Mi comienzo como una puta sumisa
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Buenos días. Soy Yolanda la puta casada pechugona. Les estaba contando cómo le convertí en una puta sumisa habiendo sido una mujer decente y fiel esposa.
Estoy desnuda en el archivero siendo manoseada, besada y chupeteada sin cesar por Rolando, un compañero de trabajo. Había tenido dos orgasmos y varios derrames de flujos vaginales. Mis pezones estaban duros y mis tetas hinchadas y rectas. Rolando seguía chupando mis pezones y yo ya estaba rendida ante su poder. Desvalida y abandonada a su merced. Lo peor es que me había empezado a gustar esto aún siendo forzada al sexo. Les juro que nadie había demostrado tanto deseo por mí. El miedo se transformó en morbo y deseo.
Yo gemía sin cesar: ahhhh, aahhhhh, aahhhhhh. Rolando me gritaba zorra, puta, y sentía los deseos de él en mi vagina mojada. Tenía los ojos en blanco y la boca abierta gimiendo y respirando con agitación.
Rolando me toma del cuello y me escupe diciéndome: “Perra estúpida, ahora sabrás lo que es bueno”. Yo, totalmente dominada, decía: “Sí, sí, Rolando, lo que quieras, soy tuya para siempre, seré tu mascota”. Y del cuello me atrae hasta su cara y me pasa la lengua, la misma que chupó mi vagina. Y de un empujón me tira contra un escritorio abandonado y pone mi cabeza en el escritorio y mi tórax se apoyaba en él. Las tetas duras se sentían rico, aplastadas en el escritorio, y mi culo echado para afuera, bien parado. Cerraba los ojos ante la ansiedad. Rolando me grita: “Abre bien las piernas, perra”, y yo le obedecí. Las abrí hasta más no poder y a los segundos siento el pene de Rolando pujando en mi vagina por detrás. Me sentía como una perrita bien puta y cada empujón era delicioso, me hacía como una ola de mar y mi espalda estaba arqueada y yo gimiendo sin cesar sintiendo delicioso ese pene dándome por detrás duro. Estaba tan excitada que tuve un orgasmo repentino, pegué un grito ahogado y quedé como suspendida, tiesa.
Rolando, sin misericordia alguna, seguía cogiéndome por detrás hasta que me alza jalando el cabello y me da una bofetada por el rostro a causa de mi orgasmo repentino y me ordena ponerme de rodillas. Lo cual hice sin chistar.
Ya arrodillada veía esa verga grande y robusta de Rolando y se me hacía la boca agua por poder comérmela. Pero no fue así. Me dijo: “Tendrás esto, puta, por haberte venido sin mi permiso”. Y suelta unos chorros de semen enormes, tibios y espesos, llenándome el rostro totalmente y cayendo en mis pechos y abdomen. Literalmente cubierta de semen y seguía echando más. Hubiera querido un esposo así de vergón y lechero. Uffff, riquísimo.
Bañada en semen y agotada por varias horas de sexo rudo, Rolando dijo: “Venga ya”, y se aparece Carmen, una oficial de seguridad de la mutual, delgadita y tetona, muy coqueta, totalmente desnuda en tacones altos, y Rolando le ordena limpiarme con su lengua. Nunca había caído yo tan bajo, pero me sentía en una nube deliciosa…
Continuará.
