UNA MUJER ADICTA AL SEXO
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Tras aquella primera experiencia en la que nos masturbamos juntos en casa, mi madre cambió su actitud y tras asimilar nuestra situación comenzó a sentirse deseosa de estar conmigo. Ella se tranquilizó y asumió lo inevitable que no era otra cosa que aceptar nuestra relación amorosa y sexual. A sus 55 años y yo a mis 35 nos encontrábamos ambos ante una nueva relación en nuestras vidas, éramos pareja.
La siguiente visita mensual al apartamento de su hijo soltero, es decir a mi casa, fue al mes siguiente de habernos enrollado y terminar masturbándonos juntos, así sus visitas no levantaban sospechas en ningún otro miembro de la familia, ya que era lo normal venir una vez al mes, mis hermanos y mi padre lo veían normal.
Era domingo por la tarde cuando llegó, fui a recogerla a la estación de autobuses y al llegar observé que traía su pelo más largo tal y como le pedí el día que me atreví a confesarle lo que me gustaba. Eso me alegró y ella sin decir nada me miró para asegurarse que me había dado cuenta. Me venía vestida con una falda negra bien pegada a sus muslos y de una largura aceptable para una señora de 55 años, no se trataba de parecer una golfa, se trataba de estar más guapa y veo que la petición que le hice aquel día había sido llevada a cabo, mi madre comenzaba a arreglarse para mi. Yo me estaba cuidando más, quería estar bien para ella, buen corte de pelo, seriedad, aparentaba más madurez en mis ropas y todo eso lo hacía por estar a la altura de una mujer de ese calibre, no quería desentonar.
Llegamos a casa, tras tomar juntos un café, ella se puso a hacer la tarea, me dejó el apartamento muy bien en poco tiempo y al terminar le serví un refresco invitándola a sentarse conmigo en el sofá.
-Te he echado de menos mamá, no te has caído de mi mente ni un momento, le dije mientras comencé a besarla en sus labios. -Te quiero, le dije con mis labios sobre los suyos y me lengua intentando entrar en su boca.
Ella me cogió de la cara con sus manos y me dijo que también había estado mucho tiempo pensando en mí, me reconoció que estaba enamorada completamente de mí y que sólo deseaba pertenecerme.
-Quítame la falda cielo, desnuda a tu madre y úsala a tu antojo.
Autor: CHALEMGUER
