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El regalo de despedida del vecino parte I

Duración estimada de lectura: 5 minutos

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Hola amigos lectores, vengo a contarles qué fue lo que pasó luego de la aventura en el patio de la casa de mi esposa con el vecino. Cabe recordarles que mi esposa es chaparrita, con unas piernas gruesas, unas nalgas redondas y con cadenita, senos pequeños diría yo, pero son una delicia.

Después de ese fajeo y ese punteo que le dio el vecino, mi esposa quedó muy prendida y yo también, debo admitirlo. Teníamos sesiones de sexo intensas fantaseando cómo se la metería el vecino. Ella me decía que estaba muy gruesa y que esa metida que le dio la dejó con muchas ganas.

Todos los días, al regresar del trabajo, se topaban y platicaban un rato. Él la elogiaba y le decía que la había dejado con los huevos llenos de leche aquella noche, que no se valía dejarlo así. Mi esposa solo reía y le decía que quizás después se lo compensaría.

Un viernes estaban platicando y él le dijo que ya el domingo por la tarde se tenía que ir de regreso al otro lado, que le gustaría que se diera algo antes de irse porque tenía los huevos llenos de leche aún. Entre el jugueteo de manos, él llevó la mano de mi esposa a sus huevos, y mi esposa se los empezó a acariciar y le dijo que quería que le demostrara si era verdad lo de la leche, que el sábado en la noche me daba la oportunidad. Quedaron que pasaría a las 9, que ella estaría sola. Se dieron un beso y le dio una nalgada antes de que se fuera.

Al llegar yo del trabajo me contó todo lo que había pasado y decidimos armar el plan.

Al día siguiente ambos descansábamos del trabajo, así que fuimos a hacer unas compras al centro, entre ellas una sexy lencería y un lubricante para ayudarle a mi mujer.

Ya a media tarde mi esposa se metió a dar un baño, se depiló su panochita, la dejó bien lisita, todo listo. Faltando media hora se puso la lencería, era un juego rojo, con un bra de esos sin copas, solo el aro debajo del seno para realzarlo, dejando toda la bubi libre, y una micro tanga de encaje por enfrente, porque detrás era solo el hilo, que se perdía en el culo sabroso de mi esposa. Fue conmigo y me preguntó qué cómo se veía. Le contesté que se veía como una diosa y quise irme encima de ella, pero me paró en seco y me dijo: “Hey amor, no, este regalo es para el vecino, se lo debo”.

Así que me tocó esperar.

A las 9 en punto tocaron la puerta, nos asomamos por la ventana de la cocina y vimos que era él. Mi esposa se retocó su labial rojo y salió a recibirlo mientras yo veía por la ventana.

Desde que la vio salir la cara del vecino fue de sorpresa y lujuria. Apenas le abrió y se metió besándola, ahí en el patio, sus bocas se fundían y él le masajeaba y apretaba las nalgas. Escuché que le dijo: “Te ves bien sabrosa, no me esperaba esta sorpresa, que ya me tuvieras servida la cena”. La volvió a besar y bajó por el cuello hasta las tetas y se las empezó a comer, le mordía los pezones, mi esposa le agarraba el cabello y tiraba su cabeza hacia atrás. Pero en eso le dijo mi esposa: “Son tuyas pero espera un poco, vamos a ponernos más cómodos que ya siento a tu amiguito bien despierto en mi abdomen”. Dicho esto corrí a esconderme en el cuarto y encendí la cámara de vigilancia de la sala para ver toda la acción.

Al entrar se seguían besando, y mi esposa le dijo que tendría que ser ahí en la sala, porque había encerrado a los perros en los cuartos para que no dieran problemas. Él le dijo que no había problema, que él se lo iba a hacer donde fuera que ya no aguantaba más.

La volteó y la empezó a besar del cuello, los hombros y acariciando sus tetas, con la otra mano le arrancó la tanga, literal, era tan delgada que de un jalón se la rompió. Le empezó a acariciar la panochita, alrededor, se la frotaba y poco a poco empezó a meterle dedo, ella empezó a gemir y trataba de pegarse más a él, con sus manos se aferraba a las nalgas de él para sentirlo más cerca. De pronto él se bajó el shorts, ya sin bóxer, y le puso la verga entre más nalgas, mi esposa soltó un suspiro mientras movía las caderas.

Ella se volteó y empezó a masajearle los huevos, luego la verga, por todo lo largo, la mano de mi esposa apenas y cubría lo grueso, pero ella estaba fascinada, lo tiró en el sillón y se puso de rodillas, él abrió más piernas y mi esposa se la empezó a mamar, jugaba con su cabeza le daba lenguetazos, pasaba besando todo el tronco, y llegó a los huevos, se los empezó a chupar, se los estiraba mientras lo masturbaba, él sostenía la cabeza de ella; regresó a la punta y se la quiso meter a la boca, no le cabía, solo se oían sus arcadas.

Pero eso apenas comenzaba…

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