Yo, mi madre, mi abuela y nieto
Noche de Pasiones en el Hotel
Lucía viajaba con su familia en auto hacia las fiestas patronales del pueblo natal de sus padres. Para ser precavidos, decidieron parar en un hotel de paso. Lucía lucía un cuerpo divino: senos prominentes talla 36-D, piernas torneadas y un culazo que robaba el aliento. Su madre, aún muy bien conservada, presumía senos grandes y un culote aún más impresionante que el de su hija.
En la recepción del hotel:
—Ay mamá, ¿y si nos quedamos tú y yo, mientras los chicos duermen juntos? —propuso Lucía.
—No creo, hija. El lugar no parece tan seguro. ¿Qué haríamos solas si nos atacan? —respondió su madre.
—Entonces, ¿qué hacemos? No pagaremos una habitación por cada uno.
—Poncho, ¿tendrías inconveniente en dormir conmigo esta noche? —preguntó la abuela a su sobrino adulto, un hombre de veintitantos años.
—No, ninguno —contestó Poncho, sobrino de Lucía, con una sonrisa pícara.
—Ahí está, hija. Ponchito duerme conmigo y tú con tu compañero de viaje, ese amigo tuyo tan guapo.
Mientras tanto, en la habitación 12-D, Lucía se recostó en la cama junto a su amigo Paco, ambos adultos en una escapada secreta.
—Amor, quería preguntarte algo sin que te molestes —dijo Lucía, ajustando su bata de encaje que dejaba entrever sus curvas.
—Por supuesto, preciosa. Dime —respondió Paco, recostado a su lado.
—Noté tu mirada en la recepción, fija en mi mamá. ¿Hay algo que deba saber?
—Está en lo que ambos visualizamos con mujeres como ella —confesó Paco.
—Dame un ejemplo.
—Pues ahorita mismo… tú…
—¿Yo qué? —preguntó intrigada Lucía.
—Tus senos prominentes se desbordan por esa bata. Se ven espectaculares.
Lucía bajó la vista y sonrió, dejando que la bata se deslizara un poco más, revelando el inicio de sus pezones.
—Ufff, nena… ¿Sería mucho pedir tocarlos? Nunca he sentido unas tetas como las tuyas.
—Ven, amor. Tócalas. Quiero que sientas lo suaves que son —susurró ella con voz ronca, guiando sus manos.
Paco las amasó con devoción.
—¿Quién es mi puta? —preguntó él, excitado.
CHOP! CHOP! CHOP!
—¡Yo soy tu puta! —gimió ella.
—¿Quién es mi perra?
—¡Yo soy tu perra!
CHOP! CHOP! CHOP!
—¿Quién quiere mi semen?
—¡Yo quiero tu semen!
Lucía aceleró el ritmo de la rusa con sus tetotas, masturbándolo hasta que Paco explotó, cubriendo sus senos de leche caliente.
—Lléname, mi rey. Quiero sentir tu esperma en mis tetotas que tanto amas —jadeó ella.
En la habitación 13-D:
PLAFF! PLAFF! PLAFF! —La abuela cabalgaba a Poncho con sentones feroces, su culazo rebotando como gelatina.
—¡Abuela, qué nalgotas te cargas! —gruñó Poncho.
—¿Te gusta cómo te lo hago, hijo? —preguntó ella, acelerando.
—¡Me encanta! Todavía aprietas mucho…
PLAFF! PLAFF! PLAFF! Poncho se aferró a sus caderas.
—¡Dios, abuela, te lo quiero echar adentro!
—Lléneme, mi amor. Conmigo puedes correrte dentro sin problema —suplicó ella.
PLAFF! PLAFF! PLAFF! Poncho inundó sus entrañas hasta el útero, mientras ambos gritaban de placer.
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