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Mi suegrita se acerca y me mira claramente mi bulto

Mi suegrita se acerca y me mira claramente mi bulto 2

Hola me llamo Jorge y vivo en el centro de la ciudad de Montevideo en Uruguay, tengo 40 años, soy casado, tengo dos hijos y una familia maravillosa. La historia que voy a contarles es real y después de leer varios relatos decidí a escribirla aquí. En ocasión de haber viajado al exterior por trabajo para probar un poco de suerte, mi mujer se mudo con la madre y su hermana para no quedarse sola pagando un alquiler. Al yo regresar después de seis meses fuimos invitados por su madre para quedarnos a vivir allí, ya que la situación económica no nos ayudaba y la casa era grande. Siempre tuve una buena relación con mi suegra, la cual es viuda y se podría decir que a diferencia de todos los relatos que he leído, no es muy bonita y si se le notan los años que realmente tiene. Al suceder esto que relato yo tenia 30 y ella 53.

Era un día como tantos de verano, ya llevaba yo 4 meses viviendo allí y mi cuñada se había casado recientemente. Ese verano había conseguido un trabajo temporal por lo que decidimos que mi mujer iría con mis hijos y su madre a tomarse una semana de vacaciones a la casa de una amiga en el campo para poder descansar y cargar las pilas nuevamente para encarar el nuevo año. No recuerdo el motivo pero mi suegra a ultimo momento no pudo ir así que para mi alegría (prefería quedarme solo) ella se quedaba y no viajaba.

Era un martes, bastante caluroso y como siempre al llegar a casa salude a mi suegra, me di una ducha y me puse cómodo (short y camisa). Conversamos cosas rutinarias, la invite con un whisky de aperitivo, el cual acepto y tomamos mientras preparaba la cena. Sinceramente no me imaginaba lo que sucedería después. Mi suegra con un vestido suelto de esos que se abrochan por delante de arriba abajo. En un momento mientras conversamos yo sin darme cuenta me ensucio con harina el short en la parte delantera. Ella al notarlo me dice te ensuciaste, toma un trapo y se pone a limpiarme. A mí si bien no era exactamente sobre mi pene, la situación me puso un poco incomodo y si poderlo evitarlo tuve una erección, situación que no se comento y a la cual ella no hizo caso, a pesar de darse cuenta y siguió en su tarea. Después de eso cenamos y después de un rato de televisión me fui a acostar. No me olvide de lo sucedido y realmente me calentaba mucho la idea de recordar a mi suegra cerca de mi bulto limpiándome el short.

Esa noche fue un calor de esos que no te permiten conciliar el sueño. Había pasado como una hora de haberme acostado, tengo fama de tocar la almohada y dormir como tronco, al extremo de tener que sacudirme para despertarme, cuando siento que mi suegra anda caminando. El baño de la casa queda pegado a mi dormitorio, siento que la puerta se abre y veo como mi suegra se asoma a mi cuarto. Ella no veía que yo estaba despierto al estar yo en la oscuridad, me llama de forma suave, yo no respondo, lo hace de nuevo y al ver que no respondo entra despacio. Yo estaba boca arriba, con los ojos semi abiertos de manera que ella no notara que la miraba y realmente mi miembro estaba totalmente erecto lo cual se notaba perfectamente en mis interiores. Ella se acerca me mira claramente mi bulto, cosa que admito me pone a mil y me llama de nuevo como para verificar que estaba dormido, no le respondo y veo que se arrodilla al borde de la cama, siento como su mano roza suavemente mi bulto con una delicadeza tal que nunca me hubiera despertado, la observo y siento nuevamente su mano por lo en ese momento le tomo la mano y la apretó contra mi pedazo. Ella se pone de pie sorprendida y me mira, yo hago lo mismo y si hablar tomo su mano y la pongo sobre mi paquete, ella la saca y sale del cuarto. En realidad no supe que hacer y me quede quieto, pensando y al cabo de un rato me decidí ir a su cuarto, de todas formas ella había iniciado esto y no era justo que yo quedara así.

La puerta de su cuarto estaba abierta, ella estaba de espaldas con un camisón que la cubría totalmente, entré me acosté junto a ella y permaneció inmóvil, me recosté contra ella y no dijo nada, presione mi pedazo de carne contra sus nalgas, no había resistencia pero tampoco aceptación, tome con mi mano su cara, la doble hacia mí y la bese en los labios, me dejo hacerlo, pase mi lengua por sus labios aceptándome ella al abrir un poco temerosa su boca, introduje mi lengua logrando un beso apasionado, debo admitir que yo estaba a mil, mis manos se deslizaron a sus pechos y la de ella a mi bulto. Ella se giro hacia mí y le pedí que se quitara el camisón pero me dijo que no, que era un error y que debíamos evitarlo, ella quería pero no se animaba, le tome su mano y la puse debajo de mi short, ella me acariciaba y me besaba, me dejaba tocarla, acariciar sus nalgas, sus pechos, su sexualidad pero siempre por encima de la ropa.

Después de mucho trabajo logre tocar sus pechos por debajo del camisón, pero al no quitárselo era tremendamente incomodo, no me permitía besarlos, morderlos, yo estaba como loco de manera que me coloque sobre ella y puse mi pedazo frente a su cara, obligándola a besarla, metiéndosela en su boca y sacándosela, fue cuando ella comenzó a lamer, besar, chupar, que le dije que la quería desnuda para mi. Ella se quito la ropa y grande fue mi sorpresa al encontrarme con una hembra ardiente como nunca hubiera imaginado, me lamió, beso y chupo como nadie. Me pidió que jugara con un consolador suyo en su vagina mientras se la metía por su adorable cola. Tuvimos sexo toda la noche, despacio pero intenso, cada sesión de sexo duraba una eternidad, no fue mucho en cantidad pero de una excelente calidad. Pactamos que seria la única vez que lo haríamos, pero en realidad cuando estamos solos lo repetimos. Me confeso con el tiempo que llevaba tiempo mirándome y que era adicta al sabor del semen. Quien soy yo para negarme.

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