ven, chiquilla». Se paró frente a mí, y le quité sus mallones y su tanguita. La senté, y le quité su blusita y el sostén. La desnudé toda. La acosté, y le empecé a mamar su panochita. Y Elsa dijo: «Así, así, Eryck, mámamela toda, siiii, qué rico me la mamas». Me agarró mi cabeza, y se la repegó fuerte en su puchita, pues se estaba viniendo bien rico, a chorros en mi boca. Me soltó, y me dijo: «Ahora tú, amorcito». Se levantó, y me aventó al sillón: «Vas a ver, cabroncito, cómo te voy a coger». Y me empezó a quitar la ropa, toda. Me dejó encuerado, y me dio una riquísima mamada de verga, hasta hacerme venir en su boca. Se la metí hasta adentro, y se los eché en su garganta. Le saqué la verga, y se los tragó. Dijo: «Eryck, qué ricos te saben tus mecos. Mmm». Dijo: «Eryck, quiero que me metas la verga, ándale, sí, sí». Y sentí que la verga se me paraba más fuerte de oírla pedir verga. La acosté, y se la metí en su panochita. Se la bombié varias veces, hasta que la empujé hasta el fondo. Le metí toda la verga, y me vine. Elsa tuvo más espasmos, y sentía cómo apretaba toda su puchita, bien rico. Me exprimió bien la verga. Se la saqué, la agarré, y la empiné. Le di una nalgada, y le dije: «Ahora me toca ese rico culito». Y Elsa dijo: «Pero, Eryck». Y le dije: «Nada». Y se la metí en su rico culito varias veces. Elsa me dijo: «Cabrón, me duele mucho mi culo, pero no pares de meterla, sigue así». Y la tomé de sus nalguitas, y se la empujé toda hasta adentro, y me vine. Elsa, al sentir los chorros de mecos, le dieron más espasmos. Estaba teniendo orgasmos múltiples. Y me dijo: «Eryck, qué rico siento, me vine varias veces. Te amo, mi putita». Y yo le dije: «Yo te amo más, chiquilla putita». Y parecía que me estaba cogiendo una chiquilla, pues se portaba como tal, haciendo niñerías. Me fascinaba, me encantaba mucho.

Se acostó, y me dijo: «Amor». Le contesté: «¿Qué pasó, corazón?». Y me dijo: «¿Y sí me llevas a dar una vuelta en la moto?». Le dije: «¿Quieres?». Y dijo: «Sí, sí, sí, ándale». Le dije: «Sale». Y le empecé a vestir. Le puse su tanguita, y le puse sus mallones y sus zapatos, le puse su sostén y su blusa. Se me quedó viendo, y me dijo: «Eryck, ¿algo quieres? Y no es dinero». Le dije: «Elsa, lo que quiero ya me lo diste. Esa puchita y ese culito son míos, ¿verdad?». Y me dijo: «Todo, todo mi cuerpo es tuyo, soy tu niña putita, amor». Y me dio un beso, y me dijo: «Eryck, así eres de tierno». Le dije: «Cuando me gusta alguien mucho, soy muy tierno con esa persona». Y me dijo: «Qué lindo eres, y me gusta cómo me tratas». Me dijo: «Deja entro al baño». Y me vestí. Salió, y bajamos a la cochera.

Prendí la moto para calentarla, y siempre traigo un casco extra para cualquier evento, y se lo di. Y le dije: «¿A dónde quieres ir?». Y me dijo: «Tengo una pinche idea. Deja les marco a mis amigas, para vernos en algún café, y vamos. Me bajo, las saludo, te presento, para que les dé envidia, y nos vamos. Haces un caballito, y nos vamos a dar la vuelta, ¿sale?». Le dije: «Lo que mi princesita diga, se hará». Les llamó a sus amigas, e hizo una junta de sus amigochas, puras señoras cuarentonas y cincuentonas, todas de alto pedorrage, sí, señor. Saqué la moto, y se subió. Ya sabrás: ese hermoso culito transparente y empinado en la moto, cómo se veía, bien rico y antojable. Elsa se puso el casco, me dio la dirección del café, y se subió. Me abrazó, y empinó más su culito. Se le veían sus nalguitas, con una rallita de la tanguita en medio de sus nalguitas. Y arrancamos. Y muchos autos pitaban, chiflaban, gritaban: «Quierooo, mátenme a pedos, que quiero morir cagado, qué rico culito, presta», e infinidad de groserías gritaban cuando pasábamos. Y varias motos me alcanzaban, y me hacían la seña de «ok», con un pulgar arriba. Yo solo hacía la seña de: «Ya ves lo que traigo». Elsa estaba cagada de risa. Me dijo: «Eryck, me siento como de 18 años, esta sensación es muy bella. Todos quieren mi culito, pero nadie me ha visto». Y le dije: «Elsa, así como estás, te ves de 20 años, no te ves de 45, estás hermosa y bien cogible, estás bien rica». Y me abrazó más fuerte.

Arrancamos, y llegamos al café. Pasamos, y allí estaban ya todas sus amigas: unas señoras bien vestidas y elegantes, puras señoras de alta sociedad. Me dijo: «Ya llegaron todas. Ahorita va a ver quién es esta putita chiquilla». Aceleré la moto, para llegar haciendo ruido, y frené inclinado un poco, para que la moto derrapara y parar en seco. Y todos voltearon a vernos. Se veía que se secreteaban. Se detuvo la moto, y se bajó Elsa. Sus amigas la vieron, y Elsa se dio una vuelta, para que la vieran qué bella se veía. Yo paré la moto, y me bajé. Elsa se quitó el casco, y dio un giro de su cabeza para acomodar su cola de caballo. Se veía fantástica. Todas sus amigas, en cuanto la vieron, gritaron: «Elsa, no puedo creer que seas tú». Elsa me dio el casco, y los puse en la moto. Me puse mis lentes, traía unos Ray-Ban de aviador gota chica, y caminé a lado de Elsa. Y Elsa me agarró de mi cintura, y todas se taparon la boca, pues no podían creer lo que veían. Ella más me apretó, como diciendo: «Miren el chavo que traigo». Todas saludaron a Elsa, y exclamaron: «Elsa, pero mira qué bien te ves». Y Elsa les dijo: «Pues sí, cuando tienes una rica verga, hasta rejuveneces». Todas dijeron: «Elsa». Y les dijo: «Sí, cabronas, este chico me está cogiendo bien rico, y vean cómo me veo», jeje. Les dio una vuelta, luciendo su hermoso cuerpo. Me presentó, y todas se pararon para saludar. Y Elsa les dijo: «Calmadas, perras, se nota que no les dan verga». Y las damas dijeron: «Elsa, pues presta, para que nos quiten unos años de encima». Y Elsa dijo: «Mmm, sí, no las conociera, diría que para que les quitara la ropa de encima», jeje. Y todas rieron. Elsa les dijo: «Pues tomen turno, y me dicen. Se los presto, para que se las coja. Aaa, pero eso sí, a él le gusta meter la verga por todos lados, así que putitas santas no queremos. Ya saben, les van a meter la verga por sus panochas oxidadas y por sus culitos. Que es lo que más le gusta, coger por el culo. Le gusta sentir cómo le aprietan la verga con sus culos. Mmm. Y también le gustan las mamadas de verga, hasta que se traguen sus mecos. Así le gusta coger. Y no solo una vez, le gusta estar cogiendo todo el rato que pueda, y hasta para llevar te da. Así que apúntense con un billete, pues este niño es pobre, y requiere de una donación de culos mayores», jejeje. Y todas dijeron: «¿Es en serio, Elsa?». Y todas, al mismo tiempo, dijeron: «Yo me apunto, yo y yo». Todas se apuntaron. Elsa les dijo: «Bueno, se ponen de acuerdo y me avisan. Pero ya saben, shhh, que todo México no se entere», jeje. Les dijo: «Bye». Se dio una vuelta, y salimos. Todos los clientes del café nos estaban viendo. Salimos, se puso su casco, me puse el mío, prendí la moto, se subió Elsa, empinó más su culito. Y los señores que estaban en el café, y los que estaban en la calle, se quedaron con la boca abierta. Sus esposas solo se veía cómo les volaban madrazos. Se oía que les decían: «¿Ves? Sí le estás viendo el culo a la pinche puta esa». Elsa solo se rio. Le dije a Elsa: «Agárrate fuerte, amor». Me abrazó fuerte. Yo arranqué fuerte, y de rato hice un caballito en frente a la cafetería, y salimos hechos la chingada. Elsa me agarró más fuerte, y bajé la velocidad. Y Elsa me agarró de mi verga, y me dijo: «Quiero coger otra vez, Eryck, quiero coger. Me siento muy feliz por este show que dimos», jeje. «Me siento súper». Le dije: «Estás súper, mi princesa». Y nos fuimos a un motel, a que creen, pues a platicar, jejeje. No, pues a meterle la verga por todos lados, sí, señor. Y no nada más una vez, ya saben que me gusta coger y mamar. Que el mundo se va a acabar, sí, señor.

Pues esta es una de mis travesías de mi vida. En otro capítulo les platico cómo estuvo la recaudación de donativos, jejeje. Los veo. Bye.

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francisco gerte
francisco gerte

hola que tal soy un hombre maduro de 57 años y para mi edad siento que e vivido muchas cosas de la vida yo me sali de mi casa a los 18 años me case y me divorcie y desde mi divorcio e estado viviendo con muchas mujeres y viviendo muchas anecdotas que les ire platicando poco a poco pues no tengo a quien conterle mis anecdotas

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