Las Tangas Prohibidas de mi Prima Carmen
Era la noche del 31 de diciembre, y la fiesta familiar bullía con risas, copas chocando y música alta. Diego, un hombre de treinta años con ojos hambrientos y una polla que ya palpitaba bajo los pantalones, no podía apartar la vista de su prima Carmen. Ella, de veintiocho años, con curvas hipnóticas, tetas grandes y firmes que se marcaban bajo el vestido ajustado, y un culo redondo que lo volvía loco desde la infancia, se inclinó adrede sobre el sofá desordenado para recoger su bolso. Ahí, ella a propósito dejó notar su tanga naranja de encaje diminuto: aún húmeda de su coño depilado y jugoso, y la otra con un leve rastro de su ano apretado después de una larga noche bailando en su bolso, minutos después. “Para ti, primito”, le había susurrado Carmen al oído antes de irse a su cuarto, guiñándole un ojo con picardía consentida, sabiendo que lo enloquecería.
Él sabía lo que significaba el susurro, así que se fue a la habitación contigua, el cuarto de su prima, con la puerta entreabierta para espiar. Diego, con una sorpresa e incredulidad, tomó las tangas entre sus dedos temblorosos. El aroma a puta de su prima lo golpeó como un imán: salado, dulce, puro coño y culo familiar que lo hacía babear. “¡Qué pendeja, Carmen, tu tanguita huele a puta en calor!”, murmuró, desabrochándose los pantalones. Su polla gruesa y venosa saltó libre, ya goteando precum de la punta hinchada. Acarició la primera tanga contra su eje palpitante, frotándola arriba y abajo mientras inhalaba profundo el olor de su coño. Imaginó metiéndosela hasta el fondo, follándola como un animal, su ano virgen apretándolo mientras gemía “¡Sí, primito, rómpeme!”.
La segunda tanga, con ese toque anal ufff, la lamió con avidez, chupando el sabor de su culo mientras su mano volaba furiosa sobre la verga.
Desde afuera, Carmen observaba todo por la rendija de la puerta, su coño chorreando de excitación al ver a su primo masturbarse con sus tangas sucias. Se tocaba el clítoris hinchado, mordiéndose el labio para no gemir. Diego aceleró, gruñendo: “¡Carmen, tu culo es mío, voy a correrme en tu tanga!”. El clímax explotó como un volcán: chorros calientes y espesos de semen mancharon las telas, empapándolas de su leche familiar mientras jadeaba exhausto.

Ella entró entonces, desnuda, tetas rebotando y coño reluciente. “Ahora, primito, úsalas en mí de verdad. Fóllame el culo como soñaste”, dijo, abriéndose de piernas lista para su verga consentida.
Diego se quedó pasmado, pero su verga se puso dura de nuevo al ver a su prima mamacita así de caliente, con el coño chorreando jugos y el ano guiñando como invitación. “¡Primita, Carmen, estás loca! ¿De verdad quieres que te meta esta pinga dura hasta el fondo?”, balbuceó él, mientras ella le arrebataba las tangas empapadas de lechita y se las restregaba por las tetas grandes, gimiendo: “¡Sí, primito, métemela ya! Mirá cómo te vi pajearte con mis tanguitas sucias, me pusiste el culo ardiendo de ganas”. Carmen se volteó de rodillas en la cama, abriendo las nalgas con las manos para mostrarle su ano rosadito y apretado, lubricado con sus propios jugos. “¡Dale, Diego, rómpeme el culo como soñaste toda la vida, dame duro!”.
Sin pensarlo dos veces, Diego escupió en su verga aún brillante de semen y la apoyó en el ano de su prima, empujando despacito al principio para que se abriera. “¡Uff, qué rico tu culito virgen, Carmen, se siente como terciopelo apretándome la pinga!”, gruñó mientras metía centímetro a centímetro, sintiendo cómo ella se retorcía de placer. Ella chillaba chévere: “¡Más adentro, primito pendejo, dame coñazo en el culo! ¡Follame como el tabú que somos!”. Él la embistió con fuerza, las bolas golpeando su coño mojado, mientras le metía una tanga en la boca para que chupara su propio sabor mezclado con la lechita de él. El cuarto se llenó de palmadas en el culo y gemidos familiares prohibidos.
Carmen se corrió primero, temblando entera con el ano contrayéndose alrededor de la verga de Diego, gritando: “¡Me vengo, primito, tu pinga me parte el culo en dos!”. Eso lo volvió loco, y él aceleró como bestia, follándola anal sin piedad hasta que sintió las bolas apretadas. “¡Toma mi leche en tu culito, Carmen, eres mía pa’ siempre!”, rugió, descargando chorros calientes y espesos adentro de su ano, llenándolo hasta que rebosaba por las nalgas.
Se derrumbaron jadeando, con las tangas pegadas a sus cuerpos sudorosos, riendo entre besos consentidos. “Esto fue lo más rico de la fiesta, primito… repetimos cuando quieras”, susurró ella, mientras la música de la fiesta seguía sonando afuera.
Aquí les dejo las fotos de las tangas de mi prima
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Que hermosa debe ser tu prima, esa tangas están como para olerlas y correrse.