El Secreto de Karina – I
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PARTE I: EL DESCUBRIMIENTO
Karina tenía 40 años y un cuerpo que seguía siendo envidia de muchas mujeres más jóvenes. A pesar de sus dos hijos ya grandes, mantenía una figura de infarto: cintura pequeña, caderas anchas y unas nalgas grandes, firmes y redondas que se marcaban provocativamente bajo sus jeans de trabajo. Morenita, de piel suave y cabello oscuro, era chaparrita pero con una presencia que llamaba la atención. En cfe, como capturista, recibía miradas y propuestas constantemente, pero siempre había mantenido la cordura de mujer casada. Veinte años de fidelidad absoluta.
En casa, sin embargo, las cosas eran distintas. Su marido, diez años mayor que ella, era tranquilo, buen proveedor, pero en la cama era… poco. Muy poco. Glas era fogosa, de sangre caliente. Le gustaba sentir, gemir fuerte, ser tomada con fuerza. Pero él prefería llegar rápido y dormirse. Muchas noches ella se quedaba con esa calentura insatisfecha, tocándose en silencio después de que él roncara.
Aquella tarde, su omar había ido a nuestra casa a qué mi esposo le arreglará la computadora. Omar era su gran amigo, de 39 años, viudo desde hacía algunos años y ahora con una novia de 35 que le daba más problemas que satisfacciones. Cuando su marido regresó, dejó la laptop en la sala y se fue a bañarse.
Glas, por curiosidad, abrió la computadora. Su esposo le había hecho un respaldo completo y había dejado la carpeta abierta. Al revisar, encontró una subcarpeta llamada “Privado”. Dentro había varios videos.
Al abrir el primero, se quedó sin aliento.
Omar estaba completamente desnudo, de pie frente a la cámara. Su pene colgaba pesado, grueso incluso en reposo. En el siguiente video se masturbaba lentamente. Karina sintió un calor inmediato entre las piernas. Era enorme. Largo, venoso, con una cabeza gruesa y oscura. Mucho más grande de lo que jamás había visto en su marido.
—Dios mío… —susurró, mordiéndose el labio.
Miró hacia el baño. Su esposo seguía duchándose. Con el corazón acelerado, abrió otro video. Omar ahora estaba completamente erecto, moviendo su mano gruesa arriba y abajo de ese tronco impresionante. Se oía su respiración ronca.
Karina sintió que su vagina se mojaba de inmediato. Sin pensarlo dos veces, se metió la mano dentro del pantalón. Sus dedos encontraron su clítoris hinchado y resbaladizo. Empezó a frotarse mientras veía cómo esa verga gruesa se movía en la pantalla. Sus nalgas se tensaban en la silla, moviendo las caderas discretamente.
—Qué verga tan rica… —murmuró, excitada como nunca.
Se bajó un poco el pantalón y las bragas, abriendo las piernas. Sus dedos entraban y salían de su coño empapado mientras imaginaba esa polla grande abriéndola, llenándola. Sus nalgas se movían contra la silla, su cintura pequeña arqueándose. Estaba muy mojada, tanto que se escuchaban sonidos húmedos con cada movimiento de sus dedos.
Llegó al orgasmo viendo cómo Omar eyaculaba en el video, chorros gruesos y abundantes. Karina tuvo que taparse la boca para no gemir fuerte mientras su cuerpo se sacudía con un placer intenso, casi doloroso de lo rico que se sintió.
Cuando terminó, respiraba agitada. Rápidamente copió los videos a su teléfono, los guardó en una carpeta oculta y borró el historial.
Desde ese día, karina ya no era la misma.
Por las noches, cuando su marido se dormía, ella se encerraba en el baño o esperaba a que él saliera de la casa. Se ponía de cuatro sobre la cama, con el culo grande y moreno en pompa, y veía los videos de Oscar mientras se metía los dedos o usaba uno de sus juguetes. Fantaseaba con que esa verga tremenda la estaba partiendo, que Oscar la agarraba fuerte de las caderas y la cogía como su marido nunca había podido.
Y cada vez que terminaba, mojada y temblando, se quedaba con una sola pregunta en la cabeza:
¿Hasta cuándo solo sería un video?
