Lechecita fresca para mí en la boca hasta la ultima gota

Espero que ustedes ya me conozcan, soy Julia, una muchacha de treinta años, vivo en América Central. Soy enteramente desprejuiciada y desde hace muchos años he decidido vivir mi sexualidad plenamente, sin cortapisas de ninguna clase. Trabajo en una compañía exportadora de Café y en esta oficina hay muchos hombres jóvenes (y otros no tanto) a los que provoco, excito y finalmente engancho para tener una rica cogida. Pueden encontrar más relatos míos en este maravilloso sitio, que nos regala tantos ricos placeres leyendo las historias de hombres y mujeres tan calientes como nosotros.

Bueno, después de estos preludios, les contaré que al extremo del corredor donde está mi oficina, hay una salita pequeña con los «estudiantes», que son muchachos que vienen de colegios de administración y hacen sus prácticas de estudios con nosotros durante unos tres o cuatro meses. Hace un par de meses hubo una fiesta de toda la compañía, tuvimos una comida con baile y mucho relajo. Sacaron fotos del baile las colocaron en la red de la empresa, para que todos pudieran compartir los recuerdos de la fiesta.

El asunto es que hace unos días yo caminaba por el pasillo justo frente a la sala de los estudiantes y al mirar en su interior, me di cuenta que uno de ellos estaba solo, concentradísimo frente a su pantalla, mirando una foto de… ¿Adivinen quien? Mía, por supuesto!. Era una foto mientras bailaba, andaba ese día con una faldita corta de mezclilla pero amplia y en la foto estoy girando y se me ven las piernas hasta los muslos y no se ven las bragas solamente por mera casualidad. El muchachito estaba mirando la foto a toda pantalla, y mientras yo transitaba por el pasillo, me dije: «Hola… aquí hay un candidato muy interesado…» y recordando entre mis piernas todo lo que me gustan los muchachitos muy jóvenes, abrí despacio la puerta y entré a la salita de los estudiantes. Pero hice ruido, él todavía tenía mi foto en su pantalla pero al verme entrar se puso rojo de vergüenza y quitó torpemente la foto de la pantalla y se quedó mirándome con cara de culpable de un crimen atroz.

Yo estaba de pie y él permanecía sentado y puedo jurarles que se le veía una pija enorme bajo el pantalón, un «paquete» que me hizo imaginar muchas delicias… me moría por tocarlo por encima, quería frotárselo desde la puntita hacia abajo, hasta hacerlo acabar… pero me contuve discretamente como una señorita y con dificultad alejé mi vista de su pantalón y le miré a la cara. Es un muchacho muy joven, de tez clara, ojos oscuros muy intensos, más bien delgado, con un delicioso aspecto de fragilidad que me despierta todos mis instintos de maternidad. Yo me acerqué hasta casi tocarlo y con toda malicia le dije muy bajito «¿Qué estabas mirando?». Se quedó mirándome en silencio sin responder, pero su mirada decía «Usted bien sabe lo que estaba mirando…» con un gesto de vergüenza y complicidad.

Como todos los días, yo vestía una falda corta. Escogí una silla y me senté frente a él. Subí una pierna encima de la otra, bien despacito para que me mirara toda y le dije: «¿No prefieres mirar en vivo?». A mí misma me asombró mi audacia, yo no suelo ser tan directa pero es tan jovencito… que sentí que si no tomaba la iniciativa no conseguiría más que se siga corriendo en el sanitario pensando en mí. Y si bien eso me encanta, en este caso quiero aprovechar un poquito de toda esa lechecita que este niño está derramando por mí. El se quedó alelado, no esperaba que yo fuera tan agresiva quizás, se quedó confuso pero asintió con la cabeza. Yo aproveché su afirmación y le dije: «Podría venir a visitarte para que podamos platicar… y tú puedas mirar, ¿Te gustaría?». El volvió a asentir con fuerza, todavía incapaz de pronunciar palabra. «¿A que hora estás más… tranquilo?», le pregunté, sabiendo ambos que yo estaba preguntando «¿A que hora estás solo?». Me dijo «cerca de las dos de la tarde». Entonces me acerqué, le di un suave beso en la comisura de los labios (tiene una boca gordita, unos labios carnosos) y le dije «Mañana voy a visitarte a esa hora» y salí despacio moviendo mi trasero, sintiendo la mirada ardiente de sus ojos oscuros clavados entre mis nalgas… A esa hora la gente todavía está en el almuerzo, muchos de ellos van a sus casas a hacer una pequeña siesta de modo que los pasillos estaban vacíos y silenciosos, un clima muy oportuno para hacer unas ricas cochinaditas.

Al día siguiente día me puse, especialmente para mi lolito una blusa que tiene un escote en diagonal que me deja un hombro cubierto y el otro hombro desnudo. La línea del escote deja más de un tercio de mis tetas a la vista y uso con esa blusa un brassiere que no tiene tirantes, lo que aumenta el atractivo de la blusa, me comprenden? Los jovencitos se impresionan mucho con la tetas, saben? Cuando una quiere enganchar a un jovencito, les enseñas los pechos y lo agarra de seguro. El asunto es, entré toda sexy, Juan Ramón estaba esperándome nervioso y confundido de tener semejante mujer sola para él. Debe de haber fantaseado con mi visita toda la mañana, porque su «paquete» se veía a kilómetros, él ponía las manos encima de su pantalón para disimular, pero se le veía de todas maneras. Yo me senté justo delante de él, fuera de la línea visual de la ventana del pasillo y dejé que la mini dejara al descubierto mis piernas. Hay que ser generosa con la juventud, no es cierto?.

Empezamos una conversación que luego hice derivar hacia el terreno personal, si tenía novia, si había ido alguna vez a un motel con ella y cosas de esas, todos los temas que rozaban el sexo de alguna manera. Mientras hablábamos yo cruzaba y descruzaba las piernas, y un par de veces me agaché a sacar una inexistente mota de polvo de la punta de mi zapato, mostrándole toditas mis tetas y de seguro que alcanzó a divisar mis pezones paraditos. Todo este juego subió terriblemente la temperatura, el ambiente estaba muy caliente y mi jovencito se agitaba en la silla sin poder contener su excitación. De pronto y viendo que el pobre chico no iba a tomar la iniciativa de asustado que estaba, me levanté como gatita perezosa, me estiré frente a él y luego, como si recién lo hubiera descubierto, bajé mi vista hacia sus manos cubriendo su pija y separándole las manos le dije con mucha picardía «¿Que estás escondiendo ahí, mi lolito?». Fue delicioso, él cedió por completo, dejó caer las manos a los costados de sus muslos, se le abrieron las piernas y lanzó un gemido de calentura. Apenas musitó «Aaay, señora Julia…».

Yo me incliné frente a su rostro mostrándole mis pechos y comencé a frotar con mi mano por encima del pantalón su herramienta. Estaba tan caliente la pija que se notaba claramente la tibieza por encima de la tela y puedo asegurarles que el muchachito tiene una pija muy contundente y apetitosa. Mientras le frotaba, masturbándole muy despacio para no asustarlo, él no despegaba la vista de mis pechos. Con la otra mano yo me bajé el borde de la blusa y le mostré una tetita desnuda, el pezón paradito y rosado. «¿Quieres chupar aquí?» le invité susurrando. Mi niño abrió la boca y se abalanzó a comerme, ansioso como un perrito. «Despacio, mi niño, despacio…» le dije, porque me hacía doler el pezón que los tengo tan sensibles como no se imaginan. Mientras él chupaba golosamente, yo seguí manoseando su pija dura y caliente, mirando hacia la ventana para asegurarme que nadie llegara a interrumpir esta delicia.

Bajo mi mano se sentía tan durita y gruesa su pija, que no me contuve y le dije en el oído «ahora me toca chupar a mí… quieres?». Se estremeció entero de placer, pero me miró lleno de confusión y no respondió. Ni corta ni perezosa, le empecé a abrir el cierre del pantalón y él me sujetó las manos. Yo lo miré interrogante y me dijo con la cara roja de vergüenza «es que ya me corrí…». Se había corrido con mis caricias, han visto que delicia más grande!!!. Yo le dije «no importa, no importa…» incapaz de controlarme y saqué su pija ante mis ojos. Efectivamente estaba toda cubierta de semen y al sacarla de su pantalón salieron unos chorros densos de lechecita caliente por la punta que me mojaron los dedos. Tiene una pija grande y gruesa y verla llena de jugo chorreante fue una visión deliciosamente excitante que he recordado estos días en mis mejores pajas.

Me arrodillé frente a él, le miré directo a la cara y sin dejar de mirarlo abrí mi boca y le mamé todo el semen de su cabecita, yo estaba demasiado caliente para perderme ese manjar. Juan Ramón se reclinó en la silla, dejándome hacer. Mientras mamaba y chupaba afanosamente, ocurrió ese milagro maravilloso de los jovencitos… la pija se me puso durita en la boca, durita de nuevo!!!. Seguí mamando, masturbándolo, descubriendo la cabecita y lengüeteando aquí y allá, pasando la punta de mi lengua rosada bajo el frenillo, tragándome la pija entera conteniendo la arcadas, (que delicioso es tener arcadas con una buena pija metida en tu garganta, las arcadas apretan la cabeza de la pija… es muy rico, no?) y de pronto, se me puso muy dura en la boca y mi niño susurró «pare, pare señora Julia que me voy a correr…». ¿Ustedes creen que yo iba a detenerme? Puse la mano libre entre mis piernas separadas y empecé a rozarme el clítoris con mis deditos por encima de las braguitas, mientras seguí chupando afanosamente.

La cabecita de la pija se hinchó en mi boca, creció y luego latió en espasmos mientras Juan Ramón se quejaba… recibí todo el semen en la boca y golosa me lo tragué entero, lo chupé hasta que no salió una gota más de leche densa, caliente y sabrosa y aún así seguí chupando. Luego me levanté, con los labios todavía brillantes de semen y jugo y le di un beso en la boca. «¿Te gustó, mi amor?» le pregunté. Juan Ramón asintió enérgicamente, todavía con la pija en su mano como cuidándosela. «Te vendré a visitar de nuevo otro día, espérame…» le dije. Salí feliz, me sentí deseable, atractiva y me sentí tan bien por el placer que había dado a ese muchachito. «La próxima vez me toca probar su boca en mi chuchito..» pensé cuando caminaba por el pasillo de regreso a mi oficina.

Ahora mi lolito me acecha en los pasillos, ansioso y caliente por nuestro próximo encuentro. Cuando se produzca, quizás se los relate aquí mismo… Como lo he dicho antes, soy malísima inventando historias, y por esa sencilla razón prefiero contar de mis propias experiencias. Y sé perfectamente que a todos ustedes les place mucho más leer relatos verdaderos que historias inventadas. Al menos, a mí personalmente me ocurre así.

Un caliente besito a todos ustedes

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Julita