Un viejo de 65 años se lo cacho a mi esposa

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Me llamo Fredy, tengo 33 años y estoy casado hace 5 años con Gaby, ella tiene 30 años. Tenemos un hijo de 2 años. Mi esposa es una mujer muy recatada y pudorosa, por eso me sorprendió tanto lo que pasó. Yo trabajo en una empresa que tiene sucursales en provincias, así que el año pasado en octubre me enviaron a una sucursal del interior. Justo en ese mes mi esposa cumplía años a fines de octubre. Pensé que volvería para el día de su cumpleaños, pero el trabajo se extendió hasta el 1 de noviembre. Solo le saludé por teléfono y le dije que estaría con ella lo más pronto posible.

El día 2 de noviembre llegué a la casa donde vivimos, un departamento alquilado. El dueño del edificio es un viejo de 65 años que vive justo al frente de nosotros, se llama Julio. Es un viejo mañoso que siempre está diciéndole piropos a mi esposa. Yo me hago el loco, pero él aprovecha que no trabajo y para en la entrada del edificio mirando a las mujeres que entran y salen de sus departamentos. Mi esposa usa faldas un poco altas dejando ver sus piernas. Ella tiene buen cuerpo, pero resalta más su trasero y sus piernas. Cuando salimos a la calle todos los hombres se quedan mirándole el trasero y, por supuesto, el viejo dueño del edificio no pierde la oportunidad de mirarle y se queda babeando con esos ojos lujuriosos que delatan las ganas que tiene de cogérselo a mi esposa. Él es viudo y vive con una hija ya mayor.

Mi esposa y yo hemos conversado al respecto como en broma, porque para mí ese viejo era inofensivo y tenía mucha confianza en mi esposa por su carácter recatado. Algunas veces le hemos invitado a nuestro departamento a celebrar el cumpleaños de ella, pero venía con su hija y se comportaba muy respetuoso con mi esposa. Yo le decía a mi esposa: “Ese viejo te quiere cazar”. Y ella me contestaba: “Ni loca que estuviera con ese viejo asqueroso”.

Pero resulta que el día que llegué de provincia, o sea el 2 de noviembre, eran las 9 de la noche. Entré despacio para darle una sorpresa a mi esposa, pero al acercarme a la puerta de la sala escuché unas voces y me entró la curiosidad de ver quién estaba. La puerta estaba semiabierta y solo iluminaba la sala la luz de 2 velas. En la mesa de centro había una botella de vino consumida a la mitad y dos vasos llenos de ese licor. Miré bien al sofá y allí estaba el viejo de 65 años al lado de mi esposa agarrándole la mano. Mi corazón empezó a latir apresuradamente. Quise entrar y botar al viejo, pero el morbo de saber qué pasaba me detuvo. Entonces traté de escuchar lo que hablaban.

El viejo le decía: “Tu marido no ha venido para tu cumpleaños, pero yo estoy aquí para celebrar contigo. Tú eres una chica muy linda, me gustas mucho”. Mi esposa le decía: “Gracias don Julio, pero ya debe irse”. El viejo se acercaba cada vez más a ella y con una mano le acariciaba el pelo y el rostro mientras que la otra mano la tenía encima de la pierna de mi esposa. En eso se dio vuelta y agarró un vaso de la mesa y se lo dio a ella, y le dijo: “Celebremos y disfrutemos, seguro tu marido está divirtiéndose con otra”. Mi esposa aceptó de buena gana el vaso de vino y dijo: “Tiene usted razón don Julio”. El viejo, con más confianza, empezó a meter la mano por debajo de su falda. Mi esposa trataba de esquivar a medias, pero él seguía con sus arremetidas, rozando su piel suave y subiendo poco a poco.

Yo estaba ya muy excitado y mi verga reventaba dentro de mi pantalón. En eso mi esposa se tomó todo el vaso de vino y se echó en el sofá abandonándose a las manos del viejo, que rápidamente empezó a desbotonar la blusa, le sacó el brasier y agarró una teta en cada mano y las estrujaba con ganas, sintiendo su firmeza y calor. Después empezó a mamarlas una y otra, lamiendo los pezones endurecidos. Luego bajó el cierre de la falda y la jaló para abajo dejando al descubierto las piernas y el tremendo culo de mi esposa. Ella quiso arrepentirse y le dijo: “Don Julio, no está bien que lo hagamos, yo amo a mi esposo”. Pero él jaló el calzón dejando sin defensa alguna a mi recatada esposa.

Increíblemente yo ya no quería interferir, solo esperaba ver que el viejo le metiera la verga a mi mujer. La escena me excitaba demasiado, sentía que mi trusa se humedecía mientras me tocaba por encima del pantalón. El viejo le empezó a lamer la vagina, saboreando sus jugos, y mi esposa abrió las piernas de par en par gimiendo despacito, arqueando la espalda. Luego el viejo se levantó. Yo me asusté pensando que me descubriría, pero él se dirigió al interruptor y prendió la luz y le dijo a mi esposa: “Quiero ver ese culo que tanto he deseado”. Mi esposa le dijo: “Con luz no quiero” y se levantó tratando de apagar la luz, pero el viejo se lo impidió y le dijo: “Ven acá puta, yo sé que te gusta que te mire el culo”.

Yo me hice un poco a un lado siempre atrás de la puerta para que no me vieran con la luz, pero estaban tan ocupados que ni cuenta se dieron de mi presencia. El viejo la sentó en el sofá y sacó su verga y se la acercó a la boca. Mi esposa la tomó con sus manos y empezó a chupársela, lamiendo el glande y succionando con dedicación. Él empezó a desvestirse sin sacar su verga de la boca de mi esposa. Ella mamaba con suavidad esa verga que no era muy grande pero sí gruesa, pero el viejo agarraba la cabeza de mi esposa y se la empujaba hasta la garganta y le decía: “Chupa puta de mierda”. Tenía la boca de mi mujer aplastada a su pubis con la verga dentro por largo rato, y cuando mi mujer retiraba la cabeza le chorreaba la saliva por los costados. Yo jamás le había tratado así a mi esposa, y ver y oír como le trataba ese viejo que días antes parecía inofensivo me causaba más excitación.

De pronto el viejo la puso en el piso sobre la alfombra y la puso en posición de perrito. Mi esposa bajó la cabeza hasta el piso y levantó el culo, ofreciendo todo lo que era solo mío al viejo que empezó a lamerle el orificio del ano, metiendo la lengua con avidez. Mi esposa seguía gimiendo despacito. Luego el viejo sacó del bolsillo del pantalón que había quedado tirado al costado una crema, untó en su dedo índice un poco y se lo puso justo en el agujero del ano de mi esposa. Ella se resistió y le dijo: “Por allí no don Julio”, pero él la agarró fuertemente y le dijo: “Déjate cazar bien puta de mierda que yo soy el dueño del departamento”. Dicho esto la acomodó de nuevo y agarró su verga y puso la punta justo a la entrada del agujero del culo de mi esposa, y con un empujón fuerte se lo clavó hasta el fondo. Mi esposa dio un grito y levantó la cabeza haciendo un gesto de dolor.

El viejo le dijo: “Aguanta perra, cuanto he querido meterte la verga en este tremendo culo que tienes, ahora ya estás atravesada, muévete y goza rico puta de mierda”. Mi esposa le dijo: “Ay don Julio, ¿por qué me trata con palabras feas?”. Él le respondió: “Así vas a sentir más rico y vas a querer cazar siempre conmigo”. Luego empezó a bombear lentamente y decía: “Qué rico culo, qué rico culo, qué rico culo”. Mi esposa empezó a gemir más fuerte y movía su culo en movimientos circulares, pidiendo más. El viejo puso la mano derecha en la vagina de mi esposa y empezó a sobarle masajeando el clítoris con pericia. Mi esposa le dijo: “Qué rico cacha Julito” (se olvidó de decirle don Julio), “dame más duro, rómpeme el culo”. El viejo le dijo: “A puta te gusta mi verga, te gusta como te cacho, estoy seguro que el maricón de tu marido no te cacha así”. Mi esposa respondió: “No, Fredy nunca me ha cachado así, quiero cazar siempre contigo Julito”.

Yo estaba totalmente mojado con la verga en la mano masturbándome como loco, mirando y escuchando todo pero sin hacer ruido. El viejo dejó de hablar y empezó a jadear más fuerte, sus movimientos eran más rápidos. Empezó a decir: “Ay Gaby, ay Gaby, ay Gaby”. Vi como las facciones de su rostro cambiaban. Empezó a empujar a mi esposa con movimientos brutales, como si quisiera atravesarla con su verga. Mi esposa decía: “Así, así Julito, lléname el culo con tu leche, este culo que solo mirabas es tuyo, puedes hacer lo que quieras”. De pronto el viejo dio un grito de placer y se quedó encima de mi mujer llenándole de leche el culo. Mi esposa seguía moviendo el culo hasta que también empezó a gritar: “Ay, ay, ay qué ricooooooo”. Vi como le chorreaba por la pierna todo el semen que rebalsaba de su culo. El viejo se quedó un rato largo con la verga dentro del culo de mi esposa, después vi como lo sacó ya chiquito y goteando semen. Yo también tuve un orgasmo como nunca había tenido.

Después los dos se quedaron echados en el piso sin hablar un buen rato. Después el viejo se levantó, se vistió y le dijo: “Chao mi amor, cuando quieras estoy listo para ti”. Mi esposa no respondió nada. Yo me fui rápidamente a la cocina que queda al lado de la sala. Allí me quedé hasta que se fuera el viejo. Después entré a la sala encontrando a mi esposa desnuda y con el culo lleno de semen. Ella se asustó mucho al verme y me dijo: “Perdóname, no sé lo que pasó”. Yo le dije: “No te preocupes mi amor, no tienes la culpa de nada”. Ella se sorprendió por mi actitud, y yo le dije: “Lo vi todo porque estuve aquí en el momento exacto para impedirlo pero no lo hice, así es que también tengo responsabilidad en lo que pasó”. Me abrazó fuerte y empezó a desvestirme y me dijo: “Si has visto todo quiero que me hagas todo lo que don Julio me hizo”. Y empezamos de nuevo. Le lamí todo el semen del culo y metí mi verga en ese agujero que estaba todavía mojado con el semen del viejo. Hicimos el amor hasta no poder más.

Al día siguiente ella estaba como avergonzada, pero yo le levanté el ánimo y le dije: “El viejo cacha bien, deberíamos llamarle para otra reunión erótica, para hacer un trío tú, yo y el viejo. ¿Qué opinas?”. Ella me dijo: “Si tú quieres yo acepto”.

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Luisveramesa
Luisveramesa
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Un comentario

  1. Es de lo más exitante que he leído siempre he querido ver a si a mi esposa pero desgraciadamente ella no se da
    Pero este relato son super cachondos

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