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Mi abuelo materno es un empresario de éxito, con una empresa que factura cientos de millones de euros (No diré como se llama la Empresa, por razones obvias).
Mi madre es su única hija y cuando finalizó sus estudios universitarios (ADE) empezó a trabajar en la Empresa Familiar, en la administración, que era para lo que había estudiado, ya que, como hija única que es, será la heredera del imperio familiar.
Nadamas terminar sus estudios, se casó con su novio, al que había conocido en la universidad y que, por supuesto, entró a trabajar también en la empresa familiar, bajo las órdenes directas de su mujer, la hija del Jefe.
Y un año después nací yo, que desde el primer momento sería la que continuaría con la saga familiar, a todos los efectos.
Mi abuelo construyó en un terreno de 5.000 metros cuadrados dos chalets adosados, con todo tipo de comodidades, uno para ellos y otro para su hija.
Quería que toda la familia viviera de forma independiente, pero muy cerca los unos de los otros.
Toda la propiedad estaba a nombre de la Empresa, con lo que mis padres tenían cubiertos todos los gastos de su casa.
Y además, tanto mi padre, como mi madre tenían su propio coche, de alta gama, que, por supuesto, tambien figuraban como propiedad de la Empresa.
Yo, de todo esto fui siendo informada en su debido momento y, lógicamente, recibí una educación elitista, a la altura del nivel de vida de mi familia.
Pero, había una parte oculta, que yo no supe de su existencia hasta que no cumplí la mayoría de edad, que fui debidamente informada por mi madre.
Y esto es lo que hace que mi familia no sea una simple familia acomodada, como tantas otras, porque mi abuelo, además de preocuparse del bienestar económico, garantizandonos un alto nivel de vida, tambien se habia preocupado de controlar las “relaciones” entre todos los miembros de la familia.
Tal y como he comentado, yo estaba totalmente ajena a este “pequeño detalle”, pero el día siguiente a mi 18 cumpleaños, tal y como, al parecer, mi abuelo había convenido con mis padres, desde el día de mi nacimiento, fui debidamente informada por mi madre de como funcionaban las “relaciones familiares” de “puertas para adentro” y cual sería mi nuevo rol a partir de ese día, siempre que yo lo aceptara voluntariamente.
Voy a contar lo que me contó mi madre, tal y como me lo contó ella a mi, aunque de forma resumida, para no alargarme demasiado.
Mi madre me explicó en un preámbulo, que todo lo que me iba a contar lo hacia por imperativo familiar, ya que era el acuerdo al que habían llegado mi padre y ella con mis abuelos desde que nací.
Me dijo que todo lo que me iba a contar era totalmente confidencial y secreto y que bajo ningún concepto se lo podía contar a nadie, sin atenerme a las consecuencias que la violacion de ese secreto tendrían para mí y para toda la familia.
A mi todas estas consideraciones previas ya me estaban asustando, así que le dije que, por supuesto, si se trataba de un secreto familiar, yo me comprometía a guardar dicho secreto, tal y como ella me pedia.
Y ya, en este punto, empezó a contarmelo todo, de principio a fin.
Empezó por decirme que ella mantenía relaciones sexuales con su padre (mi abuelo) desde que cumplió la mayoría de edad y que de hecho, su padre fue su primer hombre, con el que perdió su virginidad.
Que mi abuela, su madre, lo supo desde el principio y estaba totalmente de acuerdo.
Que ella se lo contó a su novio (mi padre) un mes antes de casarse para que supiera lo que había y todo lo que obtendria si aceptaba que su padre y ella pudieran seguir manteniendo su relación después de estar casada.
Que su novio habló con mi abuelo y se pusieron de acuerdo en todo lo relativo, tanto a los temas económicos, como a las relaciones sexuales entre los miembros de la familia, es decir, entre los cuatro miembros de los dos matrimonios.
Su padre seguiría teniendo sexo con ella y su marido podría tener también sexo con mi abuela, su suegra, usease, que cada uno podría tener sexo con la mujer del otro.
Aquí me recordó algo que yo ya si sabia, porque era público y notorio.
Que su madre, mi abuela, de joven había ganado un concurso de belleza y que, a pesar de tener en aquel momento 45 años, seguía siendo una mujer bandera, con lo que mi padre no se podía creer que pudiera tener sexo con ella, lo que, claramente, influyó en su decisión de aceptar el trato que mi abuelo le propuso.
He de decir también que, tanto mi madre, como yo, hemos heredado los genes de la abuela y, aunque no nos hemos presentado a ningún con curso de belleza, somos igual de espectaculares qué ella… Jajaja
Luego, siguió diciendome que, cuando se quedó embarazada, no sabía quien de los dos la había embarazado, puesto que en los primeros meses tenía sexo de forma continua e indiscriminada con los dos, casi todos los días, sin tomar ningún tipo de precauciones, puesto que quería quedarse embarazada.
Que cuando me tuvo a mi, al ser una niña, desde el principio todos se pusieron de acuerdo en que, cuando cumpliera la mayoría de edad, mi madre me informaría de todo y si yo daba mi consentimiento de forma totalmente voluntaria, pasaría a integrarme en el “grupo” como un miembro más, con lo que, podría tener sexo, tanto con mi padre, como con mi abuelo, indiscriminadamente, si bien, si aún era virgen, sería mi padre el que tendría el derecho a desvirgarme, al igual que su padre le había desvirgado a ella.
Creo que no es difícil imaginarse como me quedé yo, una joven de 18 años recién cumplidos, cuando escuché de boca de mi madre todo esto.
Mi madre, que lógicamente, ya suponía el shock qué supondría para mi conocer todo esto, así de golpe, me dejó un momento para darme tiempo a asimilarlo y después me dijo que podía hacerle las preguntas que quisiera.
Por supuesto se me agolpaban las preguntas, pero la más obvia era la de preguntarle que era lo que tenia que hacer yo para integrarme al grupo, tal y como ellos habían acordado desde que nací.
A lo que mi madre me contestó que lo más importante era, que una vez informada por ella de todo lo que me había dicho, yo aceptara de forma totalmente voluntaria integrarme en el “grupo”, como un miembro más, con los mismos derechos y obligaciones qué todos los demás, lo que suponía que, tanto mi padre como mi abuelo podrían empezar a tener sexo conmigo en cuanto yo diera mi conformidad y aceptara todas las normas del grupo.
Le dije que, lógicamente, tenían que darme tiempo para pensarmelo detenidamente.
Ella me dijo que le parecía muy bien, pero que, evidentemente, no podía hablar de ello con nadie, que tenia esa noche para pensarmelo, que al día siguiente seguiríamos hablando ella y yo y que para entonces ya tenia que darle una respuesta.
Y así quedaron las cosas.
Yo le di muchas vueltas al tema, pero llegué a la conclusión de que no me quedaba más remedio que aceptar todas las condiciones y integrarme en el “grupo”, porque visto lo visto, era lo mejor para todos.
Si no aceptaba, la convivencia con ellos, sabiendo lo que ya sabía, sería imposible.
Por otra parte, en principio, yo era la heredera natural de la Empresa Familiar, pero se supone que si no entraba en el “Grupo” tal y como ellos querían, eso podrían cambiarlo legalmente.
Pero, sobretodo, lo que más influyó en mi decisión fue el morbo qué me había producido saber que mi madre estaba teniendo sexo con su padre desde que tenia mi edad y que mi abuelo podía ser mi padre y por supuesto el hecho de que yo iba a seguir su mismo camino, porque, como iba a tener sexo tanto con mi padre, como con mi abuelo, en cualquier caso, tendría sexo con mi padre biológico, fuera quien fuera de los dos.
Y he de reconocer que no me desagradaba la idea, porque, tanto mi padre, como mi abuelo, eran dos hombres muy atractivos.
Mi abuelo, a pesar de su edad, se conservaba en plena forma, porque no había dejado de hacer ejercicios en el completo gimnasio qué tiene en los bajos de su chalet, al igual que todos los demás miembros de la familia, incluida yo, por supuesto, que también lo usamos habitualmente.
Así que, al día siguiente, cuando retomamos la conversación mi madre y yo, le dije que estaba de acuerdo en integrarme en el “grupo”, que me dijera que era lo que tenia que hacer.
Mi madre me preguntó si seguía siendo virgen, algo qué ella sabía perfectamente que si, porque de no ser así, yo se lo habría contado, pero lo hizo para estar completamente segura, ya que según lo que habían acordado, le correspondía a mi padre quitarme la virginidad y aunque no sabían a ciencia cierta quién de los dos era mi verdadero padre, todos habían aceptado qué mi padre legal, era también mi padre biológico y por lo tanto, con el sería con el que dejaría de ser virgen.
Mi madre me dijo que había pedido cita con su ginecologa para que me hiciera un reconocimiento y si todo estaba bien, me implantara una barritas en el brazo, que es el método anticonceptivo qué ella utiliza, que es el más cómodo, ya que protege contra embarazos no deseados durante tres años.
Así lo hicimos, fuimos a la ginecóloga, me hizo la revisión y todo estaba bien, lo único que nos dijo es que, aunque se veía que no había tenido relaciones con penetracion vaginal, sin embargo mi himen estaba ligeramente perforado, se supone que por algun tipo de ejercicio que hiciera con frecuencia, como ciclismo o montar a caballo y que eso no tenía ninguna importancia, solo que cuando tuviera mi primera relación con penetracion, sería menos dolorosa y podría no sangrar.
Luego me implantó las barritas en la parte interna de mi brazo izquierdo y me dijo que empezarían a hacer efecto después de mi próxima regla.
Tuve mi regla cinco días después, con lo que cuanto la terminé ya podía tener sexo con total seguridad de no quedarme embarazada.
Asi que acordamos el día que tendría mi primera relación sexual con un hombre y ese hombre sería mi padre.
Ese día, después de cenar, mi madre se despidió de nosotros, deseandonos que lo disfrutaramos y se fue a casa de sus padres, se supone que a tener sexo una vez más con su padre, dejándonos solos a mi padre y a mi.
Como los dos sabíamos lo que había, nos fuimos al dormitorio de matrimonio, que tienen una cama enorme, de dos por dos metros, nos desnudamos y nos dispusimos a cumplir con lo que hacía 18 años que mis padres y mis abuelos habían acordado.
Mi padre empezó por acariciarme y besarme por todo mi cuerpo, yo a él también lo acariciaba, centrandome en su pene y sus testiculos, que como era la primera vez que veía y tocaba unos atributos masculinos, me parecían enormes, puesto que el pene lo tenia tieso y duro.
Mi padre me dijo que si quería y me apetecía, se lo podía chupar, para excitarme y que así luego fuera más suave la penetracion.
Yo se lo agarré con una mano, metí su enorme, rojo y brillante glande en mi boca, en la que apenas me cabía y comencé a chuparsela, sin saber muy bien como hacerlo, pero a él parecía que le gustaba y a mi también porque aquello me excitaba mucho.
Mi padre me dijo que si estaba preparada, yo le dije que si, me coloqué de espaldas con las piernas bien abiertas, mi padre se colocó entre ellas, me las subió un poco, doblandomelas por las rodillas, cogido con una se sus manos su pene, me lo restregó por la entrada de mi vagina y cuando tuvo encajado su glade me dijo:
– Bueno, cariño, voy a empezar a penetrarte, si te hago mucho daño me lo dices y paramos ¿Vale, mi amor?
– Vale papá, me imagino que mamá te habrá dicho lo que nos dijo la ginecóloga.
– Sí cariño y ojalá no te duela, porque así lo disfrutaremos los dos desde el principio, pero, por si acaso, ya sabes, si te duele me lo dices y voy más despacio, lo importante es que tengas un buen recuerdo de tu primera vez.
Y ahí ya, mi padre empezó la penetracion lentamente, como con miedo y yo empecé a notar como mi vagina se iba llenando con el duro pene de mi padre y empecé a sentir como oleadas de calor en todo mi cuerpo, lo que se empezó a traducir en una sensación de fuerte excitacion y de placer.
No solo no sentía ningún dolor, sino que me estaba gustando mucho.
Yo había puesto mis manos en el pecho de mi padre y el las tenia puestas en mis tetas y me las apretaba suavemente.
Siguió metiendomela, hasta que me la metió entera, entonces me dijo:
– Ya está toda dentro ¿No sientes ningún dolor?
A lo que yo jadeando le contesté:
– Ningún dolor, papá, solo me siento llena y siento una sensación muy agradable.
– Estupendo cariño, pues ahora ya te voy a empezar a follar, iré despacio al principio y luego iré acelerando poco a poco.
Yo ya totalmente excitadas le dije:
– Siiii… Papaaaa… Follarme.. Eres mi primer hombre y quiero disfrutar de mi primera vez..
Y empezó a follarme, primero con un mete y saca lento y luego fue acelerando.
Aquello a mi empezó a volverme loca de placer y no tardé mucho en estallar en un maravilloso orgasmo.
Mi padre al sentir las contracciones de mi vagina en su pene aceleró aun más sus penetraciones, lo que acrecentó aun más mi placer y sin ser capaz de controlarme empecé a gemir muy fuerte, como si me faltara el aire y entre jadeos gritaba totalmente descontrolada:
– Asiii papá… A siiii.. Oh dios mio… Como me gustaaaa… Siiii… Siiii…. Me gusta muchoooo.
Mi padre miraba fijamente mi cara que la debía tener desencajada y seguía follandome ya sin ningún tipo de contemplaciones y no tardó mucho en decirme:
– Me corroooo mi vidaaaa… Me corroooo ahahah ah.
Yo al sentir por primera vez en mi vida el semen de mi padre dentro de mi cuerpo, me volví como loca, empalmé otro orgasmo y comencé a gritar:
– Siiiii Papaaaa… Siiii, siento su calorrrr… Oh dios mioooo… Que caliente.. Que caliente… Ahahah.. Como me gustaaaa.
Mi padre me la había metido hasta dentro y se había quedado parado, apretando para que su semen entrada en lo más profundo de mi vagina, supuse que es un gesto instintivo del macho en su intento de preñar a la hembra.
Los dos gemiamos de placer y fue un momento realmente increíble, desde luego ese momento no lo olvidaría en mi vida.
Era mi primera vez y con mi padre, que me lo había hecho con todo el amor del mundo, sin duda una forma maravillosa de perder mi virginidad… Ufff
Despues mi padre me comía a besos y yo a él, me sentía muy feliz, mi padre me había hecho suya y yo quería seguir siendo suya para siempre, porque lo amaba con todo mi corazón.
Pero el sexo es el sexo y yo, después de probarlo, me había gustado y quería más y mi padre me lo dio, hasta que ambos terminamos dormidos por agotamiento.
Estuvimos follando durante horas, mi padre me enseñó varias posturas y a mi me gustaban todas, en realidad a mi lo que me gustaba era tener su pene metido en mi vagina y sentir el calor se su semen dentro de mi cuerpo.
El se corrió dentro de mi tres o cuatro veces y yo no paraba de tener un orgasmo tras otro, fue una noche maravillosa.
Al día siguiente, cuando se lo contaba a mi madre, estaba radiante y feliz, ya era miembro del Grupo a todos los efectos.
Mi madre estaba también muy feliz por lo bien que había ido todo en mi primera experiencia y me dijo que ahora me tocaba cumplir también con el abuelo y que esperaba que me fuera igual de bien con el.
Como había sido mi primera experiencia y había pasado horas follando con mi padre, mi madre me dijo que descansará un par de días, antes de quedar con el abuelo, para que cuando fuera con el estuviera en plena forma, porque el abuelo era una auténtica fiera en la cama y era mejor, que por lo menos, la primera vez con el estuviera en plenas condiciones.
Eso hicimos y tres días después quedé con el abuelo.
Mi abuela se vino a nuestra casa y yo me fui a cenar con el abuelo.
Entre el abuelo y yo siempre había habido mucha complicidad y mucha confianza, yo siempre lo había visto como un héroe y el supongo que con lo que sabía me debía de ver a mi como el pastelito que sabía que se iba a comer cuando estuviera en su punto.
Ese momento había llegado y no iba yo muy descaminada en lo del pastelito, porque en cuanto terminamos de cenar, nos fuimos al dormitorio y nos desnudamos los dos, mi abuelo me dijo:
– Tumbate en la cama cariño, que voy a empezar comiéndome ese coñito tuyo, que llevo muchos años deseando comérmelo.
Yo le obedeci y mi abuelo comenzó a comerme mi coño, con verdadera maestría, tanto que en pocos minutos me provocó un delicioso orgasmo.
Me corrí abundantemente en su boca y el se lo tragó todo como si fuera un delicioso manjar.
Despues de comerse su pastelito, mi abuelo me penetró poniéndose encima de mi y comenzó a follarme comiéndome también mi boca, metía su lengua dentro de la mía y así pude saborear yo también mi propia corrida.
Tal y como me había advertido mi madre, mi abuelo era una auténtica máquina follando.
Me folló durante más de 20 minutos hasta correrse la primera vez.
Yo al sentir el calor de su semen entrando en mi cuerpo por primera vez tuve un intenso orgasmo y no pude evitar pensar que con ese mismo semen, mi abuelo había engendrado a mi madre y ahora lo tenía yo dentro de mi y que, de no tener puestas las barritas anticonceptivas, mi abuelo me podía estar embarazando a mi, la hija de su hija… Ufff
Aunque, con lo que me había dicho mi madre, lo mismo, además de mi abuelo, por ser el padre de mi madre, también podía ser mi padre, puesto que había follado con su hija sin ninguna protección.
Y bueno, se pasó la noche follandome sin parar y sin ninguna delicadeza, estaba claro que mi madre sabía muy bien lo que me dijo, porque ella llevaba años follando con el.
Como es mucho más corpulento qué yo, me manejaba como una muñeca y como tardaba mucho en correrse, me cambiaba de postura varias veces antes de volver a correrse de nuevo.
En realidad él solo se corrió tres veces, mientras que yo no paraba de tener un orgasmo tras otro.
No me trató como la nieta mimada qué siempre había sido para el, me trato como una hembra a la que el poseía como el macho dominante qué era y resultó que a mi me gustó mucho esa forma de tratarme.
Cuando me estaba follando a lo bestia, yo lo animaba diciendole:
– Asíiiiii… Asíiii… Abuelo dale fuerte a tu nieta.
Y otras veces, cuando devoraba mis tetas o se comía mi culo a mordiscos, haciéndome un daño soportable, yo le animaba diciendole:
– Asiiii… Abuelo, cómeme enterita, todo mi cuerpo es tuyo, puedes hacer conmigo lo que quieras.
Esto a el lo volvía loco, porque veía reforzado el sentido de propiedad qué el debía de tener sobre la abuela, sobre mi madre y ahora también, sobre mi.
Para el, nosotras eramos SUS hembras y el era el macho alfa de la familia.
Ahora ya si que estaba totalmente integrada en el Grupo y desde ahí supe que el sexo era el nexo de unión más importante de mi familia.
Se practicaba entre todos los miembros de la familia sin ningún tipo de tabú y con libertad total, sin ningún tipo de imposición.
Cada encuentro entre unos y otros se acordaba previamente entre los participantes y los otros lo sabían.
No se hacían orgias de todos juntos, pero si trios, siempre de los dos machos con una de las tres hembras.
Mi padre y mi abuelo ya habían hecho trios con mi abuela y con mi madre, desde siempre, así que a partir de ese momento también los empezaron a hacer conmigo.
Los trios los hacían normalmente la noche del sábado al domingo una vez al mes, más o menos, alternando las hembras.
Así, el siguiente sábado a mi integración al grupo viví la experiencia de tener los penes de mi padre y de mi abuelo dentro de mi cuerpo a la vez y por todos los agujeros posibles.
La primera vez que me follaron los dos a la vez fue algo realmente increíble, llegó un momento que hasta perdí el conocimiento de la excitacion y el placer que sentía con sus dos penes dentro de mi, corriendose a la vez y con mi pequeño cuerpo en medio de los suyos… Uffff… Una auténtica pasada.
Con el paso del tiempo, mi abuela ya con 65 años poco a poco fue dejando de participar, no así mi abuelo, que seguia con el mismo vigor de siempre.
Yo, lógicamente, pasé a ser la más solicitada, sobretodo por mi padre, ya que el abuelo se centro más en su hija, pero sin dejar de follar también con su “pastelito”…
