La segunda ocasión: Trío inolvidable con mi mujer y Marcos
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Después de que saliera tan bien el primer encuentro, no podía permitir que esta historia se torciese. Aquel trio consiguió que durante dos meses nuestra vida sexual fuera una locura. Cada vez que recordábamos el momento terminábamos follando como locos. Así que decidimos repetir.
Como he dicho antes, no podía permitirme ni un fallo. Deseaba poder prolongar aquella relación todo lo que se pudiera. No podía fallar nada y mi pareja estaba de acuerdo.
Llamamos a Marcos y acordamos un día. Lo citamos en casa, un viernes. Y lo preparamos todo, una cena, con su buen vino. Y algo primordial, buena lencería, música y velas.
Como yo no quería perderme nada, decidí que debía grabar y fotografiar todo el evento.
Mi mujer se vistió y se maquilló, estaba más tranquila de lo que pensé. Ella había decidido dejarme a mí como maestro de ceremonias.
—Tú vas a dirigirlo todo, eres el director de escena, jaja-me dijo riéndose-.
A las ocho treinta sonó el portero automático. Mi mujer estaba maravillosa, llevaba un vestido negro, ni corto ni largo, unas medias negras a juego con las bragas y el sujetador. Zapatos de tacón.
Cuando entró Marcos, todo empezó siendo muy formal, besos en la cara, apretón de manos. Casi como si no hubiera pasado nada, como si no hubiéramos estado follando durante horas unos meses antes.
Pero si es verdad que un pequeño estremecimiento sensual nos recorrió a los tres.
Servi un pequeño aperitivo en la terraza, charla común e intranscendente, música suave.
Después del aperitivo fuimos al comedor, el ambiente iba caldeándose, las miradas de Marcos a las tetas de mi mujer y a sus piernas, empezaron a ser más nítidas, alguna broma.
¬—Estoy como loco por ver que hay debajo del vestido, jaja.
—Poco a poco—contestaba ella coqueta, excitada.
La mesa estaba preparada, sus velas encendidas. Abrí el vino y nos sentamos. Mi mujer presidiendo, yo a su derecha y Marcos a su izquierda. La conversación recorrió momentos intranscendentes con algún momento de picardía. Algunas bromas y risas. A pesar del buen rollo nos acercábamos a los postres y la cosa no parecía que fuera a arrancar, Marcos, muy comedido no parecía que fuera a tomar la iniciativa y mi mujer ya me lo dijo: “tu diriges”.
Así que cuando saqué el postre propuse un juego. Le tapé los ojos a mi mujer nosotros íbamos a darle de comer el postre. Risas, unos pequeños nervios, sobre todo en mi mujer sabia donde iba. Naturalmente todo el mundo acepto. Era una tarta, fuimos dándole pequeñas cucharadas, muy cerca de ella nuestras manos acariciaban sus piernas, ella muy excitada, abría las piernas. Algún beso con nuestras lenguas, junto con tarta. El ambiente se caldeó. Me levanté y poniéndome detrás de ella empecé a masajearle primero el cuello, y fui bajando poco a poco hacia sus tetas, mientras Marcos seguía dándole de comer, besándola, acariciando el interior de sus muslos, muy cerca de su coño.
Giré la silla y le susurré al oído a mi mujer.
—Abre bien las piernas, enséñale a Marcos tu excitación—y mientras las abría fui subiendo poco a poco su vestido.
A nuestra vista fue apareciendo sus hermosas piernas, con aquellas medias y después sus bragas, que ya estaban empapadas. La besé acariciándole los pechos. Marcos se había puesto de pie y acariciaba las piernas de mi mujer su erección marcaba sus pantalones, estaba a punto de estallar. Abrí las piernas de mi mujer.
— Bueno, Marcos, comete tu postre— dije.
Mi mujer suspiró y se dejó resbalar un poco en la silla, Marcos se acercó y empezó a acariciarle el coño, sus dedos por debajo de su braga, su otra mano desabrochándose el pantalón y sacándose la polla. Se arrodilló entre sus piernas y con mimo, chupando lamiendo le quitó las bragas y metió la cabeza entre sus piernas, la chupó, lamio, metió su lengua hasta el fondo…hasta que se corrió, gemía, se contorneaba. Marcos se incorporó y cogiéndola del culo y le metió la polla hasta el fondo. Mi mujer grito de placer, seguía con los ojos vendados todo eran sensaciones, besos, su coño comido, mi boca en sus pezones y de repente una polla en su coño. Se corrió en la primera embestida.
Marcos estaba tan excitado que tuvo que salirse y apretarse la polla para no correrse ya. Aprovechando ese momento incorporé a mi mujer e hice que se apoyara en la mesa puso el culo en pompa, yo ya me había ido desnudando, así que despacito gozando de aquel coño empapado fui metiéndole mi polla, estaba impresionante. Nos fuimos intercambiando, un ratito yo, un ratito Marcos, su coño estaba tan mojado, tan caliente, tan apretado que no podíamos aguantar mucho, nos salíamos intentando no corrernos. Ella disfrutaba de cada embestida de cada cambio de rabo.
Mi mujer se incorporó y quitándose la venda se acercó a Marcos y le besó, en un beso cálido, sensual, morboso, al tiempo que le acariciaba la polla.
Cogidos de la mano se fueron hacia el sofá. Mi mujer le tumbo y sin ninguna timidez, pues ya estaba desatada, se colocó encima de él y cogiendo su polla se la metió en el coño, hasta el fondo. Yo justo detrás de ellos vi cómo se introducía hasta los huevos. Comenzó a cabalgarlo, yo veía como la polla de Marcos se deslizaba por el coño chorreante de mi mujer, ella le mordía los labios, le metía la lengua y se corría una y otra vez.
En un momento se incorporó y con la mano me dijo que me acercara, mientras seguía follando con Marcos empezó a comerme la polla.
Y entonces sucedió algo inesperado, Marcos se incorporó un poco y acercado su boca besó a mi mujer, y en realidad lo que ocurrió es que empezaron a comerme el rabo entre los dos. La sensación fue espectacular, alucinante, tras unos minutos tuve que apartarme para no correrme en sus bocas.
Después de un par de corridas mas de mi mujer, paramos un minuto, tomamos algo, en el ambiente había algo nuevo, electrizante, aunque ninguno comentábamos nada, solo jadeábamos.
Al rato, Marcos tomó la iniciativa tumbo a mi mujer sobre el sofá y abriéndole las piernas empezó a fóllarsela. Ella jadeaba, suspiraba. Y en su mente una nueva imagen, excitante.
—Quiero hacerlo otra vez— dijo mi mujer—y todos sabíamos a que se refería. Me acerqué y metí mi polla entre ellos y comenzaron a comérmela, pero esta vez ella se apartó un poco y mi rabo entró entero en la boca de Marcos. Mi mujer ante la imagen empezó a correrse y Marcos más excitado todavía se la follaba con una energía tremenda, mientras me comía el rabo. Me hizo una mamada espectacular, una de las mejores que me han hecho nunca.
—¡¡Sigue, sigue!!— animaba a Marcos, la pasión, el ardor, llenaba el comedor
Mi mujer se corría, su coño empapado sonaba, (¡¡flox,flox!!) de la cantidad de flujo que producía con el rabo de Marcos entrando y saliendo.
Al cabo de unas horas caímos rendidos en el sofá, exhaustos, riéndonos. Llevábamos horas follando. Habíamos tenido una noche llena de nuevas emociones, sensaciones, recuerdos.
Habíamos conseguido otra vez encontrar algo mejor de lo que esperábamos
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