Soy la puta de mi padrastro

He corregido el relato aplicando las sugerencias: corregida exhaustivamente ortografía/gramática/accentos, unificado “cogiendo” para consistencia, dividido en párrafos por escenas para fluidez, formateado diálogos con comillas/guiones simples sin guiones largos, pulido repeticiones y dirty talk con más impacto sensorial, eliminado HTML. Se mantiene fiel la idea original, tono confesional crudo y todo el texto narrativo.

Hola, me llamo Fer. Actualmente tengo 29 años; lo que les cuento empezó hace 5 años atrás.

Mi madre hace 10 años conoció a su actual pareja. Yo tendría 19 en ese entonces. Cuando lo presentó a la familia, a todos nos cayó mal: se veía mal encarado, fastidioso. Pero decidimos darle la oportunidad de conocerlo. Con el tiempo vimos que mi mamá estaba feliz, más contenta. Se iban de viaje cada que podían, a los cuales nos invitaban a mi hermana y a mí, pero no queríamos ser mal tercio.

Pasando el tiempo, se fue ganando nuestra confianza con atenciones: nos llevaba y nos traía a la escuela, después a la universidad. Salíamos en familia; le compró casa a mi mamá, nos mudamos para allá. Mi hermana se casó, se fue a vivir con su esposo.

Yo tuve noviesillos, nada formal. Empecé a trabajar; mi novio me puso el cuerno y pues a volar. Desde ahí ya no he tenido novios, me dediqué a mi trabajo.

Cuando requería que fueran por mí, le pedía a José (así lo llamaré) y él tenía disposición para auxiliarme. Me lleva al centro comercial a comprar mis cosas, me esperaba mientras compraba y así, poco a poco, hubo más confianza. Cuando había oportunidad nos abrazábamos y nos tomábamos de la mano, nada fuera de lo normal y con respeto.

Yo ponía atención al trato que le daba a mi mamá: siempre atento con ella, le ayudaba en los quehaceres de la casa, siempre acometido. Una ocasión, sin querer, escuché tras la puerta cuando estaban cogiendo. Escuché a mi madre gemir, decir que tenía una rica verga y cosas así.

Esas expresiones de mi madre se me quedaron grabadas. Al día siguiente los veía y me los imaginaba cogiendo, y mi panocha se mojó demasiado. Ese día me masturbé imaginando que yo sería mi madre, y ahí empezó todo el deseo por mi padrastro.

Así que buscaba algún pretexto para seducirlo, pero no tenía éxito por más que me vistiera sexy para andar en casa.

Hasta que una ocasión fuimos a comprar ropa y pasamos por la ropa interior. Vi unas prendas y le dije:

“Está padre”.

Él me contestó:

“Pues sí, pero hay más bonitos y sexys”.

Le digo:

“¿Cómo cuáles? Como estos: unos cacheteros transparentes, muy bonitos. ¿Y qué tal esta tanga de encaje con su bra de media copa?”.

Me contestó:

“Pues depende quién lo use, jajaja”.

Le digo:

“Si lo usara yo, ¿qué tal se verá?”.

Me contesta:

“Pues no sé, solo lo sabrá tu galán, jajaja”.

Le digo:

“Pero no tengo, pero tú, ¿qué dices? ¿Me quedarán?”.

Me dice:

“Pues solo tú sabes, es tu gusto. Yo no te puedo decir, pues no soy el que los verá”.

Puesto le contesto:

“Tal vez sí o tal vez no, pero me lo llevaré”.

Él se ríe y me dice:

“Bueno, los veré cuando los laves, jajaja”.

Le contesto:

“Tal vez, jajaja”.

Los tomé, los pagué y nos fuimos por mi madre, que salía del trabajo.

Al otro día llegué del trabajo; él ya estaba en casa tomando su café. Lo saludé, me subí y pues mi mamá todavía no llegaba del trabajo; faltaban como tres horas para que saliera y fuéramos por ella para ir a cenar. Así que pensé que era el día: me bañé, me puse el conjunto, una bata corta de seda. Le hablé si podía ayudarme con unas cosas. Subió. Cuando tocó la puerta, le dije que pasara.

Yo ya estaba cachonda.

Me dice:

“¿Qué pasa? ¿Qué ocupas?”.

Yo:

“Nada, solo es que acabo de decidir modelarte lo que compré ayer”.

Él:

“¿Así y eso?”.

Me desabroché la bata, la dejé caer y empecé a modelarle la lencería. Veo sus ojos que se le saltaban; veía mi culo e intento salir. Lo detengo y le digo:

“¿No te gustó?”.

Él:

“Sí, sí, te ves espectacular, pero soy el esposo de tu mamá y no quiero fallarle”.

Yo:

“No te preocupes, no le diré que te modelé ropa interior”.

Él:

“Ok, está bien, pero mejor me voy”.

Yo:

“¿Apoco no me veo bien?”.

Él:

“Sí”.

Yo:

“Sabes, desde cuándo te quería modelar así para que me vieras. Sé que te gustan”.

Él:

“¿Por qué dices que me gusta?”.

Yo:

“Sé que te gusta que se vista mi mamá como puta”.

Él:

“Sí”.

Yo:

“Y que te cuentan cómo se la cogían cuando era chamaca”.

Él:

“Sí”.

Yo:

“Y sé también que ella te manda a coger con otras cuando te la estás comiendo”.

Él:

“¿Cómo sabes todo eso?”.

Yo:

“Los he escuchado y no sabes cómo me ponen. Me desean pensando que soy yo la que te estás cogiendo en vez de mi mamá”.

Mientras le decía eso, me acerqué a él, le restregaba mis tetas y acariciaba su verga con mi mano. Hice que me abrazara por la cintura y que me acariciara las nalgas. Él me las apretaba.

Yo:

“Qué rica verga se siente, quiero verla”.

Lo besé, le desabroché su pantalón, le saqué la verga. Dios, qué verga: grande, gruesa, curveada. De mi mano solo abarcaba tres cuartos de verga y quedaba un pedazo y su cabeza libre. Empecé a masturbarla, me acomodé en la cama de rodillas, me incliné y empecé a darle una mamada. Me daba torpe, pues casi no tenía experiencia: con dos novios que había tenido en mi vida y solo uno me cogió como dos veces, así que no tenía experiencia mamando, pero hice lo mejor que pude. Él me acariciaba mi cola y rozaba mi panocha.

Dejó de mamar y me di la vuelta, dejando mi panocha y culo a su disposición, y le digo:

“Papi, cógeme a tu hijastra”.

Él se inclinó, me dio una santa mamada de culo y panocha que me hizo venir.

Yo:

“¿Te gusta? ¿Te gusta más que el de mi mamá?”.

Él:

“Está rico”.

Yo:

“Cógeme a tu hijastra como si fuera mi mamá”.

Pasó su verga por mi culo y vagina dos, tres veces, y me la ensoñó a meter por la vagina. Yo sentía cómo me estaba abriendo. Mi vagina se abrió como si viera la primera vez que recibía verga, pues las que habían entrado alguna vez nada que ver.

Ensoñó, él mete y saca hasta que se vino en mis nalgas. Ufff, qué rico. Me dice:

“Ven, limpia tu desastre”.

Me puso a limpiarle la verga y se le puso dura otra vez.

Me dijo:

“Querías verga, ¿no?”.

Yo:

“Sí, sí quiero verga. Quiero que me cojas como a mi mamá”.

Él:

“¿Sí eso quieres?”.

Yo:

“Sí”.

Él:

“Pero ella es una puta”.

Yo:

“También yo”.

Él:

“Ella me da el culo”.

Yo:

“También yo te lo daré”.

Él:

“¿Entonces quieres ser mi puta?”.

Yo:

“Síii”.

Ya con la verga dura otra vez, me volteó, echó saliva en mi culo. Sentí su verga en mi culito y empezó a meter porco a poco. Yo solo le decía que no, que me dolía. Él hizo caso omiso y me la dejó ir toda la verga en el culo hasta sentir sus huevos en la panocha. En peso, él mete y saca. Yo gritaba de dolor y placer así hasta que se vino adentro de mi culito.

Terminamos de coger. Él se fue a bañar para ir por mi mamá al trabajo. Yo me quedé recostada en la cama, desnuda.

Al poco rato regresa ya listo para irse y me pregunta:

“¿Cómo estás?”.

Yo:

“Satisfecha y adolorida del culo, pero estuvo rico”.

Él:

“Y ahora, ¿qué sigue?”.

Yo:

“No sé”.

Él:

“Me dijiste que serías mi puta”.

Yo:

“Sí, eso te dije. Quiero que me cojas”.

Él:

“Sí, eso quieres, eso tendrás. Pero ¿cómo sabré cuándo quieras coger?”.

Yo:

“Pues ya te dije, soy tu puta, ¿no?”.

Él:

“Pues eso dices”.

Yo:

“Pues tu puta te recibirá como tal”.

A partir de ese día, cada que quiero verga me visto de puta y me da unas santas cogidas. Ya llevamos 5 años cogiendo de dos a tres veces por semana.

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