El Viejo de la Tienda Me Hizo Su Puta

Apenas tenía tres meses de casada. Yo tenía 18 y mi esposo 45. Así que, como vivíamos en una colonia apartada, siempre lo acompañaba a hacer todas las compras y él me presentaba con todos los abarroteros y vecinos. Por eso, cuando salía yo sola, todo mundo ya me conocía y me saludaba.

Lo que me había llamado la atención es que el señor de la tienda me veía muy descaradamente. Yo sentía que me desvestía con la mirada, sentía su mirada ardiente sobre las nalgas y las tetas. Eso me ponía muy nerviosa. Yo volteaba a ver a mi esposo, pero él no parecía darse cuenta.

Además, otra cosa que noté y que también me ponía super nerviosa, es que, a pesar de las ropas holgadas que vestía el hombre, claramente se le notaba un enorme bulto bajo el pantalón. A mí se me hacía raro, no pensaba que fuera su pene, yo pensaba que tenía algo escondido bajo el pantalón. Así que lo miraba disimuladamente.

A las pocas semanas de haber llegado a esa colonia, ya me conocían la mayoría de los señores y mi esposo ya me dejaba ir sola a la tienda y a hacer las compras de vez en cuando. Todos eran muy amables y siempre querían darme fiado, cosa que a mí me daba mucha pena y casi a fuerzas les pagaba las compras.

El único que me incomodaba y me ponía muy nerviosa era el señor de la tienda, un hombre como de 60, que me miraba como si quisiera comerme ahí mismo. Sentía que me desvestía todita y yo me moría de la vergüenza.

Una noche, cerca de las 10, cuando ya todas las tiendas estaban cerrando, a mi esposo se le ocurre que fuera por unas pilas para la linterna y unas velas, ya que habían anunciado que harían reparaciones en la calle y de seguro cortarían la luz.

Llegué a la tienda, el señor ya se había preparado con algunas lámparas. Hice mi pedido y el hombre me hizo pasar a la parte de atrás, ya que ahí estaban los anaqueles de esos productos.

Al momento en que agarraba mis compras, en ese pinche preciso momento se va la luz. Yo me quedé quieta esperando. Rápidamente, el hombre conectó sus lámparas y el espacio donde yo me encontraba se iluminó.

Me di cuenta de que solo ahí mero donde yo me encontraba se iluminó, el resto de la tienda permaneció a oscuras. A mí se me figuró ver que el hombre cerraba la tienda, cosa que se me hizo raro, ya que yo todavía estaba ahí.

El hombre se acercó a mí y yo instintivamente me hice para atrás, hasta topar con los estantes de mercancía, así que me quedé quietecita. Entonces él me habló con voz ronca y medio nerviosa.

“Al fin solos mamacita, llevo tiempo esperando este momento”, me decía sonriendo morboso, mirándome de arriba a abajo, recorriendo todo mi cuerpo. Sentí como que me desnudaba, haciendo que me pusiera de lo más nerviosa.

“¿De qué habla señor? Déjeme salir, mi esposo me espera.”

“No te estoy reteniendo mamacita, te puedes largar en el momento en que tú quieras, pero yo creo que, en este momento, no te vas a querer ir.”

Me quedé sorprendida, sus palabras me hicieron dudar, ¿a qué se refería el hombre?

En eso vi que se sacaba su enorme bulto y lo balanceaba con una mano mostrándomelo. Yo me quedé petrificada, sin poder moverme, no podía apartar la vista de su tremenda verga, era descomunal, por lo menos para mí, jamás había visto algo parecido. Me puse super nerviosa y todita colorada al darme cuenta de que, aparte de que no podía apartar la vista de semejante verga, inconscientemente se me estaba haciendo agua la boca.

“¿Qué te parece mamacita? ¿Te gusta, verdad? ¿Habías visto algo así antes?”

“N…no se…ñor, n…unca”, respondí sincera sintiendo como me temblaba la voz y los ojos los tenía abiertos como platos, empecé a temblar sin poderme contener.

“¿Acaso tu marido tiene una así? Estoy seguro de que no.”

“N…no, p…ara nada, señor.”

“Ven, ¿quieres tocar? Estoy seguro de que nunca has tenido una así de cerca.”

“N…no, n…unca.”

“Ven aquí, tócala, sé que te mueres de ganas.”

“N…o, no, c…omo cree, señor, déjeme ir.”

“Sí, sí, como quieras. Eres libre de irte, después de que me la hayas tocado, eso es todo, solo tócala y te podrás marchar.”

Sentí como el corazón me palpitaba fuertemente, sin pensar, una de mis manos se estiró en dirección al hombre y sin que yo pudiera evitarlo, puse mi mano sobre su enorme verga.

Sentí una especie de descarga eléctrica recorrer todo mi cuerpo, me estremecí tremendamente al contacto de mi mano sobre su enorme verga.

No lo podía creer, estaba yo sola, en un cuarto a semi oscuras junto a un hombre prácticamente desconocido, agarrándole su enorme e increíble verga.

Me estremecí tremendo, se sentía muy dura, muy caliente, enorme, sentía como palpitaba dentro de mi mano, era una sensación increíble, deliciosa, no podía dejar de mirarla ni de tocarla.

Sin que él me lo pidiera y sin poderlo evitar, se la tomé con las dos manos, casi con reverencia, como si fuera un objeto sagrado. Se la empecé a acariciar, despacio, el hombre solo me miraba con una sonrisa de triunfo.

“Lo sabía, lo sabía je je”, decía con voz casi un susurro.

Levanté la cara y me encontré con sus ojos. “Te gusta, verdad zorra, a todas les encanta, no hay quien se resista.”

“Sí señor, me gusta, me gusta mucho”, le decía como agradecida por permitirme acariciársela, como si fuera un honor.

“Lo sé, ahora demuéstrame cuanto te gusta, métela a la boca y chúpamela como sé bien que sabes hacerlo, con esa boquita de puta.”

“¿De verdad?”, le respondí incrédula, como si tuviera opción, como pidiendo permiso, con la mirada suplicante, deseando internamente que no me fuera a despreciar.

Así que, de repente, yo ya estaba de rodillas frente al desconocido, haciendo tremendos esfuerzos por metérmela en la boca. Apenas me cabía la enorme cabeza, se la chupaba con desesperación, lamiéndole lujuriosa todo el tronco, acariciándole y lamiéndole sus enormes huevos, agradecida por esa increíble oportunidad, ufff.

El hombre se bajó completamente los pantalones y los tiró hacia un lado, se acomodó sobre una banca que estaba cerca, con las piernas separadas.

Yo ya no pude resistirme más, sentía toda la panocha super empapada, el clítoris palpitando, exigiendo atención. Entonces sin más, sin decir palabra, me senté sobre sus piernas y yo solita, me acomodé su enorme verga en la entrada y me fui bajando, tratando de metérmela en el sexo.

“Mmmmmm…!!! Uyyyyyyyy…!!! Siiii Ahhhhh…!!! Ahhhhhhhh…!!! Oooohhh…!!! Oooohhhhh…!!!! Mmmmmmm aasu madre ufffff, siiiii …!!!!”

“¿Te gusta putita?”

“Ayyyyyyyy siiiii, no mames, que es esto, esta enorme uyyyyyyy ahhhgggg Ufff.”

“¿Qué se siente tener una vergota como la mía toda metida en tu sexo perrita?”

“Asu madre, ni me digas, ahhhhhhh, uyyyyy esta deliciosa, la quiero toda.”

Apenas tenía tres meses de casada, pero en ese momento no importaba. El dolor inicial dio paso a un placer inmenso. El hombre no hacía caso de mis primeros gritos, seguía empujando, empuje y empuje, mete y mete. Yo sentía que me moría. En una de esas, sentí claramente como su tremendo verga me entraba todita abriéndome todo a su paso, yo no daba más, sentía que estaba llena totalmente, su verga no dejaba un centímetro vacío.

“Toma perra”, me decía al tiempo que finalmente su enorme verga entraba todita hasta hacer rebotar sus huevotes en mis nalgas.

“Ayyyyyyyyyyy hijo de puta, me vas a matar, sácala, sácala.”

A él le valió madre mi dolor y mis gritos, él seguía, mete y mete, aunque ahora ya iba más despacio, agarrando un increíble ritmo super delicioso.

Yo me sentía que me partía en dos, pero ese nuevo vaivén como que estaba empezando a super excitar. Estaba yo jadeando y suspirando, me estaba poniendo bien caliente, el dolor ya casi pasaba a segundo término, ahora mi sexo pedía más y más.

“Ayyyyyyy ahhhgggg ufffff ahhhhhhh.”

“¿Te duele perra? ¿Eso querías no?”

“Sí, sí, ahhhhhhhh.”

“¿Quieres que te la saque?”

“Nooooooooo, ayyyyyy, dale papi, dale, eres un verdadero macho, así así, dale duro, te amo ughwwwwww.”

“Te lo dije puta, y nomas te hacías pendeja de que no querías. Pero yo ya conozco a las putas de tu clase, son más zorras que nada, pero les gusta disimular, no hay puta que se resista a mi verga, no señor.”

“Sí me gusta, me encanta, pero yo no sabía, está bien grande, la verdad es que me asusté nomás de verla, pero de que me moría de ganas… pues sí, js js.”

“Ya nomás falta que te la dé por el culo, cuando termine contigo, vas a venir por más tú solita zorra.”

“¿Quuueeeee, no mames, cómo crees, por ahí no, viejo pervertido.”

“Por ahora no será puta, me tengo que ir, solo te advierto que vendrás tú solita a que te rompa el culo.”

“Ni lo sueñes, degenerado, pervertido, soy una niña.”

“Sí, una niña de lo más puta mi amor, eres la primera que me la aguanta toda, sé que vendrás por más.”

Se empezó a mover rápidamente, tomándome de las caderas y jalándome hacia él, me la metía con furia, se notaba que ya se iba a terminar, sentía su cabeza hasta dentro de mí, super grande, palpitando, ya faltaba poco, así que yo misma me empecé a mover como loca, disfrutando al máximo su tremenda estocada, y al poco, me invadió como una descarga, que me hizo convulsionarme peor que puta epiléptica, me abracé fuertemente al cuello de mi hombre, mi macho, empecé a mover las nalgas lo más rápido que pude hasta que, finalmente, los dos logramos darnos una venida tan tremenda, que mis jugos salieron disparados fuera de mi sexo como si bombearan agua, junto con sus tremendos lechazos de macho, de hombre viril, llenándome todita y saliéndose por los lados de tan abundante descarga.

El hombre llevaba ya algo de prisa, así que nomás me botó al suelo como muñeca de trapo, me quedé jadeando, toda sudada, pero feliz, muy feliz.

Me quedé ahí botada tal donde me tiró, totalmente desmadejada, sin fuerza, apenas para respirar. Empecé a revivir en mi mente todo lo sucedido, desde que me negaba a coger con él, hasta que finalmente me le entregué como una verdadera puta y como lo disfruté de manera increíble, contra todos los pronósticos.

Nunca me imaginé que ese gordo y horrible viejo pudiera dar tal placer de esa manera tan increíble. Ahora yo misma lo sentía como mi nuevo macho, dispuesta a dar todo por él, como toda una verdadera puta caliente.

En ese momento, muy dentro de mí, supe, y lo digo en serio, supe que volvería por más, a que me rompiera el culo, y no habría poder humano que me lo impidiera.

Continuará…

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