Heterosexuales | 1.297 lecturas |

Suerte… después de una juerga

Era una noche de esos sábados tan aburrido, como cuando no tienes planes y no sabes que hacer. Entonces decidí salir con un amigo que recién había llegado de viaje. Nos fuimos a tomar unos tragos hasta la mañana siguiente, eran las seis de la mañana, llegábamos mareados, lo deje en su casa. Y al dirigirme a descansar la vi a ella, era Maria: mi vecina, tenia 24 añitos, estaba con una minifalda negra y con un top blanco, tenia unas piernas largas y blancas, era a la que yo siempre me la había imaginado en mis brazos.

Estaba allí parada en su puerta, la vi y me puse a conversar con ella, hasta que le confesé que yo siempre la había deseado pero que nunca me había atrevido a decírselo porque era un poco tímido. Conversamos largo rato, hasta que me invito a pasar a su casa, y para mi suerte, no había nadie en su casa. Estábamos solos. Nos sentamos en su sillón, me invito a un café, como para que se me pase un poco el trago. Ella miraba atentamente como tomaba el café (como deseándome) yo estaba viéndola de reojo sus piernas y sus voluptuosos senos que se veían sobresalir de su top, no aguantaba la sensación de querer cogerlos y lamerlos.
Entonces ocurrió algo inesperado, ella me beso en los labios, la abrace y la empecé a acariciar las piernas, eran tan suaves y delicadas. Fui subiendo la mano, le subí la minifalda, le quería quitar su ropa intima, la veía y me excitaba cada vez más.

– Espera, no vaya a ser que venga mi madre, que también ha salido a un compromiso familiar. Subamos a mi cuarto – me dijo.

– Encantado – le conteste.

Entonces subimos a su cuarto que quedaba en el segundo piso, tenia una cama grande. Ella entro y cerro la puerta, me empujo a la cama, caí echado boca arriba, se me acerco, se sentó en mi encima y se saco el top blanquito y el brasier, se les veían esos senos grandes y rosaditos. Ella se alocaba y me saco el polo, me saco el pantalón, la truza y encontró tremendo miembro que estaba erecto de tan sola verla. Entonces ella empezó a masajearla con delicadeza que hacia que me excitase. Me la empezó a mamar con esos labios tan delicados, que yo sentía que iba a explotar.

– Espera – le dije.

Me pare, la tome de la cintura y saque del camino esa faldita negra, y vi esas nalguitas blancas bien pronunciadas y delicadas, suavecitas. Empecé a pasarle con mi pene por la raya que separaba esas dos montañas tan delicadas. Ella se excitaba. Entonces la tumbe a la cama y empecé a mamar sus senos, bajaba poco a poco hasta llegar a esa zona intima, tan rica, estaba virgen, empecé a lamerla y ella se excitaba. Entonces agarre mi miembro con la mano y se la metí con delicadeza en esa conchita tan cerradita. Ella gritaba de dolor.

– Así… Así… mas… aaayyy… si…

Deliraba de placer, cambiamos de pose a cada rato en toditas la penetraba y gritaba de placer al sentir tremendo miembro, hasta que se acostumbro, gemía de placer reiteradas veces. Hasta que le vino el orgasmo. Entonces la puse de rodillas boca abajo, viendo tremendas curvas blanquitas y bajando mi pene por esa rajita hasta encontrar una entrada la penetre por atrás, también le dolía.

– Por allí no – me decía – No… no… no – gritaba ella.

Yo con mas ganas se lo empujaba todito mi miembro hasta que se me salió la leche. Me había vaciado en su rico culito blanquito.

– Aaaahhh… aaaahhhh… Gracias siempre había soñado con esto. Quería tener uno de esos ricos orgasmos contigo – me dijo.

Desde ese día siempre voy a su casa cuando esta sola y hacemos lo mismo. A veces bajo por el techo a su casa y salgo en la madrugada por el techo.

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