Visitas de finde – Fruta prohibida I, II
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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos anteriores, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.
Les cuento que mientras espero la aprobación de Helena para los próximas dos entregas de la “Empresaria suelta en…”, voy a comentarles algo que me sucedió este mismo fin de semana.
El miércoles recibí un mensaje de WhatsApp donde un amigo de la infancia me avisaba que vendría a mi ciudad por un par de reuniones con ex compañeros de escuela. Pero no vendría solo, lo haría con una amiga y su hija adolescente ya que ambas están dedicadas a la organización de un evento en su ciudad y necesitaban ver algunos materiales para la ocasión.
Alguna vez le había ofrecido a él hospedaje en casa, ya que hay un par de habitaciones que quedaron vacías luego de que mis hijos formaran pareja, y tan solo eran ocupadas cuando alguno de mis nietos venía de visita.
Llegarían el día viernes durante la mañana, dejarían sus pertenencias en casa, se acomodarían y luego cada uno partiría a hacer sus diligencias, juntándonos en casa a la hora del almuerzo. Exactamente así sucedió, Joaco, Lula y Lila se hicieron presentes a las 9:30 aproximadamente.
Joaco tiene 56 años, viudo, comerciante y se radicó en La Pampa hace ya unos 20 años, seguimos manteniendo contacto por mail y cruzamos mensajes por WhatsApp regularmente. Me presentó a Lula, morocha, cabello bien oscuro y corto tipo melena, ojos negros, figura “rellenita” pero con muy buenas formas (se nota que dedica horas al gimnasio), divorciada y al llegar vestía las típicas ropas cómodas para un viaje en auto: leggins color azules con dibujos en celeste, una remera algo escotada y una campera deportiva.
Lila es la típica jovencita: enfundada en jeans ajustados en la cintura pero amplios de la rodilla hacia abajo, calzado deportivo, campera de moda (aunque de poco abrigo) cerrada hasta el cuello, cabello más claro que el de su madre, ojos igualmente negros y necesitada de una buena dosis de alimentación (muy delgada), aunque con pechos casi tan notorios como los de su madre. Los dedos amurados el celular y auriculares que no se quita ni de casualidad.
Apenas llegaron, les mostré las dos habitaciones para que se ubicaran a gusto, preparé un mate y le ofrecí a la joven un café, que rechazó con un gesto de mano. Mientras conversábamos un poco con Joaco y Lula, Lila estaba muy preocupada por la contraseña del wifi, para no perder contacto con sus amigas.
Sobre las 11 de la mañana, se fueron las dos mujeres de compras a un shopping, avisando que volverían para las 13:30.
Joaco: ¿cómo andas loco? ¿Todo bien? ¿No te jode que haya traído a las chicas?
Alejo: todo en orden por ahora, no hay problema con las mujeres. ¿Lula es tu novia?
Joaco: algo así, somos bastante liberales: ella en su casa, yo en la mía y nos juntamos los fines de semana y alguna que otra noche en la semana. Nada serio por ahora.
Alejo: me imagino que no querías traer a la piba, pero se te enganchó, ¿no?
Joaco: y no, quería una escapada a solas. Si hasta van a dormir juntas…
Alejo: te pudrió la escapada romántica, ja ja ja.
Joaco: qué vas a hacer…
Juntos, preparamos el almuerzo, y nos fuimos poniendo al día de nuestras vidas. Él tenía una juntada el viernes en un bar con un grupo de amigos de la primaria y el sábado había una reunión en casa de uno de ellos, con cena, joda y sin parejas. El domingo si se juntarían con sus familias y el lunes completarían sus trámites y se volvería a su ciudad.
Joaco: ¿te molesta si te pido que las saques el sábado a conocer un poco?
Alejo: ni un problema
El clima no ayudaba mucho, demasiado frío pero al menos la lluvia estaba dando un respiro después de 4 días seguidos de precipitaciones.
Las mujeres volvieron con varias bolsas con ropas y calzado, pidieron un tiempo para ducharse y probar lo comprado pues si los talles no correspondían, solo tenían el resto del viernes y el sábado en la mañana para los cambios.
El caso es que a las 14 horas estábamos almorzando. La joven ahora lucía leggins igual que su madre y un buzo a tono algo ajustado para el tamaño de sus pechos que se notaban demasiado. Lula, había cambiado los suyos por unos nuevos que tienen ciertas costuras que simulan las marcas de tangas y se calzan notoriamente entre las cachas del culo y ni hablar de lo que marcan la raja delantera. Con ese panorama, era difícil concentrarse en las charlas y la comida, en realidad, daba ganas de comérsela a ella y empacharse mamando las ubres de la nenita.
Joaco comentó lo que habíamos arreglado para el sábado y se dispuso para su primera juntada en el bar. A las 19 horas, se fue, dejándome con las dos mujeres y prometiendo volver “en condiciones” sobre la media noche.
La adolecente se fue a la habitación con su celular y nos dejó a solas a su madre y a mí.
Mientras tomábamos un café para combatir el frío, me contó un poco de la relación con Joaco, sus dificultades para desprenderse de Lila y aprovechó a preguntarme cosas de él, cómo era de joven, si había conocido a la esposa, entre otras cosas.
Lula: no estoy muy convencida de formalizar con él, está muy cómodo en su soltería y yo quiero un poco más de relación
Alejo: ¿se lo dijiste? ¿Lo hablaste con él?
Lula: cuesta mucho, nos vemos poco y aprovechamos el tiempo a full, cuando Lila no interrumpe. A ella no le cae nada bien y hemos tenido roces
Alejo: ¿cuánto llevan juntos?
Lula: apenas 4 meses, muy poco
Alejo: vas a tener que tomarte tiempo y dejar que esto madure un poco
Lula: no somos chicos, y no quiere saber nada de convivir, eso me extraña
Alejo: ¿por?
Lula: creo que tiene algo más por ahí. Se sabe que es muy mujeriego
Alejo: no te dejes llenar la cabeza
Algo más seria, Lula contó que él hace giras de una semana a diez días por ventas y lo ha acompañado algunas veces y notó como ciertas clientas la miran con recelo cuando ella está con él, Alguna hasta deslizó su desagrado por que no viajaba solo. Eso en cierta manera confirmaba sus sospechas.
Estábamos en plena charla cuando a las 23:30 llegó Joaco, bastante “alegre” por el alcohol. Se unió a nosotros y comentó de un cambio en la juntada del sábado: no sería en casa de uno de los organizadores sino en una casaquinta alquilada donde además se alojarían otros viajeros, además de iniciarse a media tarde. Eso molestó a Lula, ya que la idea del viaje era compartir tiempos juntos y él la dejaría sola (conmigo en mi casa); al notar cierta tirantez en el trato entre ambos, me despedí y me dirigí a mi habitación, dejándolos solos en el comedor.
Pude escuchar varios reproches de ella por ese tema, a los que Joaco respondía que se calmara ya que aprovechando el momento, la llevaría a la cama y cumpliría con ella. Eso enojó aún más a Lula, que mencionó que no había viajado solo para acostarse con él, se puso de pie y se fue a la habitación junto a su hija. Joaco trató de convencerla pero fue inútil: “Ma sí, ándate a dormir loca…” dijo antes de ingresar al baño y después de unos minutos, también se acostó.
Desperté temprano, preparé un ligero desayuno y esperé a que mis visitas fueran apareciendo. Curiosamente, la primera fue Lila, con una remera larga que oficiaba de camisón a través del que podía notar sus pechos sin sostén.
Lila: buenos días, veo que ya preparaste el desayuno
Alejo: buenos días Lila, si. ¿Te sirvo un café?
Lila: gracias, con leche por favor.
Se sentó y después del primer sorbo, levantó la cabeza e inició un monólogo sobre lo sucedido la noche anterior. “Volvieron a discutir ¿cierto? Lo hacen bastante seguido y me doy cuenta porque mi vieja se pone bastante mal y cabreada. Generalmente yo ligo las consecuencias, por eso trato de estar en casa cuando él viene: si estoy yo, discuten menos. La verdad, tu amigo no me cae nada bien y en algún momento se ha hecho el vivo conmigo, con dichos desubicados y hasta algún roce, pero de eso mi vieja no lo sabe o ya lo habría despachado pero está como pendeja alzada con él” dijo antes de beber un nuevo sorbo del café. “Sé que en los viajes que hacen por el trabajo de él, la lleva solo a algunos negocios, y en otros no quiere que lo acompañe porque se come a las dueñas o empleadas, no hace falta ser muy despierta para darse cuenta. Si tengo algo de suerte, en éste viaje mi vieja se va a convencer y a la vuelta, se acabará la relación” finalizó su exposición.
Le conté que me parecía un poco extraña su postura pero al no estar en el día a día, no podía emitir opinión. Le consulté por qué no había dicho a su madre lo de los roces y lo demás, ya que eso no era correcto.
“Si le digo a mi vieja que su amante me toca el culo y me dice que me comería las tetas, ¿pensás que me creería?, más que nada sabiendo que me cae mal y no estoy de acuerdo con la relación, seguramente diría que exagero para que corten. Lo único que pido es que no piensen en vivir juntos, ahí sería más jodido para mi” concluyó cuando sentimos el ruido de la puerta de una de las habitaciones abrirse. Segundos después, Lula aparecía en el comedor.
Lula: buenos días gente, ¿Cómo están? Nena, te hubieras puesto algo encima, no estás en casa
Lila: buen día ma, te acostaste arriba de la bata.
Lula: huy, perdón, andá a la pieza y ponetela, por fa.
La joven se puso de pie, me guiño un ojo y fue a la habitación a buscar la prenda. Mientras eso sucedía, Lula se sentaba a la mesa y recibía de mi mano el primer mate.
Lula: disculpala, como vivimos solas hace que pierda un poco la referencia y se olvide de andar algo más cubierta
Alejo: todo bien, además estuvimos charlando y parece muy ubicada para su edad. ¿Pudiste descansar?
Lula: costó un poco dormirme, pero logré descansar bastante. En cuanto a Lila, si le das un poco de confianza, se va a desatar y te va a invadir.
Me sonreí y continué con la ronda de mates. Lula me pidió si podía alcanzarlas al shopping para los cambios de las prendas, ya que seguramente Joaco despertaría muy tarde producto del alcohol y al tener que irse a la tarde a su juntada, andaría a las corridas. Acepté el pedido, de paso haría un par de compras necesarias, mientras ellas hacían lo suyo.
A las 10 de la mañana, con ambas mujeres duchadas y vestidas para el momento, le dejamos un mensaje en la mesa del comedor a Joaco y partimos rumbo al shopping. Una vez allí, coordinamos en encontrarnos en el café central de lugar y cada uno partió a sus tareas. Lo mío fue sencillo y rápido, dejé en el auto las bolsas con las compras y luego aproveché a pasear un poco por los distintos locales. En uno de ellos, pude observar a través de la vidriera a Lula cambiando lencería: unos conjuntos de color claro por otros más oscuros y con algunos detalles. No vi a Lila con ella, cosa que me sorprendió. “¿Podés creer que se pone esos conjuntitos la vieja?, no le cubren nada. Te diré que son más para mí que para ella” sonó la voz de la joven a mis espaldas. Giré y debo haber estado rojo como un tomate, porque ella se rio al verme.
Lila llevaba un par de bolsas de indumentaria deportiva en una de sus manos, pasó la otra bajo mi brazo y me llevó rumbo al café donde habíamos quedado en encontrarnos, nos sentamos en un sillón alejado y pedimos un jugo y un café para amenizar la espera.
“¿Te la imaginás a mi vieja entangada? Ya está algo grandecita para eso y además tiene un culo bastante grande, le va a quedar como hilo dental, perdido entre los cachetes” dijo con una sonrisa pícara.
“A veces uno compra determinadas prendas para momentos especiales” le respondí tratando de bajar un poco el nivel de la charla.
“Vamos… desde hace unos dos años viene cambiando todo el vestuario. Arrancó con vedetinas y sostenes deportivos y de a poco fue pasando a tangas chiquitas y algún que otro hilo. Ni te cuento las ropas de rodos los días, de vaqueros elastizados y clásicos, a otros más ajustados y ahora vive de leggins bien apretaditos, se le marca todo, más que a mí. Se está volviendo pendevieja” contó mientras bebía el jugo.
“Quizá tenga ganas de rehacer su vida y un primer paso es volverse más atrevida con la vestimenta, para atraer a los hombres. Es una mujer joven todavía” respondí.
“Puede ser, pero no necesita mostrar todo, se pasó de un extremo al otro. ¿Viste cómo se le marca todo? Entre la ropa y el gimnasio…” preguntó.
“Es innegable que tiene un buen cuerpo para su edad y busca la forma de exhibirlo” rematé justo cuando la vi acercándose a nosotros.
Se dejó caer en el sillón y con un suspiro confirmó que había logrado todos los cambios y pidió un café, se unió a la charla que seguía girando en torno a su cambio de físico, siempre remarcado por Lila. Estábamos a full en el tema cuando le sonó un mensaje en el celular: era Joaco avisando que a las 14 lo pasaban a buscar por casa para ir a su juntada y así evitaba llevar el auto. La cara de Lula se transformó, paso de la risa a la seriedad, le respondió con un par de monosílabos y guardó el teléfono. Lila se dio cuenta rápidamente y la sacó de sus pensamientos con el pedido de almorzar allí mismo y que le hiciéramos el aguante un rato más, había visto un par de películas en cartelera de los cines del lugar y pensaba pasar la tarde allí, viéndolas.
Lula accedió con resignación. “Alejo, ¿me acompañás a sacar las entradas? Así se donde tengo que ir por cada peli y después vamos a comer ¿sí?” dijo haciéndome un gesto para dejar un rato sola a Lula. Nos pusimos de pie y fuimos hacia las boleterías.
Tardamos más nosotros en salir que Lula en tomar el celular y ponerse a hablar, hacía gestos y se pasaba la mano por los cabellos, se la notaba enojada.
Lila: te lo dije, la relación muere acá. Tengo mis dudas si cuando vuelvan a casa no te pide que la ayudes a buscar un hotel y nos vamos de tu casa.
Alejo: no creo que sea para tanto…
Lila: te apostaría algo picante, para que veas lo segura que estoy
No la dejé terminar la expresión y enfilamos para las boleterías. Sacó las entradas y se aseguró el horario de finalización de la segunda para saber a qué hora tendríamos que venir por ella. “llevala a pasear un poco, que trate de distraerse, ¿sí?” me pidió cuando volvíamos a la mesa.
Lula tenía los ojos enrojecidos, quizá había dejado caer alguna lágrima durante la comunicación, pero estaba tratando de recomponerse.
Lila: bueno chicos, tienen hasta las 20 para pasear, a esa hora los espero afuera. La primer peli arranca a las 15:30 y la segunda a las 18, en el medio me dedico a pavear acá adentro.
Lula asintió con la cabeza y yo le respondí que estaría unos minutos antes para que no tomara frio. Almorzamos y luego nos despedimos.
Lula estaba sería y no emitía palabra.
Alejo: ¿estás bien? ¿Vamos a dar un paseo?
Lula: te pido que tardes un poco en llegar a casa, Joaco se va a la juntada y se queda allí, en la casaquinta hasta el domingo, está armando el bolso.
Después de esa confesión, me separé un poco de ella, tomé el celular y lo llamé a él: “¿Qué pasó amigo? Me dijo Lula que te vas”. “Si, nadie me va a poner trabas a esta altura de mi vida, si quieren ir a un hotel, guialas y gracias por la casa. Ya te voy a escribir o llamar en la semana” dijo y cortó la llamada.
Volví con Lula y nos fuimos caminando rumbo al auto en el estacionamiento.
Apenas subimos, se recostó en el asiento y comenzó a llorar: “Lo sabía, no puede mantener una relación, es un desgraciado” contó entre sollozos, la dejé descargarse y le ofrecí un pack de pañuelos descartables, que tomó para limpiarse.
Puse en marcha el auto y enfilé rumbo al centro. “No tengo ganas de nada, vamos a casa” me pidió. Cambié el rumbo y al llegar noté que ya no estaba el auto de Joaco, bajamos y entramos rápidamente. Se sentó en el sillón y con la cabeza entre sus manos siguió sollozando.
Es difícil saber qué hacer en ese momento, ya que no conoces a fondo la situación y mucho menos te sentís capaz de dar consejos, por lo que solo me senté a su lado y le hice compañía. Estuvo así casi media hora hasta que se recompuso.
Lula: te pido mil disculpas, no tenés por qué estar en medio de esto. ¿Me ayudas a buscar un hotel? No debemos molestarte.
Alejo: nada de eso, hoy se quedan en casa y mañana con la cabeza en frío vemos, ¿sí?
Lula: gracias, voy a acomodar las cosas y vuelvo.
Se levantó y salió con las bolsas de las compras rumbo a la habitación. Pasó un buen rato allí, demasiado diría, por lo que me acerqué a ver si necesitaba algo. Golpeé la puerta y tras recibir la aprobación, entré. Sobre la cama estaban desparramadas varias prendas, de todo tipo y tamaño, propias y de su hija. “Ya casi no entra más nada en mi bolso, no sé dónde meter el resto” dijo mientras doblaba tan apretada como le era posible cada cosa, pretendiendo que ingresaran donde ya no había más espacio. “Te paso un bolso que no uso y las ubicás ahí ¿te sirve?” le dije. “Obvio, ¿pero cómo te lo devuelvo?” respondió. “Ya habrá tiempo” finalicé.
Fui a mi cuarto y traje el bolso en cuestión. Lo abrí y le ayudé a guardar las cosas, prestando mucha atención en las prendas íntimas, costaba diferenciar cuales eran de ella y cuáles de su hija. Haciéndome el gracioso, tomé la más pequeña y la extendí a distancia, como si la enfrentara a su cuerpo: “Esta es de Lila, sin dudas” dije sonriendo. “No te creas, yo suelo usar de esas” devolvió la risa mientras la tomaba en sus manos para guardarla.
Alejo: no lo tomes a mal, pero ¿cómo te podes poner algo así? No es incómodo
Lula: al principio cuesta adaptarse, pero son comodísimas, de hecho tengo puesta una de esas en este momento.
Alejo: mmm mentime que me gusta…
Lula: ¿dudás? no me desafíes…
Alejo: jamás te desafiaría, pero…
Lula: ¿a sí? Ya vas a ver…
Se giró y llevando las manos a la cintura de los leggins hizo el gesto de iniciar la bajada del mismo. Apenas bajó unos 4 centímetros y me miró con sonrisa pícara. “¿Me lo bajo y verificas?” dijo soltando una carcajada “Mejor, voy a optar por creerte o esto se pudre todo…” respondí también en medio de una carcajada.
Haciéndose la misteriosa, bajó un par de centímetros más y pude apreciar el elástico de la tanga, de la misma marca que las que había visto antes sobre la cama. “Creo que ya lo demostré, ¿no?” finalizó la prueba.
Nos reíamos de las locuras que estábamos haciendo ambos y cómo se había olvidado al menos por unos minutos el mal momento que ella había pasado.
Lula: Gracias por la buena onda y por no dejarme caer.
Alejo: nada que agradecer
Se acercó y me abrazó como signo de gratitud, pero hubo algo extraño. El abrazo duró algo más de lo necesario y nos despegamos unos centímetros, nos miramos a los ojos y sin mediar palabras, nos fundimos en un beso, algo tímido al principio pero que fue subiendo la intensidad. Ella jugaba con mi cabello y yo recorría su espalda con mis manos. Cuando la lengua de ella invadió mi boca, mis manos traspasaron el borde de los leggins y se aferraron al culo, atrayéndola más hacia mí. Seguro notó como me había puesto de duro y bajó sus manos apretándome mucho más contra su cuerpo. Las tetas se prensaban contra mi pecho y los pezones parecían querer traspasar las prendas que los separaban de mi piel. Dimos un par de pasos, sin soltarnos y caímos en la cama, ella sobre mí. “no pienses, solo hacé lo que quieras, yo haré lo mismo” dijo mientras luchaba por sacarme la remera. Unos minutos después, ya no había nada entre sus pechos y el mío, solo los leggins y mi jogging separaba la piel de nuestras piernas. Se los bajé como pude y al fín tuve en mis manos la piel de su culo firme. Ella giró y me dejó sobre su cuerpo, con mucha habilidad usó sus pies para bajar mi jogging y ahora solo el bóxer y la tanga eran las barreras entre el sexo de ambos. No dejábamos de besarnos y acariciarnos como locos poseídos. Un movimiento más y mis dedos corrieron a un lado la tanga, haciendo contacto la yema de mis dedos con la raja húmeda, la recorrí y lanzó un gemido de placer. “Lula, que rica y caliente estás” le murmuré al oído, “Que dura la tenés, sacala y pasamela por la raja, quiero sentirla ya” respondió entre gemidos cortitos. Le hice caso, pero ella tenía otros planes, porque después de la segunda recorrida arqueo el cuerpo y me llevó a su interior.
Había experiencia en esa mujer, no solo la habilidad para llevarla adentro sino la amplitud de su cueva me lo hacía notar. Volvió a girarse sobre mí y montándome, comenzó a moverse, apoyó sus manos en mi pecho y me ofreció los pechos para mamar, al tiempo que con movimientos acompasados me hacía entrar y salir de su concha caliente y jugosa.
Aceleraba y frenaba, prolongando el momento, cuando notó que yo ya no resistiría mucho más, apuró los movimientos y me hizo acabar de manera intensa y prolongada. En mis últimos movimientos de eyaculación, apretó sus piernas y con tres o cuatro sacudidas, completó su orgasmo.
Se dejó caer en mi pecho y descansó, sin palabras, bajando la intensidad de su respiración.
Un rato después, mi erección bajó y ella acompañó el movimiento, para acostarse a mi lado.
Alejo: ¿te sentís bien? ¿Por qué lo hiciste?
Lula: estoy genial y lo hice por deseos y gratitud. No me arrepiento para nada
Alejo: no debimos llegar a tanto
Lula: yo quise y lo necesitaba, si no eras vos aquí, hubiera sido otro que conociera en un bar esta noche. Créeme que lo disfrute mucho.
Se aferró a mí y posando su cabeza en mi pecho descansó un buen rato. Luego se levantó, me mostró la tanga, casi hilo dental que estaba usando antes de tener sexo. “¿La querés? Te la dejo de regalo y así sabrás que no mentía” dijo mientras se la frotaba por entre las piernas para después tirármelas. Se fue a duchar, juraría que hasta tarareaba alguna canción mientras se bañaba. Volvió envuelta en un toallón, se acercó al bolso y tomó de uno de los envoltorios de las compras un conjunto color azul oscuro, dejó caer el toallón y se mostró totalmente desnuda mientras se colocaba las prendas: “¿Cómo me queda?” dijo mientras lo modelaba a los pies de la cama. “Te los sacaría con los dientes y te volvería a traer acá conmigo” le mencioné.
Lula: no por ahora Alejo, quizá esta noche, siempre que Lila se haya dormido, vas a tener que esperar.
Alejo: lo haré, quiero comerte despacio, cada centímetro de ese hermoso cuerpo
Lula: te tomo la palabra, me encanta el sexo oral. Ahora terminemos de acomodar y vamos por mi hija, si no queremos que sospeche nada.
Me levanté de la cama, la ayudé a guardar todo y pasamos las cosas a la otra habitación, para ventilar un poco esa. Luego una ducha rápida y al horario previsto llegamos a buscar a Lila.
La hallamos acompañada por un grupo de chicos y chicas, eran amigos del pueblo que habían venido a la ciudad con la idea de ir a bailar a un boliche de moda y se volverían al día siguiente, luego de desayunar en la terminal de micros. Lila pidió salir con ellos a bailar y después volverse acompañándolos, Lula aceptó a regañadientes pues debía dejarla sola y no era lo que más le convencía.
Volvimos a casa, en el recorrido Lila nos contó las películas y lo bien que lo había pasado al encontrarse con amigos. Lula le contó de la ruptura con Joaco y que volvería a casa en un servicio puerta a puerta, para poder llevar las cosas que habían comprado. Hubo una expresión de alegría por parte de la joven al enterarse de la ruptura y abrazó a su madre desde el asiento trasero: “Te lo dije, él no era para vos. Perdón Alejo, aunque sea tu amigo”.
Llegamos a la casa, preparamos un par de pizzas para cenar mientras Lila se preparaba para la noche. Se vistió con prendas nuevas y se maquilló de manera delicada.
Cenamos en un buen ambiente y pasadas las 23 la llevamos al punto de encuentro son sus amigos, al bajar miró a la madre y le despachó sin la menor delicadeza: “Ojo con lo que hacés, un clavo no saca a otro, dormí sola en tu cama” mientras reía y me guiñaba el ojo, “No te aproveches de mi mami Alejo” y cerró la puerta del auto.
Lula me miró y sonrió, estaba ruborizada.
Lula: no tiene filtros mi hija
Alejo: me doy cuenta
Antes de volver, pasamos por un bar temático de los ’80 y tomamos un par de cafés, no queríamos que algún control de tránsito nos amargara la noche con el alcohol. Charlamos casi hasta las 2 de la mañana y nos volvimos a la casa.
Allí sí compartimos un par de copas, brindamos por habernos conocido y cada quien se fue a su habitación. Habré pasado una hora viendo tv y me dispuse a ir al baño antes de dormir, pude observar que la habitación de Lula aún tenía resplandor de la luz de noche, me asomé y la vi revisando el celular. Se sobresaltó al verme: “Le estaba respondiendo a Lila, recién entraron al boliche, le dije que si se aburría, me avise y la esperaba sin molestarte” dijo mientras dejaba el teléfono en la mesa de noche.
“Tranquila, la va a pasar bien con sus amigos. Seguro mañana te llama antes de volverse, descansá” traté de calmarla y me retiré.
Al salir del baño, noté que la luz de su cuarto ya estaba apagada, entonces me fui a la mía. Al ingresar me encontré una sorpresa: Lula estaba en mi cama, acostada sobre el sector que había dejado tibio al levantarme, tapada hasta la cabeza y me miraba con una sonrisa pícara.
Lula: vengo a que cumplas con tu promesa, yo cumplí la mía, ahora te toca
Abrió la cama y me mostró que no había prenda alguna que la cubriera, estaba totalmente desnuda, allí esperándome. Me metí en la cama y ella me tapó extendiendo las frazadas. “Calentate un poco que estás muy frio y necesito calor humano.” dijo mientras me abrazaba. Me quité el bóxer y lo arrojé a un lado, igualando su condición y comencé a besarla y acariciarla.
En cuestión de minutos, éramos un nudo de brazos, piernas y lenguas. “Espero cumplas lo prometido” dijo antes de apagar la tv y dedicarse de lleno a excitarme y permitiendo que hiciera lo mismo.
La atraje a mí, la subí y comencé por comerle los pechos, chupándolos fuertemente y tironeando con mis dientes de sus pezones, mientras mis manos bajaban en busca de su entrepierna, abrían los labios de su raja y buscaban hallar el clítoris para estimularlo. La humedad no tardó en llegar y los gemidos en brotar de sus labios, cuando mis dedos resbalaban con facilidad en ella, quité las sábanas y frazadas, me arrodillé y comencé a recorrerla desde la boca hasta la vagina, pasando la lengua lentamente por cada rincón de su cuerpo. Ella abrió bien las piernas para facilitar mi tarea y se dispuso a gozar del tratamiento, ubiqué mis manos bajo sus caderas y traté de levantarla sin poder hacerlo bien, por lo que ella se separó un poco, se acodó a la cama y se puso en 4 patas, abriéndose bien las nalgas, para que pudiese recorrer con mi lengua desde el inicio de la raja hasta detenerme en el hoyito prieto de su culo.
Lula: mmm, que lindo se siente, me gusta, quiero más…
Alejo: lo que pidas…
Y repetí por un buen rato el trabajo en la zona, noté como llevaba una de sus manos al clítoris para estimularlo y la otra en una de sus tetas, apretándola y tirando del pezón mientras yo seguía comiéndola. Discretamente, ensalivé el culito y mientras le recorría la raja, empecé a presionar para meter uno de mis dedos dentro de ese agujero apretado.
“ay mi culo… despacio que es virgen, me encanta, pero duele, despacio” dijo mientras recibía la mamada y la penetración. Lentamente fue relajando el esfínter y el dedo empezó a resbalar con más facilidad.
Yo necesitaba penetrarla de alguna manera, mi calentura era mucha y quería tenerla. Hizo un movimiento y se clavó el dedo a fondo, gimió profundamente y se detuvo un momento, sin quitarlo de su interior. “Ahora, métemela, que ya estoy acabando, lléname de leche…” pidió y me dio el espacio justo para que la verga se perdiera en su interior. La concha latía en paralelo con el culo que me oprimía el dedo, sentí como desde la concha le brotaba líquido espeso que me empapó y me llevó a una descarga intensa de leche dentro de ella. Dos, tres bombazos más y ya no quedaba más leche en mí. Me aferré a su cintura y retuve lo más posible mi verga y mi dedo en su interior, prolongando por un buen tiempo el orgasmo. Rendidos, nos dejamos caer y así permanecimos hasta dormirnos.
Cerca de las 9 de la mañana, sonó su celular, era Lila avisando que ya estaba subiendo al micro de vuelta a casa. Lula, agradeció la llamada y se quedó más tranquila, se despidió y volvió a acomodarse en la cama para dormir un rato más. Pasado el mediodía, nos levantamos, acomodamos la habitación y fuimos a la cocina a desayunar, en eso estábamos cuando sonó una llave en la puerta del garaje. Segundos después Joaco apareció en el lugar. “Alejo, olvidé algunas cosas, ya me voy. Lula ¿qué haces acá?” dijo sorprendido. “Me ofreció quedarme y acepté, en dos horas me viene a buscar la combi” le respondió. “te dije que te buscaras un hotel” casi gritó Joaco.
Alejo: tranquilo, yo le dije que se quedara, le iban a cobrar más caro por la hora de ingreso y salida y aquí había lugar
Joaco: gracias negro, pero no era lo hablado entre ella y yo
Lula: ya no hay nada que hablar entre vos y yo
Él fue a la habitación, buscó un par de cajas que había olvidado y me saludó antes de partir. “Ojo que es manipuladora y exigente, que no te enganche” dijo y me entregó la llave de casa. Segundos después, se escuchaba su auto partir.
Lula: Uff, si hubiera venido una hora antes nos encontraba en tu cama
Alejo: no recordaba que le había dado una llave el sábado
Terminamos de desayunar, y nos dedicamos a esperar su transporte, a las 14 llegó, cargamos todo y se despidió de mi con un beso corto en los labios. “Cuando llegue te llamo para que te quedes tranquilo. Gracias una vez más” dijo antes de subir y cerrar la puerta.
Así se fue Lula de casa. A las 15 mientras ponía a lavar las sábanas de todas las habitaciones, recibí una llamada de Lila.
Lila: Buenas tardes Alejo, espero que hayas disfrutado una muy buena noche con mi vieja
Alejo: ¿qué decis Lila?
Lila: no te hagas el tonto, te olvidaste el bóxer azul en la cama que usamos con mamá el viernes. Joaco usa slips… No soy tonta…
Alejo: no sé qué decir…
Lila: que la pasaste bien y te cayó de una mi salida al boliche, la noche a solas
Alejo: bueno Lila, pido que guardes el secreto ¿sí?
Lila: obvio, ya me vas a contar como se portó
Alejo: es algo de adultos…
Lila: Vengo a unos exámenes, Yo arreglo que mi vieja te pida alojamiento para mí y me contas. Nos vemos
Cortó la llamada, era tal y como Lula lo había dicho, si le dabas espacio, te invadía y todo hace suponer que en dos meses me piensa invadir, ya veré como zafo cuando ese tiempo llegue.
PARTE II
Desde hace ya muchísimo tiempo comprendí que las mujeres no sólo desarrollan antes que los hombres, sino que además maduran más precozmente. Pero últimamente esto se ha acentuado bastante.
En una cena de amigos (solteros, divorciados y parejas), tuve la oportunidad de charlar informalmente con una psicóloga (esposa de un amigo), que me ratificaba lo que pienso pero le agregó algunos detalles que no había notado: las jóvenes se han vuelto irreverentes, desfachatadas, desprejuiciadas y totalmente desinhibidas. Prueba de ello obtuve al acompañar a mi nieto a un evento deportivo, donde las chicas de entre 17 y 20 años visten cómodas para practicar el deporte en cuestión (aun dejando muy poco a la imaginación de los espectadores comunes). Además al finalizar el partido que estaban disputando, se despojaron, en pleno campo de juego, de las remeras quedando en brassier ajustadísimo, shorts de lycra casi intramusculares y sudor perlado recorriendo partes de su cuerpo.
El momento más llamativo, al menos para mí, se dio cuando dos o tres de ellas tomaron de sus bolsos jeans, remeras casuales, sostenes algo más cómodos y sin dudarlo, se quitaron los utilizados durante el juego y se mudaron de ropas sin ningún pudor. Se vieron tangas e hilos dentales que poco cubrían la zona púbica, pechos jóvenes liberados de la presión a la que estaban sometidos, y todo como si nada sucediera. Solo un par de muchachas (las más robustas), partieron a los vestuarios a cambiarse de ropas. Las demás charlaban animadamente mientras se cambiaban a la vista del público y de los varones que se alistaban para jugar su partida.
En ese momento me di cuenta como está cambiando todo a mí alrededor, los padres de esas jóvenes charlaban entre ellos a escasos metros donde todo aquello se estaba desarrollando y no hubo uno que les sugiriese que hicieran esa mudanza en los vestuarios, que estaban a metros del lugar.
Éste prólogo sirve para poner en contexto el relato que sigue, ya que tiene como protagonistas a Lula (madre – 52 años) y Lila (hija – 18 años). Lula es ex pareja de un amigo de años y ya habían estado en casa hace unos 2 meses atrás, cuando lo acompañaron en un viaje y aprovecharon el mismo para hacer algunas compras.
El inicio del mes de Agosto en mi ciudad tiene dos características inevitables: la primera el frío intenso, propio de la época invernal, casi siempre acompañado de días lluviosos (¡¡gracias Corriente del Niño!!) y la segunda una invasión de jóvenes y padres en busca de alojamiento para el ciclo lectivo universitario de año siguiente.
Dentro de esa fauna de padres e hijos ajenos a la ciudad, se encontraban Lula y Lila. Habían llegado el lunes temprano y mientras Lila hacía la fila para entregar la documentación y recibía las órdenes para estudios clínicos de ingreso, Lula iniciaba el peregrinaje por las inmobiliarias. A mediodía, se reunieron en un local de comidas rápidas, empezaron a analizar las opciones y comprendieron que un día no sería suficiente, debía buscar alojamiento al menos para esa noche para ambas, luego solo quedaría Lila en la ciudad.
Lila: má, ¿por qué no lo llamás a Alejo? Él nos puede dar una mano
Lula: nena, eso es demasiado. Apenas si pasamos dos días en su casa y porque era amigo de Joaco.
Lila: dale má, ¿creés que te va a decir que no? Te va a venir bien verlo
La sonrisa de Lila, delataba que sabía lo que sucedió aquella noche cuando su madre se quedó en casa, pero no quería decirle abiertamente “Sé que te acostaste con él”.
Algo sonrojada, Lula bajó la mirada y buscó el celular dentro de su cartera. Recorrió la lista de contactos y no halló el número en cuestión, la llamada sería imposible.
Lula: no agendé el número, es un problema…
Lila tomó su celular, desplazó el listado y encontró el dato. Le extendió el teléfono a su madre, mostrándoselo.
Lila: ahí está, pero llámalo del tuyo
Lula: nena, ¿por qué tenes el contacto agendado?
Lila: una nunca sabe cuándo puede necesitarlo, dale llámalo.
En medio de la duda, Lula marcó el número y llamó.
Alejo: Buenos días, ¿quién habla?
Lula: Hola Alejo, soy Lula ¿te acordás de mí?
Alejo: ¡¡Lula!! ¿Cómo estás?
Lula: bien gracias, estamos aquí con Lila. Vino a inscribirse a la uni y la acompañé para buscar alojamiento para el año que viene, un departamento.
Alejo: buenísimo, ¿necesitas una mano?
Lula había abierto el manos libres, por lo que Lila escuchaba la charla, por suerte no hice ningún comentario de lo acontecido en la visita anterior.
Lila: Necesitamos manos y alojamiento para esta noche Alejo, ¡¡no me dejes dormir afuera!!
Alejo: Lila… ¿cómo estás hermosa? Obvio que no te dejo dormir afuera ¿dónde están?
Lula: en un café en el centro, tengo que ir a dos inmobiliarias por unos departamentos.
Alejo: decime dónde y las alcanzo.
Me pasó la dirección y coordinamos en encontrarnos en una hora en una de las inmobiliarias. Tras cortar la comunicación, revisé que la casa estuviera ordenada, me mudé de ropas por algo más formal y salí a buscarlas.
No me resultó difícil de reconocerlas, Lula vestía jeans algo ajustados y campera de abrigo, mientras Lila llevaba un pantalón que parecía un pijama (moda en mi ciudad) y una campera larga. Tras los saludos de rigor, volvimos al auto y pregunté el próximo destino: era un domicilio donde vería un departamento mono ambiente, que se ajustaba en valor y ubicación a lo que pretendían. Hacia allí nos dirigimos, Lila no paraba de hablar y contar de sus expectativas para el año próximo, los estudios médicos que le habían solicitado, dónde debía hacerlos y los turnos que le habían asignado. Lula la interrumpió.
Lula: hay nena, pará un poco… Alejo, ¿podré pedirte nos dejes quedarnos esta noche en tu casa? No tenía previsto tener que quedarme y no hice reserva.
Alejo: ningún problema, si querés, Lila se puede quedar en casa mientras completa sus cosas.
Lula: sería un abuso, primero vemos si consigo alojamiento en una residencia estudiantil para esta semana. Que se vaya acostumbrando.
Llegamos a la dirección indicada, estacioné y bajamos. Nos esperaba una mujer de unos 35-40 años, muy elegante y perfumada en exceso, rubia y de estatura media. Se presentó y nos pidió unos minutos, ya que el departamento todavía estaba ocupado por el inquilino saliente, comenzó a deshacerse en disculpas porque el ocupante no había tomado muchas precauciones y era todo un desorden.
Avanzamos por el pasillo hasta la puerta identificada con el número 4. Golpeó y abrió un muchacho de unos 25 años, cabellos revueltos, cara de dormido y con rastros de haber pasado una noche movidita. El aspecto del lugar no era de los mejores, más allá del desorden, se veía descuidado, falto de higiene y con manchas típicas de humedad por falta de ventilación.
Lula miró a Lila, luego a mí y en un descuido de la mujer, meneó la cabeza en forma negativa. Agradeció por la atención y salió disparada a la calle.
Lula: por favor, qué mugre y que olor insoportable
Lila: el lugar buenísimo, pero había que meterle mucho laburo para vivir
Alejo: totalmente de acuerdo y eso que no vieron el baño… seguro que estaba ocupado…
Lula: ¿por qué decís eso? ¿Qué viste?
Lila: má, ¿no viste la tanga manchada en la mesa de luz?
Explotaron de risa mientras subían al auto, nos fuimos a casa y comentamos sobre lo que habían visto y lo que pretendían: valores, ubicación.
Llegamos y Lila se fue directo a la habitación que había ocupado con su madre en la visita anterior. Para su sorpresa, ya no halló la cama grande, sino dos de una plaza, un cambio de ropero y poco más.
Lila: ¡¡cambiaste todo!!
Alejo: algunos cambios, sí.
Lila: me doy una ducha y vengo, estoy agotadísima.
Desapareció y se manejó como si siempre hubiese vivido en mi casa, Lula no paraba de pedir disculpas por el accionar de la joven y agradecer que las recibiera.
Mientras tomábamos unos mates, hablamos de lo que estaban buscando y le pasé los números de un par de inmobiliarias que me habían ayudado en su momento y quizá tuviesen lo que pretendían. No tocamos para nada el tema de la relación de ella con Joaco ni lo que vivimos aquella noche de sábado. Fue como si ambos quisiéramos evitarlo de manera evidente. Minutos después se nos unió Lila y extendió la rueda de mates.
Lila: ¿qué vas a cocinar de rico Alejo?
Lula: nena, pará un poco, al menos eso deberíamos hacerlo nosotras.
Lila: má, él cocina mejor que las dos, no seas molesta.
Entre risas pasamos un buen rato, organicé la cena y les propuse ayudarlas en su búsqueda: un jubilado sin actividad puede dar una mano y de paso ocupar su tiempo. Tras la cena, no hubo café de sobremesa, ya que ambas estaban cansadas y yo quería mirar algunas webs de alquiler para ganar tiempo. Lula se fue a duchar, dejándome a solas con Lila. “Cuando mi vieja se vuelva, vamos a charlar un buen rato vos y yo. Buscame un lindo depa, chiquito para no andar de limpieza seguida y medio cerca de la Uni, seguro que sabrás por donde buscar” dijo antes de darme un abrazo y un beso antes de irse a la cama.
La piba era algo lanzada e invasiva, pero no desubicada. La madre salió del baño, pidió una bolsa para guardar ropas sucias de ambas y agradeció por enésima vez el trato recibido, después ingresó al cuarto, cerró la puerta y el silencio se hizo dueño de la casa.
Una hora después, tras seleccionar unas 5 o 6 locaciones, también me fui a descansar.
A las 7:30 de la mañana, sonó una alarma (que no era mía) que me hizo despertar: rápidamente me levanté y ocupé el baño, ya que sé lo que demoran las mujeres en su primera incursión en él (entre higiene y acicalado). Ya estaba a punto de salir cuando se abrió repentinamente la puerta y apareció Lila, dejándome boquiabierto: solo llevaba puesta una remera holgada casi transparente y una tanga brevísima. Esa imagen me provocó una ligera erección, pues la muchachita tenía un cuerpo sencillamente precioso y estaba semidesnuda. “Uppsss, debí golpear primero” dijo mientras se abría camino rumbo a la tasa del baño. “No aguantaba más, permiso…” mencionó invitándome a salir. Tardé unos segundos en reaccionar y salí a duras penas, segundos después se escuchaba un chorro potente, obviamente estaba urgida. Me sonreí mientras me alejaba rumbo a la cocina a preparar el desayuno. En eso estaba cuando Lula hizo su aparición, llevaba un camisón hasta las rodillas de color rosa con puntillas en la parte superior y aún no se había colocado brassier, los pechos se marcaban bastante al igual que los pezones. “Buenos días, parece que mi hija se hizo dueña de tu baño, tendré que esperar un poco” contó mientras se acercaba a saludarme.
No estoy acostumbrado a que haya dos mujeres a la vez en casa y menos que se muestren así, al menos si no hubo sexo durante la noche. Como pude, cubrí la erección que me estaban provocando y rápidamente llevé todo a la mesa: mate, café y algunas galletitas.
Cuando Lila entró a la cocina, ya iba vestida con leggins, un buzo y se había maquillado apenas, se ubicó en la mesa y consultó sobre los departamentos. Lula partió al baño y no pude evitar mirarle el culo, la tanga oscura era un imán. Lila se sonrió, “se más discreto Negro. Tiene buen culito pero no es para tanto” pensé. Volví a la muchacha y le conté lo que vi y lo que creía podía gustarle.
Tras el desayuno, partimos a las inmobiliarias, concertamos citas y recorrimos al menos 6 ubicaciones. Terminamos cerca de las 4 de la tarde con 2 elecciones, fuimos a una de las oficinas y Lula cerró prontamente la reserva con una seña. Lila estaba exultante, consiguió lo que quería y su madre estaba satisfecha porque obtuvo buen precio y ubicación.
Lula: Si me apuro un poco, quizá llegue a la combi de las 19 y a medianoche estaré en casa
Lila: yo me quedo con Alejo y mañana vamos a las residencias.
Ellas organizaron sus cosas y yo fui mero espectador, el punto es que a las 19 Lula subía a la combi y volvía a su casa, mientras Lila y yo preparábamos el itinerario del día siguiente: búsqueda de residencia temporal, compras necesarias para los estudios médicos, algunos alimentos y un par de útiles escolares. Mientras Lila volvía a instalarse en el baño, preparé unas pastas para cenar y la esperé con todo preparado.
Tras la cena, me dispuse a mirar un partido de futbol en la tv del living, cómodamente recostado en el sillón y con whisky en mano. Mientras estaba observándolo, se aproximó Lila ya vestida para acostarse con una remera larga que oficiaba de camisón; se sentó a mi lado: “¿Puedo mirarlo con vos?” preguntó, le respondí afirmativamente, se sirvió un vaso con vodka que había en el bar y se sentó a mi lado. “¿Vodka? ¿No es muy fuerte para vos?” le consulté y con una sonrisa apuró el primer trago.
Lila: Alejo, es algo de lo que tomamos en el boliche y las juntadas
El partido era definitivamente un bodrio, por lo que charlamos más de lo que vimos. La noche se fue volviendo fría y ambos nos sentamos en el mismo sillón, nos cubrimos con una manta que tengo allí para cuando veo tv.
Lila: soy muy curiosa ¿tan fuerte está mi vieja para los hombres? La vuelven loca por redes y la invitan a salir, más que a mí…
Alejo: a ver… los que tienen mi edad, prefieren mujeres con experiencia, sin compromisos y si tienen buen físico, mucho mejor.
Lila: pero el tema es que hasta tipos de veintipico o treinta también la quieren avanzar.
Alejo: es atractiva, buen físico y viste bien, eso atrae
Lila: te la doy vuelta ¿qué pasaría si yo aparezco con alguien como vos?, la última conquista de mi vieja es un tipo de 25, 7 años más que yo…
Alejo: me resultaría extraño y te aconsejaría que lo pienses bien
Lila: últimamente charlamos mucho con mi vieja y por momentos coincidimos en que los maduros son menos complicados, pero los pibes más activos
Alejo: típico de la edad…
Lila: creo que la pasaría mejor con alguien mayor, me gustan los mimos, que te traten bien y disfrutar los momentos, los pibes son más directos: un buen revolcón y listo. Eso envidiaba de escuchar a mi vieja con tu amigo
El partido terminó sin pena ni gloria, Lila tomó el control remoto y puso una película algo caliente, se acurrucó junto a mí, apoyó su cabeza en mi pecho y se concentró en las imágenes. Reconozco que al principio traté de ver el film pero lentamente el sueño empezó a vencerme, me recosté un poco y ella aprovechó a rodearme con un brazo. No sé en qué momento, ambos nos dormimos allí recostados, pero desperté cuando mi cabeza volteó a un lado de manera brusca. Ya no había película, sino un programa de videos musicales, el frío era bastante intenso, solo combatido por el abrazo de ambos. Acaricié su cabeza y le murmuré al oído que debíamos ir a dormir a la cama, ella balbuceó algo inentendible y se acomodó un poco más.
Lentamente, me fui incorporando y desplacé la frazada para poder levantarme del sillón y allí pareció reaccionar, “Malo, estaba tan calentita con vos al lado y me dejas sola” dijo mientras volvía a cubrirse. “Soy muy friolenta, ¿me haces un lugar en tu cama?” mencionó con cara de súplica.
Alejo: si tu madre se entera que te dejé entrar a mi cama, se me arma un flor de quilombo.
Lila: yo no le pienso contar, dale dame calorcito.
Sacudí la cabeza negándole la chance y me fui al baño para luego acostarme. Ella fue a su habitación, dejando la puerta abierta.
Tardé minutos en dormirme, casi nada. En un momento dado, creí sentir como se abrían las sábanas y alguien se deslizaba dentro, imaginé que soñaba y no hice caso. Tiempo después, hubo un roce que me sobresaltó: Lila estaba a mi lado, dormida pero pegada a mi cuerpo. Sentía su respiración acompasada que me aseguraba que estaba en pleno sueño, tenía las piernas frías, pegadas a las mías.
Me costó volver a conciliar el sueño, pero pude lograrlo. A las 7 de la mañana, sonó mi despertador, estiré un brazo y lo apagué rápido. Estando boca arriba, tenía una de las piernas de Lila cruzada sobre las mías y su rostro a escasos centímetros del mío. La observé un instante, tenía el rostro distendido, casi con una sonrisa, el cabello revuelto y la remera se le había subido hasta la cintura: juraría que su entrepierna se montaba casi sobre mi pierna derecha. Podía sentirla tibia, aunque no húmeda y ese leve roce había motivado que tuviese una erección, no exagerada pero si notoria. Para no sobresaltarla y evitar que notara mi situación, le susurré al oído.
Alejo: Lila, tenemos que levantarnos, hay muchas cosas por hacer.
Se movió apenas, fue retirando su brazo y su pierna de mi cuerpo, lentamente, llegando a rozar mi verga erecta. En medio de un bostezo murmuró: “mmm… buenos días señor malo… dormimos juntos y se portó muy bien, hasta ahora…”
Se acodó en la cama, se aproximó unos centímetros y me dio un beso corto.
Lila: eso que está ahí abajo, ¿se puso así por mi?
Alejo: es algo normal en las mañanas en los hombres
Lila: qué linda manera de bajarle el ánimo a alguien que se despierta de un sueño hermoso…
Alejo: no debiste meterte en mi cama…
Lila: sabía que no harías nada, a menos que te provocara
Alejo: no vuelvas a hacerlo ¿si?
Lila: ¿no te atraigo? ¿no te gustaría disfrutar conmigo como lo hiciste con mi vieja?
Alejo: no es tema para hablar acá, ni ahora…
La cara le cambió, mostró algo de enojo y cuando supuse que se levantaría para irse, hizo todo lo contrario: aprovechó el momento y se montó sobre mi cuerpo, dejando una pierna a cada lado de mi y ubicando su entrepierna a escasísimos milímetros de la verga que lejos de bajarse, parecía tomar mayor tamaño. Apoyó sus manos en mis hombros y bajó hasta tener contacto pleno, solo separado por la tela de su tanga y el short que utilizo para dormir.
Sin mencionar palabra comenzó a frotarse contra la erección y emitir pequeños gemidos. Llevé mis manos a su cintura para detenerla, pero lo tomó como aceptación de aquello que estaba proponiendo.
Lila: vamos, sacate el short y pasamela por la raja, como debe ser…
Alejo: no sigas, que no soy de fierro…
Se sentó sobre mi cuerpo, las sábanas y frazadas cayeron a los pies de la cama y empezó a simular una cabalgata enloquecida. La ropa me incomodaba, el roce me molestaba mucho, pero si me la quitaba terminaría teniendo sexo con ella, de manera inevitable. Dejé que se masturbara con el roce, noté como se mojaba y me humedecía la ropa, en mi mente había una lucha feroz entre resistir así o darle el gusto y penetrarla. “Me vengo, estoy acabando, métemela por favor…” gemía de manera intensa, abandone la cintura y metí mis manos bajo su remera para tocarle las tetas, tironear de sus pezones para ayudarla a llegar lo antes posible y que aquella tortura terminara para mi.
En medio de un aullido, se tensó y dejó escapar buena cantidad de flujos mientras podía sentir palpitaba su conchita juvenil. Se rindió y cayó sobre mi pecho, besó mi cuello y trató de obtener un beso profundo, la abracé y la contuve mientras su cuerpo se relajaba. Minutos más tarde, se retiró hacia un lado, suspiró y mirándome dijo “quería sentirte adentro, tenía muchas ganas, pero te entiendo porque no había protección solo por eso”, se levantó de la cama y se fue a duchar.
Miré el resultado de esa locura, manchas en mis ropas, en las sábanas y decidí que debía conseguirle donde alojarse los próximos día o no podría resistirme. La escuché salir del baño y fui yo a asearme, una ducha rápida, un cambio de ropas de cama y ubicarme en la cocina para desayunar.
Llegó y se ubicó en la mesa, estaba vestida con ropas de calle, lista para salir, desayunó rápidamente y partimos a realizar los trámites y compras. La dejé en el centro médico por sus estudios y aproveché el momento para visitar dos residencias estudiantiles. Ambas estaban saturadas.
Cuando salía de la segunda, recibí un llamado al celular: era Lula.
Lula: buenos días Alejo, ¿todo bien? La llamé a Lila y no responde
Alejo: hola Lula, si todo bien, estaba en la clínica por los estudios.
Lula: ok ¿las residencias?
Alejo: las dos primeras sin vacantes
Lula: tengo algo que contarte, lo haré rápido
Alejo: te escucho
En ese momento, Lula me confirmó lo que su hija me había dicho en la noche, estaba saliendo con un muchacho de 28 años y eso le molestaba mucho a su hija. Pero se sentía plena, apreciada y amada por su novio y no quería perderlo por discusiones con ella, la notaba bastante rebelde y hasta le había dicho que se buscaría un hombre maduro como pareja. Eso la inquietaba y temía que intentase algo conmigo a modo de venganza y por ello pretendía que la ubicase en una residencia prontamente.
Traté de calmarla y quise asegurarle que no sucedería nada, pero ella fue más allá: “Sé que es muy lanzada y también obstinada, lo que más me preocupa es que pueda tomarte con la guardia baja y sé que tenés la capacidad de satisfacer a una mujer, hacerla gozar de buena manera, yo lo experimenté y en cierto modo se lo conté. No me sorprendería que quiera sentirlo en carne propia. No voy a pedirte que prometas nada, solo que si sucede, la trates bien y se cuiden, entiendo que jamás voy a saberlo. Evitalo si es posible, por favor”
No daba fé de lo que escuchaba: ´primero que Lula le hubiese contado lo que habíamos hecho en casa y segundo que me estuviera pidiendo que si me acostaba con su hija la cuidase y jamás lo supiera. No supe que responderle, solo me limité a decirle que se quede tranquila. Cortó la llamada y segundos después recibía un mensaje de Lila, recién terminaría sus cosas a las 15 y desde allí iría a la casa. Si le había encontrado alojamiento, que la llevase y sino al menos esa noche se quedaría conmigo.
Pasé el resto del día buscándole donde alojarse y evitar compartir casa otra vez: solo conseguí una ubicación a partir del día siguiente en una pensión familiar. Al menos debía aguantar una noche más. Solo una noche más…
Llegó a casa pasadas las 18, con un par de bolsas con las compras realizadas, las dejó sobre la mesa y se desplomó sobre una silla. Tenía cara de agotada, como si hubiese recorrido medio mundo. Le preparé un café y le alcancé algo para comer, que duró muy poco en la mesa (obviamente no había almorzado).
Lila: hablé con mi vieja hace un rato, me había llamado un par de veces mientras me hacía los estudios y no podía atenderla.
Alejo: lo sé, como no la atendiste me llamó y le conté dónde te había dejado
Lila: te insistió que me consigas alojamiento ¿cierto? ¿Lo hiciste?
Alejo: creo que es lo correcto, y si, te conseguí lugar en una pensión de estudiantes, solo mujeres. Buen lugar, cómodo y liberada de cocinar y hasta si queres, lavar tus ropas: la casera se hace cargo. Única exigencia: no entran hombres a las habitaciones, solo al área común de estudio y reuniones
Lila: ok, ¿junto mis cosas y me llevas?
Alejo: hoy no, tendrás tu habitación libre desde mañana a las 10.
Lila: genial, puedo descansar un poco, acomodar todo en el bolso, lavar la ropa de hoy y armar la mochila para las clases del jueves, viernes y sábado.
Se levantó y fue al dormitorio a preparar sus cosas mientras yo preparaba la cena, se tomó un buen rato para sus pertenencias, de allí pasó al baño a ducharse y volvió lista para compartir la cena. Lucía algo más recuperada, más fresca, con su típica remera de dormir y un short de lycra.
Mientras preparaba la mesa, destapó una cerveza y comenzó a beberla, me contó cómo había sido su día, deteniéndose en el examen médico de ingreso. “fue bastante intenso: odontología, un par de análisis de laboratorio, placas radiográficas, una entrevista con una asistente social y lo que más me llamó la atención fue que las mujeres éramos derivadas al área ginecología y los hombres a clínica. Dos doctoras de unos 30 años hacían consultas un poco íntimas y me auscultaron, mientras daban consejos de prevención. La que me revisó, me sugirió ser más tranquila en las masturbaciones, porque notó alguna irritación vaginal… ¡¡Menos mal que no tuve relaciones ayer!! No me imaginé que me harían esa revisión” remató el monólogo entre risas.
La miré sorprendido por la naturalidad con la que había tomado el tema y pensé que lo hacía para observar mi reacción, pero nada que ver: era su forma de ser.
Tomó el celular e inició un video llamado con Lula.
Lila: Hola má, ¿cómo estás? Yo aquí con Alejo, ya mañana me mudo.
Lula: hola hija, ¡qué bueno que hayas conseguido alojamiento!
Lila: lo hizo él mientras yo estaba con mis estudios, cuando llegué me lo contó. Ya tengo todo listo para la mini mudanza.
Lula: me alegro hija ¿él está por ahí?
Lila: si má, me está haciendo la cena de despedida
Alejo: hola Lula, arreglé con la pensión que te mostré hoy por la tarde
Lula: gracias Alejo, no sé cómo podemos agradecerte lo que hacés por nosotras
Alejo: nada que agradecer, lo hice porque me vino bien salir un poco y darles una mano.
Lila: má, yo le compré un regalito, mirá…
Buscó en una de las bolsas de compras y me dio una botella de whisky de buenísima calidad, que le agradecí con un beso y con un gesto hacia Lula.
Lula: espero que si la abren, no la terminen esta misma noche o será un descontrol esa casa…
Lila: va a ayudar para combatir el frío espantoso que hace, má.
Hubo risas de todos y mientras ellas retomaban su charla, yo terminé de acomodar todo para cenar, apenas concluyeran la llamada. Eso sucedió unos 20 minutos después, la joven dejó el celular a un lado y disfrutamos de la cena de manera tranquila. Juntos, lavamos los trastos, ordenamos todo y fue ella quien buscó un par de vasos, abrió la botella, sirvió un par de tragos, me acercó uno. “¿Miramos tv un rato mientras nos tomamos el whisky? Hay una peli buena en Disney +…” dijo mientras se encaminaba al living. Encendió el aparato, buscó la película y se ubicó en el sillón principal, cubriéndose con la frazada. Iba a sentarme en el sillón individual, a un costado, pero ella me invitó a acompañarla, abriendo la frazada y golpeando el lugar con su mano: “No señor, se sienta acá a mi lado, no me deje solita que hace frío”. No muy convencido, acepté.
Realmente la película estaba muy buena, nos atrapó a ambos y nada sucedió mientras la observábamos, solo compartimos el lugar. Cuando los créditos anunciaron el final, Lila volvió a servir los vasos con poca cantidad y propuso un brindis, por esos días compartidos, los chocamos y casi al unísono, nos bebimos todo de un trago. Ella tomó el control remoto, apagó el tv y poniéndose de pie se encaminó a su habitación, tras despedirse con un beso de buenas noches.
La imité, y fui al mío a descansar. Pese a los tragos, me costaba conciliar el sueño, sentí deseos de fumar un cigarrillo pero no quería encender luces ni hacer ruidos que la molestaran. Me levanté y volví a la cocina, encendí una luz pequeña de la mesada y encendí el cigarrillo, le daba caladas cortas, disfrutando el momento mientras pensaba en las actitudes de Lila, el pedido de Lula y la posición en la que me encontraba: había estado en la cama con la madre, teniendo sexo como una venganza de ella con su ex. Ahora su hija me instaba a repetir algo similar, pero hacia su madre por lo que estaba viviendo. Lula era una mujer adulta y sabía bien lo que hacía, pero Lila es demasiado joven para una aventura, ambas atractivas, excitantes…
Estaba tan metido en mis pensamientos que no la vi entrar, noté su presencia cuando sentí el chasquido del encendedor y la bocanada de humo llegó a mi lado.
Ahí estaba Lila, cigarrillo entre los labios, con su remera pero ya sin short, caminó un par de pasos y se ubicó a mi lado, quitó el cigarrillo de su boca y descargó las cenizas. “No me digas que soy joven para fumar, que no debo y bla bla bla. Yo tampoco puedo dormir, ¿vemos otra peli?” dijo mientras extendía su mano para tomar la mía y llevarme al sillón. “Apaguemos los cigarrillos, no vamos a fumar allá” le comenté mientras lo hacía con el mío.
Me imitó y luego nos encaminamos hacia el living, al llegar frente a la puerta que separaba la cocina del pasillo de los dormitorios, se detuvo. Me miró y dando un tirón me arrastró dentro, se colgó de mi cuello y me besó, primero suavemente y luego de manera más intensa. Mis manos respondieron alzándola, para ponerla a mi altura y llevándola hasta la pared. Cruzó sus piernas en mi cintura y se aferró para no caer mientras recibía besos y caricias por todo su cuerpo. Eramos dos desesperados buscando satisfacer deseos, nada de amor, ni de cariño, solo vehemencia y calentura descontrolada.
Le apretaba los cachetes de ese duro culito y la movía para que sintiese como me había puesto de duro con sus besos y roces. Apenas nos despegamos unos segundos, “Llevame a tu cama y haceme lo mismo que a mi vieja, quiero saber si puedo gozar tanto como ella. Hoy vale todo y sin límites, no hay nada virgen en mi cuerpo” me dijo al oído. Fue lo último que necesitaba escuchar para perder totalmente el control y la conciencia.
Así en andas, la llevé a mi cama. Sin encender una luz, la dejé tendida en ella, me valía del resplandor de la luz de la cocina para guiarme.
Me quité la remera y el bóxer en tanto ella se despojaba de sus prendas, quedando desnuda. Se ubicó en el centro del lecho, abrió totalmente sus piernas y me invitó a recorrer su cuerpo tibio.
Músculos firmes y temblorosos ante las caricias de mis labios, que fueron ascendiendo por sus piernas. Mis manos recorrieron el vientre terso, subiendo en busca de esos pechos duros, de buen tamaño, coronados por pezones muy erguidos. Aspiré el aroma de mujer joven que brotaba de entre sus piernas, se hacía cada vez más intenso cuando acompañaba con el brotar de sus jugos, producto de la excitación. Cuando recorrí la raja por primera vez con la lengua, emitió un gemido profundo y aferró mi cabeza para que no me separara de allí. Mis dedos tironeaban de sus pezones de manera insistente, mi lengua ya repasaba la raja buscando que sus labios se abrieran y dejaran al descubierto ese clítoris candente y prominente.
Cuando lo oprimí entre mis labios y lo chupé con fuerza, se arqueó y dejó escapar de su boca un pedido de intensidad: “Si, seguí así que me vuelve loquita”. Me comí cada centímetro de esa cueva hirviendo, que derramaba jugos de manera intensa y continua. Me forzaba a seguir allí, sin poder separarme, hundiendo mi cabeza entre sus piernas: gemía, se agitaba, pero no pronunció más palabras hasta que su cuerpo se tensó por completo y me entregó una catarata de flujo, en chorros continuos que me empaparon por completo. Así estuvo por algunos segundos, hasta que se fue relajando lentamente y aflojó la presión que hacía en mi cabeza. Quedó rendida, con su conchita palpitando, emitiendo sonidos que muy lejos estaban de ser palabras.
Me puse de rodillas entre sus piernas, tratando de recuperar aire, sentía empapado mi cabello y mi rostro, su acabada fue muy intensa.
Unos minutos después, ya había recuperado su compostura, aún tendida en la cama y sin cerrar las piernas, me invitó a tenderme a su lado.
Lila: ¿sabés una cosa? Hacía un buen tiempo que no tenía un orgasmo así, casi que ni me acordaba de haber derramado tanto flujo.
Alejo: Lilita, lo que hicimos es una locura, no debimos…
Lila: no me arrepiento, y quiero que esta noche dure mucho más
Alejo: podrías ser mi hija…
Lila: pero no lo soy, esta noche voy a ser una mujer que quiere disfrutar mucho, todo lo que pueda
Alejo: si Lula se entera, nos mata…
Lila: ¿vas a llamarla para contarle? No pienso decirle nada, será mi secreto
Alejo: me va a costar mirarla a la cara, sabiendo que te tuve en mi cama y lo que hicimos…
Lila: y todo lo que vamos a hacer…
Se giró sobre su cuerpo y subiéndose en mí, me abrazó y dio un beso en los labios, sintiendo su sabor en mi boca. “mmm… no me agrada el sabor de mi cuerpo, pero puedo hacer un esfuerzo…” dijo antes de volver a besarme de manera más intensa. De más está decir que aún estaba bastante excitado y mi verga daba señales de eso, ella la sintió y sonriendo, se fue acomodando para ubicarla en la puerta de su vulva húmeda. “Soy bastante estrecha, te pido delicadeza o que me dejes ser quien lleve el ritmo, quiero tener una hermosa experiencia cuando me la metas, como la que me diste con la lengua. Te repito que no soy virgen, pero lo parezco por la estrechez, no seas bruto” dijo antes de abrirse y comenzar a frotarse para que la humedad ayudase a la lubricación de su cueva. Esos movimientos lograron que llegase a una erección plena, que lentamente fue metiendo en su interior.
Cada vez que dejaba entrar algo más, emitía un ligero quejido, así estuvo hasta que al cabo de unos minutos lo metió por completo: en ese momento los quejidos fue reemplazados por un suspiro y se detuvo, sintiéndose empalada por completo, amoldándose al intruso que ya la penetraba totalmente. Un par de minutos después, comenzó a moverse muy lentamente, ayudándose por sus manos afirmadas a mi pecho, sacaba unos centímetros y volvía a colocarlos dentro. Cuando se sintió cómoda, empezó con más movimientos, primero cortos y luego más prolongados, casi hasta sacarla por completo para caer y quedar haciendo tope con mi cuerpo, siempre lentos pero seguros y continuos. Los ruidos provenientes de aquella unión avisaban que ya había suficientes jugos para crear los típicos sonidos de la penetración. Los gemidos volvieron a brotar de sus labios, pero ya no eran de dolor sino de placer. Me aferré a su cintura y le ayudé a mantener el ritmo, sabiendo que tanto entrar y salir me llevaría a explotar en poco tiempo, lo entendió sin necesidad de palabras y se dedicó a apurar su segundo orgasmo, que llegó instantes después de recibir los chorros de semen que brotaron de mi cuerpo. Mi verga resbalaba sin dificultad, ayudada por sus jugos y mi leche, esa pequeña conchita juvenil se contraía, oprimiéndome para extraer hasta la última gota. “¡¡¡Dios!!! Qué hermoso polvo, esto si es gozar cogiendo, y no como me lo hacen los pendejos… Si sabía que se coger con maduros es tan placentero, lo habría probado antes” dijo y cayo rendida sobre mi pecho. “Gracias por tanto placer…” fueron las últimas palabras antes de girarse y descansar por un buen rato.
Mi erección fue bajando y lentamente salió de su interior, permitiendo que escaparan hilos de leche hacia sus piernas. Nos dormimos abrazados.
Un ruido en el baño me despertó, Lila se estaba duchando, quitándose los restos de una noche movida. Entró a la habitación envuelta en un toallón, buscó su remera y la calzó, sin ropa interior. Abrió la cama para recostarse y al deslizar la mano dentro notó las sábanas pegajosas, me tocó el hombro para despertarme. “Alejo, vamos a mi cama, esta es un desastre, te espero” mencionó y se encaminó a la otra habitación. Me levanté y la imité, una ducha y fui tras ella. Nos acomodamos como pudimos en la pequeña cama y volvimos a abrazarnos, difícilmente volviésemos a dormir y la falta de espacio nos llevó a colocarnos en “cucharita”. Su cuerpo tibio pegado a mi nos dio el calor suficiente para disfrutar del momento, hasta que llegara la hora de levantarnos.
Cuando el despertador marcó el horario previsto, simplemente giramos hasta ponernos frente a frente, nos fundimos en un beso y nos quedamos un rato más juntos, sabiendo que el final de esta locura se acercaba.
Lila: nos quedó corta la noche, faltaron más cositas por hacer
Alejo: ¿Cómo qué?
Lila: no sé… ¿mi culito tal vez?
Alejo: eso lleva un buen tiempo para que sea placentero, quizá en otro momento
Lila: sabemos que va a ser difícil que haya otras noches como esta. Mi vieja va a venir seguido y ¿qué excusa tendría yo para venir a tu casa?
Alejo: muy cierto. Lila, nadie, jamás deberá saber de ésta noche, por ninguna razón. Si alguien se entera, podría ponerme en problemas: tu edad y la mía…
Lila: tranquilo, será nuestro secreto. ¿La pasaste bien conmigo?
Alejo: fue hermoso, loco pero hermoso
Lila: yo siento lo mismo y los buenos recuerdos deben cuidarse y guardarse por siempre.
Hubo un nuevo beso, como sello de ese pacto de silencio, alguna que otra caricia algo caliente, y cuando la temperatura comenzaba a subir nuevamente, el celular de Lila cortó la magia: Lula estaba iniciando un video llamado. Antes de que Lila la aceptase, me retiré de la habitación, dejándola sola en la cama.
Lila: hola má, me despertaste…
Lula: hola nenita, quería asegurarme que no te durmieses para ir a la residencia.
Lila: má, son las 8 de la mañana y tengo hora de ingreso a las 11. Todavía estoy acostada.
Lula: bueno, ¿todo bien ahí?
Lila: si má, como ves estoy sola en la pieza, ahora me levanto, me visto y voy a desayunar. Creo que Alejo está en la cocina, siento ruidos allí.
Lula: bueno amor, cuídate. Chau.
La llamada se cortó y segundos después era mi celular el que sonaba con una llamada de Lula.
Lula: hola Alejo, ¿cómo se portó la nena?
Alejo: muy bien Lula, estoy preparando el desayuno para ella, así después la llevo a la residencia.
Lula: ok, perdoná que sea tan molesta, pero ya sabés como es ella…
Alejo: si Lula, pero quédate tranquila, nos acostamos temprano porque hoy hay mucha cosas por hacer.
Lula: ya nos encontraremos y te agradeceré personalmente por todo esto. Nos vemos pronto.
Cortó la llamada, dejé el celular sobre la mesa y volví a la habitación donde Lila se estaba cambiando de ropas.
Alejo: Si te llamaba un rato antes, nos encontraba a los dos en la cama
Lila: menos mal que solo levanté el teléfono y no vió que estaba casi desnuda, además seguís siendo descuidado. ¿Mirá lo que dejaste allá?
Señaló la cama que no se había usado y allí estaba mi bóxer y la remera que me quité cuando me metí a la cama con ella, como prueba indiscutible que habíamos dormido juntos. Nos reímos y tomé las prendas para luego acercarme a ella, darle un beso en los labios, una palmada en la cola y salir hacia la cocina.
Desayunamos y preparamos todas sus cosas, las cargamos en el auto y antes de salir a la calle, nos dimos un último tiempo para despedirnos con todos los besos y caricias que nos habían quedado por entregarnos, si hubiésemos seguido unos minutos más en esa faena, hubiese vuelto a tocarla tan íntimamente que la excitaría a tal punto que la mesa del comedor su habría transformado en el lecho donde cogerla nuevamente. Se llevó la tanga empapada de jugos y yo una erección difícil de disimular.
Antes de bajar del auto en la residencia, me prometió que buscaría la forma de tener alguna otra noche juntos. La acompañé hasta que la casera la recibió y la llevó a su habitación.
Volví a casa, había mucho que limpiar, lavar y ordenar, después de esa noche de locura. Cuando retiré las sábanas de mi cama, enredadas en ellas, a los pies encontré la tanguita azul de Lila, manchada, perfumada con su aroma de hembra caliente: no la quise lavar, busqué una bolsa limpia y la guardé en ella. Abrí el último cajón del placard y la coloqué al fondo, detrás de ropas que no utilizo, justo al lado de otra bolsa transparente, donde descansa el hilo dental que Lula me regaló después de que estrenara su culo.
Ambos trofeos reposan en un lugar único, al que solo llegan recuerdos de hembras importantes que han pasado por mi cama.
Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago – [email protected]
