El sueño de mi vida
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El sueño de mi vida.
No sé si puedo definirme como fetichista, el caso es que tengo algunos gustos particulares en lo sexual que me excitan, me gustan y me reconfortan. Los menciono: me gusta la lencería, medias, ligueros, pantys de encaje, sostenes pequeños; el punto es que me gusta en mujeres, pero algunas veces me calienta usarlas yo. Soy adorador de los pies de mujer: delgados, de dedos parejos y limpios, sobre todo con zapatos tipo sandalia, con tacón o sin él. Caderas anchas, nalgas grandes y redondas, culitos rosados, limpios y depilados. Senos grandes con pezones que se levantan al toque.
Tengo 29 años y estoy a unos días de cumplir los 30. Algunos dicen que en este punto se deja la juventud y se llega a la adultez. Ando con una chava que me sigue la corriente en algunas de mis fantasías: se viste rico, me deja comer su culito, etc. Ya me había dicho que haríamos una fiesta para mis 30, pero da la casualidad de que el día cae en jueves y yo trabajo entre semana, saliendo tarde. Le dije entonces que lo dejáramos para otro día, el fin de semana por ejemplo. Ella asintió.
El jueves llegué a mi casa, vivo solo aunque ella se queda mucho conmigo. Ella estaba en la casa y, nada más entrar, me recibió con un abrazo. Estaba vestida con un vestido vaporoso, semitransparente, medias blancas, un liguero que se notaba bajo el vestido, zapatillas de tiras: un poema de mujer. Me abrazó y se frotó conmigo, luego me entregó un pastelito tipo cupcake con una velita y una taza con algo que parecía chocolate. Me dijo: “Esto es solo para no pasarlo por alto, cómetelo, yo lo hice para ti”. Sin mucho ánimo empecé a comérmelo y a beber; estaba sabroso.
Ella me dijo: “Échate un baño y luego descansas”. Le hice caso, me fui a bañar y mientras estaba en la ducha empecé a sentirme excitado, mi verga se levantaba solita. Terminé el baño y me enredé la toalla para que no se me notara tanto lo parada que tenía la verga.
Me fui al sillón y ella me recostó: “Descansa un rato, yo te cuido”. La excitación me pesaba y la verga se me paraba aún más. Cerré los ojos lo que me pareció mucho tiempo y de pronto sentí que rasguñaban mi pecho de manera que me dieron escalofríos. “Despierta dormilón, vamos a celebrar tu cumpleaños”. Abrí los ojos y lo que vi me levantó de inmediato.
Ahí estaba una mujer increíble: delgada, de piernas interminables, cintura bien marcada, unas caderas anchas y un par de nalgas que parecían globos. Hacia arriba, sus senos eran un poema sexual, con unos pezones que parecían cerezas en flor. Su boca perfecta, nariz recta, ojos grandes y cabello lacio y oscuro. La habitación estaba en semipenumbra. Escuché a mi novia diciendo: “Feliz cumpleaños, cariño, espero que se parezca a tu sueño”. Sentí que me levantaban y me llevaban a la cama, ahí me recostaron.
Unas manos deliciosas me desnudaron y empecé a sentir que unos pies comenzaban a acariciar mi pecho con todo y medias. Sentí mi verga super excitada. Bajé la mirada y lo que vi me dejó en shock: mi verga parecía un misil, enorme, enhiesta, durísima, la cabeza casi roja, sacando semen. Los pies bajaron a mi pene y empezaron a hacerme una paja que pensé que me la iba a arrancar.
Cuando pensé que ya no podría seguir, ella fue subiendo, escalando mi cuerpo, colocó sus senos en mi cara; sus pezones abrieron mi boca. No podía despreciarlos: los lamí, los mordí, los chupé. Usé mis manos sin conciencia, amasaba su cintura, me fui a sus caderas, a sus nalgas; las abrí y metí mis dedos en su culito.
Su cuerpo siguió subiendo hasta poner su vagina en mi boca. Era una locura, su aroma me volvía loco. Chupé su panty, se la hice a un lado y mi lengua tomó vida propia: abrí sus labios, encontré su botoncito y lo lamí, chupé y mordí hasta el cansancio. A estas alturas ella jadeaba, se movía como serpiente sobre mi cuerpo; sus pies con medias y liguero trabajaban en mi piel, nada quedaba sin tocar.
Abrí sus labios e introduje mi lengua, al mismo tiempo mis manos se fueron a su culo: dedos y lengua la penetraban. Ella se revolvía. Empezó a bajar de nuevo y entonces, haciendo ella misma a un lado su panty, se dejó caer sobre mi verga. Esa sensación me hizo pensar que iba a explotar, a derramarme en ella, pero aguanté. Entraba y salía como si su vagina tuviera vida propia. Yo bombeaba sin parar.
Ella sin bajar el ritmo salió de mi verga y sin pausa metió mi verga entre sus nalgas; su culo me tragaba como niño hambriento. Yo me pellizcaba para ver si no soñaba. Ella seguía bombeando mi verga en su culito mientras tanto mi novia se colocó a horcajadas sobre mi cara, dándome su rajita en mi boca. Ya no sabía para dónde agarrar, chupar, manosear o coger.
Pasaron tal vez horas y empecé a cobrar conciencia, a sentir más viva mi verga. Miré a mi novia, ella sonrió. No respondí, mi verga cobró vida: la sentía inmensa y durísima, pero también necesitaba venirme. La chica me preguntó: “¿Dónde quieres darme tu lechita?”. A lo que respondí: “A ti dónde te gustaría más”. Respondió: “Te quiero por todo mi cuerpo”.
Aceleré mis entradas en su culo, ella salía y se la metía en su vagina. No aguanté más: mi verga estalló y la leche salió como en un dique roto. Pensé que pararía, pero no: inundé su culo, su vagina y seguía saliendo. Me paré, ellas se hincaron en la cama y les aventé mi leche a las dos; llené sus senos, su cara. Ambas abrieron la boca y chuparon mi verga, tragando leche y limpiándomela.
A esas alturas yo ya estaba bien despierto. Las miré: la chica era de póster, pero mi novia también se veía riquísima. Las abracé a las dos, ellas me acariciaban sin recato hasta que yo no pude más. Me recosté en la cama, ambas se acostaron a mi lado y los tres dormimos.
Cuando desperté, sentía que había trabajado días sin descanso; ellas ya no estaban. Al salir del cuarto encontré a mi novia en la sala. Me miró y dijo sonriendo: “Descansaste de tu sueño. Venus me dijo que habías sido su mejor cliente, me dejó su tarjeta y comentó que le gustaría celebrar cualquier otro evento con nosotros”.
Yo también sonreí y le dije: “Pues si me ayudas a organizar, ya viene el Día de Muertos y podríamos celebrar la vida juntos”. Sonrió y nos abrazamos. Sobó mi verga, yo metí mi mano en su seno y así nos quedamos un rato.
Ojalá les haya gustado la historia y quieran comentarlo.
