La acompañe a hacerse un tatuaje con doble intención

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Le comenté a mi vicio favorito que había soñado que ella me estaba pidiendo que la acompañara a hacerse un tatuaje. Ella se rio y me dijo:
—¿En serio? Qué extraño.
—No se le antojó uno nuevo —le respondí.
—Nunca le voy a decir que no a un tatuaje —me contestó.

Tiene un montón de tatuajes en el cuerpo y se mira súper sexy. En verdad me combinan, le dije. Haga cita, la acompaño.
—Voy a pensar primero qué tatuaje hacerme —me respondió.

Pasaron los días y me dijo:
—Ya sé cuál me voy a hacer. Quiero uno en el brazo.
—Ok —le dije.

Como ella ya sabe que tengo una mente sucia y pervertida, le propuse lo siguiente:
—Vamos a ir con el tatuador que te gusta.
No me molesta para nada, al contrario, me gusta que me tenga esa confianza. Yo la voy a acompañar, pero le voy a comprar un vibrador silencioso que se usa con aplicación en el teléfono. Usted se lo va a poner antes de llegar y yo lo voy a manejar desde mi celular. Mientras él la esté tatuando, yo voy a estar usando la app para darle ricos apretones en su vagina.

Su primera respuesta fue:
—No, ¿cómo va a ser?
—Piénselo —le dije—. Él ni cuenta se va a dar y la vamos a pasar bien rico. Eso ni se escucha y si gime él va a creer que es de dolor, no de placer.

Entonces me confesó que sí le excitaba la idea y que sí le prendía. La convencí. Me dijo que tenía cita el viernes a las 5 de la tarde.
—Súper —le respondí.

Fui a una sex shop y busqué el más completo. Me ofrecieron uno súper silencioso pero superintenso, ideal para usar en público. Me instalaron la app, me enseñaron cómo usarlo y lo dejé cargando en mi oficina hasta el día viernes.

Fui por ella a un comercial cerca del salón de tatuajes. Pasé por ella en mi carro y nos fuimos. Me saludó con un rico beso.
—¿Estás lista? —le pregunté.
—Sí —me dijo.

Venía con una blusa de tirantes y un vestido largo.
—Qué guapa se mira —le dije.
—Gracias —me respondió.

—Abra la guantera, le tengo un regalo.

La abrió y ahí estaba el sex toy. Sorprendida me dijo:
—¡Ala madre! ¿Sí lo compró?
—Obviamente —le dije—. Pensé que no.
—Claro que sí. La idea me pone a mil y a usted también. Pruébeselo.

Empezó a verlo con sus manos, me pidió mi teléfono y empezó a ver los niveles de vibración.
—SÍ vibra fuerte —me respondió.
—Métaselo —le dije.

Se hizo a un lado el vestido y la tanga y se lo metió.
—Ahora pruébelo —le dije.

Ella con mi teléfono empezó a probar los niveles.
—Ala madre, se siente demasiado en el nivel más intenso.
—Siento mucho —le dije—. Ese es el objetivo.

Se puso súper nerviosa.
—Ok, pero si le hago señas le para.
—Tranquila, no se preocupe —le dije—. Ya vio que no se escucha nada.
—Eso me tranquiliza —me dijo.

Lo fue probando todo el camino. Al final se ve que le agarró el gusto.

Por ser viernes y por la hora había un gran tráfico. Ella me escribió que nos hiciéramos un poco de tiempo porque estábamos atrasados. Le respondí que no había problema. Llegamos como 45 minutos tarde, casi a las 6. Ya no había nadie en el lugar, solo él.

Le dijimos que pena, perdón, había muchísimo tráfico.
—No se preocupen —nos dijo—. Igual a mí a esta hora no me gusta salir solo a quedarme parado en el tráfico. Voy a ir.

Muy amable. Me cayó bien a primera vista. Tenía todo el cuerpo lleno de tatuajes. Ahí pensé: con razón le gusta tanto. De hecho, no sé por qué le gusté yo, ella siempre me ha dicho que le gustan los hombres tatuados y yo no tengo ni un tatuaje, jaja.

Yo me senté en un sillón de cuero negro que tenía en el área de espera y ella fue con él a ver el tema del tatuaje, el diseño, en dónde lo quería y cómo le iba a quedar. Estuvieron hablando ahí un buen rato. Solo le daba pequeños toques con el juguete en la vagina para que no se olvidara que yo estaba ahí.

Por fin terminaron de ver su diseño y pasaron al área donde se tatúa. Ella se sentó y puso su brazo sobre la mesa de tatuaje. Él comenzó a tatuarla. Pude ver que no ponía ninguna resistencia ni hacía ningún signo de dolor. Eso no me gusta, pensé. Así que inmediatamente le puse el vibrador al 100 y ella se retorció.

—¿Está bien? —le preguntó.
—Sí, sí, solo que hoy sí me está doliendo —le dijo.
—Es lo normal —le respondió—. Pero no se preocupe, no le va a doler tanto, tengo buena mano.

Yo usaba la app para irle provocando espasmos en su vagina. La usé en el nivel más suave por un buen tiempo. Mientras ella se tatuaba, medio se movía y cruzaba las piernas. Le subí un poco más el nivel y ya la empecé a ver que se ponía roja.
—Hay calor aquí —dijo.
—Sí, bastante —respondió él—. Es la época de verano.

Le subí más el nivel y le salió un gemido, pero lo disimuló con el tatuaje como diciendo que le estaba doliendo. En eso él dijo:
—Le tengo que tatuar de negro esta área de aquí, puede que le duela un poco. Si gusta apriete esto con su mano.

Le dio una pelota.
—Ahorita es cuando —dije y se lo puse a full.

Ella se retorcía según él de dolor. Solo ella y yo sabíamos que era de placer. Se lo puse al máximo y ella gimió.
—¿Está bien? —le preguntó.
—Sí, dele de una vez sin parar, termine esa área de una vez —le dijo.

A duras penas le salían las palabras. El obediente así lo hizo. Ella comenzó a apretar la bola, me volteó la cara y empezó a abrir la boca de placer. Él ni cuenta se dio. Ahí fue donde supe que estaba teniendo su primer orgasmo.
—¡Ahhh! —gritó.

Se me paró la verga con ese grito, creo que hasta a él. Fue demasiado erótico. Me hizo la seña de que parara. Ya había tenido su orgasmo y paré el juguete. Ella se relajó y él siguió a lo suyo. Ni cuenta se dio que la mujer que estaba tatuando acababa de tener un súper orgasmo mientras él hacía su trabajo.

Ella estaba rojísima, tenía su cara de sexo que solo yo conozco y vi que estaba muy excitada con la situación. Yo comencé a sacarle plática al tatuador y me hice su amigo. En esas le dije:
—¿Querés una cervecita? Qué calor está haciendo.

Noté que justo a la par había una tienda.
—Va, gracias —me dijo.

Fui a la tienda, compré un six, regresé y le pasé una a ella y otra al tatuador. Abrimos las tres y dijimos:
—Salud.

Él se tomó un descanso y dijo:
—Qué rico cae para este calor.

Se la tomó como en dos minutos. Se ve que le gusta el trago, pensé. Le ofrecí la otra y me dijo que estaba bien. Mi novia hizo una broma:
—Primero termíneme de tatuar y después se pone bolo si quiere.

Los tres morimos de la risa. Él dijo que dos cervezas no le iban a hacer nada.
—Si quiere que nos pongamos bolos, en la refri tengo una de tequila. Eso sí me gusta —dijo y se rio.

Se tomó su segunda cerveza y siguió a lo suyo. Ella también se tomó la suya y yo la mía. Al rato le pasé la otra. Ella con dos cervezas ya estaba mucho más relajada.

Yo al ver la escena volví a activar el juguete en modo suave y subiendo poco a poco, notándola roja nuevamente. El calor en el lugar solo hacía la situación más erótica. Ella se miraba deliciosa. Hasta el tatuador se le quedaba viendo con cara de morbo.

Le dijo:
—Agarre la pelotita nuevamente porque tengo que rellenar esta área y le va a doler. Ya casi terminamos, dele.

Ella respondió:
—Termine de una vez.

Me lo tomé personal yo también y puse el juguete a modo más fuerte. Ella soltaba gritos de “dolor” según el tatuador, pero yo sabía que estaba al borde de un nuevo orgasmo. Aceleré los movimientos en el teléfono provocándole espasmos en su vagina. Ella apretaba la pelota y le vi la cara: estaba teniendo su segundo orgasmo. Se le salió otro gemido más fuerte. Este fue más de sexo que de dolor. No logró disimular mucho, aunque el tatuador no lo notó. Me hizo la seña de que parara. Así lo hice.

A los pocos minutos el tatuador terminó su trabajo. Le quedó bastante bien la verdad, tatuaba muy bien. Ella quedó muy feliz con su trabajo y le estaban escurriendo las piernas. Dijo que necesitaba ir al baño.

Cuando ella se fue al baño, yo ya con las cervecitas y la confianza que le tenía al tatuador le dije:
—Brother, te quiero decir algo pero que no salga de aquí, de nosotros dos.
—Decime —me dijo.

—Mira, la verdad es que a mí novia te me haces muy atractivo y sos una de sus fantasías sexuales.

Él me vio con cara de asustado pensando que le iba a reclamar. Le dije:
—No, no, no me estás entendiendo. Tranquilo, no me molesta en absoluto, al contrario me excita. Entonces te quiero preguntar si a vos también te parece atractiva.

Él me dijo que sí, demasiado, desde hace mucho tiempo, pero por ser profesional nunca dijo nada.
—Entonces le dije: mira, mi plan es que hagamos un trío, vos, ella y yo, ahorita en este lugar, si te interesa. Cuando ella salga del baño proponenos que nos quedemos tomando unos tragos en lo que baja el tráfico y necesito que me tires la onda porque ella no se va a animar a decirte absolutamente nada, es muy tímida. Si no te interesa, necesito que por favor nunca le vayas a decir a ella esta conversación. Haz de cuenta que esto nunca sucedió. Aclaro, el plan del trío es idea mía, ella nunca me dijo nada, pero sí lo miro como una posibilidad. Si no te interesa, olvida todo lo que te dije, nunca vayas a mencionar nada y esta conversación nunca existió.

Antes de que pudiera responderme algo, ahí venía ella caminando. Al llegar lo primero que dijo fue:
—Qué calor el que está haciendo.

Él rápidamente dijo:
—Sí, creo que necesitamos más cervezas.

Riéndose. Entonces entendí el mensaje de que sí quería. Me ofrecí a ir a comprar. Ella dijo:
—No hombre, seguro él tiene mucho que hacer, ya es bastante tarde.

Él rápido contestó:
—No, para nada. Como les dije anteriormente, ahorita solo me quedaría en el tráfico. Mejor tomemos esas cervezas. ¿Qué decís?
—Me parece —les contesté.

Fui rápido a la tienda a comprar otro six. Cuando regresé, él le estaba revisando el tatuaje. Ella le dijo que gracias, que le había gustado. Abrí las tres cervezas y se las di. Me propuse subir el nivel de la conversación.

—Montón de tatuajes me imagino has hecho —le dije.
—Sí, ni llevo la cuenta —respondió.
—¿Cuál es el lugar más grueso que te han pedido que les tatúes?
—No me vas a creer, pero es muy común que me pidan que les tatúe el culo o arriba de la vagina.
—Ala gran —respondimos.
—¿Y están buenas las que te piden eso? —pregunté.

Ella me vio con cara de “ahí va este otra vez”.
—Sí, claro —me dijo.
—¿Y qué haces para no excitarte?
—Pues uno tiene que ser profesional, pero obviamente uno es hombre, es imposible no excitarse. Solo no lo demuestro y ya.

Lo molesté:
—Yo tatuando con la verga bien parada después, jaja.
—Vieras la vez pasada hasta me tocó poner un piercing en el clítoris. La chava, guapísima, se quitó todo, se abrió las piernas. Yo me puse mis guantes y comencé a ver dónde se lo ponía y noté que ella estaba mojadísima. ¿Cómo querés que no me excite?
—¿Te la cogiste? —le pregunté.
—Ganas no me faltaron, pero no. Ella no me propuso nada y de mi parte muy poco profesional insinuarme en esa posición. Además yo soy casado, no quiero problemas.
—Aquí todos somos casados, no te preocupes —le dije.

Reímos los tres.
—Salud por eso —dijo él—. Pero brindemos con un tequila.

Los dos hicimos cara de miedo, pero no lo íbamos a rechazar. Fue por la botella, limón y sal. Nos sirvió tres shots, brindamos y nos lo tomamos.
—Está rico —dijimos. La verdad no estaba fuerte.

Nos dijo:
—Esta botella es una reserva especial, no es cualquier tequila.

Le dije a ella:
—Ya ves, él te puede tatuar el culo.

Él se rio y dijo:
—Seguro ahí no le dolería tanto.
—¿Por qué? —preguntó ella.
—Con toda esa carne que tiene ahí no le va a doler nada. Con todo respeto —me dijo—. A mí no te preocupes —le dije. Ella sabe que tiene un culazo.

Ella se puso roja y dijo:
—Qué exagerados, mi culo es pequeño.

Nuevamente con todo respeto volvió a decir:
—Siempre me ha parecido que tiene un culazo.

Ya no respondió nada.
—Pongamos música —dijo. Prendió la bocina y preguntó—: ¿Otro shot? Pero yo sé lo doy a usted.

Se puso la sal en su mano y le dijo:
—Abra la boca.

Le dejó ir un chorro de tequila desde la botella, luego le puso la mano para que chupara la sal desde su mano y en la otra tenía el limón. Cuando se lo iba a dar, lo acercó a su boca para que ella se lo quitara desde sus labios. Así lo hizo, se lo comió.

Al ratito él ya no se resistió y comenzó a besarla. Vaya que sí se tenían hambre estos dos, pensé. Se empezaron a agarrar bien fuerte como si yo no estuviera ahí. Se miraba que ambos se llevaban ganas desde hace mucho. Él metía toda su lengua en su boca y ella le correspondía el beso. Vaya agarrón se están dando estos dos.

Él empezó a pasar sus manos por su espalda, la cargó, la sentó en la mesa de tatuajes y continuó besándola. Se quitó la camisa dejando ver su cuerpo todo tatuado. Mientras ella estaba sentada, él le besó el cuello y ella me miró fijamente con cara de sexo. Yo estaba sentado en el sillón agarrándome la verga encima del pantalón viendo la tremenda escena.

Él le quitó la falda dejándola en tanga y se bajó el pantalón quedando en boxer. Ella se volvió a parar besándole el cuello y para abajo, se sentó en la silla del tatuador, le agarró el bulto por encima del pantalón y le bajó el boxer. Se le notaba muy curiosa por verle la verga. No me avergüenza decir que tenía una verga más grande. En su cara se le salió una sonrisa cuando la vio. No podía ocultar que le estaba gustando lo que estaba viendo.

Se quedó parado con el boxer hasta los pies y la agarró con su mano como queriendo explorarla. Comenzó a pasar su lengua lentamente alrededor de toda su verga. A esta altura yo ya me había quitado el pantalón también. Me estaba masturbando viendo la escena. Trató de meterla en su boca, le llegaba como a la mitad. Luego de ensalivarla bien, ella se paró y él la recostó en la camilla de tatuajes quitándole la tanga. Desde aquí se miraba que estaba escurriendo. Él no sabía que ella ya había tenido dos orgasmos en su presencia.

La intención de él era cogérsela, pero estoy seguro que cuando vio la joya que ella tiene entre sus piernas no resistió las ganas de chupársela. Y así lo hizo. Es imposible tener esa vagina enfrente desprendiendo sus deliciosos jugos y su delicioso aroma sin saborearla. Desde aquí solo podía ver su cabeza metida entre sus piernas. Ella me hizo una seña con el dedo de que me acercara y así lo hice. Me agarró la verga y comenzó a chupármela mientras a ella le mamaban toda la pussy. Podía ver cómo le succionaba el clítoris mientras miraba cómo se metía toda mi verga hasta adentro.

Los tres ya estábamos muy excitados. Ella se bajó de la camilla y se puso como en cuatro con los codos apoyados sobre la camilla y el culo levantado. Se miraba riquísima. El tatuador se puso detrás de ella, la agarró del culo y comenzó a penetrarla. A pesar de que sí tenía una verga de tamaño considerable, no le costó la entrada ya que su vagina estaba mojadísima. Lo que sí se le notó en la cara de placer cuando la sintió entrando hasta adentro. Me vio con cara de sexo, la boca abierta.

Él comenzó a penetrarla en esa posición. Yo me subí a la camilla poniendo un pie colgando de cada lado, me acerqué y su cara quedó enfrente de mi verga. Me la mamaba como podía porque el tatuador se la estaba cogiendo durísimo. Se metió mi verga en la boca y sus gemidos se estaban ahogando entre mi verga. Vaya cogida le estaban pegando.
—No me vaya a acabar —le dijo ella.
—Ok —le dijo.

Entonces se la cogió así durísimo por un rato hasta que él sintió que iba a eyacular y se salió. Entonces me fui yo para atrás de ella. Le agarré el culo entre mis manos, se lo abrí y no pude resistir pasarle la lengua.
—Vaya culo el que tiene —dijo el tatuador—. ¿Ya se lo has cogido?
—Sí —le dije—. Me costó porque lo tiene bien estrecho, pero es una delicia.

A todo esto ella reclinada sobre sus codos. Me levanté y ahora era mi turno de cogérmela mientras él se masturbaba viendo cómo la cogía. Le di durísimo. Ella gemía y gemía. Yo estaba a punto de acabar. Entonces me salí y le dije:
—Inmediatamente te toca.

Ella sintió la diferencia de tamaño. Éramos su objeto sexual, nos estábamos turnando para cogerla. No sé cuántos orgasmos tuvo en esa posición. Nos cambiamos como cuatro o cinco veces. Ya ambos muy excitados, ambos con la verga a punto de eyacular. Llegamos al punto de que él se la metía, la sacaba e inmediatamente se la metía yo. Después el morbo de la situación era tremendo. Ella ya no aguantaba más y nosotros tampoco.

Se bajó y se sentó en la silla. Agarró nuestras vergas empapadas de sus jugos y comenzó a chuparlas. Nos dio una mamada tan rica. Y nos dijo:
—Acábenme en la boca y en las tetas.

Mientras abría toda la boca pidiendo lechita. Y así lo hicimos. Ambos eyaculamos grandes chorros que iban directo a su boca y a sus tetas. No sé de dónde nos salió tanta leche. La dejamos toda chorreada. Le escurría la leche hasta las tetas y ella se tragaba lo que podía mientras se tocaba las tetas llenas de nuestra leche. Era una escena digna de película porno como para haberla grabado.

Qué experiencia, qué delicia. Ella se levantó y se fue a asear al baño. Nosotros nos quedamos poniéndonos la ropa y platicando. Mientras me decía:
—Vaya mujerona la que tenés ahí, qué rica que está. Jamás imaginé que hoy iba a parar así. La verdad estuvo delicioso. ¿Y si repetimos? —me dijo—. En otro lado con más tiempo.
—No sé —le dije—. Ya depende de ella. Voy a esperar que me diga.

Y así quedamos. Ella salió sonrojada. Agarramos la última cerveza que teníamos y dijimos:
—Bueno, vámonos.

Él me dijo:
—Ahí me contas si quieren repetir.

Ella se puso roja.
—Ya veremos —le dije.

Y nos fuimos platicando en el carro de la experiencia. Me dijo que qué rico, seguía muy caliente. Queríamos volver a coger en el carro pero ya era tarde. La fuimos a dejar y quedó en confirmarme si quiere repetir la ocasión o no. Si sí, ya les mandaré el relato con la segunda parte.

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Dieguinixx
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