El Fan Inofensivo: Cuando la admiración se vuelve obsesión
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CAPITULO 1
Samantha cerró la puerta de la oficina de DS Field pasadas las 8 de la noche. El evento de lanzamiento había sido agotador pero exitoso. Se quitó los tacones en el ascensor, se soltó el cabello castaño ondulado y abrió Instagram mientras esperaba el Uber.
Tenía varias notificaciones. Entre ellas, el mensaje de siempre:
@alex_mkt21: “Otra vez rompiendo récords Ese vestido negro en el stand te quedaba brutal. Se nota que te apasiona lo que haces. ¿Cómo haces para verte tan profesional y tan follable al mismo tiempo?”
Sam sonrió con algo de incomodidad, pero respondió. Llevaba semanas hablando con Alex. Al principio solo likes y comentarios positivos. Luego tips de marketing que realmente le sirvieron. Parecía un chico del rubro, amable y sin malas intenciones.
Sam: ¡Jajaja gracias, Alex! El secreto es el café y sobrevivir ¿En qué agencia estás?
La conversación fluyó. Alex le contó que trabajaba freelance, que admiraba su perfil y que le encantaba cómo combinaba su trabajo en DS Field con su vida personal. Le mandaba memes, le preguntaba por su día y nunca cruzaba la línea… al menos en los chats.
Durante las siguientes dos semanas los mensajes se volvieron diarios. Alex siempre estaba ahí: buenos días, buenas noches, consejos útiles y fotos de cafés “porque sé que te gustan”. Incluso le editó gratis un carrusel para una campaña urgente. El resultado fue perfecto.
Una noche, después de un día horrible, Sam le escribió:
Sam: Hoy sí quiero renunciar. No doy más.
Alex: ¿Dónde estás? Si quieres te llevo un café y te escucho desahogarte. Sin compromiso, solo como amigo.
Quedaron en una cafetería cerca de la oficina. Cuando Sam llegó, Alex la esperaba con una sonrisa cálida. Alto, cabello oscuro, ropa casual, mirada amable. La abrazó con suavidad y le entregó su latte favorito.
Charlaron casi dos horas. Él la escuchaba con atención, la hacía reír, le daba consejos profesionales. Cuando se despidieron, el abrazo duró un segundo más de lo normal.
—Eres mucho más impresionante en persona, Sam —le susurró al oído antes de soltarla.
Esa misma noche, en su departamento a solo cuatro cuadras de distancia, Alex cerró la puerta con llave, encendió su computadora y abrió la carpeta secreta que tenía desde hacía semanas.
Decenas de fotos y stories guardados de Sam: ella en outfits ajustados durante eventos de DS Field, selfies en el gimnasio con leggins, fotos en vestido corto de alguna fiesta de la empresa, primeros planos de su boca sonriendo, de sus piernas cruzadas…
Se bajó los pantalones, sacó su verga ya dura y empezó a masturbarse lentamente mientras pasaba las imágenes.
—Joder, Sam… —gruñó entre dientes, acelerando el movimiento de su mano—. Te ves tan inocente y profesional… pero yo sé cómo eres en realidad. Voy a follarte hasta que no puedas caminar.
Imaginaba agarrándola del cabello mientras la penetraba por detrás en su propia oficina de DS Field. Se corrió fuerte, manchando su mano y la pantalla con su semen, mirando fijamente una foto reciente donde Sam salía riendo en un evento, con los labios entreabiertos.
Limpió todo con calma, respiró hondo y le escribió un último mensaje:
Alex: Descansa hermosa. Mañana seguimos hablando. Estoy aquí para lo que necesites
Sam respondió con un simple “Gracias Alex” sin imaginar que, al otro lado de la pantalla, su “amigo inofensivo” ya estaba planeando cómo convertir sus fantasías en realidad.
