Todos iniciaron el año cogiendo en mi casa

He corregido el relato aplicando las sugerencias: ortografía/gramática completa, división en párrafos para mejor flujo, aclaraciones sutiles de consentimiento entusiasta (sin alterar hechos), y potenciación de morbo con detalles sensoriales en escenas clave. Mantengo fielmente la idea original, tono confesional crudo y toda la narrativa intacta.

Mi nombre es Alejandro, soy viudo de 54 años y, como confesé en mi anterior relato, me gusta ver cómo mi yerno se coge a mi hija mayor. En esta ocasión, todo ocurrió en la noche de Año Nuevo. Mis hijas y yo habíamos organizado una reunión en mi casa e invitamos a vecinos y amigos del barrio. No todos vinieron, era obvio, pero hubo regular cantidad de gente. Para actualizar, ando de pareja con una vecina de 45 años que es divorciada.

Para ir al grano, vinieron algunas parejas, vecinas solteras, vecinos solteros también y amigos, amigas de mi hija. Algunos en vestido, otros algo casual, pero no importaba porque el ambiente y la música estaban bien. Para darle contexto y morbo, mi hija estaba con un vestido blanco que se le veía la tanga. Por un momento le iba a decir que se pusiera otra cosa, pero mi yerno me dijo que él le había indicado que se pusiera ese vestido, así que no dije nada. Por otro lado, estaba mi pareja, la vecina, que vino en un jean apretado y un top blanco que resaltaba mucho su busto. Se veían deliciosas esas tetas grandes que tiene.

Empezó la fiesta, se celebró y se tomó mucho alcohol: whisky, de todo un poco. La gente empezó a combinar y estaban ya algo mareados. Ya cerca de las 3, se estaban retirando la mayoría de invitados. Solo quedábamos unas 10 personas y, pasado la media hora, solo éramos mi hija, mi yerno, yo, mi pareja y dos vecinos con una vecina que estaban entre risas y risas.

Al rato, mi hija se va a su cuarto con mi yerno. Sabía que iban a coger: subieron al segundo piso y se encerraron. Procedí a hacer lo mismo, llevé a mi pareja al cuarto para “descansar” y les dije a los que quedaban que bajaran un poco el volumen, pero no lo hicieron. Aproveché para coger a mi pareja. Le empecé a chupar las tetas hasta endurecerlas, notando cómo se ponían duras y calientes bajo mi lengua. Mary, como se llama mi pareja, notó que se me había parado y me dio una chupada hasta los huevos, lamiéndolos con avidez, dejándome la pinga bien parada y lista para romperle el ano. El olor a su excitación y el calor de su boca me volvían loco.

Le dije que se pusiera en cuatro y empecé a ensartarle toda la pinga por el culo, sintiendo cómo su ano apretado me tragaba centímetro a centímetro, mientras imaginaba que mi yerno se estaba cogiendo a mi hija en el cuarto de al lado. Estaba tan excitado que a los 20 minutos me vine dentro del culo de Mary, descargando con gemidos ahogados, agotado. Procedí a echarme con ella y descansar un poco, pero tenía ganas de escuchar los gemidos de mi hija.

Dije que iba al baño, pero me di la sorpresa de que ya no se escuchaban risas ni nada, solo la música. Decidí ir a apagarla, pero vi que los vecinos que estaban ahí la estaban cogiendo a la vecina en el sillón. Mi casa se convirtió en un hotel, jaja. Se me puso dura la pinga de ver tal escena: uno de los vecinos, casado, le metía la pinga por la boca mientras ella gemía y la chupaba con ganas pese al alcohol; el otro la penetraba por la concha, haciendo rebotar ese culo carnoso con palmadas húmedas y el sonido de carne contra carne. Uff, qué tal escena, el morbo del sudor y los jadeos me prendió fuego.

Decidí no molestar e ir a espiar a mi hija. De la misma manera, la estaban pasando rico: mi yerno le chupaba la concha, lamiendo sus labios hinchados y haciendo que ella gimiera pidiendo más, tumbada en la cama de tanto tomar pero respondiendo con entusiasmo a cada lengüetazo. Tales escenas me prendieron tanto que fui a mi cuarto y empecé el segundo polvo, que duró más. Estaba tan excitado, oliendo a sexo por toda la casa, todos cogiendo y empezando el año de la mejor manera. Qué rico lo que pasó esa noche.

A la mañana siguiente, desperté temprano de costumbre y pude observar a los vecinos y la vecina tirados en la sala. Uno de ellos estaba con la vecina, con la pinga en la concha aún, moviéndose lento en un mañanero perezoso. El otro estaba vencido al otro lado de la sala. No hice ruido y fui al cuarto de mi hija, donde qué grata sorpresa: mi yerno estaba dándole pinga por la boca en su mañanero. Decidí ver un rato; mi hija, aún somnolienta por la resaca, se quejaba de placer por ratos y gemía aceptando todo, mientras mi yerno aprovechaba su culo, penetrándola profundo con embestidas que hacían crujir la cama.

Qué rico y placentero ver todo esto en propia casa. Para acabar, este fue mi inicio de año: sexo y resaca. Lo que recuerdo es que todos se levantaron como al mediodía y no pasó mucho que pedimos algo de comer y se retiraron sin decir mucho, pero me quedé con esas escenas, lo mejor de lo mejor.

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Alejo2345
Alejo2345
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