Me como a mi hija, mi entenada y mi esposa
Me llamo Ricardo, tengo 37 años, estoy casado y mi esposa no sospecha en absoluto que me acuesto con mi hija y mi hijastra.
Sé que es pecado lo que hago con mi hija especialmente, pero no puedo evitarlo. Siempre he sido un mujeriego empedernido, lo reconozco y lo admito.
Mi esposa Melani, con sus 35 años, es súper cachonda, hermosa y jugosa, una diabla en la cama. Me encanta cómo me la chupa, succionándome como experta. Y qué decir de Andrea, mi hijastra, la primera hija de Melani de su anterior matrimonio. Al igual que su madre, es muy sexy y cachonda. Para sus 21 años, tiene un cuerpazo. Me fascina cuando se pone faldas que resaltan sus piernas lisas y suaves, que adoro poner sobre mis hombros cada vez que me como ese culo.
La relación con Andrea y yo nació hace 3 años, cuando ella cumplió 18. Siempre me encantó su forma de ser: atenta, hermosa e increíble. En la cama es una fiera. “Sí, papi, fóllame el culo”, me dice siempre con voz ronca, y yo la complazco porque le fascina el sexo anal y el peligro. ¿A quién no?
Nuestros encuentros han sido cerca de mi esposa, su propia madre. Una vez, mientras Melani tendía ropa en el piso de arriba, yo estaba en el baño del piso de abajo comiéndome el culo de Andrea. En serio, tiene un culazo.
Mi hija Ariana, mi hija única con Melani, sangre de mi sangre, me atrae como mujer. No solo me atrae: es mi mujer. No me da vergüenza decirlo. Tiene 19 años ahora y un cuerpo delicioso, como su madre y su hermana: blanca, senos grandes, piernas cortas por su baja estatura, cabello ondulado negro y ojos grandes que embrujan.
Ariana es súper tierna, siempre ha sido así. Cuando Melani salía a vender sus productos, me dejaba solo con ella. Nunca le conocí novio, así que salíamos a comer a restaurantes o veíamos películas. Un día, entre bromas y juegos, me dio un abrazo. No me contuve y la besé. “Papá, sí, te deseo tanto”, me respondió ella con entusiasmo, aceptándolo todo. La abracé fuerte para que sintiera mi protección, emocionado por el morbo de sus tetas duras contra mi pecho. Bajé las manos a sus nalgas y, tras minutos besándonos, la recosté en la cama. “Quiero que me folles, papá, hazme tuya”, dijo jadeando. Ese día mantuvimos relaciones sexuales increíbles.
Así seguimos por meses y hasta ahora, pese a que tiene novio. Nuestras salidas son seguidas y secretas. Mi esposa no sabe que me acuesto con nuestra hija, ni con Andrea, su otra hija.
A estas alturas, Andrea ya sabe de mi relación con Ariana, su hermana. Al principio le dio asco, pero se acostumbró a compartirme. Nos ha visto tener relaciones más de una vez.
Para mí, la gran excitación es tener cerca a mi esposa mientras follo con mi hijastra y mi hija.
¿Te gustó este relato? descubre más fantasías literarias para adultos en nuestra página principal.
