Un viejito se coge a mi mamá: Madre frustrada 3

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Tenemos un vecino de 70 años llamado Gilberto o “Don Gil”. Diría que tiene una apariencia bonachona como de abuelito. Es chaparrito y panzón. Parece perro parado.
Siempre anda bien vestido: Cabello corto blanco, bigote recortado del mismo color, sus lentes al puro estilo de Harry Potter unidos con cinta y su camisa de botones que de pura suerte no salen disparados por la barriga cervecera del señor.
Vive al lado y es muy amable con todos.

Una mañana mi mamá y yo fuimos a su casa. Yo tuve que ayudarle a armar un mueble y ella va a organizar su pastillero y el de su esposa. Mi mamá suele ayudarlos con eso y una que otra tarea doméstica cada cierto tiempo.

-Mire, Don Gilberto, no se le olvide que tiene que tomarse esta pastilla después de almorzar y esta otra antes de dormirse. Y está de aquí se la debe tomar su esposa después de cenar.

-Muy bien, muy bien…

-De todos modos también se lo diré a Doña Juana. Sigue dormida?

-Oh, no. Se levantó temprano para ir al mercado.

Yo seguía armando el dichoso mueble cuando un tornillo se me cayó y fue rodando hasta donde estaba mi mamá. Ella se inclinó para recogerlo y noté como Don Gil se le miró las tetas.
Cuando fue a darme el tornillo, Gil la seguía con la mirada.
Ella llevaba una blusa sin escote pero algo suelta y al agacharse dejó ver una buena parte de sus tetas en el brasier.

-Puedo pasar a su baño, Don Gil? -preguntó mi mamá poniendo el pastillero sobre la mesa.

-Claro, Delia. Con confianza, pásale.

Don Gil se recarga en el sillón mirando el pasillo por donde se fue mi mamá y baja la voz con una sonrisa pícara.

-Jaja…perdóname la confianza, chamaco, pero tu mamá me trae bien loco…

Yo me le quedé viendo sorprendido por tanta honestidad.

-Y apuesto a que es bien cogelona porque la he escuchado gemir y gritar en las noches y a veces en pleno día.

Don Gil no mentía cuando dijo que escuchaba a mi mamá gemir. Nuestras casas están pegadas y son de dos pisos y casi siempre se escucha el ruido que hacen los vecinos. Se escucha cuando hablan, mueven muebles o se cae algo. No es algo que se escuche siempre, pero cuando es lo suficientemente ruidoso, se puede escuchar en la casa de junto. Recuerdo que de pequeño pensaba que esos ruidos los hacían fantasmas.

-En serio…?

Traté de mantenerme sereno.

-Y esa blusa que trae puesta… cuando se agachó hace rato se le asomaron bien las tetas. No tiene escote, pero nomás se inclinó un poco y ya me las enseñó completitas.

Se inclina un poco hacia mi, hablando más bajito y en tono cómplice.

-Entre nosotros… ¿tú crees que le gustaría que un viejo como yo le diera una cogida bien rica? Porque yo sí le daría con ganas. Le chuparía ese coño hasta que le tiemblen las piernas y luego la cogería duro. Apuesto a que todavía tiene la panocha bien apretada y jugosa…

-Eh…no se, Don Gil…

Mi mamá vuelve del baño y nota que el ambiente está raro.

-De que hablaban…?

Don Gil sonríe con amabilidad como si no hubiera dicho nada.

-Le comentaba a tu hijo lo hermosa que te ves hoy, Delia. Te veo más vigorosa.

Mi mamá sonríe halagada.

-Que amable, aunque hoy ando fachosa, jajaja.

-Fachosa? Para nada! Te ves muy bien con lo que traes puesto…

Don Gil la mira de arriba a abajo y mi mamá ríe nerviosa.

-Ay, se pasa, Don Gil…-me mira- Ya me voy a la casa, hijo….

Don Gil le toma la mano y hace que se siente a su lado.

-Quédate un rato más, Delia. Hay que platicar en lo que el chamaco termina.

Mi mamá aceptó soltando un suspiro de resignación. Platicaban de cosas sin importancia y el viejo le tocaba la pierna o la mano y ella lo apartaba despacio.

-Ya terminé, Don Gil…

-Perfecto. Gracias compañero-

Mi mamá se pone rápido de pie.

-Bueno, entonces ya nos vamos. Si necesita algo nos llama.

-Espera Delia…

Don Gil se tomó un momento antes de hablar.

-Te voy a ser bien honesto…tengo muchas ganas de cogerte, Delia.

-Don Gilberto! No diga esas cosas!

-Es que estás bien buena! Eres una madura que está en su punto!

La tomo de ambas manos. Ella trató de alejarse. Supongo que no se le antojaba coger con él, a diferencia de cómo actuaba cuando Kevin fue a la casa.

– Usted está casado! Contrólese!

Gilberto suspiró

-Si, pero mi Juanita no tiene las chichotas que tu tienes…y esta ese culito tuyo que me mata Delia…

Gilberto empezó a manosearla por encima de la ropa. Le pasaba las manos por las tetas y le apretaba el culo empujándola a ella hacia adelante hasta presionar su cuerpo contra el suyo.

-Déjame cogerte…quiero comerte el coño y cogerte cómo te mereces…

Mi mamá trataba de apartarse pero el viejito la agarraba con fuerza.

-No…no, Don Gil…

-No te hagas del rogar…Se que eres bien caliente….Ya ves que en estas casas se escucha todo y yo he oído como gimes y gritas cuando estás cogiendo….incluso a plena luz del día.

Mi mamá logró zafarse. Sus tetas rebotaron por el movimiento brusco.

-De cierto modo me halaga, Don Gil…pero usted está casado y debe respetar a su esposa y a mi…simplemente no está bien eso que usted dice…

Ella estaba sonrojada y Don Gil no dejaba de acariciarse la entrepierna por encima del pantalón.

-Mi mujer no tiene que enterarse…ve esto como un favor, Delia…Juana y yo nunca cogemos y yo tengo muchas ganas acumuladas y cada que te veo se me para. Hazle el favor a este viejo que quién sabe cuánto tiempo le queda…

Mi mamá se quedó callada mirándolo. El ambiente estaba tenso.

-Mmmm…-suspira resignada- Esta bien, Don Gil…pero hagámoslo rápido.

No me creía que mi mamá en serio se dejó convencer así como así.

-Gracias, Delia! No te vas a arrepentir! Te voy a dar la cogidota de tu vida.

El señor se quita toda la ropa. Tenía la verga gruesa y algo grande, además de peluda. El guió a mi mamá por la cintura para que se apoyara sobre la mesa del comedor.

-Ponte aquí, chichona…

La manoseó un rato antes de bajarle el pantalón y las bragas hasta los tobillos.
Se puso en cuclillas y le besaba las nalgas y se las apretaba.

-Mmm…que rico culo. Tan suave y pequeño, no como el de mi Juana…

Le separo las nalgas y le paso el dedo por el ano hasta topar con su coño.

-Tienes bien cerradito el culo, Delia. Es que nadie te ha cogido por ahí? Jeje

Mi mamá solo soltó un gemidito cuando los dedos del viejo acariciaban su ano y su coño.

-Ahora si…a ver qué tal sabe ese culo.

Metió la cara entre las nalgas y le empezó a comer el culo. Fue tan estúpidamente morboso ver como mi mamá se retorcía y se agarraba de los bordes de la mesa por los lengüetazos que le daba Gilberto.

-Uhhh…Ay…ay…! Don Gilberto…! Mmmphg…

El sonido de su lengua ensalivando el año de mi mamá era obsceno. Mientras él seguía lamiéndole el culo, con su mano libre le empezó a dedear el coño. La mezcla de sonidos húmedos era impresionante.

-Mmmphg…Delia…mmmph…

-Ay…ay…ayayay…Mmm…ah…ahh…

A mi ya me me dio igual todo. Agarré una de las sillas del comedor, me senté y me la empecé a jalar mirando el escote de mi mamá y como sus tetas se tambaleaban en su sostén por cómo se sacudía.

-Mmmhggh…te hubiera mandado…a la casa…

Don Gil se levantó y agarró a mi mamá de la barbilla para besarla. Ella se resistía al beso y pude ver como el Don le pasaba la lengua por los labios.

-Mmm tu culo estaba delicioso, mami… y mira! Tu chamaco no pierde tiempo! Quieres ver como me cojo a tu mamá?

Asentí varias veces. Gilberto se posicionó y comenzó a embestirla fuerte pero pausado.

-Ay!-Ay!-Ah!

-Estás bien apretada…y húmeda…estás excitada, verdad, tetona?

Empezó a embestirla más rápido. Hasta la mesa se recorría poquito.

-Ay! Mmmm! No…no lo estoy…Aah! Ah! Mm! Ay!

-Ya quítate esta pinche blusa…!

Con un movimiento brusco le quitó la blusa y metió las manos en las copas del sostén sacándole parcialmente una teta y la otra por completo.

-Y deja salir esas chichotas…!

Para ser un hombre mayor, la cogia rápido y con fuerza. Mi mamá tenía cara de disgusto.

Don Gil se le acercó al odio.

-Te gusta, chichona? Ya tenías ganas de probar otra verga, verdad?

-Mmm…si…me estás cogiendo bien rico…ay…mmm…

Respondió entre gemidos y puso los ojos en blanco a pesar de su expresión de disgusto.

-Sabes algo? Tengo unos amigos de la iglesia que también te tienen ganas…a ver cuándo nos juntamos y te cogemos entre todos….

-Si? Tú y cuantos más me cogerian…? Mmmm?

Don Gil despertó su interés. Qué curioso. Comenzó a hablar a la par que sus embestidas rápidas.

-Tal vez dos..o tres amigos…quieres estar rodeada de vergas maduras…? Que te la metan por todos tus agujeros?

-Mmmh…si…quiero que me la metan…quiero chupar todas sus vergas…ah…ay… y sentirlas adentro…

Se la cogio apoyada sobre la mesa mientras le contaba cómo se la cogerian en grupo. Las tetas de mi mamá se presionaban contra el cristal de la mesa y ella jadeaba y sudaba al igual que el Don. Parecía que uno de los dos estaba por acabar cuando de pronto ocurre algo.

-Gilberto de la Cruz! Que estás haciendo!?!?

Era Doña Juana, de pie junto a su carrito del mandado. Todos nos quedamos congelados mirándola.
Don Gil hasta se puso pálido y no se separaba de mi mamá.

-Doña Juana…puedo explicarle…

-Delia! No hay nada que explicar! Teniendo relaciones con mi marido?!? Y frente a tu hijo? Qué vergüenza!

Doña Juana evitaba mirarnos a todos por mucho rato.

-Y tu? Masturbándote viendo a tu mamá haciendo…ugh! Que les pasa?!?

Hasta yo salí regañado.

-Gorda…no te enfades…

Gil se despegó del coño de mi mamá y camino hacia su esposa con la verga rígida. La señora se apartó viéndolo con asco.

-Hazte para allá, cerdo infiel!

Doña Juana le dio sus buenos madrazos que hasta mi mamá tuvo que intervenir. Se subió los pantalones y volvió a meter las tetas en su brasier para poder acercarse.

-No! Doña Juana! Cálmese, por favor!

Logró separarlos. Sorprendentemente a Don Gil no se le bajaba la erección.

-Delia…que vergüenza! Creí que eras alguien decente…no puede ser…

Don Gil le pone la mano en el hombro a su esposa.

-No te enojes con ella, Juana…Delia solo me estaba haciendo un favor.

-Como que un favor…?

-Es que tú nunca quieres coger conmigo y le tuve que pedir a Delia que me quitara las ganas…

-O sea que es mi culpa?!?

-No! No! Para nada, Juanita…solo digo que yo tengo necesidades y Delia aceptó satisfacerlas en tu lugar…y la verdad es que desde que ella empezó a venir a la casa he tenido unas ganas de cogermela…

Doña Juana estaba bien enojada, pero aún así se relajó lo suficiente para no rompernos la cabeza a todos.

-Ay Gilberto…es que no quería hacer el amor contigo porque pensé que ya no estábamos para eso…por la edad más que nada-le mira la verga- pero ya vi que no es así…

-Entonces ya no estás enojada?

-Claro que lo estoy…! O no sé…! Dios mío, Gilberto…! Y todavía tienes el descaro de decir que tenías ganas de “cogertela”? No tienes remedio…pero sabes que? Hazlo!

-Pero Juana-

-Nada de “Juana”! Cogete a Delia si tanto le tienes ganas! Pero yo no me voy a quedar mirando como su hijo! De hecho, voy a dejar que él me coja!

Don Gilberto sonrío emocionado, pero a mi mamá no le hizo mucha gracia.

-Muy bien, Juanita jeje…te mereces probar una verga nueva! Yo seguiré disfrutando de esta chichona!

Gilberto le desabrocha el sostén a mi mamá y le baja los pantalones.

-Ándale, Delia…ya encuérate!

-En serio quieres que mi hijo tenga relaciones con tu esposa?

Gil le acaricia las tetas a mi mamá mientras espera a que se quite por completo el pantalón.

-Claro! Un intercambio justo por dejar que me coja a su mamá! Verdad, chavo? Cogete rico a mi esposa, si?

Mi mamá seguía disgustada por la idea pero se desnudó por completo.

-Ahora si…continuemos donde lo dejamos.

Don Gil se puso detrás de ella y se la empezó a coger de pie. Sus tetas rebotan con las embestidas rápidas y evitaba mirar hacia donde Doña Juana y yo estábamos.

Doña Juana también se desvistió. Ella tiene 67 años, cabello corto y es un poco fea. Es un poco más bajita que mi mamá. Tiene pocas tetas y un culo grande y redondo y el coño muy peludo.

-Vámonos al sillón porque si me pongo de rodillas para chupártela ya no me voy a poder levantar.

Juana se sentó en el sillón y yo me puse de pie frente a ella. Agarró mi verga, la jalaba despacio, apretaba la cabeza suavemente con la punta de sus dedos y hasta me agarró las bolas. Todo lo hacía como si estuviera haciendo una minuciosa inspección.

-Que lindo pene tienes, no es tan grande como el de Gilberto, pero te apuesto a que sabes como dejar a una dama satisfecha jeje…

Los gemidos y gruñidos de mi mamá se escuchaban de fondo. Ahora estaba apoyada en el respaldo del otro sillón pero mirando hacia abajo mientras que Gil no paraba de vernos.

-A ver si todavía sé cómo chupar un pene…

Se metió mi verga en la boca de una. Podía sentir su lengua pasar por todo el tronco del pene y pasar varias veces por el glande. Lo hacía despacio y hasta algo torpe, pero se sentía genial.

-Como la chupa mi mujer…?-preguntó jadeando sin parar de cogerse a mi mamá.

-La mama bien, Don Gil…

Don Gil y mi mama se pasaron al sillón. Mi mama se sentó y Gil se paró frente a ella pasándole la verga por la cara hasta que al fin abrió la boca para chupársela.

-A ver qué tal la chupa tu mamá…

Mi mamá se la chupaba a Don Gil con movimientos lentos pero cada vez más seguros. Tenía los ojos entrecerrados y las tetas colgando pesadas, balanceándose cada vez que movía la cabeza. La saliva le escurría por la barbilla y caía sobre sus pezones. Don Gil gemía con gusto, agarrándola del cabello con suavidad.

—Así, chichona… chúpamela más profundo. Usa la lengua en la cabeza… eso… uf, qué boca tan rica tienes!

Del otro lado, Doña Juana seguía mamándomela con esa lentitud casi científica. No era la mamada más experta del mundo, pero el contraste de su cara de señora mayor con mi verga en la boca me ponía muy cachondo. De repente sacó mi verga de su boca con un “pop” húmedo y me miró desde abajo.

—Está bien dura… y tiene un saborcito rico. Ven, siéntate a mi lado.

Me senté en el sillón y Doña Juana se subió encima de mí a horcajadas. Su coño peludo rozó mi verga mientras se acomodaba. Tenía la piel floja en algunas partes, pero su culo grande y pesado se sentía caliente contra mis muslos
.
—Hace mucho que no me siento encima de una verga que no sea la de Gilberto… —murmuró casi para sí misma.

Se agarró de mis hombros y empezó a bajarse despacio. Sentí cómo su coño caliente y muy mojado me tragaba poco a poco. Estaba apretada a pesar de su edad.

—Ay… qué rico… —gimió Juana cuando la tuvo toda adentro.

Al mismo tiempo, Don Gil había puesto a mi mamá en cuatro sobre el sillón. La cogía con embestidas fuertes y constantes, haciendo que sus tetas se bambolearan violentamente.

—Esto es lo que querías, ¿verdad, Delia? —gruñía el viejo—. Una verga madura que te dé duro. Tu marido no te coge así, ¿eh?

—Mmm… ay… sí… me coge rico… —respondió mi mamá entre gemidos, aunque todavía se notaba un poco de vergüenza en su voz.

Doña Juana empezó a moverse encima de mí, rebotando su culo grande contra mis piernas. Sus tetitas pequeñas se sacudían y yo las agarré, apretándoselas.

—Más fuerte… apriétamelas —me pidió—. No tengas miedo, que todavía aguanto.

Empecé a empujar hacia arriba, follándola más rápido. Los sonidos húmedos de su coño llenaban la sala junto con los de mi mamá.
Don Gil miró hacia nosotros y sonrió con lujuria.

—Mira nada más, Delia… tu hijo le está dando verga a mi Juana. ¿No te da morbo verlo?

Mi mamá volteó la cara y nos vio. Por un segundo se quedó callada, pero luego soltó un gemido más fuerte cuando Don Gil le dio una nalgada.

—Ay… sí… se ve… se ve bien…

—Dile, Delia —insistió Don Gil mientras
seguía cogiéndosela—. Dile a tu hijo que le meta la verga hasta el fondo a mi vieja.

Mi mamá, con la cara roja y sudada, evitaba mirarme:

—Cógetela… cógetela rico, hijo…

Eso me prendió todavía más. Agarré a Doña Juana de las caderas y empecé a cogérmela con más fuerza. Ella gemía como una loca, echando la cabeza hacia atrás.

—Ay sí… qué verga tan dura tienes! Más rápido!

Doña Juana me clavó las uñas en los hombros mientras yo lo daba todo como un campeón. Por su parte Don Gil no nos quitaba los ojos de encima y aún así no dejo de cogerse a mi mamá con vigor y hacerla gemir. No dejaba de sonreír con esa cara de viejo pervertido mientras embestía a mi mamá con fuerza. El sonido de sus caderas chocando contra el culo de ella se escuchaba fuerte en toda la sala.

—Así, chichona… aprieta esa panocha—gruñía el viejo, agarrándola fuerte de las caderas.

Mi mamá tenía la cara apoyada en el respaldo del sillón, mordiendo su propio brazo para intentar no gemir tan fuerte, pero cada vez le salían más ruidosos

—Ay… ay… Don Gil… más despacio… uff… ah…ah…aah!

Del otro lado, Doña Juana rebotaba con más ganas encima de mí. Su culo grande y pesado golpeaba contra mis muslos con un sonido húmedo y carnoso. Tenía la cara roja y sudorosa, y sus tetitas pequeñas se sacudían.

—Ay…Que rico me estás cogiendo…! Mmmph…hasta se me olvidaron mis dolencias… —gemía Juana—. Me encanta como se siente tu verga…ah…ay.

Don Gil volteó a vernos y eso pareció prenderlo todavía más. Le dio una fuerte nalgada a mi mamá y le jaló el cabello para levantarle la cabeza.

—Mira, Delia… mira cómo tu hijo le está metiendo verga a mi vieja. No te calienta ver a tu chamaco cogiendo? O quieres que él te coja también?

Mi mamá abrió los ojos y nos miró. Su cara era una mezcla de placer y vergüenza. Mordió su labio y soltó un gemido largo cuando Don Gil le dio otra embestida profunda.

-Mmmph…Ayy Don Gil…no…no diga esas cosas…mi hijo no…no debe cogerme…ay…ah! Ah! Ay!

Doña Juana se rio entre gemidos y empezó a moverse lo mas rápido que podía, girando las caderas encima de mí.

-Mmm Gilberto…no le des tan duro a Delia, escucha nada más como las haces gritar…

-Nada de eso, Juanita…Delia es bien putona…hace rato se hacía la que no quería coger…y mira como la tengo ahora…

Don Gil sacó su verga gruesa del coño de mi mamá, toda brillosa de sus jugos, y le dio unos cuantos golpes con ella en las nalgas.

—Voltéate, Delia. Quiero verte la cara mientras te cojo.

Mi mamá se dio la vuelta y se sentó en el borde del sillón, abriendo las piernas. Don Gil se colocó entre ellas y se la metió de un solo empujón. Empezó a cogérsela en misionero, cara a cara, mientras sus tetas rebotaban con cada embestida.

—Así… mírame —le decía el viejo—. Quiero verte los ojos mientras te lleno de verga vieja.

Mientras tanto, Doña Juana se bajó de mí y se puso de pie, ofreciéndome su culo grande y su coño peludo.

—Venga… métemela por atrás. Quiero que me cojas fuerte como a tu mamá.

Me puse detrás de ella y se la metí hasta el fondo. Su coño estaba empapado y caliente. Empecé a cogérmela con fuerza, haciendo que su culo se moviera como gelatina con cada golpe.

Los gemidos de mi mamá y los de Doña Juana se mezclaban.
Don Gil le chupaba las tetas a mi mamá mientras la cogía, mordisqueándole los pezones.

—Estas chichotas son una maravilla… mucho mejor que las de mi Juana.

-Aaay….mmmmph…ah…Don Gil…ay…si…

Luego de un rato Don Gil se subió al sillón y se acomodó para que mi mamá le diera una mamada.

-Arrímate, Juanita. Quiero que pruebes la rica panocha de Delia.

Ayude a doña Juana a ponerse en cuatro en el suelo. Mientras me la seguía cogiendo ella miraba el coño de mi mamá y le pasaba los dedos.

-Con tu permiso, Delia…pero no quiero quedarme con las ganas de probar una vagina…

Juana metió la cara en la panocha peluda de mi mamá y comenzó a lamer. Los gemidos de mi mamá sonaban ahogados por la verga en su boca.

-Mmmhp…ghhgr…! Gluck! Grhhg! Mmph…!

-Esa es mi Juana!

La animó Gil agarrando la cabeza de mi mamá y empujando su verga hasta el fondo de su garganta.

La cara de Juana se enterraba a cada rato en el coño de mi mamá a causa de mis embestidas fuertes. Cada vez que yo empujaba, la cara de Doña Juana se apretaba más contra la panocha húmeda y peluda de mi mamá.

—Mmmph… qué sabor más rico… —murmuraba Juana entre lengüetazos—. Está bien jugosa… y caliente
.
Mi mamá soltaba gemidos ahogados con la verga gruesa de Don Gil metida hasta el fondo de su garganta. Tenía los ojos llorosos y la saliva le escurría por las comisuras de la boca y por las tetas.

—Gluck… gluck… mmmphg… ¡Ghhrrg!

Don Gil la tenía agarrada firmemente de la cabeza, follándole la boca con movimientos cortos pero profundos.

—Así, chichona… trágatela toda. Mira cómo te come el coño mi Juana…

Mi mamá solo podía gemir alrededor de la verga. Su cuerpo se sacudía cada vez que yo le metía verga a Doña Juana y esta le daba lengüetazos más rápidos al clítoris.

Yo no podía creer lo que estaba viendo: mi mamá completamente desnuda, con las tetas colgando y rebotando, mientras un viejo le cogía la boca y su esposa le comía el coño.

—Más fuerte! —me pidió Doña Juana, sacando un momento la cara—. Métemela bien profundo…

Le agarré el culo grande con ambas manos y empecé a cogérmela más duro. Sus nalgas gordas se movían como olas con cada golpe. Mientras tanto, ella volvía a hundir la lengua en el coño de mi mamá, chupando ruidosamente.

Don Gil sacó su verga de la boca de mi mamá, toda babeada, y se la empezó a jalar frente a su cara.

—Respira, Delia… pero no te creas que ya terminamos.

Mi mamá jadeaba con la boca abierta, tratando de recuperar el aliento. Tenía la cara roja y los labios hinchados.

—Ay… Don Gil… esto ya está muy… muy sucio… —logró decir entre respiraciones.
El viejo se rio y le dio cachetadas suaves con su verga mojada en la mejilla.

—Te gusta lo sucio, ¿verdad? Hace rato te hacías la difícil y ahora mira cómo estás… toda mojada y gimiendo como puta.

Doña Juana se separó del coño y se incorporó un poco, todavía empalada en mi verga.

-Uff…dame chance-dijo jadeando y separándose de mi verga- Deja recupero el aliento…

Con la cara brillosa y llena de pelos pubicos, Doña Juana se sentó junto a mi mamá y abrió las piernas.

-Adelante, mijo…o también ya te cansaste?

Volví a metérsela con ganas. Don Gil hizo lo mismo y se bajó del sillón para cogerse a mi mamá de misionero.

-Ah! Ah…ah…que rico…ojalá pudiera quedar embarazada de ti…

-Doña…Juana…!

Doña Juana se rio y estiró la mano para apretarle las tetas a mi mamá.

-Mmm…era juego, Delia…-le aprieta una teta. La otra se movía por las embestidas de Gil.- Vaya que si estás chichona, eh…

-Esas chichotas son perfectas para que varios viejos se las agarren y chupen a la vez, verdad?! -exclamó Don Gil.

Mi mamá soltó un gemido más fuerte y apretó los labios, tratando de contenerse. Pero su cuerpo la traicionaba: movía las caderas hacia Don Gil sin querer.

-Mmmmph! Ah! Ah! Ah!…Aaaay!…Ah!

-Ay, Delia…si te sigues moviendo así me vas a hacer acabar…

Entre el coño húmedo y caliente de Doña Juana por el que mi verga entraba sin esfuerzo y mi mamá encajándose la verga de Don Gil y sus tetas rebotando de arriba a abajo, me llegaron ganas de correrme. Rápidamente salí del coño de Juana y me subí a un costado del sofá.
Me la jalé unos segundos hasta que mi semen salió disparado cayendo en le cara y tetas de Juana e incluso en las de mi mamá y en parte de su cara.

-Ay! Me hubieras avisado Jiji! Espero que el semen sea bueno para las arrugas.

Don Gil soltó una carcajada.

-Muy bien chamaco! Nunca pensé que ver a mi vieja llena del semen de otro sería tan caliente! Y mira, también le diste a tu mamá!

Mi mamá no se quejó. Seguía recibiendo con gemidos y gruñidos las embestidas de Gilberto.
Duraron un rato más cogiendo y yo me bajé a comerle el coño a Juana.

-Uf…pero que hombre tan servicial…lámeme sin prisa…estoy sensible de ahí abajo por la cogida que me propinaste…si…mmmm…

Finalmente Don Gil sacó la verga del coño de mi mamá y en cuanto lo hizo, su semen le bañó la cara y las tetas con varios disparos gruesos y amarillentos. Mi mamá mantenía los ojos cerrados, recibiendo toda la carga con la boca entreabierta. Parte del semen también cayó sobre el pecho y el cuello de Doña Juana.

El semen ligeramente amarillento de Don Gil se mezclaba con el mío, que era más blanquecino, creando hilos espesos que escurrían por las tetas de mi mamá y por la cara de Juana.

Por unos segundos solo se escucharon las respiraciones agitadas de los cuatro. El olor a sexo era fuerte en toda la sala.

Don Gil se dejó caer sentado en el sillón, sudado y con la barriga subiendo y bajando, todavía con la verga semi-dura brillando.
—No mames…qué cogida tan rica —dijo con una sonrisa satisfecha—. Delia, eres una puta maravilla.

Mi mamá no contestó. Se quedó recostada en el sillón, con los ojos cerrados y la respiración pesada, cubierta de semen en la cara, tetas y muslos. Se veía agotada y avergonzada.

Doña Juana se pasó un dedo por la mejilla, recogiendo una mezcla de semen y se lo llevó a la boca.

—Mmm… tiene un sabor fuerte el tuyo, Gilberto —dijo con una risita—. Y el de él es más dulce.
Se acercó a mi mamá y, sorprendentemente, le dio un beso suave en los labios, compartiendo un poco del semen.

—Gracias por el favor, Delia…

Mi mamá solo abrió los ojos, miró a Juana y luego a mí, pero no dijo nada. Se veía abrumada.

Yo me sentía extraño. Cansado, excitado y con un poco de culpa al mismo tiempo.
Don Gil se levantó con dificultad, todavía desnudo, y le dio una palmada suave en el culo a mi mamá.

—Esto no se va a quedar así —dijo con tono alegre pero serio—. La próxima vez voy a invitar a dos o tres amigos de la iglesia. Ya verás qué rico la vamos a pasar, Delia. Te van a tratar como reina… o como la puta del barrio, como prefieras.

Mi mamá se tapó la cara con una mano, claramente abochornada, pero no se negó.
Doña Juana soltó una carcajada.

—Ay, Gilberto… no seas tan bruto. Déjala recuperarse primero. Aunque… yo tampoco me quejaría de que su hijo vuelva a visitarme.

Entre los tres ayudamos a limpiar un poco el desastre. Mi mamá se limpió como pudo con unas toallas que trajo Juana, todavía en silencio. Se vistió despacio.

Antes de salir, Don Gil nos acompañó hasta la puerta con su típica sonrisa bonachona, como si nada hubiera pasado.

—Gracias por la ayuda con el mueble, chamaco. Y gracias a ti, Delia… por todo —dijo dándole una nalgada.

Mi mamá solo asintió, roja hasta las orejas.
Cuando por fin cerró la puerta, corrimos a nuestra casa.
Al llegar, mi mamá se apoyó contra la pared del pasillo y soltó un largo suspiro. Tenía el cabello despeinado y todavía se le notaban algunas marcas húmedas en el cuello.

—Dios mío… en qué nos metimos?

-Que tiene? Se veía que lo disfrutaste…

Me dio unos manotazos en el brazo.

-Si! Me gustó! Don Gil me cogió rico!

-Entonces?

-Que son nuestros vecinos! Y si alguien nos escuchó?Y si…-Mi mamá abrió los ojos de par en par- Don Gilberto les va a decir a sus amigos de la iglesia…como pude estar de acuerdo en eso? Por qué no me detuviste?

-Y yo que iba a saber? Aceptaste muy feliz cuando te lo comentó!

Ella suspiró.

-Y si nuestros vecinos y conocidos se enteran de esto…?

-Bueno, si quieres me regreso con Don Gil y les pido que no le digan a nadie y que ya no quieres verte con los señores de la iglesia…

-No…yo al rato voy. Mientras vete a bañar porque hueles a esa crema apestosa que se pone Juana.

-Segura?

-Si! Ándale! Y no creas que dejaré pasar el hecho de que tuviste relaciones con ella!

-Ok…

Tal vez continué…

Aquí está la tercera parte de Madre frustrada 🙂 espero les guste

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Jordi
Jordi

Me gusta escribir relatos sobre mis fantasías incestuosas

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