La prima que se enamoro del habanero

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Relato real y mayores de edad.

Yo tenía una de las primas que dormía conmigo en la misma cama. Ella pensaba que yo estaba dormido mientras me chupaba todo el rabo. Ella no iba conmigo al río, era más grande, pero por la noche la mamaba bien rico y se tocaba el toto. Yo siempre la agarraba de la cabeza y le hacía mamar mucho y soltar toda la leche en la cama. Era imposible, así que la tragaba toda siempre para no dejar rastros y decía: “Por Dios, qué rico sabe el habanero, qué cantidad de leche. Mi novio casi nunca tiene leche”. Uff, eso me ponía la pinga más gorda y dura, y ella volvía a mamar hasta sacarla. No le importaba estar dos horas chupando. Su trabajo era ser la prima mamalona. Lo mismo chupaba rabo entero que chupaba mis huevos, y eso me daba un calambre rico que me ponía el rabo más duro. Lo descubrió y empezó así a mamar huevo, y cuando la tenía dura con las venas bien marcadas, se la metía, pues decía que dura parece un tubo, que dura tiene el cabezón y tronco gordo y macizo.

Un día logré venirme en su totico, y luego todas las noches quería que le diera leche en el totico. Era como el de una nenita que no singaba, mega cerrada y apretada. Yo me hacía el dormido mientras se la clavaba y murmuraba que rico para venirme así, y ella: “Pero todavía tiene leche, tengo que comprobarlo, no puede ser. Se vino tres veces, son la 1 a. m., ya no puedo más, me duele la mandíbula y la garganta”. Yo se las metía entera hasta el fondo, y el estómago como me rellena a mi primo la pancita. Y así se lo metí sin importar que su mamá estuviera en el otro cuarto. Era mi perrita nocturna y me sacaba la leche rico, y se quedaba toda la madrugada con la leche adentro. Decía que no pasa nada, voy a dormir, mañana me lavo. Y así era todos los días.

Con el tiempo después me enteré de que se casó con un hombre de 55 años y ella tenía 25 cuando se casó. Luego, cuando estaba embarazada, un día la vi y no me miraba la cara. Le hablaba y miraba el piso, y le dije al oído: “Yo sé que tu hija es mía”. Y se fue corriendo. Luego la alcancé por el camino y le dije: “Si quieres te vuelvo a preñar para que tengas dos con el supuestamente viejo”. Y ella: “No, primo, no puedo. Está ni se parece al padre. Figúrate si me coges con tu rabote, me vas a dejar tan abierta que se va a dar cuenta”. Y de vez en cuando la ponía a mamar y le cogía el culo, y nada de toto. Y cuando le metía el cabezón gordo en el toto protestaba, y yo: “Si, ya sé, el toto para tu marido y el culo para tu novio. Ven, ponte en cuatro”. Y así me la cogía en la casa de tabaco de la finca del marido cornudo. Aún le paso dinero para nuestra hija, y cuando voy a Pinar ella me hace la visita en casa de su mamá, y me la mama y se la mete en el culo, y me dice: «Tiene que ser por el culo porque tú tienes el rabo más grande que he probado en mi vida, muy grande y gordo, y tienes tanta leche y me llenas el útero y los ovarios y todo lo que hay por dentro como si fuera un pavo relleno. Pues la última vez me hiciste dos hijos, lo que uno murió en el parto y la otra sí está bien, pero no te la puedo enseñar es idéntica a ti, y el viejo se daría cuenta. Así que dame mi leche y vete, que seguro mi mamá sospecha de quién es hija, pues mi mamá sí te conoce».

Y así han pasado los años. Ya no he sabido nada, solo que se mudó para cabecera de la provincia. Y la pensión siempre se la mando a su mamá en forma de ayuda económica. Ojalá verlas ambas algún día, y mi hija debe tener el mismo cuerpo de su mamá, la yegua de Mantua. Ojalá esté singando rico por allá, porque seguro que lo puta de la madre y mío debió heredarlo.

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Jose
Jose

Cubano 22cm de pingona gorda, cabezona y rosada

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