Duración estimada de lectura: 5 minutos
Visitas: 1,448
Me llamó Valeria, soy una estudiante de sobresaliente, tengo 18 años y estoy en mi último año de bachillerato, el año que viene espero ir a la universidad, estoy indecisa de momento y no sé qué estudiar.
Mis compañeros del instituto se burlan de mí y me llaman friky, me acosan porque me encanta la ciencia, la historia y leer. Nada más terminar de cenar me voy a mi cuarto a estudiar como hago a diario antes de irme a dormir (y a masturbarme en la mayoría de ocasiones).
Los estudiantes de la escuela no saben que debajo de la ropa negra y friki, y las camisetas sencillas de anime hay una mujer obsesionada con el sexo que desea follar y ser follada continuamente. Los chicos de la escuela dicen que soy una puritana santurrona por mis apariencias y por no tener pareja, no saben lo que escondo en realidad.
Mi papá y mi tío (hermano de mi madre) estaban terminando de ver un partido en la sala de estar cuando pasé frente a ellos de camino a mi cuarto, había ido a dejar un vaso de agua y por un momento sentí una mano rozarme ligeramente cerca de mi cintura. Supe que era mi tío.
Apenas llegué a mi cuarto sentí está vez una manaza en mi culo que me obligó a entrar en la habitación a trompicones mientras cerraban la puerta, gire la cabeza rápidamente y vi a mí tío con ansia, me bajó el pantalón del pijama y se desabrochó los pantalones inmediatamente después.
– ¿Y mi padre? – Pregunté nerviosa y excitada al mismo tiempo
– Tranquila, dije que iba al baño y… – me besó – Ya sabes cómo se pone con el fútbol
Asentí con la cabeza y mientras nos besamos levanté una pierna para apoyarla en el escritorio y sin preámbulos metió su polla dura en mi coño palpitante y mojado.
-Joder Valeria, estás tan mojada. Te gusta cuando te follo como a una puta, ¿verdad?
Gemí levemente y asentí con la cabeza mientras el me rodeaba con sus manazas mi cuello y me follaba tan profundo y duro que casi era incapaz de ahogar mis gemidos.
Sus gruñidos profundos y mis gemidos ahogados denotaban el placer que me estaba provocando, escuchaba de fondo la televisión a un volumen alto por lo que ni mi hermano ni mi padre tenían ni idea de lo que me estaba haciendo mi tío.
-Sí, dios tío joder – gemí suave sobre su oído mientras sentía arder mi coño y frotaba mi clítoris. Sentía su polla abrirse camino hacia lo más profundo de mi coño.
Después de oirme mi tío envolvió mi cabello alrededor de su mano y me tiró hacia atrás bruscamente para penetrarme más profundamente, sentía su polla en mi estomago mientras sus embestidas eran mas más rápidas y más fuertes, mientras gimo suavemente siento su polla palpitar unos segundos y el calor de su semen me lleno mi coño caliente.
Apenas sentí su leche sentí mi clítoris arder y me vine completamente mientras el mantenía sus embestidas y gruñía, sentí su polla salir y dejarme vacía mientras su semen y mis fluidos vaginales recorrían mis muslos.
Así era el sexo con mi tío, algo prohibido, rápido y excitante, siempre me quedaba con ganas de más, deseaba tenerlo para mí y no tener que ocultarlo, pero obviamente eso era imposible.
Hacía meses que comenzamos una aventura que ambos deseábamos y perseguíamos hasta tal punto que después de un susto decidimos ponerme un implante anticonceptivo subdérmico para poder follar sin protección.
Lo amaba, lo necesitaba, le había dado mi virginidad y sentía que era un amor correspondido, era un amor prohibido y eso lo hacía aún más excitante.
– Dios Valeria, siempre que te veo me dan ganas de hacerte de todo – Me dijo mientras sacaba su polla y nos besábamos
– Puedo chupartela y … – Me interrumpió
– No, tú padre está en el salón y … Imagínate si ve que no hay nadie en el baño – Intento explicarse
– ¿Pero vamos al baño y lo hacemos allí? – Insistí deseando más, era toda una inexperta chupando pollas
– Val, otro día, ¿vale amor? – Finalizó mientras me volvía a besar, sentia que era un beso de despedida, asentí levemente y después de observar de nuevo mi cuerpo y comprobar como disminuía su erección salió de mi cuarto.
Necesitaba más, frustrada tendría que masturbarme, quería más y mi tío no me lo daba, esos momentos me enfadaban. Estaba decepcionada.
