Mamá se deja coger por su compadre
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Esto es 100% verídico y todo sucedió hace ya unos meses. Somos de un pequeño rancho al sur de Mexico, por cuestiones de desempleo y cosas así, papá emigró a los Estados Unidos hace 5 años. Ahora solo somos mamá y yo.
Mi mamá se llama Irma, es bonita, estatura promedio, sus senos son algo grandes y sus nalgas también, para sus 38 años aún mantiene una buena figura. A pesar de tener bonito cuerpo, mamá solía vestir de manera recatada, su ropa era holgada y larga. Pero eso era nomas afuera, por que dentro de la casa ella se vestía más cómoda, andaba en faldas cortas, en leggins que se le marcaban bien las nalgas y las piernas, o shorts de licra ajustados que dejaban ver todo el contorno. Eso solo lo hacía cuando estábamos nosotros solos en la casa, nunca lo hubiera hecho en público ni dejado que alguien de fuera la viera así.
Juan y doña mari, eran compadres de mis papás desde hace años, habían sido padrinos de una hija de ellos cuando salió de la escuela, además eran muy buenos amigos también. Antes de que papá se fuera venían muy seguido, ahora solo lo hacían de vez en cuando.
Todo comenzó un día que don Juan llegó a la casa sin avisar. Yo estaba en la sala viendo la tele cuando escuché que tocaban la puerta. Abrí y ahí estaba él, con su camisa y botas de trabajo. Me pregunto qué si le podíamos prestar un par de herramientas ya que se le había descompuesto el fregadero de su cocina y que le urgía arreglarlo antes de que llegara su mujer. Con gusto lo invité a pasar, fuimos a la cocina por las herramientas que iba a necesitar. Entramos y hay estaba mamá ocupada preparando la comida, de espaldas a nosotros, cuando ella se dio la vuelta y nos vio parados ahí, abrió los ojos de par en par como plato, se le hicieron enormes y redondos. Su cara se puso roja al instante, roja como tomate, una mezcla de vergüenza y sorpresa que no pudo disimular.
Y es que, como les había contado, mamá en casa vestía bien cómoda y relajada, sin pensar que iba a ver a nadie. Para esa ocasión traía puesta una blusa de tirantes blanca, corta y muy ajustada a su cuerpo. Su sostén negro se trasparentaba un poco, la forma grande y redonda de sus senos se veía bien definida. Abajo traía un short gris de licra, aunque no era muy corto, si era bastante pegado a sus nalgas y muslos. Tan ajustado que a simple vista se notaban las líneas de su ropa interior.
Ella aún con la cara colorada, lo saludo con un “Hola compadre” ¿se le ofrece algo? En un segundo el la barrió con la mirada de pies a cabeza.
Si he venido a ver si me prestan un par de herramientas, tengo un pequeño problema en la casa, dijo nervioso.
Sí claro, hay están dijo mamá, señalando rápido al gabinete de la esquina. Don Juan enseguida comenzó a buscar, mientras que mamá permaneció plantada ahí, de espaldas hacia la pared. Bajaba y cruzaba los brazos tratando de cubrirse disimuladamente. Hubo un instante, un par de segundos, en los que un ruido de la calle la distrajo. Giró para ver por la ventana, quedando de espaldas a nosotros. En esos segundos precisos don Juan, la miró sus ojos la recorrieron desde sus tobillos hasta la cabeza. Pero en un segundo su mirada se clavó específicamente en sus nalgas.
Cuando mamá giró de nuevo, don Juan rápido bajó su mirada a la caja de herramientas.
¿Si encontró la herramienta?
Sí, comadre. Estas son las que necesito», dijo don Juan, alzando las mano con un par de llaves. Al rato se las devuelvo y con un hasta luego el se marcho.
Tan pronto como se cerró la puerta, mamá pegó un suspiro como sacando todo el aire que retenía en su pecho. Me miró algo molestia… ¡¡Dioss!! Josueee… ¿Por qué no me avisaste que el compadre venía? Para la próxima vez antes de abrir me avisas que alguien viene.
Don Juan es un hombre alto y robusto de unos 46 años. Tiene algo de panza, bigote y hombros anchos y fuertes. Para sus años todavía se ve bastante bien.
Ese mismo día por la tarde, el tocaba la puerta venía a devolver la herramienta. Aquí están las llaves que me llevé, Josecito dijo, usando el mismo apodo que me decía de niño. Esta vez de la entrada de la casa me preguntaba… oye, Josecito hay se encuentra mi comadre?
No don Juan no está, salió fue a la casa de su amiga elena respondí.
Me dio las llaves… bueno, entonces hasta mañana, cuídate Josecito. Decía mientras se marchaba. Los días siguieron pasando y, como era costumbre cuando salíamos con mamá a la calle o cualquier lado, siempre nos topábamos con don Juan. Al principio, todo seguía igual, un saludo rápido, un «buenos días», “ un como esta” y cada quien para su lado. Para mí, eso era lo normal, no le veía nada raro. Pero después de un tiempo me di cuenta de algo cuando don Juan estaba solo, sin su esposa, la cosa cambiaba. Él le alargaba la plática a mamá de alguna manera. Ella por lo general solo contestaba lo necesario, aunque a veces sí le entraba a hablar. No hablaban de nada del otro mundo, pero la plática ya no se acababa en un instante. Ahora se extendía unos minutos.
Unos días después estaba por comenzar una feria en el pueblo de al lado. Habíamos planeado ir juntos, yo, mamá, don Juan y su esposa. Pero a última hora, doña Mari le avisó a mamá que estaba enferma y no podría acompañarnos. Entonces doña Mari le dijo, pero si aún quieren ir, mi marido sí va a ir.
Mamá respondió de inmediato —No comadre, no se preocupe. Mejor lo dejamos para otra ocasión.
Yo no me quedé callado y le insistí, que era la única feria en meses y que tenía muchas ganas de ir. Mamá se quedó callada un par de segundos, apretó los dientes visiblemente molesta y al final terminó aceptando.
Ya rumbo a la feria durante el camino los primeros minutos fueron en completo silencio. Mamá solo saludó a don Juan cuando subimos a la camioneta. Ella iba adelante, sentada al lado de él, y yo atrás.
Como a la mitad del camino, don Juan rompió el silencio y me preguntó:
— Y dime, Josesito, ¿te vas a subir a muchos juegos esta noche?
Empezó a hablar de cosas así para hacer conversación. Poco a poco mamá también entró en la plática. El comenzó a contar anécdotas chistosas y mamá comenzaba a reía bastante con ellas. Para cuando me di cuenta, la conversación ya era solo entre ellos dos. Mamá se fue soltando más y se notaba que estaba agarrando confianza.
Durante toda la feria don Juan se quedó con nosotros todo el tiempo nos acompañó a cenar y después a los juegos en un momento un señor que tomaba fotos nos detuvo y me dijo… jovencito. Las fotos en este juego son gratis. ¿Quieres una con tus papás? Mamá se puso roja al instante, don Juan también se sintió incómodo y giró la cara hacia otro lado. Ella respondió rápido y nerviosa. No… no somos esposos. 
Después de ese momento incómodo, seguimos un rato más en la feria. Don Juan se notaba serio y cambió de tema rápido, pero el ambiente aún se sentía raro. Mamá de igual manera permaneció un poco callada el resto de la noche y ya no reía como antes.
Nos separamos un rato. Don Juan dijo que iba a comprar unos encargos y que nos alcanzaba más tarde. Mientras tanto, mamá y yo seguimos dando vueltas por la feria. Fue entonces que mamá se encontró a su amiga Elena. Ella estaba en un puesto con un grupo de amigas tomando unos tragos. En cuanto la vieron, la invitaron a unirse. Mamá no está acostumbrada a tomar mucho. De vez en cuando se toma una cerveza o un trago, pero nunca pasaba de ahí hasta esa noche.
Mamá terminó aceptando y se quedó con Elena y sus amigas. Unas horas después ya había tomado más de un trago. Se le notaba el alcohol porque estaba muy sonriente y platicadora.
En un momento miré a lo lejos y vi que don Juan nos estaba esperando. Se acercó y me dijo que si nos íbamos a ir, que él ya se planeaba retirar. Enseguida fui por ella, de regreso mamá permanecía callada. Fue entonces cuando me di cuenta de que don Juan también había estado bebiendo. Sacó de una pequeña hielera que traía en la camioneta un par de cervezas y le ofreció una. Ella que ya estaba un poco ebria, aceptó sin poner ninguna resistencia. Minutos después mamá empezó a platicar mas. Se reía mucho y hablaba sin parar. Apenas se terminaron la primera cerveza, él le ofreció otra. Mamá le dijo que no, que ya se sentía algo borracha.
—Esta es la última, comadre.
—Solo esta y ya… respondió mamá,
ya con la lengua un poco trabada.
Don Juan la miraba mucho de reojo. Se dio cuenta de que el vestido se le había subido y dejaba ver la mitad de sus piernas. El vestido era holgado de abajo, pero se le ajustaba muy bien en su cintura y más en los senos. Por eso él no dejaba de mirarla.
Al llegar a la casa, mamá se despidió de él con un beso. Fue un beso muy cerca de los labios. Don Juan se sorprendió, porque ella nunca había hecho algo así.
Cuando entramos a la casa, mamá estaba bastante mareada. Al subir las escaleras daba pequeños tropezones. En uno de sus tropezones alcancé a mirar un poco de su ropa interior color rosa. Sentí una sensación extraña en el estómago, como un calor raro. Era la primera vez que me pasaba algo así al ver a mi mamá de esa forma.
Ya acostado en mi cama no sé ni por qué pero no dejar de pensar en lo que había visto, en las escaleras. Aquella imagen se me repetía una y otra vez. Me sentía raro, confundido, y con esa sensación extraña en el cuerpo. Así me quedé dormido. Cuando desperté al día siguiente, ella ya estaba levantada. La encontré en la cocina preparando desayuno. Me senté y le pregunté:
—¿Tienes resaca, mamá?
Ella suspiró y respondió:
—Un poco, sí. Pero ya se me pasará.
Alrededor del mediodía tocaron a la puerta. Era don Juan.
—Hola Josecito, ¿qué tal? ¿Cómo amaneció mi comadre? ¿No le pegó muy duro la cruda? —dijo con una sonrisa.
Antes no le hubiera dado importancia, pero desde aquella vez que vino a pedir las herramientas y vio a mamá con un esa blusa y short ajustado, su actitud de don Juan había cambiado. Se volvió más amable con nosotros, pero especialmente con mamá. Ahora pasaba más seguido por la calle, o venia con cualquier excusa, era más atento y se notaba que estaba más pendiente de ella.
—No mucho, le respondí… Ahorita está durmiendo.
Don Juan sacó algo del bolsillo.
—Aquí están unas pastillas para el dolor de cabeza. Se las das a mi comadre, con esto se va a sentir mucho mejor.
—Gracias, yo se las doy —le contesté y cerré la puerta.
Después de eso, mamá no quiso salir de la casa durante varios días. Le había contado que cuando veníamos de regreso de la feria venia muy sonriente y hablando mucho con don Juan. Cuando escucho eso, dijo que no recordaba casi nada, y que sentía mucha vergüenza, que no saldría de casa nunca más.
Una semana después era el cumpleaños de Laura, su ahijada. Ella estudiaba en la ciudad y venía especialmente el fin de semana para celebrarlo con sus papás. Doña Mari llamó a mamá para invitarla a la fiesta que le estaban organizando. Al principio dijo que no quería ir que le inventaría una excusa a su comadre, pero al último minuto cambió de parecer. Yo no pensaba ir, pero comenzó a insistir que fuera con ella y sin ganas alguna terminé acompañándola.
Para esa ocasión mamá se puso un vestido camisero parecido al que usó en la feria, ajustado en la cintura pero ahora un poco más suelto de la parte de arriba. Cuando llegamos a la fiesta ya había bastante gente. Los primeros en recibirnos fueron don Juan y Laura. Mamá se notaba algo avergonzada. Los saludo rápido y entramos. Más tarde doña Mari apareció con una botella de tequila y empezó a servir shots en especial a los padrinos de su hija. Mamá negó con la cabeza de inmediato y dijo que ella no quería. Pero Laura no la dejó en paz e insistió para que se tomara al menos un shot con ella.
Esa noche pasó algo muy parecido a la feria. A las pocas horas mamá ya se notaba ebria. No sé por qué, pero busqué a don Juan con la mirada. Lo vi a lo lejos tomando solo un par de cervezas. Él no se veía borracho para nada. Después de eso, me fui a platicar con unos amigos y perdí por completo la noción del tiempo. Ya era algo noche, como eso de las 10, cuando le pregunté a Laura por mi mamá. Ella me dijo:
—Ya se fue para su casa. Mis papás la acompañaron.
Cabe mencionar que nuestras casas no están muy lejos una de la otra. Caminando rápido son como cinco minutos o menos. Pero cuando miré hacia otra mesa, vi a doña Mari sentada con sus amigas, todavía bebiendo y platicando. En ese momento me di cuenta de que algo no cuadraba. Salí rápido de la fiesta y me fui corriendo hacia la casa.
Cuando llegué, antes de entrar escuché ruidos leves y risas. Me acerqué con cuidado a una ventana y miré. Don Juan tenía a mamá contra la pared, la abrazaba fuerte y la trataba de besar en la boca. Ella apenas le correspondía, al verlos me quedé congelado por unos segundos.
Cuando escuché a mamá decir… Espera, compadre… por favor. ¿Qué estamos haciendo? soy una mujer casada y tú eres mi compadre. Esto no está bien.
Don Juan, todo agitado y respirando fuerte, no tardó en decir: —Comadre, ya no puedo ocultarlo más… Me gustas desde hace mucho tiempo. Pero desde aquel día que te vi vestida así, esos shorts y blusa tan ajustados, no he podido sacarte de mi cabeza. Desde entonces te deseo más, Irma… y hace tiempo que quiero hacerte mía.
Cuando don Juan dijo eso, mamá abrió los ojos sorprendida. Hasta parecía que la borrachera se le había bajado de golpe. Se quedó callada un momento, mirándolo. No dijo nada y tampoco lo detuvo. Comenzaron a besarse de nuevo ahora con más ganas, solo se escuchaban sus jadeos intensos de ambos.
Durante unos segundos mamá repetía…
—Compadre, no… pare… por… soy una … Juan, por favor… para, mi hijo puede llegar en cualquier momento.
Pero el no respondía ni se detenía. Siguió besándola con más ganas y comenzó a desabrochar uno a uno los botones de su vestido, justo a la altura de su pecho. Dejando a la vista sus senos grandes, que se veían apretados dentro de su sostén blanco. Sin sacarlos, bajó la cabeza y pasó la lengua por encima de ellos, primero en uno y luego por el otro.
Para ese momento mamá ya se notaba algo excitada. Respiraba más rápido, tenía los ojos entrecerrados y soltaba pequeños gemidos mientras que don Juan le lamía los senos por encima del sostén. ella ya no ponía ninguna resistencia, don Juan comenzó a meter una de sus manos bajo su vestido, y lo levantó hasta su cintura. Dejando ver completamente su ropa interior de encaje que hacía juego con su sostén. Sus dedos comenzaban a frotar por encima de su calzón, justo entre las piernas muy cerca de su vagina. Moviéndose despacio pero con fuerza. Ella cerraba los ojos y soltaba pequeños gemidos ahogados.
Para ese momento mi corazón latía tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho. No había que ser genio para saber lo que estaba a punto de pasar. Así que mi primera reacción fue tocar la puerta, En cuanto escucharon el golpe, se separaron de inmediato. Me asomé otra vez por la ventana y vi cómo mamá se abrochaba los botones del vestido a toda prisa mientras se acomodaba el pelo. Al mismo tiempo, don Juan se arreglaba la camisa y se alejaba de ella. Segundos después, volví a tocar y don Juan fue el que abrió la puerta. Se veía muy tranquilo.
—Aha eres tú Josecito, que bueno que ya llegaste. Yo ya me iba, nomás acompañé a mi comadre hasta su casa porque venía algo mareada. Hasta luego. Dijo marchándose rápido.
Mamá estaba en la sala, Se notaba muy nerviosa, con las mejillas rojas y el pelo todavía un poco desarreglado. Le pregunté que si todo estaba bien y ella dijo que sí, que solo se sentía un poco mareada, y se marchó rápido a su cuarto.
Desde esa noche don Juan no volvió a aparecer por la casa tan seguido como antes. Días después me di cuenta de que mamá pasaba más tiempo en teléfono. Contestaba mensajes y sonreía bastante mientras lo hacía. De igual manera no le di importancia, creí que era mi papá quien le escribía.
Pero no fue hasta que una noche me di cuenta de que no era así. Noté que mamá se metía a bañar de nuevo. Ella ya se había bañado varias horas antes. Cuando le pregunte me dijo que por qué esta estaba haciendo mucha calor, y era cierto en esos días el calor estaba intenso en el pueblo. Otra cosa que me llamó la atención fue que no se puso su pijama de siempre. Todas las noches solía usar su pijama de seda, ya fuera con pantalón o short. Esa noche, en cambio, se puso una blusa de tirantes bien ajustada y corta, junto con un short de licra más corto que los que normalmente usaba en la casa.
Esa noche ambos veíamos la televisión juntos en la sala. Aunque ella apenas le prestaba atención, estaba más pendiente de su teléfono. Yo me daba cuenta pero preferí no preguntarle nada.
Después de un rato me dijo
—Josué, ya es algo tarde, ya ve a dormir.
Fue ahí cuando empecé a sospechar que algo se traía entre manos. Ella nunca se quedaba despierta tan tarde. Normalmente era yo el que se dormía tarde y ella se acostaba temprano.
—Yo me voy a quedar un rato más aquí… alcanzo a decir.
Sin decir nada me fui a mi cuarto, me metí a la cama y me tapé. No me dormí. Me quedé despierto, alerta. Sabía que algo no estaba bien. Ya casi a medianoche escuché que apago la televisión. Luego oí pasos que se acercaban a mi cuarto. La puerta se abrió muy despacio. Mamá susurró mi nombre un par de veces como si quisiera confirmar de que dormía.
—Josué… Josué…
Yo fingí estar dormido y por supuesto no respondí.
Apenas escuché que se cerró la puerta, me levanté de la cama y esperé unos minutos. Poco después oí que la puerta principal de la casa se abrió despacio. Cuando se cerró, salí de mi cuarto y me asomé por la ventana. Vi que mamá caminaba hacia la calle sin hacer mucho ruido, corrí nuevamente a mi cuarto y salí por la ventana y comencé a seguirla. Unos metros más adelante la vi encontrarse con un hombre. Los dos entraron juntos a una casa pequeña que estaba en construcción, de esas que solo tienen las paredes y el techo, sin puertas ni ventanas todavía.
A simple vista no podía distinguir bien quién era, pero mi instinto me decía casi seguro que era don Juan. Me fui acercando sigilosamente. Conforme me acercaba, el corazón me latía cada vez más fuerte. Agachado llegué a un rincón oscuro, desde ahí pude verlos. Tenían una pequeña linterna encendida que apenas e iluminaba lo suficiente. Fue ahí cuando confirmé que se trataba de Don Juan. De nuevo lo vi besándola con intensidad, le besaba el cuello, sus manos bajaban por sus senos. Mi mamá respiraba agitada, con la boca entreabierta, y lo dejaba hacerlo.
Don Juan le hablaba bajito entre beso y beso.
—Hay comadre cuanto deseaba esto. Desde aquella vez que te vi en tu casa, desde entonces no puedo olvidarte, cuando te miré vestida así Irma. justo como estás ahorita, me vuelves loco. Llevo mucho tiempo esperando esto, comadre… no pienso en otra cosa, solo quiero hacerte mía.
Para ese momento mi mamá ya estaba muy caliente, lo confirmaban sus jadeos. Don Juan no tardó en bajar la mano y frotarle justo entre las piernas. Ella dejaba escapar gemidos suaves. jaló la blusa de tirantes hacia abajo hasta la cintura, y como pudo sacó sus senos de su sostén, como un loco succionaba y lamía sus pechos. Por momentos pasaba su lengua por la punta de sus pezones.
Después Don Juan se agachó y comenzó a bajarle el short, dejándola solo en ropa interior. Pasó su lengua unos segundos por encima de la tela. Mi corazón latía tan fuerte que sentía que estaba a punto de explotar. Aun así seguí mirando. De un jalón rápido le bajó sus calzones y gracias a la luz tenue de la linterna, pude ver por primera vez la vagina de mamá, estaba completamente depilada. Igual que con sus pezones el pasó su lengua un par de veces, y al parecer eso a mamá le gustaba demasiado la expresión de su cara era otra, cerraba con fuerza los ojos a la misma vez que apretaba y se mordía sus labios.
Para cuando el retiró su boca de su vagina, ella jadeaba como si hubiera corrido un maratón. Él no perdió tiempo y se desabrochó los pantalones, bajándoselos hasta las rodillas. Fue entonces que vi su pene, era enorme. Al parecer no era el único sorprendido, la cara de mi mamá mostraba exactamente la misma expresión. Sin decir una palabra, ella lo sostuvo entre sus manos. Al parecer se disponía a hacer lo mismo que él le había hecho.
Fue entonces que Don Juan la detuvo.
—Irma, en verdad me encantaría que lo hicieras, pero mejor lo dejamos para otro momento. Ahorita lo que más quiero y deseo es cogerte.
Al oír eso, mi mamá retrocedió unos pasos, como asustada y confundida. Nerviosa y tartamudeando, dijo… co… coger ? Pero compadre… yo nunca le he sido infiel a mi esposo. Nunca e tenido intimidad con otro hombre que no sea mi marido.
—Pero comadre, lo que estamos haciendo ya cuenta como infidelidad. Ademas esta es la primera vez para ambos.
—Tu esposa es mi comadre… y mi amiga, Si se entera de que me quieres coger… no.. no quiero ni imaginar lo que puede pasar, decía mamá entre nervios.
Don Juan no se dio por vencido y siguió persuadiéndola, diciéndole que confiara en él, que su esposa no tendría por qué enterarse, y que además quien mejor que él, que la conocía de toda la vida y que llevaba mucho tiempo enamorado de ella y también deseándola tanto.
Todo se quedó en silencio por unos segundos. Mi mamá se veía muy nerviosa, mirando para los lados y bajando la vista al piso. Con la voz entrecortada y temblorosa le dijo:
—Está bien… voy a hacerlo. Pero prométeme que nadie se va a enterar. Ni tu esposa, ni mi esposo, ni nadie. Esto tiene que quedar entre nosotros dos, Juan. Prométemelo.
Al parecer sus palabras habían funcionado y habían terminado por convencerla. En cuanto terminó de hablar, mi corazón latió con fuerza otra vez. Don Juan la tomó de la mano y la llevó hasta una pequeña banca, apenas y él sentó ella se abrió de piernas y se colocó encima quedando a horcajadas sobre él y su vagina a centímetros de su pene.
La sujetaba de la cintura, mientras ella lentamente bajaba y con una de sus manos dirigía el pene hacia la entrada de su vagina. Mamá gemía y suspiraba mientras aquel enorme pene se abría paso dentro de ella….—Mmmm… ¡ahh! Espera… espera Juan… por favor… me duele… me duele… decía entre gemidos y jadeos fuertes.
A pesar de su súplicas, Don Juan no se detuvo. Siguió empujando despacio mientras sus manos la sostenían con fuerza. Mi mamá seguía gimiendo bajito. Él continuó metiéndosela aunque su pene no entró por completo, fue entonces que se detuvo. Segundos después ella tenía los ojos bien apretados y respiraba rápido y fuerte. Comenzó a subir y a bajar muy lento aunque sus quejidos ya eran algo fuertes, don Juan se mantenía firme sosteniéndola de la cintura.
—ssshhh no hagas tanto ruido irma, que alguien nos puede escuchar… murmuraba don Juan.
—Me… me due…duele… aahh… aahh… es muy gran… grande… decía mamá entre gemidos y quejidos.
—Ahorita en un momento se te pasa… mmm… te siento muy apretada Irma, que rico, pero ya estoy sintiendo como te comienzas a mojar mas.
Después de un par de minutos los quejidos de mamá se transformaron en gemidos de placer, aumentaron el ritmo y en unas cuantas ocasiones se podía escuchar un leve golpeteo de las nalgas de mamá contra sus piernas de él.
Para ese entonces sentía mi cuerpo inmóvil ante tal escena, no podía moverme solo podía sentir mucha rabia y coraje. Pero al mismo tiempo me estaba excitando ver a Don Juan cogiéndose a mi mamá. Mi pene comenzó a ponerse duro, él con ambas manos agarraba y apretaba con fuerza sus nalgas, mientras que su boca lamía y chupaba sus senos de una forma intensa y salvaje.
Mantuvieron esa posición un par de minutos más, ambos se murmuraban cosas al oído y lo único que se escuchaba claramente eran los gemidos de mamá y uno que otro jadeo de don Juan. Por segundos aceleraba las penetraciones, cogiéndosela más fuerte, para luego volver a un ritmo lento y profundo. Realmente su compadre le estaba dando una cogida a mi mamá que no iba a olvidar. Para mí esos minutos se sentían eternos. De momentos quería entrar corriendo, apartarla de él y golpearlo.
Después de un rato, Don Juan se levanto y la llevó contra la pared. Mamá apoyaba sus manos sobre ella a la vez que abría sus piernas más, de un solo empujón el comenzó a cogerla de nuevo. Sus embestidas era más fuertes que las anteriores, las nalgas de mi mamá se movían con cada golpe y se escuchaba el sonido de sus cuerpos chocando.
—Ahhaa… que rica estás Irma… que nalgas tan ricas y suaves tienes. Ya era hora de que alguien te cogiera como se debe, se siente tan rico el metértela.
Don Juan aceleró sus embestidas, su respiración se escuchaba más agitada y entre jadeos se podía oír que le decía que estaba por correrse.
Mamá giró de golpe, dando un leve grito, Sácala… hazlo fuera, compadre… no te vengas adentro… hazlo afuera.
En el último momento Don Juan sacó su verga. Con la respiración agitada y soltando quejidos fuertes empezó a correrse sobre su espalda. Miraba cómo los chorros de semen salían uno tras otro, cayendo y resbalando por sus nalgas, sacudiendo su pene hasta que dejó caer la última gota.
El cuerpo de mi mamá temblaba mientras se sostenía contra la pared. El semen blanco y espeso de Don Juan le corría por las nalgas y le bajaba por la parte interna de los muslos. Se veía cansada, con la cara completamente sonrojada y una expresión de arrepentimiento que empezaba a aparecer en sus ojos. El enseguida se acercó por detrás y la abrazó Le comenzó a decir cosas al oído con la voz todavía agitada… Qué rico estuvo esto, Irma… Sin duda este ha sido el mejor sexo de mi vida. Me encantó cogerte.
Mi mamá no le hizo caso. Rápido agarró su ropa del piso y comenzó a vestirse.
—Esto que hicimos estuvo mal… no debimos hacerlo, compadre.
Comadre no lo puedes negar… tú lo disfrutaste tanto como yo.
Eso fue lo último que alcancé a escuchar. Me di la vuelta rápido y regresé corriendo a la casa. Al llegar me metí directo a mi habitación y me tiré en la cama. Unos minutos después escuché que mi mamá llegó. Entró y poco después oí cómo se abría la llave de la regadera en el baño.
Me quedé acostado ahí, con el corazón latiéndome fuerte y la mente hecha un lío. No podía creer todo lo que había visto esa noche. La imagen de Don Juan cogiéndose a mi mamá se me había quedado grabada. Sabía que eso sería imposible de olvidar.
Al día siguiente, amaneció de muy buen humor. Se notaba más alegre y sonriente que en otras ocasiones, casi como una adolescente. Los siguientes días transcurrieron de manera tranquila. Todo parecía normal en la casa. Una tarde, mientras caminaba por la calle, me topé a Don Juan. Él me saludó con su sonrisa habitual y me habló como si nada. Yo le devolví el saludo, pero por dentro sentía una rabia y un coraje que apenas podía ocultar.
Desde aquella noche la actitud de mi mamá comenzó a cambiar. Ahora salía a la calle con ropa un poco más ajustada a su cuerpo. En una que otra ocasión salía en leggins o shorts que le marcaban bien las nalgas y las piernas. Definitivamente algo había cambiado en ella. Ya no le importaba tanto como antes que otros hombres la miraran con morbo o la repasaran de arriba abajo. Parecía que ahora disfrutaba que hicieran eso.
A casi una semana de aquel primer encuentro, una noche llegué algo tarde de la calle. Al entrar a la casa la encontré en la sala, muy arreglada, incluso más que la vez anterior. Llevaba una blusa negra ajustada que se pegaba mucho a su cuerpo y remarcaba claramente sus senos. Se distinguía perfectamente que no traía sostén. Abajo tenía una falda blanca tableada que le llegaba a media pierna y se veía elegante pero provocativa al mismo tiempo.
Yo ya estaba casi seguro de por qué se había vestido así. Sin pensarlo mucho ahora si le pregunté directamente si iba a salir a algún lugar. Ella respondió con naturalidad que tenía planeado salir con Elena, pero que al último momento le había cancelado.
Bueno, ya es noche dije, ya me voy a dormir.
Me fui a mi habitación, me tiré en la cama y fingí que me había dormido. Como la vez anterior me quedé ahí quieto, esperando ya casi la media noche oí que la puerta de mi cuarto se abría despacio. Escuchando unos leves susurros de mamá.
Apenas se cerró la puerta me levanté, y comencé a seguirla hasta que entró de nuevo en aquella casa. Me acomodé nuevamente en aquel rincón oscuro, escuché que mamá decía con la voz nerviosa, que eso que estaban haciendo estaba mal.
Don Juan enseguida arrinconó a mamá contra la pared, —Sshhh, ya Irma… esto no es un error. Esa blusa marcando tus pechos y esa falda tan corta me dicen todo lo contrario. Mejor aprovechemos el poco tiempo que tenemos.
Enseguida comenzó a devorar los senos de mi mamá. Ella jadeaba fuerte, soltando gemidos entrecortados mientras él los chupaba y mordía con ganas. Mientras Don Juan le devoraba los pechos, mi mamá bajó una mano y comenzó a masturbarle el pene con movimientos firmes. Después vi cómo se arrodillaba frente a él. Con las dos manos agarró su verga y se la metió a la boca, hacía sonidos húmedos y quejidos ahogados, ruidos fuertes de succión y gemidos cuando ella se la metía profundo, como si le costara trabajo pero no quisiera parar.
Por sus gestos don Juan realmente lo estaba disfrutando mucho. Sus ojos cerrados, la boca abierta, su cara de satisfacción, y soltando gruñidos fuertes cada vez que mamá llevaba su verga a su boca. Por un momento imaginé que Don Juan se iba a venir dentro de la boca de mi mamá. Pero entonces él la levantó enseguida, la puso contra la pared, le alzó la falda y de un solo movimiento le bajó los calzones. Metió su verga de golpe, penetrándola con fuerza mientras ella soltaba un par de gemidos.
Ahh… ahh… ahh…mmm… Sus gemidos eran más fuertes y desesperados conforme él aceleraba. Mamá estaba completamente sometida contra la pared, se escuchaba fuerte el golpeteo contra sus nalgas…plap… plap… plap… paf-paf-paf-paf… continuando sin parar.
Sin cambiar de posición, don Juan siguió cogiéndosela por varios minutos más. Empezó a embestirla más rápido y le dijo que esta vez se quería correr en sus pechos, que ya estaba apunto de hacerlo. Pegando unos fuertes gemidos, Don Juan sacó su verga de golpe. Le dio la vuelta ella rápido se alzó la blusa, dejando sus senos al descubierto. Chorros gruesos y calientes de semen empezaron a caer directo sobre sus pechos. Algunos cayendo cerca de su cara. Él se sacudió el pene, sacando hasta la última gota. Después le acercó la verga a la boca y mi mamá la chupó de nuevo, limpiándola con la lengua.
Apenas acabaron, el se subió los pantalones rápidamente. Mi mamá, que estaba de espaldas hacia mí, se agachó un poco y comenzó a subirse sus calzones. Eran tipo cachetero de encaje, color negro, ajustados y que se pegaban bien a sus nalgas, cubriéndolas un poco, pero marcando muy bien su forma. Yo me quedé embobado mirando esos segundos, en como se los subía despacio. Por algún motivo no podía apartar la vista de su culo. Sentía como mi pene se endurecía más de lo que ya estaba. Cuando terminaron de vestirse, se dieron un beso intenso y largo… aquí te espero Irma, la próxima semana a la misma hora. Alcancé a escuchar a don Juan.
Como la vez anterior llegando me encerré en el cuarto. Un rato después mi mamá llegó, entró y escuché la regadera abrirse. Esa vez no pude aguantar más. Con la imagen de mi mamá vistiéndose de espaldas todavía fresca en mi mente, saqué mi pene y empecé a masturbarme. La excitación era mucho más intensa que cualquier otra sensación más fuerte que el coraje, que los celos o que la culpa. Solo pensaba en sus nalgas, en cómo se subía la ropa y en todo lo que Don Juan le había hecho. A los pocos minutos, me corrí fuerte, soltando todo el semen que tenia, mientras apretaba los dientes para no hacer ruido.
Al día siguiente desperté con algo de culpa, nunca en mi vida me había masturbado pensando en mi mamá, pero la excitación de anoche me había dominado por completo. El solo de recordar sus nalgas, de ver como don Juan la cogia, de como se corría en sus pechos, por primera vez había rebasado un límite. Ahora sentiría hasta vergüenza de mirarla. Pero al contrario, ella seguía actuando como si nada hubiera pasado. Seguía con su actitud normal de siempre, sonriendo, haciendo las cosas de la casa y hablando conmigo como cualquier otro día. Sin embargo, a mí me era casi imposible no mirarle las nalgas. Antes nunca le había prestado atención a su cuerpo de esa manera, pero desde aquella noche sentía una atracción incontrolable. Sobre todo cuando se ponía esos shorts o leggins tan ajustados que le marcaban perfectamente, su cuerpo. Dejando ver a simple vista la mayoría de veces las líneas de su ropa interior que traía debajo, delineando su culo de forma clara y provocativa.
Así pasaron los días. Cada vez que podía, la desnudaba con la mirada. Sabía que estaba mal, que no debía verla de esa forma, pero la excitación de mirarle sus nalgas bien marcadas, sus pechos bajo la blusa, era mucho más fuerte. No podía evitarlo. Mi mente comenzaba a llenarse de imágenes. Ahora entendía por qué se rumoreaba que la mayoría de los hombres del pueblo se la querían coger. Yo nunca la había mirado de otra forma más que como mi madre, pero ahora ese pensamiento estaba comenzando a cambiar. Poco a poco los celos que sentí cuando Don Juan se la cogió por primera vez habían desaparecido por completo. Ahora lo que más comenzaba a desear era volverla a ver cogiendo con el.
Mari su esposa, el fin de semana viajaría a la ciudad a visitar a su hermana. Al ir sola, sabía perfectamente que esta oportunidad ambos no la dejarían pasar para tener un próximo encuentro.
“ Los encuentros entre mamá y Don Juan continuaron. Con el tiempo se hicieron más frecuentes. Comenten si quieren más para hacer una parte 2…”
