Me inicie en el sexo con mi madre
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Mi padre era camionero de rutas internacionales y pasaba muchos días fuera de casa.
Yo soy hijo unico, muy consentido por mi madre y cuando no estaba mi padre dormía con ella, para hacerla compañía.
Y así, cuando entré en la pubertad empecé a tener erecciones y poluciones nocturnas.
Así que puedes imaginar, tener el cuerpo de una mujer con muy poca ropa durante todas esas noches allí, junto a mi, a mi total disposición.
Empecé por acariciar su cuerpo poco a poco y como ella me dejaba y no me decía nada, pues cada vez me fui haciendo más atrevido.
Con los amigos, hablábamos de sexo y los más pequeños aprendíamos cosas de los más mayores.
Al principio solo era el contacto con su cuerpo y eso me bastaba para eyacular.
Todos los días amanecía con una enorme mancha en mis calzoncillos.
Mi madre evidentemente lo veía y solo me decía que a mi edad eso era normal, que no me preocupara.
Ella dormía con un camisón de tirantes que le llegaba por encima de las rodillas y debajo solo las bragas, yo solo con los calzoncillos.
En la cama el camisón se le subía y yo entraba en contacto directamente con sus bragas, cuando me arrimaba a ella de cucharilla.
Pegaba mi pene dentro del calzoncillo a su culo cubierto por sus bragas y no tardaba mucho en correrme.
Eso fue suficiente para mi durante bastante tiempo, pero en las conversaciones con mis amigos (Yo a ellos no les contaba nada de que dormía con mi madre) iban apareciendo cosas más excitantes.
Lo primero fueron las tetas y ahí fue donde di yo mi siguiente paso.
Empecé a tocarle las tetas por encima del camisón y a notar sus pezones y eso hacía que me corriera rápidamente.
Como mi madre seguía sin decirme nada, para mi era una señal de que no la molestaba y que lo consideraría también como algo normal para mi edad.
Así que me atreví a empezar a tocarlaselas directamente por debajo del camisón.
Eso ya fue para mi el no va más y ahora ya sé, que para mi madre fue el comienzo de empezar a disfrutar de mis caricias, porque los pezones se le ponían muy duros y cuando fui cogiendo práctica, mi madre hasta emitía algún gemido, ahora sé que de placer.
Para mi desde el principio aquello era sexo y supongo que desde ese momento, para mi madre empezó a serlo también.
Disfruté de sus tetas durante bastante tiempo, pero llegó el momento que yo necesitaba más y mi madre, ahora sé que también.
Me atreví a bajar mi mano a sus bragas y ahí ya las cosas se aceleraron por ambas partes.
Yo después de acariciarla durante varias noches por fuera y ver que mi madre no me decía nada, decidí meter mi mano por dentro de las bragas y la primera vez que lo hice, en cuanto toqué los vellos de su pubis, me corrí abundantemente, sin poder controlarme.
Como mi madre tampoco me dijo nada, las noches siguientes hice lo mismo, pero ya conseguí llegar hasta su coño y metí mis dedos dentro, estaba muy mojado y caliente y por supuesto me corría nada más tocarlo.
Mi madre, lógicamente se quedaba caliente porque no le daba tiempo a correrse, así que tomó una decisión y una de esas noches, cuando bajé mi mano, descubrí, para mi sorpresa, que no llevaba bragas.
Me volví a correr nada más comprobarlo, pero pensé que si mi madre había hecho eso, era porque le gustaba y quería facilitarme el acceso, así que, aunque me había corrido, seguí tocándola, metiendo mis dedos dentro de su chorreante coño durante un rato más.
Mi madre gemía cada vez más fuerte y movía su culo como buscando más contacto, hasta que finalmente estalló en lo que, ahora sé, que era un orgasmo, dio un grito muy fuerte y luego se quedó callada.
Había hecho que mi madre se corriera por primera vez conmigo.
Al día siguiente, después de lo que había pasado por la noche, mi madre decidió hablar conmigo por primera vez, sobre el tema.
Me dijo que lo que había pasado era algo que ella ya sabía que iba a pasar, dado que yo tenía las hormonas revolucionadas y ella no es de piedra.
Me explicó como funcionaban las cosas entre un hombre y una mujer y me preguntó, sin muchos más preámbulos, si yo quería ser su “otro hombre” cuando no estuviera mi padre.
Yo, lógicamente, le dije que sí, que yo haría todo lo que ella me dijera que hiciera.
Ella me dijo que no me preocupara, que ella me enseñaría como darle placer a una mujer.
También me dijo que no debía contárselo nunca a nadie, que tenía que ser nuestro secreto, a lo que yo también le dije que, por supuesto.
Esa noche la penetré por primera vez.
Ella se tumbó de espaldas, me indicó como debía hacerlo, estando los dos completamente desnudos.
Yo hice lo que ella me dijo que hiciera y…
Como era de esperar, me corrí nada más metérsela.
Mi madre, como sabía que esto era lo que iba a pasar, también me dijo que, cuando me corriera, no se la sacara, que siguiera moviéndome, porque con mi edad, la seguiría teniendo dura, hasta que ella se corriera también.
Y eso hice, no se la saqué y seguí follándomela hasta que ella tuvo su orgasmo.
Mi madre ahí ya buscaba su propio placer, me apretaba contra ella, con sus manos en mi culo, como si quisiera meterme entero dentro de su coño, gemía cada vez más fuerte y me decía:
Así cariño, así, así, sigue moviéndote así, folla a tu madre por primera vez.
Hasta que finalmente lanzó un fuerte grito diciéndome:
Me corrooooo… Ahahah
Evidentemente, yo también volví a correrme otra vez, en lo que fue el primer polvo de mi vida y además, con mi madre.
Luego descansamos un rato y hablamos sobre lo que ambos habíamos sentido al tener sexo por primera vez, como amantes.
Yo le dije a mi madre que, por supuesto, era la primera vez en mi vida que tenía sexo con una mujer, que me había gustado mucho y más habiéndolo hecho con ella, que era mi madre, la mujer que más quería del mundo.
Mi madre me dijo que para ella también había sido algo muy especial, porque era la primera vez que volvía a tener a su hijo dentro de su cuerpo, entrando por donde salió y sintiendo el calor del semen de su propio hijo en sus entrañas. Que eso había sido lo más de lo más.
Luego me dijo que ahora ya éramos amantes, que me iba a enseñar a follar con una mujer, que la tratara como mujer, que todo su cuerpo estaba a mi disposición y que podía hacer con ella todo lo que me apeteciera hacer como hombre, que esa noche íbamos a tener sexo hasta que no pudiéramos más.
Y eso hicimos, nos pasamos toda la noche haciendo de todo, fue para mi un auténtico curso acelerado de sexo.
Follamos en distintas posiciones, que ella me iba diciendo.
Me hizo una mamada y me corrí en su boca, eso fue algo realmente increíble para mi, ver a mi madre con mi pene en su boca mirándome con su cara de satisfacción.
Luego me dijo que la comiera el coño y por supuesto se lo comí y ahora fue ella la que se corrió en mi boca y por primera vez probé sus jugos y me encantó su sabor y el olor a hembra de su coño.
Fue algo increíble yo no sé las veces que me corrí y mi madre no paraba de tener orgasmos, cosa que a mi me la volvía a poner dura una y otra vez.
Los dos estábamos superexcitados, yo no me podía creer todas las cosas que se podían hacer con una mujer y lo mucho que me gustaba todo lo que hacíamos.
Mi madre también me informó que podía correrme dentro de ella sin ningún problema, porque usaba un sistema anticonceptivo de larga duración que consistía en unas barritas introducidas en la parte interna de uno de sus brazos, me enseñó el brazo y se notaban las barritas al tocárselo.
Desde esa noche no paramos de follar a todas horas.
Cuando estaba mi padre yo los oía follar por las noches, pero en cuanto él se iba, ella y yo volvíamos a follar, porque los dos nos habíamos enviciado y nos encantaba hacerlo en cualquier lugar de la casa.
Y así las cosas, cuando llevábamos dos meses follando sin parar, resultó que mi madre se quedó embarazada.
Al parecer, según le dijo su ginecóloga, sus barritas anticonceptivas habían caducado y por un malentendido no las había renovado.
Mi padre, por supuesto, no tenía ningún motivo para pensar que el embarazo no fuera suyo, pero, tanto mi madre como yo, no lo teníamos tan claro, porque yo me la follaba muchas más veces que él y me corría dentro de ella siempre, así que las posibilidades de que el embarazo fuera mío eran muchas más que las de que fuera de mi padre.
Una vez aceptada la situación, todo siguió como antes.
Mi madre y yo seguimos follando y ahora con el morbo añadido de que ambos pensábamos que lo que crecía en su vientre era el fruto de nuestro amor.
Yo vivía una nueva experiencia, la de tener sexo con una embarazada y lo disfruté a tope.
A mi madre a la vez que le crecía la barriga, le crecieron también las tetas.
Se le hincharon, los pezones le crecieron, a mi me encantaba chupárselos y a ella le encantaba que se los chupara.
Otra cosa que nos encantaba a los dos era que yo me sentaba, ella se sentaba encima de mí, clavada en mi verga y en esa posición yo le acariciaba las tetas y la barriga y cuando estaba ya de varios meses, notábamos como lo que tenía dentro se movía, eso nos excitaba muchísimo a los dos y teníamos unos orgasmos increíbles.
Desde los tres meses de embarazo su ginecóloga le dijo que era un niño varón.
Dos años después mi padre murió en un accidente con su camión, mi madre se quedó viuda y yo ocupé definitivamente el lugar de mi padre a todos los efectos.
Esto, aunque fue un golpe duro para mi madre y para mi, en realidad nos facilitó mucho las cosas, porque pasé de ser el amante secreto de mi madre a ser su pareja y a dormir todas las noches con ella, ya sin ningún reparo.
Para todo el mundo, el niño era mi hermanito, pero para mi madre y para mi, es nuestro hijo y nuestra relación como amantes se fortaleció para siempre.
