Todo empezó en Brasil
Estábamos de vacaciones en Brasil; éramos un grupo de amigos con varios viajes hechos juntos. Ya hacía una semana que estábamos ahí, y mi mejor amigo fue el único que fue sin pareja dado que su mujer, por razones laborales, no pudo ser de la partida esa vez. Pienso que, por la cantidad de días de no tener sexo, él estaba un poco caliente. Atardecía y volvíamos de una playa a pocas cuadras del departamento que alquilamos, y noto que él venía mirándole el culo a mi mujer (que tiene un riquísimo culo), y me sorprendió, pero no me molestó.
Entramos al departamento y cada uno a sus cosas; mi mujer seguía entangada en su bikini rosa. En un momento lo veo, comiéndole el culo con la mirada, y hace una mueca de “¡por favoooor!”. Me pareció que ella se dio cuenta y un poco lo calentoneaba. Me dio entre gracia y morbo ver a mi mejor amigo caliente con mi mujer y que ella lo histeriquease. Esa noche, cogí muy rico con mi mujer; luego, ya fumando, le pregunto si se dio cuenta de cómo le miraron el culo hoy.
Al principio se hizo la desentendida, pero después de un rato reconoce haber notado cómo mi amigo se la comía con los ojos. Y me pide que no me enoje, entonces le digo que no me enojó, era raro lo que me generó, cuestión que jugando le recuerdo de las veces que le planteé la idea de incluir a alguien (hombre o mujer) en alguna ocasión en la cama. Y le propongo un poco en serio, un poco en joda, si se animaba a un dos contra uno con él y conmigo. Un poco molesta, contesta que ni en pedo, “además soy amiga de su mujer”, y me manda a cagar. Un par de días más tarde, una noche de salida a bailar, nos divertimos mucho, y en plena pista de baile, mi mujer, un poquito borrachita, me dice: “Qué ideas locas tenés, y me las contagias”, y le digo: “El morbo es lo que te gustó, ¿no? Puede ser, me dice, puede ser que pase lo que te propuse o puede ser que el morbo te esté haciendo efecto.
No sé, ya veremos… Pasaron casi dos años de aquello, y una noche salimos a comer mi mejor amigo y yo; después de unos tragos nos pusimos a recordar ese viaje y en un momento le cuento aquella situación suya y también lo que había hablado con mi mujer y al principio se murió de vergüenza, pero luego de escuchar que lo tuvimos en mente para hacer una de tres, me dice: “No jodas así, no arriesguemos la amistad”. A lo que le digo que creo que eso la reforzaría. El tema quedó ahí. Pero al llegar a casa le cuento a mi mujer, y se reía, pero me dijo: “¿Y vos creés que se coparía?”, ¿y vos? Contesté. Sí, puede ser, me metiste esa idea en la cabeza y en este tiempo hizo efecto, pero voy a poner algunas condiciones. Las que quieras, le dije. Luego de una charla con definiciones, me propuse preparar la quinta que tenemos cerca de la ciudad para el evento.
Tres días más tarde, un soleado martes por la siesta, convoqué a mi amigo a que me acompañase con la excusa de que iba a mostrar la quinta a un potencial comprador, y estuvimos charlando en el quincho de la quinta mientras ella nos esperaba adentro. Él no sabía hasta ahí lo que iba a pasar. Entonces se lo planteo y le digo que mi mujer y yo hace tiempo queremos sumar a una tercera persona a la cama, y que qué pensaba él de ser esa persona, de que hiciéramos un dos contra uno, pero que, obviamente, fuese absoluto secreto. Se rio pensando que era una joda, y al ver que yo no me reía, me dice: “Boludo, ¿estás hablando en serio?”. Por supuesto, tan en serio, que si me decís que sí se puede arreglar ahora mismo.
No sé qué decir, contesta. No va a venir nadie, no hay comprador, la quinta no está en venta; de hecho, ella nos espera adentro si la respuesta es sí, o me espera solo a mí y nos despedimos si la respuesta es no. Me queda mirando, sonríe y me dice: “¿Cómo decirte que no?”. Entramos a la casa y mi mujer nos esperaba con bata de seda. Hubo un pequeño instante de nerviosismo en ambos, pero al abrirse la bata ella, la deja caer y mostrar la ropa interior de encaje negra que tenía, da una vuelta muy despacio, frenando al quedar de espaldas con una bombacha muy calada en ese hermoso culo y pregunta: “¿Me queda lindo?”.
Los dos nos deshacemos en halagos y solo había mucha tensión sexual. Me acerco y la beso, ella lo llama con la mano y lo besa mientras yo hago lo mismo con los hombros y amaso su rico culo, el de a poco se suelta y todo empieza a funcionar, la única condición, es que no quería doble penetración, si entregaba la colita pero uno a la vez, la cogimos toda, nos chupamos todos los rincones de su cuerpo, fue mucho más que la fantasía, verlos coger me volaba de calentura, el la cogía en cuatro y ella me chupaba la pija, yo deliraba de la calentura, sentía que me prendía fuego y mi mujer gozaba tanto con lo que estaba pasando, el primer polvo fue agotador, realmente no dejamos agujero sin sin penetrar, ella va a la ducha.
Nosotros con mucha adrenalina fascinados por la experiencia nos quedamos hablando y tomando una birra, al rato escuchamos que ella nos llama desde el baño y acudimos raudos, nos invita a sacarnos los calzoncillos y a acompañarla, entramos la rodeamos y dice “me encantó como me cogieron y quiero todo, cójanme los dos al mismo tiempo” nos miramos y se nos voló la cabeza, nos frotamos bajo la ducha y un rato cada uno la cogió allí, para salir directo al dormitorio a cumplir con el pedido, y la vi delirar de placer, realmente la reventamos a pijasos, y es tan genial, que sola propuso que le acabemos en las tetas y la cara como en las películas que tanto les gusta, dijo.
Fueron dos polvos hermosos, otra vez ducha, risas y absoluta relajación. Todo verdaderamente fluyó, a tal punto que lo hicimos dos o tres veces al mes durante más de dos años, hasta que el tabú se agotó, la vida continuó y eso fue una etapa maravillosa. Hoy estoy casado con ella, él sigue siendo mi mejor amigo y ese recuerdo nos unirá para siempre.
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