Vi todo y no hice nada

No hay peor ciego que el que no quiere ver. De hecho existimos quienes vemos y nos hacemos los locos. Cuando veas indicios, créelo, no trates de engañarte, las sospechas de infidelidad suelen ser verdad pero el ser humano muchas veces se niega a creer.

Mi relación con Daniela inició cuando yo tenía unos 24 años y ella unos 19. Actualmente tengo 30 y ella 25, yo soy más reservado que ella, lo que crea un contraste en nuestras personalidades, pero generalmente nos llevamos bien.

Nuestra relación inició después de conocernos en la universidad y hemos ido bien como pareja. Sin embargo, con el paso del siempre hemos tenido roces y peleas, algo que considero normal en una relación de pareja. Aunque yo soy un tipo algo celoso, no me gusta demostrarlo con ella y por eso intento darle libertad de salir con sus amigas después del trabajo, ir a lugares, intentando crear una confianza que quizás no es tal.

Hace un par de años empezaron a suceder cosas raras. Las típicas de que salía del trabajo a salir con amigos, o de repente una noche no volvía a casa con cualquier excusa. Yo, en mi negación, intentaba pensar que eso era normal, pero en el fondo uno sabe que no, solo que intenta ignorarlo y engañarse uno mismo.

Mentiría si les dijera que tenía algún sospechoso entre su círculo pero siempre tenía en la cabeza esa idea de que podía estar siendo infiel, aunque la alejaba rápido y evitaba sobre pensarlo. Detalles adicionales puedo contarlos en otras historias, pero para ir al grano debo decir que el momento clave fue hace alrededor de un año.

Sus amigos planearon un viaje a una casa de playa el fin de semana. Alquilaron una casa bastante grande con muchos cuartos para pagar entre todos y fue de verdad una buena oportunidad de pagar poco y pasar unos buenos días ahí.

Su mejor amiga Sandra iba sola, había tres parejas en el viaje contándonos a Daniela y a mí pero también algunos chicos y chicas que eran solteros. Éramos un grupo de alrededor de 10 personas. Tres parejas, tres chicas y un chico. Como la casa tenía seis habitaciones, las dos chicas que eran hermanas acordaron dormir juntas, mientras que cada pareja tomó una habitación, otra quedó para el chico que iba solo y la otra para Sandra.

El día que llegamos todo fue excelente, nos fuimos a la playa, la pasamos bien en grupo. Almorzamos, tomamos bastante y hubo un ambiente increíble. Yo conocía a casi todos los que estaban, excepto al chico soltero (que se llama Ignacio) y a las dos hermanas. Pero nos fuimos integrando. Les juro que en algún punto del día yo vi los ojos de Ignacio clavados en Daniela y también sentí que la mirada de ella le correspondía de forma pícara, pero como siempre, supuse que esa debió ser mi imaginación, volví a entrar en negación.

Daniela es una chica muy atractiva. Es bastante voluptuosa, piel color canela, un trasero bastante grande y redondo, ojos grandes y expresivos, senos grandes, una cintura un poco más estrecha que hace de su cuerpo una verdadera figura de admirar. Este Ignacio es un chico más o menos de su edad y es analista en el lugar donde ella trabaja, aunque no son del mismo departamento y Daniela me dijo que lo conocía poco.

Después de ese primer día, volvimos a la casa, compramos carnes para una barbacoa y entendimos el carbón mientras seguíamos tomando cervezas y cocteles. Con la música alta el ambiente empezó a ponerse divertido. Las chicas seguían en trajes de baño y empezaron a bailar.

Uno de los chicos que tenía pareja bailó con Sandra (la amiga de Daniela) y así fueron varios poniéndose a bailar al azar. En ese momento fue cuando este Ignacio sacó a bailar a Daniela y yo la verdad, aunque me puse celoso, no quise reclamar nada, además de que muchas chicas con pareja estaban bailando con otros chicos, así que preferí el autocontrol.

Estaban bailando, no podría decir que atrevidamente ni mucho menos, pero sí podía notar una pequeña complicidad entre ellos. Algo dentro de mí me decía que estaba pasando algo, pero de nuevo mi espíritu negacionista protegía mi cerebro.

Sin embargo, al ver a este Ignacio tomar a Daniela por la cintura notar pude evitar sentir algo raro, además se decían cosas al oído mientras bailaban. Una extraña excitación con algo de celos invadió mi cuerpo, algo de verdad difícil de entender, pero seguía tomando, hablando con los muchachos y asando carne.

Tras unos minutos dejaron de bailar y ella volvió a donde estaba yo. Traté de comportarme sin ningún tipo de complejos y estar lo más normal con ella. Así se fue la noche y debíamos ir a dormir, ya era la medianoche y al otro día nos esperaba otra ida a la playa, así que era mejor estar descansados.

Nos fuimos a la habitación y ni siquiera recuerdo lo que sucedió, pero sé que empezamos a discutir. La discusión no tuvo nada que ver con su baile ni con Ignacio, fue algo totalmente aleatorio y tan fugaz que, entre los tragos que yo tenía encima y lo insignificante que fue el problema, yo no puedo recordar ahora.

Lo cierto es que la discusión y la pelea nos hizo molestarnos bastante y ella me dijo que se iba a la habitación de Sandra molesta. Intenté seguirla pero ahí mi mente me empezó a jugar en contra. Empecé a atar cabos y a pensar en que posiblemente no iba a donde Sandra sino a donde Ignacio. En mi cerebro aún era una posibilidad negada pero en el fondo pensaba que podía ser.

Mi “persecución” llegó hasta la puerta pero en efecto vi que entró a la habitación de Sandra, así que me devolví a la cama pensando en que se le pasaría. Me acosté a ver Tik tok con mis audífonos y a intentar dormir, la pelea no había sido grave, ya había sucedido otras veces, así que estaba tranquilo.

Eran como las 2 am y me dieron ganas de ir al baño, pero a pesar de que en la habitación había decidí ir al de afuera porque la curiosidad me ganaba. Todo estaba totalmente oscuro así que oriné rápidamente y cuando salí no pude me fui cerca de la habitación de Ignacio a intentar despejar mis sospechas.

Con mucho cuidado me subí a una silla en el pasillo para acercarme a unos huecos de ventilación que tenía la pared en la parte alta y en los que se podía ver hacia adentro. De cualquier manera no se veía mucho, las luces estaban apagadas.

En la oscuridad podía ver la silueta en la cama de alguien arropado, pero realmente era muy difícil de distinguir, aunque si se sentía que había cierto movimiento. Tras un rato de estar ahí pude empezar a escuchar verdaderos sonidos. La cama se estaba moviendo y era evidente que estaban teniendo sexo ahí, ahora la silueta que era casi imperceptible se podía observar en movimiento, pero seguían arropados completamente y solo podía ver sábanas moviéndose.

En ese momento empecé a pensar que era Daniela ahí con Ignacio pero había más mujeres en la casa, algunas solteras, así que tampoco podía asegurarlo. Desde que empecé a escucharlos moverse ya habían pasado por lo menos 15 minutos, yo seguía ahí inmóvil y nervioso rogando porque nadie se despertase o saliera a esa hora. Tras otro rato pude comprobar que sí era ella porque la escuché teniendo un orgasmo. Sus gemidos son inconfundibles y sé que en ese momento tuvo uno. Tras probablemente unos 20 segundos de silencio, volvió a escucharse la cama por otro rato hasta que tras el movimiento más intenso ambos se detuvieron mientras respiraban agitados.

Juro que mi corazón estaba más agitado aún, están ahí subido escuchando todo y sabía que era ella. Pero nada dentro de mí me hacía intentar detenerla o confrontarlos. Solo estaba ahí inmóvil intentando no ser detectado, con una excitación incomprensible y con una incredulidad que se mezclaba con celos.

Las luces se encendieron y vi a Ignacio caminando y quitándose un condón. Entró al baño de esa habitación. Era un tipo atractivo, alto, bien parecido y lo vi anudando el condón mientras su pene se balanceaba al caminar en un punto que no estaba erecto pero tampoco flácido.

Cuando vi a la cama, Daniel seguía totalmente arropada, pero con la cara fuera de las sábanas. Estaba despeinada esperándolo. Cuando salió de la habitación volvió a apagar las luces y se metió a la cama.

Yo no sabía que hacer, así que de nuevo intenté escuchar, pero era muy difícil porque hablaban muy bajo. En algún momento ella le dijo que eran demasiado arriesgados y él se rió, se notaba que tenían algún tiempo en esto. Yo seguía ahí, incapaz de reclamar pero tampoco de irme.

Tras unos minutos se estar ahí acostados, Ignacio empezó a insistir en prender las luces porque “quería verla” según sus palabras. Daniela se negaba porque al encender las luces podían despertar a alguien, pero al final se les ocurrió que podían dejar las luces apagadas y encender la lámpara de mesa, un acuerdo que les ayudaba a ambos.

Ahora no solo Ignacio podía ver sino que también yo. A pesar de que el cuarto seguía oscuro, lo que sucedía en la cama era perfectamente visible para mí, que intentaba respirar despacio a pesar de que mi corazón estaba acelerado.

Daniela se incorporó y se puso en cuatro sobre la cama, mientras que Ignacio se paró frente a ella. El tipo era muy blanco, pero su pene estaba colorado y Daniela lo metió en su boca mientras él la tomaba por la nuca y la movía a su antojo.

Ella estaba casi desnuda, excepto por un pequeño hilo negro que tenía como ropa interior. Ignacio estaba viéndola fijamente mientras se estiraba para tocar su trasero y nalguearla un poco evitando hacer tanto ruido.

Tras un rato de ver a Daniela haciéndole sexo oral al tipo. No podía creerlo, se les notaba esa complicidad de amantes. Él sacó otro condón y ella se lo puso con la boca de manera increíblemente sexual. Una vez se lo puso él la volteó, vi como echó su ropa interior a un lado y metió su cara entre su culo, le estaba haciendo sexo oral entre la vagina y el ano mientras Daniela intentaba ahogar sus gemidos para no ser escuchada. No pasó mucho tiempo hasta que se paró y la penetró así en cuatro . Ella gimió cuando entró su miembro y tras un momento de ajustar la empezó a penetrar con rapidez mientras la tomaba del cabello.

El estaba de pie y ella sobre la cama recibiendo una cogida en cuatro. Yo estaba realmente dolido pero igualmente excitado por la escena. Tras un rato, subió sus dos pies sobre la cama y de cuclillas siguió penetrando con fuerza. Daniela gemía y de pronto la escuché tener otro orgasmo mientras veía como los testículos de Ignacio chocaban contra su clítoris mientras la penetraba.

Pareció haber un momento de calma y Daniela estaba con la cara sobre la cama, totalmente empinada como en señal de derrota. Ignacio solo dio dos palmadas seguidas sobre su nalga derecha y fue como un gesto de que había que seguir. Así que se sentó en la cama con la espalda contra la pared y Daniela se posó sobre él. Se abrazaron y ella empezó a moverse sobre él mientras se besaban y gemían. Después de un rato el se acostó y ella siguió arriba cabalgando. Hubo una escena realmente impresionando en la que él tomó sus nalgas y las separó con las manos, mientras desde abajo empezó a moverse súper rápido. Podía apreciar las nalgas inmensas de Daniela totalmente separado dejando ver su ano, mientras su vagina era penetrada por el pené de Ignacio, que se veía muy grueso entrando y saliendo. Todo eso se mezclaba por los gemidos que ya no intentaban disimular mientras yo en la oscuridad tenía una erección increíble.

Después la puso boca arriba sobre la cama, subió sus piernas en sus hombros y pude escuchar a Daniela quejándose un poco del dolor. Pero Ignacio le dijo “aguanta” y la empezó a penetrar súper fuerte mientras ella gemía hasta que se separó, se puso de pie y Daniela de forma automática también se levantó y se puso de rodillas en el piso y vi como Ignacio se sacó el condón se masturbó por unos segundos y empezó a soltar chorros se semen sobre la cara de Daniela, quien tenía la lengua afuera esperándolo.

Se fueron a la cama y se acostaron, mientras se limpiaban con las toallas. Daniela le dijo que ya debía irse a donde Sandra y se empezó a vestir, así que tuve que bajarme y volver a la habitación a dormir, o bueno, a intentar dormir con tantas cosas en la cabeza.

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Esposoconfesion
Esposoconfesion
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7 comentarios

  1. Buen relato tienes
    Porque no entrastes y tu para hacerle un trio a tu novia?
    Tienes mas relatos con tu novia?

    • Así le gusta a mi marido, le encanta besar me después de que yo mame las vergotas, cuando me escurren los mecos por mi lengua, y mi marido feliz de tener a una puta como yo

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