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Experiencias de una mujer madura (I)

¿Es usted un hombre que tiene la fantasía de acostarse con una mujer que ha llegado a la plena madurez y aun sigue siendo bella?. Pues prepárese, por que lo que usted va a leer en este relato no es una fantasía sino una historia real.

A los 56 anos, Maruja se da cuenta que esta en la mejor edad que una mujer alcanza sexualmente. Es una mujer madura que sabe las partes más sensibles de su vagina. La ventaja mas grande que eso ocasiona es el saber cuando, donde, como y con quien llegar al clímax coital.

Físicamente, Maruja se siente mucho mejor y más atractiva que otras mujeres 30 años más jóvenes que ella. Cuando era una jovencita de 20, Maruja era una diosa de la mitología griega. Su rostro afinado, su piel blanca, sus cabellos negros y largos y su cuerpo perfecto de bustos prominentes, cintura delgada y caderas amplias hacían de ella la mujer mas deseada entre los hombres que tenían la mala suerte de enamorarse de ella. Mala suerte por que ella les hacia sufrir. Mala suerte por que ella los calentaba por el tiempo que ella quisiera antes de botarlos a la basura. Mala suerte por que frente a su belleza ellos solo tenían espacio para ser esclavos rendidos a los pies de la reina. Mala suerte por que ella jugaba con sus sentimientos por el tiempo que ella quería. La hermosura de su rostro y su cuerpo esbelto y pies pequeñitos hacían caer al suelo al mas valiente guerrero.

Maruja tiene 56 anos y sigue siendo la perversa mesalina de siempre mas la ventaja de tener vasta experiencia en el arte del sexo. Hoy día más que antes los hombres caen rendidos a sus pequeños pies.
Físicamente Maruja sigue siendo delgada. Sus enormes bustos apetecibles se elevan sobre una barriga plana y con estrías naturales de una mujer de su edad. Esas estrías marcadas sobre su barriga son las pruebas más contundentes de su madura edad, aunque su cintura es tan pequeña como cuando tenía 20.

La belleza de Maruja no solo radica en su hermoso torso, pero también en sus hermosas nalgas grandes y redondeadas. En sus mejores épocas, el culo de Maruja había sido un manjar digno de reyes. Aquel trasero blanquito de nalgas redonditas era el precio más caro que un hombre pagaba. El hermoso poto de Maruja nunca había sido fácil. Todos aquellos que habían tenido la suerte de hacerle el amor sabían que para ganarse ese preciado huequito había que invertir no solo mucho tiempo y paciencia sino también dinero y lujos. Hoy en día las nalgas de Maruja eran mas hermosas que nunca gracias a los años de uso que les dio. Aquellas nalgas tenían celulitis y estaban blandas, pero aun se conservaban grandes y jugosas. Las dimensiones de cada nalga eran exorbitantes sin llegar a lo grosero. Maruja nunca había sido gorda en su vida, pero el tamaño de ese culo era justo lo que cualquier verga necesitaba para ser mas que feliz. La belleza de ese culo radicaba en su redondez y voluminosidad.

Maruja se hacia llamar secretamente “La Perversa” por sus amante. Razones no le faltaban para este apelativo. En realidad, su maldad sexual era un secreto a voces pero nadie se atrevía a decírselo por respeto. Maruja había estado casada por varios años y tenía un hijo fruto de su matrimonio. Aunque al principio de su vida había llevado una vida de señora decente, ella nunca pudo continuar así por mucho tiempo y eventualmente le puso los cuernos a su esposo.

Un día la noticia corrió que ella se separaba del esposo. Separada y sin compromiso, Maruja se volvió una puta de closet. Las señoras de la cuadra la consideraban una mujer de respeto mientras que sus maridos secretamente se acostaban con ella. En aquella época Maruja tenía 37 años de edad y aun se conservaba muy joven y apetecible. Su esbelta figura blanca de nalgas y tetas voluptuosas, sus piernas torneadas y su rostro exótico de labios carnosos y ojos rasgados la hacian reina de belleza. Aun no cumplía los 40 años pero se sentía lista para ganar el tiempo perdido en 16 años de tonto matrimonio bajo las leyes religiosas. Todos los depredadores de la cuadra veían en su separación una oportunidad para cojer a una diosa. Allá el esposo que se iba abandonando ese manjar. Las abejas que aquí quedaban estaban dispuestas a sacar toda la miel de aquella majestuosa flor.

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