Mi vecino ahora se coge a mi esposa

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Hola, qué tal otra vez, yo, su amigo Edgar, para seguirles contando mis relatos. Ahora les contaré cuando mi vecino maduro se cogió a mi esposa.

Como me lo había dicho, después de haberse cogido a mi pareja anterior, ahora se cogería a mi esposa, y así fue. Un día, al llegar de la oficina, observé que estaba afuera de su casa. Bajé de mi auto y abrí el portón de la casa para guardarlo. Después de hacerlo y cuando estaba cerrando el portón, se acercó a mí con su gran sonrisa en el rostro. Me saludó cordialmente, como siempre, y me dijo: “Cornudo pito chico, el viernes será el día que me coja a tu esposa. No fue difícil convencerla, ya que como sabemos, tú y yo le hace falta una buena verga, ya que la tuya pues no la llena. El viernes será mi puta, la haré gozar y disfrutar como tú no lo haces. Te aviso para que llegues temprano y no te pierdas del espectáculo, y disfrutes ver a la puta de tu esposa ensartada en mi verga, así como has disfrutado ver a tu pareja anterior”.

Como siempre, me había dejado sin habla y una vez más no sabía qué hacer o qué decir ante la desfachatez de mi vecino. Quería decirle muchas cosas, pero no pude hacerlo y al mismo tiempo, por dentro estaba excitado, caliente y lleno de morbo. Antes de que pudiera decir algo, se alejó rumbo a su casa sonriendo. Al entrar a su casa, volteó a verme y una vez más se agarró la verga y me sonrió. Entré a casa con la adrenalina al máximo, saludé a mi esposa y nos sentamos en la sala a platicar, como siempre lo hacemos, de cómo había estado nuestro día. Mi vista iba de mi esposa y no dejaba de pensar en lo puta que era al entregarse a mi vecino. Veía a mi esposa y no imaginaba cómo era posible que se fuera a entregar a mi vecino, tampoco me cabía en la cabeza que se fuera a comportar como una puta, pero al mismo tiempo me ponía muy caliente imaginar cómo sería. De una cosa estaba seguro: por lo menos iba a ser la primera vez que nuestro vecino se la cogería.

Casi para finalizar la plática, mi esposa me volteó a ver y caí en cuenta lo que el vecino me había dicho: que el viernes se cogería a mi esposa y la haría su puta. Había aprovechado ese día, ya que no habría interrupciones en casa para coger con el vecino. Los días siguientes fueron un tormento para mí, ya que de solo pensar e imaginar a mi esposa con el vecino me ponía muy excitado y caliente, y mi pequeña verga se ponía dura. El jueves por la tarde, al llegar a casa, ahí estaba mi vecino esperándome para recordarme que al día siguiente se cogería a mi esposa y que lo haría en nuestra recámara, que procurara estar ahí y no perder detalle de nada. Me dijo que sería a las 2 de la tarde.

Al otro día, como siempre, nos fuimos cada quien a su oficina. Antes del mediodía salí y me fui a casa a prepararme para el espectáculo. Me sentía super excitado, muy caliente y lleno de morbo. Dejé mi auto a unas calles de mi casa para que mi esposa no lo viera. Al llegar a casa, me metí a una recámara que tenemos y ocupamos para visitas, y esperé pacientemente a que llegara mi esposa. Un poco después, escuché abrirse la puerta. La vi entrar algo apresurada, entró a nuestra recámara. Desde donde me encontraba, se podía ver perfectamente todo, así que vi cómo comenzó a cambiarse de ropa. Traía puesto un juego de lencería, bra y tanga en color rojo, y sacó del clóset un vestido corto y escotado que tenía tiempo que no se lo había puesto, el cual le llega un poco abajo de sus nalgas (que por cierto me encanta verla vestida así). Se puso unas zapatillas, se dejó el cabello suelto. La verdad es que vestida así se veía muy puta e inmediatamente se me paró mi pequeña verga. Apenas terminó de arreglarse cuando sonó su teléfono. Se asomó por la ventana y supuse que era el vecino. Escuché que le dijo: “Deja la puerta sin llave, entra sin que te vean y al hacerlo cierra con llave, la dejé en el piso al lado de la puerta”. Escuché cuando el vecino abrió la puerta de la sala y dijo: “Hola, ya estoy aquí”. Mi esposa le gritó desde la recámara: “Dame un minuto, enseguida bajo”. Observé al vecino sentarse en la sala a esperar a que mi esposa bajara.

La vi bajar la escalera. Mi vecino, al verla bajar, se puso de pie inmediatamente para recibirla en medio de la sala. Se saludaron con un beso en la mejilla. Él la tomó de la mano y le dijo: “Te ves buenísima así, Elvia”. Ella sonrió y le dio las gracias. Ella se veía algo nerviosa. Él la tomó de las manos y le dijo: “Tranquila, vas a ver que la vamos a pasar muy bien y lo vas a disfrutar mucho”. Ella sonrió y le dijo: “Eso espero”, y ambos rieron. Después, la tomó de la cintura, se besaron y comenzó a pasar sus manos por todo el cuerpo de mi esposa, empezando por la espalda, bajando hacia sus nalgas, piernas, todo esto sin dejar de besarse. Después, la colocó de espaldas a él, besó su cuello y acarició sus tetas. Mientras él la manoseaba a su antojo, ella gemía complacida por las caricias y le acariciaba la verga sobre el pantalón. A mí me latía el corazón a mil, mi pequeña verga estaba durísima por tanta excitación y calentura, y eso que apenas era el comienzo.

El vecino volvió a girar a mi esposa para quedar de frente nuevamente. Se volvieron a besar y él comenzó a quitarle el vestido, después el bra y por último vi caer su tanga, dejándola únicamente en zapatillas. El vecino, al verla desnuda, sonrió y le dijo: “De verdad estás buenísima, Elvia. Tienes unas tetas riquísimas y no se diga tus nalgas”. Diciendo esto, le dio un par de nalgadas. Ella, por respuesta, le sonrió y acarició la verga. Él empezó a chupar sus tetas mientras ella gemía y le acariciaba la cabeza. Volví a escuchar cómo gemía complacida: “Mmm, mmm, qué rico, papiiii”. Le desabrochó el pantalón, bajó el bóxer, dejó libre su verga y huevos. Al verla, no dudó en exclamar: “¡Wooou, qué rica y grande la tienes, y tus huevos están enormes, además de que se ven muy ricos!”. Él sonrió complacido y le dijo: “Gracias”, y preguntó: “¿Tu marido la tiene así o más grande?”. Mi esposa rápidamente le dijo: “¡Nooo, para nada, no es ni la mitad de la tuya!”. El vecino, sonriendo y volteando a donde sabía que me encontraba, dijo: “O sea que además de que hoy lo haré cornudo, es un pito chico”.

Mi esposa no pudo contener su risa y, sin dejar de acariciar esa rica verga y grandes huevos, dijo: “Sí”. Entonces, la tomó de la mano, se dirigieron al sillón. Él se sentó y mi esposa se acomodó de rodillas en medio de sus piernas y comenzó a besar su verga mientras acariciaba sus huevos, que se veían muy bien colgando entre sus piernas. Besó la cabeza, la rodeó con la lengua y comenzó a lamerla. Poco a poco se fue tragando toda esa rica verga sin dejar de acariciar sus huevos. Veía cómo entraba y salía su verga de la boca de mi esposa y él acariciaba su cabeza mientras le decía: “Uuuuy, qué rico lo haces, mmm, puta, mamas delicioso, aaaaaaah, qué rico te la comes, puta”. Mi esposa soltó por unos segundos su verga y lo miró a los ojos: “¿Te gusta cómo te la estoy chupando, papiiii? ¿Te gusta?”. Él le metió la verga a la boca nuevamente y le dijo: “Siiiiii, puta, me gusta cómo la chupas”.

Mientras ella le chupaba la verga, él le acariciaba las tetas y jugaba con sus pezones, y también acariciaba sus nalgas dándole ricas nalgadas. Mientras mi esposa chupaba su verga, él volteaba a verme y sonreía. Después de un tiempo, el vecino puso de pie a mi esposa y la sentó en el sillón, le abrió las piernas y contempló unos instantes su rica panocha depilada. Se acomodó entre sus piernas para empezar a lamer y chupar. Mi esposa, al sentir el contacto de su lengua, dio un pequeño salto y exclamó: “¡Aaaaaaah, aaaaah, qué rico, papiiii!”. Empujó la cabeza del vecino con ambas manos sobre su panocha y no paraba de gemir: “Mmmmmm, papiiii, qué rico se siente tu lengua, aaaaaaah”. Él chupaba su panocha y ella se retorcía de placer sobre el sillón, gimiendo y diciendo: “¡Aaaaaaah, papiiii, papiiiiiii, mmm, sigueee, sigueee, aaaaaaah!”. Vi claramente cómo se tensó y apretó las manos sobre el sillón, sintiendo su primer orgasmo y llenándole la cara de sus jugos al vecino.

Él bebió y se relamió los labios mientras ella gritaba: “¡Aaaaaah, papiiii, qué rico me hiciste venir!”. Y eso es solo el principio, puta, y volvió a meter su lengua en su panocha. “Mmmmm, papiiii, me tienes muy cachonda, papiiii, ya méteme tu vergaaa, ya cógemeee, yaaaa, no aguanto, métemelaaaa yaaaaa”. Así como estaba en el sillón, la giró y ella levantó las nalgas, recargada en el sillón. Se acomodó detrás de ella, se puso rápido el condón y empezó a meter su verga en su panocha. Se la metió de golpe hasta el fondo. Ella lanzó un grito y un “¡Aaaaaaah, papiiiiiiii!” muy placentero, seguido de un “¡Qué rico me la metiste toda!”. Él dejó unos momentos su verga hasta el fondo de su panocha diciendo: “Uffffff, qué rica y caliente la tienes, puta, mmmmm, y aún aprietas muy rico, perraaa”. Después comenzó a sacarla poco a poco hasta la punta y en seguida volvió a meterla de golpe. Yo veía extasiado cómo su verga entraba por completo dentro de mi esposa.

Veía y escuchaba claramente los plaf, plaf, plaf, plaf que hacía su verga al entrar y salir de su panocha mientras su cadera y huevos chocaban con sus nalgas. De pronto comenzó a sacar y meter su verga un poco más rápido mientras ella no paraba de gemir, gritar y pedir que no parara: “¡Papiiii, no pares, no pares, sigueee, sigueee, mmm, qué rico me cogessss!”. Gritó prolongando ese “¡Aaaaaah!” que anunciaba un nuevo orgasmo, aún más intenso y placentero que el anterior. Se tensó por completo y el vecino enterró toda su verga hasta el fondo, quedándose quieto y le dio una nalgada. Bufó como un toro gritándole: “¡Aaaaaaaah, puta, tienes perrito eh y muerde delicioso mi verga!”. Mi esposa estaba haciendo contracciones con su panocha apretándole la verga a nuestro vecino de una forma por demás deliciosa: “¡Aaaaaaah, puta, me vas a vaciar los huevos, uffff, qué rico, me estás sacando toda la leche, puta!”. Dejó caer todo su peso sobre mi esposa hasta que soltó la última gota de leche. Le sacó la verga y mi esposa se fue directo a quitarle el condón y a chupársela para limpiar los restos de leche. Después de eso, ambos quedaron satisfechos sentados en el sillón.

Ella le acariciaba el pecho con las yemas de los dedos y también acariciaba su verga y huevos, que así sentado la verdad se veían deliciosos colgando entre sus piernas. Él le acariciaba la cara, las tetas y su panocha. Se besaron y él le dijo: “Qué rica puta eres”. Ella le sonrió y le apretó la verga. Entonces él se puso de pie, la tomó de la mano y le dijo: “¿Lista para otro rico palo, puta?”. Ella, sonriendo, le dijo: “Siiiiii”. Él le dijo: “Pero quiero estar más cómodo, vamos a tu recámara, puta”. La tomó de la mano y caminó rumbo a nuestra recámara.

Espero que les haya gustado y lo hayan disfrutado tanto como lo hice yo. Ya les contaré en el próximo cómo se la cogió en nuestra recámara. Mientras tanto, espero sus comentarios.

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Cucky
Cucky

Hola soy Edgar hombre de 38 años e sido cuck toda mi vida ya que fue hijo cuck y ahora soy padre y esposo cuck, siempre me a gustado ver cómo se cogen a mi mamá y ahora a mi esposa e hija, eso es algo que me causa muchísimo morbo y excitación.
Ellas no saben que las e visto coger.

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