Mi cuñadita culona y sexy la menor (100% real)
Como todos los días al ir a dejar a mi hijo al colegio, me topaba con mi cuñada, una flaquita bien rica de 19 años que estudiaba en la universidad cercana. La saludaba, pero nada más.
No la había visto en mucho tiempo y este año, al volver de dejar a mi hijo, la encontré afuera de la uni. Había cambiado totalmente: le llegó el desarrollo a full, buenas tetas, buen culo y vestía como toda universitaria flaite, con el jumper apenas tapando el culo.
La pillé afuera, ya era tarde, así que le pregunté qué onda, por qué no entraba. Me dijo que no tenía ganas de clases, que no se sentía bien, que le aburría la carrera y bla bla bla. La miré y le dije: “¿Qué vas a hacer? ¿Te llevo a tu casa?”. Me contestó que no podía, que la pillarían por no haber ido. Así que le propuse: “Ya, vamos a tomar desayuno a mi casa”. Por las mañanas estoy solo porque mi mujer trabaja. Nos subimos al auto y esta pendeja se sentó; uff, el jumper corto se le encoge entero y ella como si nada. Le dije: “¿No te molesta que te quede así?”. Me miró riéndose: “No, ¿por qué te molesta a ti?”. Yo: “No, se ve bien, tienes bonitas piernas”. Ella: “Las tengo suaves”. Yo: “No sé, tendría que tocarlas para saber”. Y me dice: “Tócalas, pero no te pases de rollos”.
Mientras manejaba, le toqué las piernas empezando por las rodillas y subiendo despacio hasta el borde del jumper. Metí la mano un poquito debajo y sentí la suya frenándome: “Ya, ahí nomás”. Uff, estaba ultra caliente. Llegamos a casa, me bajé a abrir el portón y guardar el auto. Ella entró primero. Al subir, no la encontraba; escuché ruido en el segundo piso. Subí despacio: estaba duchándose, puerta cerrada. Me tenté mil rollos: “¿Y si entro? ¿Y si me está probando? ¿Me queda la caga en la familia?”.
Preferí aguantarme y salí a comprar pan para el desayuno, a una panadería lejana con la esperanza de que al volver ya no estuviera y evitar tentaciones. Volví y ahí estaba en el living, vestida solo con el jumper, sin blusa debajo; se veía un sostén blanco de encaje que me ponía a mil. Subí al baño donde se había duchado y encontré unas panties negras tiradas en un rincón. Uff, mi mente voló imaginando meter la mano bajo ese jumper y sentir su conchita peladita y húmeda sin nada puesto.
Bajé y desayunamos frente a frente en el living. Entre miradas, confirmé que no tenía calzón. Estaba ardiendo. Ella se paró y fue a la cocina; yo dije: “A la mierda, me la juego”. La pillé de pie buscando algo en el refri, levantó el culito al verme atrás. La tomé de las caderas, apreté mis caderas contra sus muslos. Todo jugado.
De espaldas, me hizo cariño en la cabeza mientras yo le besaba el cuello. Levanté el jumper y comprobé: nada puesto. Se dio vuelta, nos besamos con lenguas enredadas, mis manos apretando su culito. Ella soltó mi pantalón y metió la mano en mi bóxer. Le bajé el cierre del jumper, lo abrí en los hombros y chupé esas tetitas ricas, fresquitas y duritas. Dio un salto, me abrazó la cintura con las piernas; seguí chupando. Me soltó, se agachó y me chupó la verga despacio, metiéndola toda y sacándola poco a poco. Estuvimos un buen rato así y pasamos al sofá.
La acosté, abrí sus piernas y lamí su conchita rosadita. Aprieta los muslos y con un gemido rico suelta el primer orgasmo, húmedo. Me acomodo para un 69; noté su poca experiencia porque me raspaba con los dientes, entre dolor y morbo. “Espérame”, le dije. Fui al auto, saqué condones guardados, me puse uno. Acostadita con piernas abiertas, me dice: “Con cuidado”. Me acomodé despacio entre sus muslos; iba a la mitad y para: “Ahí nomás, me duele”. Saqué y metí lento, cada vez más adentro hasta el fondo.
Después: “Siéntate encima”. Uff, acostado veía su conchita rosadita, apretadita, y su carita inocente saltando. Se movió más rápido, llegó al clímax gritando, apretándose los senos. La moví para extenderlo. Se recostó: “Ha sido mi primera vez”. Uff, qué rico. Descansamos y seguimos en cucharita, penetrándola despacio. Mirar su culito blanco me ponía a mil. La puse en cuatro y le di duro; ella entregada: “Dame, dame duro, está rico”. Me voy a correr, le digo que me lo chupe. Aprovechándome de su inocencia, solté todo en su boca. Se tragó un poco, el resto lo botó; no le gustó, pero siguió chupando.
Desnudos en la alfombra del living, fumando, escena hermosa. Me toca con sus manitos, me chupa hasta ponerme listo. Lo hicimos rico otra vez. En cuatro, intenté el culito: “No, aún no estoy lista, pero te aseguro que serás el primero”. Después de hacerlo intenso, nos duchamos y se fue porque era la hora.
Uff, aún tengo su olor en los dedos y por los mensajes de WhatsApp, sé que esta historia se repetirá…
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