Corte de luz en compañia de mi hija
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Felipe, 41 años, casado con Paola, 40 años. Matrimonio típico, muy unidos y morbosos durante sus 20 años de casados. Ambos muy fogosos y liberales, tanto que les gustaba el nudismo y en casa lo practicaban siempre. Tenían solo dos hijos: Cristian de 19 y Ximena de 18, acostumbrados bajo la misma idea de disfrutar de la libertad del cuerpo, también se acostumbraron a estar por casa sin ropa desde chicos.
Un día como cualquier otro, Paola tuvo que viajar a otra ciudad a ayudar a su madre y le pide a Cristian que la acompañe, ya que había que mover algunos muebles. Pasado el evento, quedan solos Felipe y su hija durante el día, cada uno en lo suyo. Justo por temporada de lluvias en el sur donde viven, hubo un corte de energía eléctrica que duraría un par de días. Nada nuevo, ya que era normal que pasara.
Ya en la noche, estalla una tormenta eléctrica y Ximena llega corriendo al dormitorio de Felipe, alumbrada solo por la linterna del móvil.
Papá, ¿puedo dormir contigo? Sabes que con luz y con esta tormenta no puedo dormir.
Ven, mi bebita.
Ximena dejó el móvil en el velador y se acostó con su padre. Hasta acá nada raro, solo que en eso estalla un trueno cerca de su casa, lo que hace que Ximena gire a los brazos de su papá, donde él la recibe en sus brazos. Pero esto cambió todo. Ambos quedaron mirándose por un tiempo.
Ximena, que tenía un cuerpo ya desarrollado, unas tetas copa D y una cintura de abeja con un culazo de exposición, siente los brazos de su padre y siente una corriente que recorre su cuerpo, y en aumento al darse cuenta de que además sus piernas estaban casi sobre él. Y como la guinda del pastel, una de sus manos tomaba la verga venosa de 22 cm de él.
Ella, con la cara roja, miró hacia su padre con ojos de lujuria y preguntó:
Papá, ¿todo esto mamá lo soporta? Con razón sentimos esos gritos desgarradores por las noches.
Sí, bebé. ¿Y tú qué piensas ahora que lo tienes bien sujeto?
Me encantaría cubrir a mamá cuando no está, como ahora.
Mmm, ¿segura? Después no podemos volver atrás.
Sí, papá, siempre lo he deseado.
Automáticamente se entrelazan en un beso pasional y sus manos empiezan a recorrer cada centímetro de sus cuerpos. Y con una maestría digna de campeonato olímpico, Ximena sube sobre la verga dura de su padre y se deja caer de una, entrando hasta lo más profundo de su cavidad sexual.
Ahhhhh. Síiii, papá, al fin. Uffff, síiii, qué delicioso.
Sí, hija, estás apretadita, deliciosa. ¿Dónde aprendiste a montarte así?
Por ahí nomás, papá. Jajajá. ¿Crees que no sabemos que tú y tu hermano follan desde chicos?
¿Cómo lo sabían?
Sí, siempre lo hemos sabido, y por eso tu madre y hermano salieron. Teníamos calculado todo para disfrutar juntos.
Papá, o sea, ¿mamá a dónde fue con mi hermano?
A un hotel, todo el fin de semana. Así que tú y yo, nena, tendremos una luna de miel estos días.
Así que delicia. Síiii, dame duro, papá. No pares, hazme tuya.
Fueron casi tres horas de cambio de posiciones donde ninguno se dio tregua y terminaron agotados, tanto que se durmieron unidos como un par de mellizos recién nacidos.
Mientras Cristian y su madre estaban en otro lado, ya consumado. Pero eso será en otro relato.
