Clases de intimidad, por Sasha. Inicio
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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Creo que lo mejor que puede suceder en la vida es: estudiar lo que más te agrada (aunque algunos lo consideren inútil), poder trabajar de ello y que esa ocupación te permita conocer lugares y personas importantes.
Esta es la situación de Sasha. Había probado con actuación, modelaje y nada la dejaba conforme.
Entonces tomó lo que consideró la mejor decisión: a los 20 años decidió que viviría de su sueño. Para ello estudió estética corporal, masajes relajantes, reflexología y tan solo un poco de kinesiología.
A los 25 años, ya recibida y con muy buenas calificaciones, el instituto donde cursó sus estudios le extendió una carta de recomendación más que buena.
Mientras se presentaba a castings para modelaje, presentaba su carta de recomendación en todos los estudios, buscando una posibilidad laboral en lo que era experta.
Así fue como en una de las tantas entrevistas, la agencia New Models la contrató para una campaña donde podría cumplir con las dos opciones simultáneamente. Su desempeño como modelo no fue lo que esperaba pese a sus medidas (1,75 de altura, 95-70-98, sus ojos verdes, cabello castaño), los exigentes coachs exigían algo más (desnudos, provocaciones y “atenciones especiales”).
Pero el ser casi de la edad de varias sus compañeras de trabajo, hacía que ellas se entregaran a sus manos sin dudas. Entonces ser la esteticista más joven la transformó en cómplice, compinche, confidente y preferida de muchas de las jóvenes.
Ante esta situación, la productora le ofreció trabajo estable, fijo y con muchos beneficios en esa función.
Su primera campaña como esteticista la llevó a Cataratas del Iguazú, acompañando a un grupo de modelos de entre 19 y 25 años de edad. Para varias era la hermana mayor: le confiaban sus proyectos, sus frustraciones y sus éxitos. Solía compartir habitaciones con ellas, charlas de madrugada y salidas de compras cuando les daban tiempo libre.
Poco a poco, fue ganando confianza con Ariadna. Ella es riojana, de 19 años, rubia, con excelentes medidas, rostro aniñado y quizá la más tímida de todo el staff.
Ariadna le confesó que sus padres se habían separado siendo ella apenas una niña. La madre hacía conocido a un norteamericano, gerente de la empresa donde su padre trabajaba en la administración y que cuando le surgió el traslado a Canadá, se llevó con él a su madre a quien nunca más volvió a ver.
Desde aquel momento, su padre debió hacerse cargo de la doble función: madre y padre. No extrañaba que supiese cada detalle de la vida de la joven (tallas, fechas importantes, revisiones médicas, etc.) pero era indudable que había algo más en esa relación y la muchacha se empeñaba en mantener en reserva.
La noche de despedida de Puerto Iguazú, hubo una fiesta para el staff en un conocido local bailable, y el alcohol hizo que Ariadna soltara la lengua: estaba enamorada de su padre (Julio) y en la intimidad, se comportaban como pareja, solo les restaba consumar actos sexuales. Ariadna tenía temor de ser descubierta y su padre de que lo denunciaran.
Sasha la llevó al hotel y la protegió, para que en su borrachera no diese muchas más explicaciones a sus compañeras de labor.
Al día siguiente, ya superado el momento, emprendieron el retorno a Buenos Aires. Al llegar, Ariadna no halló a su padre en el aeroparque y quedó sorprendida, era la primera vez en mucho tiempo que eso no sucedía. Sasha se aproximó a ella y la invitó a su departamento, desde allí se comunicarían con Julio, para que pasara por ella.
Subieron a un taxi y partieron juntas. Ya en el departamento, compartieron un café y Sasha decidió investigar sobre la relación padre-hija.
Sasha: Ari, sabés que ayer en tu borrachera me confesaste lo tuyo con tu padre, ¿no?
Ariadna se puso roja y sus ojos vidriosos, al borde de las lágrimas.
Sasha: tranquila Ari, nada saldrá de mi boca, pero quiero saber más.
Ariadna: ¿saber? ¿Cómo qué?
Sasha: ¿él te fuerza o te obliga a algo?
Ariadna: para nada, papá me ama y no haría nada para lastimarme
Sasha: si querés puedo ayudarlos, pero necesito la confianza de ambos
Ariadna: tendría que hablar con él, pero que no se entere que ya sabés de nosotros. No quiero dejar mi carrera, ni tener problemas…
Sasha: ok, tomate el tiempo necesario y cuando estés segura, me decís.
Ariadna la abrazó fuertemente y le agradeció su silencio. Juntas esperaron a Julio que llegó un par de horas después. Él se deshacía en disculpas para con su hija, la abrazaba y agradecía a Sasha. Luego se fueron.
Ya en soledad, en su departamento, le daba vueltas a la situación, la forma en que cubriría a la muchacha y como afrontaría la charla con el padre.
Pasaron 10 días en que Sasha trabajaba con las modelos, y se tomaba un tiempo especial para hacerlo con Ariadna, el que aprovechaba para indagar un poco más y saber si ya habían tratado el tema. Pero no había cambios en la situación, hasta que llegó una nueva campaña: sería en la costa, en una playa poco concurrida, con escasísima hotelería, pero con un par de casas de buen tamaño para alojar a las 5 modelos, el staff y dos acompañantes. Para sorpresa de Sasha, Julio sería uno de ellos.
Entendió que era el momento de afrontar la situación. Citó a Ariadna y Julio a su departamento para el martes previo al viaje, habría que hablar y coordinar acciones para evitar ser descubiertos.
Ariadna y Julio llegaron puntualmente el martes a las 18 horas al departamento de la esteticista. Ingresaron al lugar y se ubicaron en el living, café mediante, fue Sasha quien tomó la palabra.
Sasha: Julio, hay un tema importante que debemos hablar
Julio: ¿pasa algo con mi Ariadna? ¿Algún problema?
Sasha se acercó a la joven, la tomó de la mano y después de mirarla a los ojos, retomó la conversación.
Sasha: entiendo que va como acompañante de la delegación
Julio: si Sasha, me dieron un par de días de vacaciones y quiero compartir el viaje y ver cómo trabajan.
Sasha: no hay hoteles disponibles, por lo que se alojará con nosotros
Julio: si, lo sé
Sasha: y no tendrán mucho tiempo para estar solos…
Julio: ¿qué insinúa?
Sasha: en medio de una fiesta en Iguazú, su hija me confesó la relación que tienen ambos. Tranquilo, solo lo sé yo dentro de la empresa.
Julio quedó petrificado, sin saber qué decir, ni cómo reaccionar.
Sasha habló un buen rato con ambos, les permitió sentarse juntos y que tomados de la mano escucharan su postura ha respecto. Les aseguró que no juzgaba la relación y mucho menos pretendía interferir, pero quería que no trascendiese en la compañía. Propuso que los tres ocuparan una de las locaciones junto a un par de modelos que eran las más reservadas, y quizá eso ayudara a que pudiesen tener sus tiempos juntos.
Julio sentía caer algunas lágrimas desde sus ojos, al fín alguien comprendía lo que estaba viviendo. Ariadna sonreía, pues se estaba liberando de un peso importante. Casi dos horas después, habían coordinado gran parte del viaje y los momentos para su intimidad.
Sasha se puso de pie, y los despidió.
El viernes a primera hora, se juntaron las modelos, el staff y los acompañantes en la sede de la compañía. Se ubicaron en el trasporte: las modelos juntas y el resto según afinidad. Julio se sentó junto a Sasha.
Pasadas 6 horas, llegaron al destino. Tras bajar del transporte, se distribuyeron rápidamente, llevaron sus pertenencias a cada locación y mudaron sus ropas. Deberían hacer un recorrido por los sectores donde harían las producciones fotográficas, elegir un espacio para Sasha y su trabajo, otro para las vestuaristas y otorgarles una labor a los acompañantes.
Al atardecer, aprovecharon la caída del sol y con ello las primeras tomas, con ropas informales provistas por la empresa. Cuando la noche ya se cerraba volvieron a las viviendas, y se fueron turnando para ducharse, presentarse a las peluqueras y tras la cena fue turno de darle trabajo a Sasha con masajes descontracturantes.
La piel tibia, apenas perfumada de las jóvenes, sus cuerpos entregados a las manos de Sasha, sus aceites y cremas, le provocaban algo de excitación: tocar esos cuerpos era una sensación impagable para ella. Alguna de las modelos era algo más mimosa y requería alguna atención algo más profunda: acariciar pechos tersos, entrepiernas algo húmedas y fragantes, hacía que algún dedo se volviese intruso en zonas calientes.
Maia: Sashita, ¿me das uno tus masajitos especiales?
“Relájate y disfrutá” le dijo mientras se colocaba algo de gel térmico en un par de sus dedos. Luego comenzó a frotar suavemente la zona anal con cremas mientras preparaba el lugar para dejar que esos dos dedos se abrieran camino por ese prieto espacio. Maia suspiró y relajó sus piernas para favorecer el acceso, sintió como uno de los dedos se metía lentamente. Apenas inició el movimiento de entrar y salir del cuerpo de la joven, los gemidos se multiplicaron, y la joven decidió ahogarlos con su cara contra la almohada.
Esta era la parte más agradable del trabajo de Sasha, y ella lo disfrutaba a pleno. Bajó hasta hacerle sentir su respiración en el cuello a la muchacha y le depositó un par de besos en la zona.
Maia: un poquito más, tesoro, un poquito más y me voy…
Sasha aceleró y minutos después sintió como se tensaba el cuerpo de la modelo, le oprimía los dedos en su interior y llegaba a un orgasmo intenso.
Lentamente se relajó y expulsó los dedos del interior. Se giró e incorporándose, le dio un beso tierno en los labios, para después irse a su habitación.
De más está decir que Sasha hervía de deseos. Luego fue el turno de Rocío, la modelo más ardiente, que no se anduvo con rodeos: le dio un morreo con todas las reglas a Sasha y se tendió en la cama, de piernas abiertas y ofreciéndole su sexo por completo. “Servicio completo por favor… Estoy muy caliente…” pidió, Sasha pasó llave a la puerta de acceso, se quitó la blusa, quedando solo en brassier y el short habitual.
Comenzó el masaje desde las piernas y fue ascendiendo lentamente hasta rozarle por primera vez la vagina, separó delicadamente los labios y recorrió la raja con suma delicadeza. Rocío gimió y flexionó las piernas, invitándola a posarse entre ellas. La mujer sabía muy bien cómo trabajar con la pelirroja: se acomodó y pasó la lengua desde abajo hacia arriba. “Uff… que bien me hacen estos masajitos Sashi… sos única” le dijo mientras se abandonaba a las destrezas de la esteticista.
Minutos más tarde, la muchacha de cabellos rojizos entregaba una carga espesa de flujos, a modo de pago por el orgasmo provocado.
La pobre Sasha estaba encharcada, ardía de deseo y necesitaba calmarse de alguna manera. Era la parte mala de su trabajo, estar rodeada de mujeres y necesitar de algún hombre que cubriera sus deseos.
Quedó sola unos minutos en la habitación, fue al baño a limpiarse un poco y aprovechando que ya todas las modelos descansaban, encendió su portátil y abrió una página de videos XXX, se aseguró que nadie la viese y discretamente deslizó su mano derecha hacia la vagina, para tocarse y calmar su urgencia. Los videos se sucedían y la mano hacía perfectamente su trabajo, se intentó relajar y apoyó su cabeza sobre el respaldo del sillón, abrió ampliamente los ojos cuando notó que su orgasmo se acercaba y en ese momento distinguió una silueta a sus espaldas. Julio la estaba observando, mientras se meneaba la verga tiesa a escasos centímetros de ella.
No hubo ni una sola palabra, el dio un paso adelante y ella se giró para atrapar el miembro con la boca e iniciar una intensa mamada. El ahogaba gemidos y ella hacia lo posible por atraparlo en su interior.
Él la detuvo, le quitó la verga de la boca y giró alrededor del sillón, se ubicó frente a ella, le quitó el short y sin mediar palabra le acercó la punta a la raja, ella se movió apenas y lo llevó a su interior, urgida de ser penetrada. Una vez dentro, él comenzó a bombear, buscando completar la faena. Ella subió las piernas a sus hombros y sintió como la llenaba. Tras media hora de actividad, ambos acabaron.
Recién en ese momento, cruzaron las primeras palabras.
Julio: ojalá mi Ari me diera esta atención, solo hemos llegado al oral.
Sasha: quizá podamos enseñarle y ayudarla a que te satisfaga
Julio: ¿lo harías?
Sasha: si vas a ayudarme a calmar mi ansiedad.
Julio: dalo por hecho.
Se despidieron con un ligero beso y cada cual volvió a su habitación. Ella satisfecha, ya no solo con lenguas femeninas, sino con una herramienta masculina, que hacía buen tiempo que no disfrutaba y prometía más.
Julio llegó a la cama, y se quedó pensando en la mujer. Solo esperaba que su Ariadna entendiera que se trataba de enseñarle a satisfacerlo y no que pensaba cambiarla por su confidente.
El amanecer era muy luminoso, la temperatura muy agradable. Tras el desayuno, las vestuaristas eligieron las mallas que lucirían las modelos, algunos pareos y se acercaron a la combi que los trasportaría a una zona alejada de la población, un área especial para trabajar con tranquilidad. Sasha y las peluqueras serían ayudantes de fotógrafos y vestuaristas, su trabajo sería intenso al mediodía cuando se produjese el intervalo de las sesiones. Trabajar en la playa no era muy cómodo, por lo que utilizarían el vehículo para desarrollar sus tareas.
En la medida que se liberaban de las sesiones, ingresaban alternadamente en la combi y permitían que ellas trabajaran prontamente.
Hubo algún que otro roce, alguna promesa para la vuelta a casa y no mucho más para Sasha.
A diferencia de la noche anterior, las modelos de la casa 1 fueron tratadas antes de la cena. Tan solo relajación y quitar contracturas típicas.
Tras la cena, fue el turno de las modelos de la casa 2, entre ella Ariadna. Lo joven riojana se sorprendía porque le habían asignado el último turno, cerca de la medianoche. Durante la espera, aprovechó a estar con su padre, paseando por las cercanías de la casa y valiéndose de la oscuridad, se prodigaban algunos besos y caricias, mientras esperaban que fuese el momento de la joven.
Volvieron a la casa, justo cuando la última muchacha abandonaba el cuarto donde Sasha había montado su espacio de trabajo. Ariadna le dio unos minutos de descanso, ya ubicada en el cuarto siempre acompañada de Julio.
Cuando Sasha retornó, cerró la puerta, pero no hizo salir a Julio, cosa que ciertamente sorprendió a Ari.
Sasha: bien Ari, voy a darte una buena sesión de masajes y Julio verá cual es el tratamiento que se aplica al finalizar la jornada.
Tomó un par de aceites que previamente entibió y los comenzó a esparcir por la espalda. Luego deslizó las manos por el sector, distribuyéndolos de buena manera, aflojando las tensiones del día. Se quitó el aceite de las manos y abrió un pote de crema, que colocó en las palmas de sus manos y masajeo intensamente las piernas, desde los tobillos hasta el mismo nacimiento de ellas, casi rozando la zona vaginal. Lo miró a Julio y le mostró como estimulaba la región, sin llegar a mucho más pero que era suficiente para que la joven comenzara a humedecerse, los labios vaginales se ponían brillosos y Ariadna abría levemente las piernas para facilitarle el acceso.
Minutos después, la hizo girar y ubicarse boca arriba. Repitió el proceso primero con el aceite tibio, erizándole los pezones de manera descontrolada y luego bajando a la ingle para rozarle la raja ya brillante de flujos.
Sasha: muy bien Ari, ahora a descansar…
Ariadna: uff, no se si pueda, estoy excitadísima…
Julio: mañana te espera un día muy intenso Ari.
A regañadientes, la joven se colocó la bata y se dispuso a abandonar la habitación previo despedirse de ambos con sendos besos: a Sasha de manera tímida y a Julio mucho más intensamente.
Sasha: Julio, ¿tomamos algo? Hay una botella de licor en la cocina.
Julio: ¿por qué no?
Fueron hasta la cocina, se sirvieron un par de tragos y se dirigieron al sillón del living, donde se sentaron a beber, mientras conversaban del trabajo realizado y los masajes que Sasha le había dado a Ariadna.
Se escucharon unos ruidos provenientes del sector del baño y minutos después apareció Ariadna. ”Me cuesta dormir” dijo mientras se sentaba junto a Julio. “los dejo un rato solitos, aprovechen que voy a verificar que todos duerman” dijo Sasha dejando el vaso sobre una mesa y encaminándose a las habitaciones.
Tardó más Sasha en desaparecer, que ellos en trenzarse en besos y caricias. Había un dejo de desesperación entre ambos, necesitados de darse afecto.
Estaban tan metidos en ello que no notaron que Sasha había retornado, los observó unos minutos y notó que Ariadna no se animaba a dar el paso siguiente, solo se limitaba a manoseos e intentaba desprender el cierre del jean para liberar la verga y masturbarlo.
Fue entonces que decidió poner manos a la obra: se aproximó lentamente, y le ayudó a despojarlo de las ropas. Ariadna se sorprendió al verla y a punto estuvo de detenerse. “Hoy vas a llegar al punto que deseas Ari, pero déjame ayudarte” le dijo. Le desprendió la bata, retiró hacia arriba el brassier, liberándole los pechos.
Sasha: dejá que él los bese y chupe, acaricialo mientras lo hace, tranquila
Ella asintió y lo atrajo a su cuerpo, mientras Julio comenzaba a besar los pezones endurecidos, ubicó su mano en la cabellera y lo fue guiando, para que alternara entre uno y otro pecho.
Sasha: Julio, llevá tu mano a la entrepierna, seguro que todavía tiene algo de la crema que le puse, pasá despacio un dedo por la raja, para que vaya lubricando.
El hombre seguía el paso a paso, para obtener el máximo nivel de excitación de ella. Sentía como sus dedos resbalaban con más facilidad mientras la muchacha desprendía flujos de manera intensa.
Ariadna: qué bien se siente… me gusta mucho… siento que me voy a orinar del placer…
Sasha: estas por tener un squirt, una eyaculación femenina, tranquila…
Ariadna se contorsionaba de placer y Sasha se estaba poniendo muy pero muy caliente con lo que estaban viviendo los tres. Se quitó el short y el hilo dental, quedando desnuda de la cintura hacia abajo, podía verse el brillo que había en su entrepierna, tomó la mano libre de Ariadna y la ubicó allí, guiándola para que la masturbase.
Sasha: hacé conmigo lo que sientas
La joven metió profundamente un par de dedos en la cueva de la mujer y le arrancó un gemido intenso y profundo. En tanto su orgasmo se acercaba, aceleraba el mete saca en su mentora.
Julio se detuvo a observarlas, sentía deseos de meter su verga dura y caliente en alguna de las vaginas que tenía enfrente… Ariadna estaba en pleno orgasmo, descontrolada, expulsando jugos de manera intensa, hasta quedar rendida en el sillón. Fue entonces que la escuchó hablar.
Sasha: Ariadna, ahora vas a ver, como tu padre me la mete y como tendrás que moverte para disfrutarlo. No quiero que te trate de manera violenta por ansiedad, por eso lo hará primero conmigo, para quitarle intensidad.
Julio escuchó esas palabras y se dispuso a penetrar en Sasha. La mujer su ubicó sobre el apoyabrazos del sillón y abrió las piernas para recibirlo. Él apuntó y fue metiéndola poco a poco, pero al sentirse dentro, comenzó a moverse bruscamente
Entonces Sasha cruzó las piernas tras la cintura de él y le restó velocidad y empuje, para hacerlo más delicado.
Ariadna miraba como Sasha manejaba la situación y dominaba el momento. Guardaba en su mente cada accionar, para ser ella quien lo hiciese cuando fuese su turno. Unos minutos después, Sasha se corría y dejaba a Julio en el punto exacto para que iniciara a su hija. Se retiró de la mujer y cambiando de lugar, se acercó a la muchacha para tomar su virginidad.
Tal y como había hecho su mentora, Ariadna lo fue envolviendo y llevando a su interior, sintió como la penetraba y rasgaba el último vestigio de su virginidad. Clavó las uñas en la espalda de Julio y hundió su rostro en el pecho de él para ahogar el grito propio del desgarro.
Luego, lentamente fue acoplándose, cuando el dolor inicial se iba transformando en placer intenso. Minutos de gloria para ambos, saberse amantes y disfrutándose por primera vez.
Sasha observaba detenidamente, y notó cuando Julio estaba al filo de la explosión, le recordó al oído que no tenía protección puesta, por lo que salió rápido de Ariadna y terminó la faena pajeandose y regándola de leche por todo el cuerpo.
Recién allí se serenaron los tres, se quedaron tendidos sobre los sillones, recuperándose.
Sasha: bien Ariadna, ya eres la amante de Julio, su mujer. Vas a tener que aprender a cuidarte si no querés quedar embarazada. Julio, lo mismo vos.
Ariadna la abrazó y le dio un beso tierno a Sasha, luego uno a Julio y finalmente entre los dos mayores. “Vayan cada uno a su cama, no queremos que alguien nos encuentre levantados” dijo Sasha mientras vaciaba su copa.
Los amantes se despidieron y Ariadna partió rauda a su habitación.
Julio: gracias Sasha, esto fue hermoso.
Sasha: lo sé, ahora debes cuidarla más que antes
Julio: podés quedarte tranquila con eso, sólo te pido que sigas enseñándole
Sasha: siempre que haya oportunidad, lo haré.
Todos se despertaron el domingo bastante tarde, aprovecharon para hacer las últimas tomas en la villa y luego partieron de regreso.
Durante el viaje, las miradas de Sasha hacia Ariadna y Julio eran constantes, por su mente pasaba una segunda clase en la que solo estuviese con la joven y trataría de adiestrarla en artes amatorias más excitantes.
Tan solo debía esperar el momento adecuado, tal vez en su propio gabinete.
Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago
